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Alfa Jasper Libro 2

Autor
Midika Crane
Lecturas
16,9K
Capítulos
24
Autor
Midika Crane
Lecturas
16,9K
Capítulos
24
🐺Paranormal🐺Hombres lobo y cambiaformas💘Compañeros predestinados🎭Drama👩‍❤️‍👨Compañero predestinado💪🏻Protector🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa🧑🏽‍🦳Diferencia de edad

En un mundo gobernado por los Lobos Fantasma y poderosos Alfas, Thea se ve enredada en una trama de secretos, magia y alianzas peligrosas. Cuando descubre que está destinada a transformarse en Lobo Fantasma, su vida da un giro drástico. Con el enigmático Jasper a su lado, Thea deberá recorrer un camino traicionero, lleno de amor, traición y la amenaza inminente de las exigencias del Destino. Mientras desentraña verdades ocultas y enfrenta enemigos formidables, el viaje de Thea se convierte en una lucha por la supervivencia y una búsqueda de su verdadera identidad.

Capítulo veintiocho

Alfa Jasper: Libro 2

Thea

Jasper camina enfrente de mí.
Me siento en el borde de la cama, con la pierna estirada por delante. La manta aún está envuelta alrededor de mi cintura, pero, sinceramente, ya no me importa.
Demasiadas cosas flotan en mi mente. Estoy intentando encajarlas, pero fallan, dejándome con una sensación de vacío, y entumecimiento.
—No quiero morir —digo en voz baja, mirando a Jasper mientras él piensa.
Malik nos dio algo de espacio para hablar de esto, para discutir cómo me matará Jasper.
Sin embargo, en el momento en que nos quedamos solos, Jasper comprende que tendrá que hacer que mi corazón deje de latir, y yo caigo en la cuenta de que esto está pasando.
—Siento haberte arrastrado a este desastre —murmura Jasper, que finalmente se detiene. Nunca lo había visto tan perdido, tan angustiado por algo.
No está pudiendo contenerse tan bien como siempre, y no ayuda a mis nervios temblorosos.
Inhalo profundamente, tratando de hacer entrar aire en mis pulmones. —No es tu culpa. No lo es... Ya estaría muerta sin ti.
Jasper hace una pausa, antes de hacer algo sorprendente. Se deja caer de rodillas, justo enfrente mío.
¿Puede mirar debajo de mi manta? Sí. ¿Me importa? No, en lo más mínimo. Hay tanta emoción en sus ojos, es abrumadora.
El hombre que se arrodilla frente a mí muestra algo que nunca he visto en un hombre en mi vida: honestidad, integridad y un vínculo significativo conmigo. Realmente está preocupado por mí, aunque solo sea en este momento.
—Voy a hacer que esto te resulte lo menos doloroso posible —promete, y le creo sin dudarlo—. Podemos ponerte a dormir primero...
Al instante sacudo la cabeza, con la cabeza de una aguja llenando mi mente. Nada más pensarlo me produce náuseas. Mi mente se arremolina por unos segundos ante la simple idea de hacerlo. Las tormentas y las agujas son mis mayores miedos.
Quien haya inventado un mecanismo tan doloroso de administración de medicamentos, inventó mi peor pesadilla.
—No puedo... todo menos eso —murmuro, aún negando con la cabeza para dejar asentado mi punto.
Jasper aprieta la mandíbula, y casi puedo ver cómo baraja ideas para matarme. Es morboso, pero prefiero morir estrangulada que dejar que una aguja atraviese mi piel.
Puede resultar extraño a los ojos de algunas personas, pero es un miedo que tengo desde niña.
—Está bien —me tranquiliza Jasper—. Podría ahogarte...
Me estremezco solo de escuchar cómo suena, pero, a mi forma de verlo, apenas se puede comparar con las agujas. El agua no es algo con lo que esté familiarizada.
Claro que es un bien necesario, pero no he pasado mucho tiempo nadando en ella.
—Cuanto más hablas, más normal parece la muerte —digo sin aliento, intentando aportar algo de comicidad a la situación. Jasper sonríe, a su pesar.
—Entonces, ¿cómo funciona? ¿Y cómo vas a traerme de vuelta?
En realidad, no ha habido ningún momento en el que haya preguntado mucho a Jasper acerca de sus poderes y lo que es capaz de hacer, salvo cuando nos conocimos.
