Galatea Logo
ListasAsistencia
Hombres lobo y cambiaformas
Mafia
Romance multimillonario
Romance con un acosador
Romance lento
De enemigos a amantes
Romance paranormal
Compañeros predestinados
Historias deportivas
Libros en universidades
Segundas oportunidades
Ver todas las categorías
Valorada con 4,6 en la App Store
Condiciones de servicioPrivacidadDerecho de desistimientoAviso legalCancelar suscripción aquí
Galatea on FacebookGalatea on InstagramGalatea on TikTok
Cover image for El alfa y la ninfa Libro 3

El alfa y la ninfa Libro 3

Autor
Toria Blue
Lecturas
60.4K
Capítulos
40
Autor
Toria Blue
Lecturas
60.4K
Capítulos
40
😱Suspense💘Compañeros predestinados🎭Drama🐺Hombres lobo y cambiaformas👩‍❤️‍👨Compañero predestinado💪🏻Protector🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa💪Mujeres valientes⚔️Acción y aventura🧙‍♀️Magos y brujas😊Suave🐺Paranormal

En un mundo donde licántropos y vampiros conviven, Adelie lucha por asimilar la pérdida de su lado licántropo y la tensión que esto genera en su relación con su esposo, el Alfa Kairos. Mientras intentan sanar su vínculo fracturado, Adelie descubre nuevas habilidades y enfrenta el desafío de liderar su manada en medio del caos interno y las amenazas externas. Con la presencia inminente de una maldición maligna y la revelación de verdades ocultas, Adelie deberá encontrar la fuerza para proteger a sus seres queridos y reclamar su destino.

