Me dejaste - Portada del libro

Me dejaste

Kachi Okwesa

Capítulo Seis

Coral

CUATRO MESES DESPUÉS

Coral tenía mucha barriga, pero había conseguido tener un aspecto de embarazada sexy. Landon se había gastado miles de dólares en regalarle las cosas más bonitas que el dinero podía comprar.

Podía decir sin temor a equivocarse que la mujer lo estaba cautivando. Los hombres siempre la habían mimado mucho y no tenía ni idea de por qué.

—Coral, tengo que salir. Necesito ir a ver a alguien.

—¿Te refieres al chico que te gusta?

—Jeremiah es mi amigo, nada más…. ¿Cómo sabes de él?

—Estoy embarazada: meterme en tus asuntos es mi hobby, que no me pilles es una obligación, espiarte con ciertas cámaras escondidas por ahí es un placer, humillarte es el bonus.

—¿Cómo? Te juro que eres una bruja —la acusó Landon.

—Me gustaría conocerle.

—¿En serio?

—Sí, no sé por qué un hombre guapo como tú elegiría ser gay cuando toda la población femenina está que trina por ti, pero claro.

—Ser gay es genial. Revisa el correo, volveré mañana.

—De acuerdo, puta.

Landon salió de casa. Coral fue a buscar el correo; había algo de Mery. ¿No era más fácil llamar por teléfono?

—Guay, vamos a ver qué me ha traído esta vez. Oh, un contrato de divorcio, maravilloso. —Coral cogió el contrato y se sentó en el sofá para leérselo detenidamente.

Parecía que el tribunal ya había reconocido que habían firmado un acuerdo prenupcial, por lo que ella tenía que compartir la custodia de todo lo que ambos poseían. Sinceramente, ella no quería nada de él.

Finalmente, recordó que él tendría que pagarle una pensión alimenticia por el bebé, y no quería perderla, así que tendría que aceptar lo de compartir.

Cogió un bolígrafo y firmó los documentos. Él aún no los había firmado, así que si ella los rompía, probablemente le enviaría otra copia y la demandaría.

Puso un sello de correos en el sobre y lo devolvió al buzón.

Coral se acercó al teléfono fijo. Era la única que lo utilizaba porque no quería que Nikolai la localizara a través de su móvil. Marcó su número y esperó a que lo cogiera. Tras el tercer tono lo hizo.

—¿Diga? —Su voz fría y aterciopelada sonó a través del teléfono, haciendo que se diera cuenta de que realmente aún le quería. Tenía que mantener su fachada para que él no pensara se percatara.

Su voz era fría y ronca. Probablemente, acababa de despertarse y estaba haciendo ejercicio antes de ir a trabajar.

—¿Hola? —volvió a decir, sonando confuso y devolviéndola a la realidad.

—Hola, Nikolai. Soy yo, Coral. Quería hablar contigo sobre el contrato de divorcio que me enviaste.

—¿Qué le pasa?

—Bueno, quería decirte que no quiero compartir la custodia de nada contigo.

—¿Así que quieres que te entregue todas mis pertenencias ahora que eres una sin techo, es eso?

—Coral, aclaremos nuestras prioridades: yo tampoco quiero compartir ninguna de mis pertenencias contigo, pero eso era lo que figuraba en el contrato matrimonial, así que a eso nos vamos a atener.

—Bueno, iba a decirte que puedes quedarte con todos los bienes antes de que empezaras a insultarme. Ah, y no soy ninguna sin techo.

—Oh, ¿por qué?

—¿Por qué quieres saberlo?

—Sólo responde a la pregunta.

—No quiero tener nada que ver contigo a partir de ahora. Quiero ser independiente, conseguir un trabajo estable en un buen bufete y triunfar. Adiós.

—Espera...

Coral cortó la llamada y subió a ducharse.