Sinceramente, solamente pensar en lo que podría hacerme en un solo instante me pone nerviosa, la incertidumbre hacia cada uno de sus movimientos me mantiene alerta.
Especialmente, después de ese momento que tuvimos en el dormitorio. Con sus manos en mis pantalones...
—Tengo que morderte —me dice con recelo. Mis ojos se abren de par en par. —Es la forma de pasar la maldición. No tiene nada que ver con la mordida de un compañero, si es eso lo que te preocupa.
¿Me preocupa que me marque accidentalmente? Apenas puedo pensar en eso ahora mismo.
De todos modos, estar emparejada con Jasper no sería lo peor del mundo, pues he ya perdí las esperanzas de encontrar a mi pareja, y no sé Jasper.
—No me preocupa eso. ¿Cómo has muerto?
La cara de Jasper se ensombrece de repente, y me doy cuenta de que acabo de sacar un tema delicado. Fue asesinado por su padre... o al menos, eso es lo que me contaron las leyendas.
Hay que reconocer que no sé mucho sobre su leyenda, teniendo en cuenta que nunca me he molestado en conocerla. Especialmente, no con tanta profundidad como lo hizo June.
—Me apuñalaron.
Los dos nos quedamos en silencio un momento. Jasper sigue de rodillas frente a mí, y no parece que vaya a moverse pronto.
—Lo siento —le digo. Jasper baja la mirada, y veo que me oculta sus emociones. No puedo culparlo... ser apuñalado es tan... íntimo. ¿Y que lo haga tu padre?
Solo pensar en ello me resulta doloroso. Especialmente, porque estoy familiarizada con tener un padre terrible.
—Dicen que ahogarse es como dormirse, aunque nadie puede estar completamente seguro de que eso sea cierto —me dice Jasper, apartando cualquier otra conversación sobre su padre. No me importa...
¿Como quedarme dormida? Eso sí que se me da bien.
—Si va a ser menos doloroso que morir por el veneno que me dio ese miembro de la Manada del Deseo, entonces no me importa en absoluto —le digo con sinceridad.
El dolor en mi pierna va y viene, y cuando llega, es desorientador, pone a mi mente a dar vueltas, y hace que mi cuerpo tiemble.
—Mañana... mañana hay que hacerlo —me dice, y asiento de mala gana. Quiero preguntarle tantas cosas diferentes acerca de estar muerto.
Acerca de lo que es ser un Lobo Fantasma, pero me corta.
Jasper avanza de repente, poniéndose de nuevo en pie. Coloca sus manos a ambos lados de mí, sobre la cama, inclinándose directamente encima mío. Todo el aire de mis pulmones desaparece.
—No puedo dejar de pensar en esa noche —susurra Jasper.
El ambiente en la sala está dando un giro de 180 grados. El Alfa serio, que había estado discutiendo la forma en que iba a morir, se ha ido, reemplazado por un hombre coqueto y sensual del que no puedo apartar la vista.
Su proximidad me permite sentir el calor de su cuerpo, su cara a centímetros de la mía. Su aliento caliente sopla suavemente contra mi mejilla, y si me muevo, aunque sea un poco, sus labios estarán sobre los míos.
La sola idea me hace palpitar el corazón, y una multitud de pensamientos inapropiados que manchan mi mente me hacen agradecer que Jasper haya prometido no leerla más.
—Yo tampoco puedo —respondo sin aliento, con la cara enrojecida por mis palabras. ¿Cómo puede un hombre hacerme sentir tan caliente?
Sin siquiera tocarlo, estoy completamente encantada.
¡Thea! Contrólate.
—Tu último día de vida será el mejor que hayas vivido —promete Jasper, con la voz suave y apacible. Me hace confiar en él con cada palabra que pronuncia—. Me aseguraré de ello.
Sus ojos revolotean hasta mis labios y, por un momento, estoy segura de que me besará.
Que responderá a la evidente atracción que se ha ido gestando entre nosotros durante el poco tiempo que llevamos conociéndonos.
Es un tipo de química caliente que ni siquiera yo puedo negar, a pesar de mi historial de parejas sexuales. Jasper es diferente...
Ya me lo demostró.
¿Qué es lo que me detiene? Mientras observo fijamente al hombre, que se muerde suavemente el labio, me pregunto por qué no me abalanzo sobre él.
