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Asuntos de Familia Libro 2

Autor
C. B. Rose
Lecturas
16,9K
Capítulos
38
Autor
C. B. Rose
Lecturas
16,9K
Capítulos
38
👩🏻‍🍼Madres💪🏻Protector🏙️Contemporáneo

La idílica vida familiar de Cassie y Xavier se ve trastocada cuando una disputa legal amenaza la adopción de su hija, Ana. Mientras lidian con esta crisis, secretos del pasado resurgen y salen a la luz nuevas revelaciones sobre lazos familiares e intenciones ocultas. Con la llegada de invitados inesperados y el resurgimiento de antiguos amores, Cassie y Xavier deben enfrentarse a sus miedos más profundos y luchar para proteger a su creciente familia. En medio del caos, el amor y la lealtad se ponen a prueba, culminando en un dramático enfrentamiento que cambiará sus vidas para siempre.

Capítulo 1.

Libro Dos:Asuntos del Corazón

Kyle, recién salido de la cárcel y con un curso de control de la ira a cuestas, irrumpe de nuevo en las vidas de Cassie y Xavier. Asegura haberse transformado en una persona diferente, mejorada. Pero, ¿habrá que creerle? Kyle no es el único reto que se les presenta. ¿Conseguirán la pareja y sus adorables retoños superar estos nuevos obstáculos?