Después de la ducha, decidió salir a buscar trabajo. Había enviado su currículum a varios centros de trabajo, pero esperaba que la aceptaran en algún bufete de abogados para poder obtener un salario alto.

Se vistió formalmente y ocultó en la medida de lo posible su barriguita, pero no de forma que pudiera estrangular a su bebé.

Se dirigió a un bufete de abogados donde le hicieron una entrevista. Les encantó, pero le dijeron que la llamarían más tarde para comunicarle si el puesto era suyo o no.

Le hicieron una serie de preguntas:

—Señorita Carter, ¿puede hablar otro idioma aparte del inglés?

—En realidad soy de Madrid, España.

—¿Así que sabe hablar español?

—Sí.

—Vale, repita todo lo que digo en español —dijo el entrevistador con un marcado acento británico.

—Ok, repetiré todo lo que diga en Español.

—Muy bien.

—Muy bien.

—Suficiente.

—Suficiente.

—Se acabó.

—¿Quiere decir que debo dejar de hablar en español?

—Sí —dijo el hombre—. Nos pondremos en contacto con usted, ¿de acuerdo?

—Vale, muchas gracias.

—De nada y enhorabuena por su bebé.

—¿Puedes verlo?

—Sí, claramente.

Seguidamente, se dirigió a una cafetería donde pagaban el salario mínimo. Pensó que tal vez podría servirle como un trabajo a tiempo parcial para combinar con el bufete y así estar más distraída.

—Buenas tardes —le dijo al encargado de la cafetería mientras se sentaba en la silla.

—Tú necesitas un trabajo y yo una camarera. ¿Tienes algún problema con los turnos de noche?

—Ninguno.

—Bien. Necesito una camarera ahora, así que puedes empezar mañana por la tarde. Estás contratada.

Coral chilló de emoción. —Podría abrazarte ahora mismo —dijo extasiada.

—No lo hagas.

***

Pocos días después, tras incontables noches de cansancio, recibió una llamada del bufete de abogados para comunicarle que le habían dado el trabajo y que le pagarían 2.000 dólares al mes.

Por si la cafetería no fuera suficiente estresante, el bebé había empezado a moverse sin parar. Se moría de ganas de que llegara enero. Le dolía la espalda, las tetas y los pies.

Se iba a dormir a las diez de la noche y se levantaba a las seis para que Landon y ella pudieran esquivar el tráfico de la mañana.

DOS MESES DESPUÉS. A UN MES DEL PARTO

—Cielo, no creo que tener dos trabajos en tu estado sean una gran idea —le dijo su madre cuando la llamó aquel sábado por la noche. Se estaba preparando para su turno en la cafetería.

—¿Por qué no, mamá?

—Podría poner en riesgo el embarazo. Por favor, quédate en casa. Deja que Landon cuide de ti, ¿qué opina él de esto?

—Lo mismo que tú —gritó Landon a través del teléfono.

—Cállate, Landon.

—¿Ves? Él también está preocupado por ti. Todo el mundo está preocupado por ti. Necesitas concentrarte en el bebé primero.

—Me darán la baja muy pronto, mamá.

—Eres tan terca...

—Te quiero, mamá. Adiós. —Coral colgó el teléfono y se frotó la frente para quitarse la tensión. Landon estaba a los pies de su cama poniéndole las zapatillas.

—Gracias, Landon.

—De nada. Que tengas un buen día en el trabajo.

Al llegar a la cafetería, la llamaron inmediatamente al despacho del director.

—Por mucho que me gustaría que siguieras trabajando...

—¿Me estás despidiendo?

—No, te voy a dar tu baja de maternidad. Volverás al trabajo cinco meses después del parto, ¿vale?

—Vale, gracias.

—Aquí está su cheque.

Le entregó un cheque de 200 dólares y se despidió de ella.

Unos días después, recibió una llamada del bufete diciéndole que sus servicios no serían necesarios en los próximos meses, que así podía centrarse en su maternidad.

En un instante, volvía a estar desempleada.

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