¡Luca! Sus ojos de repente rondan mi mente en un destello de colores oscuros y poderosos recuerdos.
Me sacudo hacia atrás.
Y me parto de risa.
—¡Wow! Wow, wow! —exclama Jasper, sorprendido, mientras me arrastro hacia atrás por la cama, hasta que mi espalda queda presionada contra el cabecero.
Vuelve a mí el escozor de la mano de Luca contra mi piel en carne viva, mientras aprieto los ojos, intentando apartarlo. Su sombra se cierne sobre mí, sus ojos oscurecidos de pura ira. .
La sonrisa cruel en su rostro es indiscutible. Familiar.
Puedo sentir a alguien a mi lado, pero estoy congelada, con los miembros paralizados. Las lágrimas arden en mis mejillas y me hacen adentrar en esa noche.
Esa noche cuando Luca̶̶̶ ...
—Thea, todo está bien —oigo la voz de Jasper en mi oído. Respirando profundamente, salgo. Estoy aquí, en la realidad.
Al hundir mi cara en el pecho de Jasper, no me importa manchar de lágrimas su camisa. No me importa su confusión. Él está aquí. Él es real, y eso es lo que anhelo.
Lo obligo a tumbarse en la cama, rodeo con los brazos su esbelta cintura, y lloro.
Libero toda la emoción que he ocultado a lo largo de mi vida. De mis amigos, de mi familia.
—No voy a ninguna parte —murmura Jasper en voz baja, mientras me aferro a él. Mi salvavidas, el suelo bajo mis pies.
No se iba a ir a ninguna parte, y cuando mi respiración empieza a calmarse y la sangre deja de correr por mis oídos, lo escucho.
Lo dejo juguetear con una parte de mi pelo. —Háblame.
Mi voz está atrapada dentro de mi garganta. Como siempre ha sido ...
Lentamente, me alejo. El pelo se me pega a las mejillas húmedas, tengo los ojos y la garganta hinchados. Mirando a Jasper, puedo notar su preocupación. Pero él no entenderá. Nadie puede entender.
—Estoy bien —murmuro, una obvia mentira rozando la cabeza de Jasper.
La duda es evidente en su rostro. —¿Qué ha pasado, Thea? Estabas bien, ahora estás claramente angustiada. Háblame, por favor, no puedo soportar verte así.
Me paso las manos por las mejillas y respiro profundamente para recomponerme. Esta no es mi primera recuperación y no será la última. Soy más fuerte que esto. Soy fuerte por mí misma.
Puede que Jasper me haya sacado del trance, pero no voy a admitir ante él lo que me hizo Luca.
El pasado es el pasado.
—Prométeme que no me leerás la mente —digo rápidamente, pero firme.
Me pongo en pie y atravieso rápidamente la habitación, sujetando la manta con fuerza. Agachada, revuelvo las pocas cosas que he traído, buscando unos pantalones más largos para ponerme.
Cualquier cosa con tal de cubrir esta fea y dolorosa aflicción, que me infligió un hombre igualmente feo y doloroso.
—Por supuesto —dice Jasper, todavía sentado en la cama, aturdido.
Cuando vuelvo a verlo, me está mirando de una forma extraña. Su camisa tiene una incriminatoria mancha húmeda de mis lágrimas, y su pelo está despeinado.
La confusión aflora en sus ojos, y lo lógico sería despejarla. Pero no me atrevo a hacerlo.
—¿Te he hecho daño? —Pregunta, levantándose de la cama. Niego con la cabeza, y él parece ligeramente aliviado por eso—. Entonces, ¿qué pasa?
Sacudo la cabeza. —Por favor, ahora no...
—Entonces, más tarde —insiste, acercándose. Esta vez, deja una buena cantidad de espacio entre nosotros. Me da tiempo para pensar y se lo agradezco.
Pero aun así, me presiona suavemente, buscando comprender la razón que motivó mi quiebre.
—Este debería ser un buen día —le digo, tratando de cambiar de tema. Cualquier cosa menos abordar... ...eso.
Suspira profundamente, y se pasa las manos por el pelo. Veo que su expresión se calma al comprender que no me sacará nada.
Le estoy demostrando que puedo ser fuerte, aunque no tenga ni idea de por qué estoy tan desesperada por hacerlo.
—Tienes que decírmelo en algún momento —respira—. Hoy será un buen día para ti, lo prometo. Y esta noche, hay algo que tienes que saber, antes de que... comencemos esto.

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