Capítulo 77

Adelie

Sentí que me acariciaba la parte superior del muslo. Su agarre era fuerte y agradablemente cálido.
Después de esperar lo que me pareció una eternidad, por fin sus labios recorrieron mi pierna, suaves como el terciopelo.
Se detuvo a mis pies y se colocó entre mis piernas. Bruscamente, sus manos me agarraron por debajo de los muslos y tiraron de mí hacia él. Golpeándome contra su cuerpo.
Se inclinó, presionándome el bajo vientre con su peso mientras mis piernas se aferraban a él para acercarlo aún más a mí.
Sus labios se movieron desde la mitad de mi caja torácica hacia arriba.
Solo después de devorar mi cuello, levantó la cara para encontrarse con la mía. Y justo antes de besarme, lo miré.
No fui capaz de reconocer su cara. No sabía quién era el hombre que me miraba. Nunca lo había visto antes.
Me quedé allí confundida, pero de repente caí.
Me levanté de golpe de la cama, mirando a mi alrededor hasta ver el sol entrar por la ventana. Durante la última semana, las pesadillas habían perturbado mi sueño.
No dormía mucho, pero cuando lo hacía las pesadillas me invadían y me hacían sentir como si nunca hubiera dormido.
Había pasado una semana. Una semana desde que Madeline se fue. Una semana desde que perdí a mi loba. Una semana desde que perdí todo sentido de lo que era y lo que necesitaba ser.
Siempre había pensado que mi lado de hombre lobo era tan pequeño que no jugaba un papel tan importante en mi vida como mi lado de ninfa, o incluso mi lado de ángel de la muerte.
Nunca pude cambiar de forma y mis sentidos de lobo eran muy limitados. Solo tenía mi alma de lobo. Pensé que eso era muy poco. Pero después de perderla me di cuenta de lo importante que era, del peso que tenía en realidad.
Ahora me sentía insatisfecha. Algo en mí se había esfumado. Había un espacio vacío en mi interior y las cosas ya no me hacían vibrar, ni emocional ni físicamente.
Sentía que todo mi cuerpo se había trasladado a otro universo, a otro tiempo. No sabía dónde estaba. Me costaba recordar cómo había vivido antes.
Y Kairos. Mi marido. Ahora era solo mi marido. Habíamos sido compañeros antes que nada, seguidos por todas las otras etiquetas. Y así lo sentimos. Pero ahora solo éramos marido y mujer.
En el mundo de los humanos, cuando eliges a alguien para casarte, no tienes la certeza de que esa persona te vaya a querer el resto de tu vida, solo confías en las emociones del momento.
Y sigues así hasta que mueres, en el mejor de los casos. O descubres que tu otra mitad no era tu mitad en absoluto, sino que solo fingía quererte.
Kairos ya estaba abajo tomando una taza de café, probablemente esperándome en la mesa del desayuno.
¿Por qué ahora me sentía peor cuando él estaba en la habitación conmigo que cuando estaba sola? Todo lo que sentía cuando él estaba cerca era que no había más que otra persona mirándome.
Hicimos tantas cosas juntos; fuimos tantas cosas juntos. Pero ahora todo había desaparecido. Era el compañero que solía tener, el compañero que nunca más tendría, solo mi marido.
Me sentía mal cuando estaba con él. Me sentía culpable. Estaba distante porque no sabía cómo reaccionar o qué decir.
Durante toda la semana seguimos la misma rutina. Me despertaba sola en nuestra cama, iba a desayunar y hablaba poco.
Después, nos ocupábamos de nuestras propias vidas. Luego nos íbamos a la cama y dormíamos. Ni siquiera nos habíamos besado desde entonces. Ni siquiera nos habíamos tocado desde entonces...
Bajé las escaleras. Todas las ventanas estaban abiertas.
Hacía un día precioso; el sol brillaba y los pájaros piaban, pero de algún modo no me pareció tan maravilloso cuando mis ojos se encontraron con el tenue comedor.
Estaba vacío. Ni siquiera había comida. Miré a mi alrededor y Helen se acercó.
—Buenos días, Luna Adelie, el Alfa quiere que le acompañes a desayunar a la terraza. —Asentí con una rápida sonrisa.
Esto era algo positivo. Salí a la terraza y me dirigí a nuestra pequeña mesa blanca. Kairos estaba vestido de negro, recostado en su silla, con los ojos cerrados y la cara inclinada hacia el cielo.
—Buenos días —le dije. Se despertó y se incorporó en su asiento.
—Buenos días —repitió. Nuestros ojos se cruzaron, pero rápidamente apartamos la mirada.
Solo cuando me senté me di cuenta de lo pequeña que era realmente la mesa. En el comedor, solíamos sentarnos uno al lado del otro. Pero ahí había una distancia cómoda.
Ahora estábamos sentados uno frente al otro, pero demasiado cerca. Tan cerca que Kairos podría oír mi respiración agitada y el golpe de mi corazón en el pecho.
No sabía dónde mirar. Mis ojos vagaban por todas partes para evitar posarse en él.
Ni una sola caricia en toda una semana. Incluso en nuestra cama dormíamos con tanta distancia que dos personas más podrían dormir entre nosotros. No dijimos ni una sola palabra sobre que ya no éramos compañeros.
Fingíamos que todo era normal, pero no podía mirarle a los ojos porque me sentía muy culpable. Culpable por no sentir lo que una vez sentí por él.
—¿Vas a ir a entrenar? —preguntó Kairos. Me lo había estado saltando. Estaba evitando salir.
—Aún no estoy segura —le contesté, esbozando una fina sonrisa y volviendo a centrarme en mi taza de té.
—Creo que iré al bosque. Hace tiempo que no voy. Me sentía un poco débil estos días.
Asintió y empezó a desayunar, pero yo no toqué nada del plato. Estaba demasiado cerca. Y nunca habría imaginado lo extraño que se me hacía estar así con Kairos, el que una vez estuvo tan cerca de mí.
—¿Cuándo volverás a entrenar? —repitió, terminándose sus huevos revueltos.
Kairos no parecía tener ningún problema en mirarme. Siempre me estaba mirando. Solo cuando nuestros ojos se encontraban durante medio segundo apartaba la mirada.
No dejaba de pensar en lo que me alejaba del entrenamiento.
Me daba miedo decirlo en voz alta. Respiré hondo y lo solté.
—La gente me mira —dije finalmente—. No dejan de mirarme. Por eso dejé de ir. Todos me miran y me molesta.
Sentí que me ponía roja. —No puedo estar allí si siguen compadeciéndome.
—¿Quieres que les diga algo? —preguntó Kairos.
Me sentí débil por admitirlo. Se suponía que yo era su Luna, pero me escondía.
—Sería útil —le dije. Hacía tanto tiempo que no le pedía nada. ¿Era esto un avance en nuestra relación por fin?
—Les avisaré, pero siéntete libre de venir cuando estés lista —dijo mientras se levantaba.
—¿Puedo llevarme a alguien conmigo al bosque? ¿A Nathan o Maeve, si no los necesitas? Había perdido la sensación de seguridad ahora que mi lobo se había ido.
No podía ir sola, e ir allí con Kairos sería peor.
—Eres la Luna, puedes hacer lo que quieras. —Lo dijo para hacerme sentir mejor, pero no fue así. Delilah me había echado en cara que no podía ser una verdadera Luna si no tenía forma de lobo.
Y ya ni siquiera tenía alma de lobo.
Cuando Kairos se fue, me quedé allí con las manos pegadas a mi taza, ahora fría.