Cassie

—¿Mami? —pregunta una vocecita.
—¿Mmm? —respondo, abriendo los ojos. Frente a mí está mi pequeña, con una sonrisa de oreja a oreja. Echo un vistazo a la ventana. Está oscuro afuera.
Miro el reloj de la mesita. Marca las 5:00.
—Ana, ¿por qué estás despierta tan temprano? —pregunto en voz baja para no despertar a Xavier.
—¡Es mi cumpleaños! —susurra emocionada. Me río suavemente mientras Xavier se mueve detrás de mí, acercándome más.
—Sí, mi amor. Lo sé —doy unas palmaditas en la cama y ella salta. Agarra el brazo de Xavier y se lo pone encima, acurrucándose junto a mí, sonriente.
—¿Papá sabía que invitaste a Nathan, mi amigo, a mi fiesta? —susurra de nuevo, esta vez más fuerte. Xavier hunde su cara en mi cuello, susurrando igual de alto.
—Ahora lo sé —dice, levantando la cabeza para mirar a Ana con fingido enojo. Los ojos de Ana se abren como platos y se tapa la boca, riendo.
—¡Papi! ¡No tenías que oír eso! —le dice. Se trepa sobre mí para meterse entre Xavier y yo.
Abraza el cuello de Xavier, mirándolo fijamente.
—¿Estás enfadado conmigo? —pone cara de pena. ¡Esta niña sabe cómo salirse con la suya!
—No, no estoy enfadado —suspira. Me río por lo bajo, viendo cómo cede ante su carita triste—. ¿Es tu novio?
Ana rápidamente le tapa la boca con las manos.
—¡Papá! ¡Esa es una palabra fea! ¡No la digas! —exclama, sorprendida. Xavier la mira, confundido y divertido.
—¿Cuál es la palabra fea? —le pregunto. Ana se gira hacia mí, sus manos aún en la boca de Xavier.
—¡Papá dijo la palabra con «n»! —dice, todavía asombrada de que Xavier dijera semejante cosa.
—¿Novio? —le pregunto. Sus ojos se abren aún más. Rápidamente me tapa la boca con una mano, la otra aún en la de Xavier.
—¡Mami! ¡No! ¡No! ¡No! —dice, negando con la cabeza—. ¡No puedes decir esa palabra! ¡Al tío Evan se le caerá el pelo!
—¡¿Qué?! —digo contra su mano—. ¿Por qué se le caería el pelo?
—El tío Evan dijo que esa palabra es mala y que no puedo llamar así a ninguno de mis amigos o se le caerá todo el pelo y no quiero que se quede calvo, mami, así que por favor no digas más esa palabra. Le prometí que no llamaría así a ninguno de mis amigos —sigue parloteando. Xavier y yo empezamos a reírnos.
—¡Tu hermano es un caso! —me dice Xavier. Yo solo niego con la cabeza.
—No te preocupes, cariño —le digo—. El pelo del tío Evan no...
Xavier rápidamente me tapa la boca con su mano. Se vuelve hacia Ana y sonríe.
—El pelo del tío Evan no se caerá todavía porque no sabíamos de la palabra prohibida. Pero ahora que lo sabemos, prometemos no usarla para ninguno de tus amigos tampoco.
Ella le sonríe de oreja a oreja, y él le da un beso en la frente.
—¿Por qué no vas a lavarte los dientes y empiezas a elegir tu ropa para la fiesta?
—Ya sé lo que me voy a poner —dice orgullosa—. La tía Donna me ayudó a elegir.
Xavier pone los ojos en blanco y hace un sonido de lamento.
—Te ha puesto una corona enorme y una capa larguísima, ¿verdad? —pregunta.
—¡Qué gracioso eres, papi! No me dio eso para ponerme —se ríe Ana. Xavier respira aliviado—. Me dio una tiara chiquita porque la grande pesaba mucho, y tengo una capa cortita porque no podía correr con una larga.
Xavier parecía molesto mientras ella le respondía, y no pude evitar reírme.
—Está bien, mi amor —digo, incorporándome en la cama. Abro los brazos hacia ella, y salta a mi abrazo—. Es un poco temprano, pero ¿por qué no vas a lavarte los dientes y te preparas para el desayuno?
—Vale, mami.
Me inclino para besarle la frente y le doy un abrazo de oso.
—Feliz cumpleaños, mi vida —susurro. Xavier se acerca para besarla, abrazándonos a las dos.
—Feliz cumpleaños, princesa —dice en voz baja—. Te queremos.
—¡Yo también os quiero, mami y papi! —nos abraza una última vez antes de saltar de la cama y salir corriendo de la habitación. Xavier me atrae hacia sus brazos y me besa apasionadamente.
Hago un suave sonido de felicidad mientras me sube a su regazo, mis piernas a cada lado de él. Dejamos de besarnos, y apoyo la cabeza en su pecho.
—Te amo, Cass —dice en voz baja, su aliento cálido en mi pelo. Su brazo me rodea la cintura con fuerza, su otra mano acariciándome suavemente la espalda.
—Yo también te amo, Xavier —le beso el pecho y lo abrazo fuerte. Puedo sentir mi corazón latiendo a mil por hora. Tengo noticias que darle, y estoy feliz y nerviosa de decírselo.
—Adoro a nuestra pequeña familia —susurra, besándome la coronilla—. No puedo imaginar ser más feliz de lo que soy ahora.
Puedo sentir su sonrisa contra mi pelo.
—¿Y si nuestra pequeña familia creciera en una persona? —pregunto suavemente. Deja de acariciarme la espalda y me levanta para mirarme a los ojos. Sus ojos brillan y tiene una sonrisa enorme.
—¿Estás segura? —pregunta, su voz temblando de felicidad.
—Sí, amor. Estoy segura —le digo. Me besa con fuerza y me estrecha contra él. De repente, nos da la vuelta para que yo quede acostada en la cama y él encima de mí.
—¡Aaah! —grito, riendo. Me besa de nuevo, primero en los labios y luego bajando hasta mi vientre.
—Hola, pequeñín —besa justo encima de mi ombligo—. Este es tu papi.
Sigue besando mi vientre mientras habla con nuestro bebé en el interior.
—No puedo esperar para tenerte en mis brazos. Tienes dos hermanas mayores geniales y un hermano mayor que estarán muy felices de conocerte. Te quiero, mi pequeña semillita.
—¿Pequeña semillita? —me río.
—Sí. He visto suficientes fotos de Selena e Isaiah para saber que ahora mismo, nuestro pequeño es tan grande como una semilla.
Sonríe orgulloso. Vuelve a subir hacia mí y me besa de nuevo. Nunca me canso de sus besos.
—¿Cuándo quieres decírselo a todos?
—¿Tal vez mañana? —sugiero.
—¿Por qué no hoy? —pregunta, luciendo un poco preocupado.
—Hoy es el día de Ana. No quiero quitarle protagonismo —explico. Asiente y me besa de nuevo—. ¿Cariño?
—¿Mmm? —dice contra mis labios.
—Deberíamos cerrar la puerta con llave —sonrío. Rápidamente se levanta de la cama y echa el pestillo a la puerta de nuestra habitación. Cuando regresa, pasamos la siguiente hora celebrando a nuestro nuevo bebé en la cama... y en la ducha.

Xavier

Hoy es el cumpleaños de Ana, y más tarde celebraremos una fiesta con nuestra familia y amigos. No puedo creer que ya tenga seis años. Parece que fue ayer cuando aprendió a decir mi nombre.
Ya terminó el jardín de infantes y empezará primero de primaria después del verano. Está creciendo a pasos agigantados. Demasiado rápido para mi gusto.
Ha estado como loca con su fiesta de cumpleaños toda la semana, así que me esperaba que se despertara con los gallos hoy. Me sorprende que haya podido pegar ojo siquiera.
La oí entrar de puntillas a nuestro cuarto esta mañana, pero me hice el dormido.
Es decir, hasta que mencionó a ese tal Nathan. ¿Por qué tiene amigos niños a esta edad? ¿No se supone que a las niñas les dan asco los niños a esta edad?
Cuando nos contó el consejo gracioso de Evan sobre los novios, casi me meo de la risa.
Seguro que Cassie le echará la bronca por eso, pero a mí me parece bien si significa que Ana no tendrá novio hasta que sea más vieja que Matusalén.
No le di muchas vueltas a los futuros novios de Ana, porque en cuanto salió del cuarto, Cassie me soltó la bomba: íbamos a tener nuestro cuarto hijo.
¡Madre mía! ¡VAMOS A TENER UN BEBÉ! ¡Ay, Dios! ¿Otro bebé? Ojalá esta vez sea un niño.
No sé si podré con otra niña, y necesitaré refuerzos cuando Ana y Selena empiecen a salir con chicos.
Después de que Cassie y yo celebramos la noticia —varias veces, la verdad— despertamos a los otros dos y bajamos a preparar el desayuno.
Nuestros padres vendrían a desayunar con nosotros y a echarnos una mano con los preparativos de la fiesta.
Mi madre y Sadie dijeron que necesitaban cuatro horas para poner todas las decoraciones y cocinar, así que querían empezar nada más terminar el desayuno. Se toman las fiestas muy en serio.
Mientras desayunamos todos juntos, noto que Charlie no para de mirar a Cassie y Ana. No soy el único que se da cuenta.
Vi a mi padre lanzando miradas de preocupación a Charlie. Después del desayuno, Cassie y nuestras madres se llevaron a los niños al patio trasero para empezar a prepararlo todo para la fiesta.
Mi padre y Charlie se fueron al salón para hablar. Los seguí.
—¿Qué pasa? —pregunté mientras nos sentábamos en el sofá. Mi padre miró a Charlie, quien respiró hondo.
—Hay un problema, Xavier. Todavía no sé bien qué significa —suspiró—. Mi abogado está trabajando en ello ahora mismo.
Vi que se le humedecían los ojos y trataba de no llorar. Me entró un mal presentimiento.
—¿Qué problema? —pregunté. Miré a mi padre, y parecía tan preocupado como Charlie—. ¿Qué es tan grave que ya tienes a tus abogados en el ajo?
Charlie sacó un sobre de su bolsillo. Lo tuvo en la mano unos segundos antes de dármelo. Abrí el sobre, saqué la carta y empecé a leer.
Leí las primeras líneas y se me paró el corazón. De repente, no podía respirar. Me levanté y me acerqué a la ventana trasera, viendo a Cassie y Ana reír mientras ponían decoraciones en el patio.
Me di la vuelta para mirar a mi padre y a Charlie, ahora tratando de no llorar yo también.
—Xavier —dijo mi padre—. No sabemos si eso es verdad o no. No demos nada por sentado todavía.
—Debería tener noticias de mis abogados más tarde hoy —añadió Charlie, con voz temblorosa—. Pase lo que pase, Xavier, vamos a plantar cara a esto.
Me senté de nuevo en el sofá. La cabeza me daba vueltas. Mi padre se sentó a mi lado, poniendo su mano en mi brazo.
—¿Xavier? Di algo, hijo —dijo. Miré a mi padre, en estado de shock. No podía creer que esto estuviera pasando. Volví a mirar el papel, leyendo las mismas líneas una y otra vez:
«Notificación para establecer paternidad»
«Impugnación de la adopción de Ana Montero»

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