Kairos

Caminé solo hacia el campo de entrenamiento. Durante una semana. Durante una semana condenadamente larga.
No sabía qué le pasaba a mi corazón. Kye había estado muy callado estos días, apenas me hablaba. Había dejado claro que no estaba enfadado conmigo. Solo estaba afligido.
Hacía mucho tiempo que no dormía tranquilo. Solía dormir muy bien cuando mi compañera estaba a mi lado. Ahora... su presencia era cualquier cosa menos reparadora.
Y sabía que algún día tendríamos que confesarnos todo esto, pero no sabía cómo hablar con ella. ¿Cómo iba a empezar esta conversación?
¿Qué podía decirle? ¿Qué podía decirme que ella no supiera ya? No podía mirarla y mentir. Mis sentimientos habían cambiado.
La conocía tan bien, pero parecía tan lejana... Nunca antes me había generado esto. Nunca había sentido estando con ella lo mismo que con cualquier otro miembro de la manada.
Sabía que quedaba algo. Todavía había amor, pero era muy diferente.
Me repetía a mí mismo que era mi compañera, pero no me creía.
Aunque sabía que ya no era mi pareja, la quería conmigo. Era complicado. Si alguna vez se iba, iba a perder la cabeza... o al menos eso creía.
Cuando los hombres lobo crecen, de lo primero que nos hablan nuestros padres es de nuestros compañeros, porque es lo más inocente y maravilloso que podemos aprender cuando somos jóvenes.
Cuando murió mi compañera Mia, me derrumbé por completo. No sabía cómo iba a seguir adelante, porque ya no tenía fuerzas para seguir luchando.
Y ahora había perdido en vínculo con mi nueva compañera. Me sentía vacío. Ella había desaparecido.
No sabía cómo amar así...
No perdí el tiempo al llegar al campo de entrenamiento ni esperé a que estuvieran todos. Confié en que mi mensaje se trasladaría luego, incluso hasta la manada de Archibald.
Mi voz de Alfa llamó la atención de los ahí presentes —¡Manada de los Caminantes de la Noche y Manada Luna Plateada! —Todos dejaron lo que estaban haciendo y se centraron en mí.
—Sé que habéis notado cambios en esta manada, cambios que nos están afectando a todos. Si tenéis alguna pregunta, por favor, preguntadme a mí primero. Preguntadme lo que queráis.
—Si queréis, responderé a preguntas más personales sobre este tema. —Estaba seguro de que sabían de qué estaba hablando.
—Lo único que pido es que comprendáis a vuestra Luna Adelie. Os pido que os guardéis vuestra curiosidad para vosotros o que me preguntéis a mí. Por favor, no la molestéis ahora.
No solía suplicar nada a mi manada, pero tenía que hacerlo por Adelie.
—Gracias —concluí, dirigiéndome a mi Beta, Nathan.
—¿Cómo va? —le pregunté.
No entendió inmediatamente lo que le preguntaba, pero se esforzó por responder.
—Bueno, la manada está funcionando sin problemas. Nuestros hombres están volviendo con lo necesario. Los vampiros rara vez están aquí, pero siguen las directrices cuando lo están.
Había olvidado algo. —¿Qué pasa con Maeve? —le pregunté. Nathan arrugó las cejas y yo puse los ojos en blanco.
—Asegúrate de que sus bolsas de sangre estén aquí hoy. Aún se está adaptando a los hábitos vampíricos. Solo haremos que torturarla si no le entregamos la sangre. Deja el entrenamiento un poco antes para resolverlo.
Me giré hacia el otro lado, solo para ver a Fala acercándose a mí.
—¡Hermano, buenos días! —dijo con una gran sonrisa.
—Fala, ¿cómo puedo ayudarte? —le pregunté.
—¿Cuándo va a volver Adelie? —Me preguntaba lo mismo todos los malditos días. Odiaba hablar de cosas que no sabía.
Inspeccioné mi entorno para asegurarme de que no había nadie lo suficientemente cerca como para oírme. —Fala, ni siquiera te gusta Adelie —le dije mientras bajaba la mirada al suelo.
—No es que no me guste. Simplemente... no somos amigas —dijo.
—Solo estoy preocupado por vosotros dos. Antes siempre os veía juntos. Pero ahora cuando voy a tu casa, Adelie está sola en su habitación.
Ella continuó: —Y tú siempre estás malhumorado. No quiero que os distanciéis.
Ya estábamos distanciados. —Déjalo —espeté, alejándome de ella hasta que me llamó.
—He visto a Esty —dijo, y me volví furioso hacia ella.
—¿Dónde? ¿No ha hecho ya suficiente? ¿Qué quiere? —le pregunté.
—La vi en el bosque y hablamos.
¿Fala se estaba burlando de mí?
—¿Hablaste con ella? —Me burlé—. Qué cariñosa eres, mi querida hermana. Espero que hayas tenido una agradable charla con ella. —Ni siquiera pude intentar ocultar la decepción en mi voz.
Eso no pareció molestar a Fala, al contrario, parecía bastante preocupada. —¿Qué? —pregunté, ya que claramente tenía algo más que decir. Mejor soltarlo todo ahora.
Le molestó mi actitud, pero aun así contestó. —Ella quería que te diera un mensaje. Dijo que puede ayudarte a devolver tu vínculo de pareja.

Listas de lectura

Ver todo

Sumérgete en colecciones de libros de romance seleccionados por nuestra comunidad de lectores.

Sin leer

por rakytxus

42 libros

Hombres lobo

por Ana Cabrera+López

153 libros

Terminada

por DeBlue

93 libros

Los mejores

por Susan lake

14 libros

Hombres lobo

por Minerva Casas

26 libros

Sobrenatural

por Nerea Oliveiras

42 libros

🤍🩶🖤🤎💜🩵💙💚💛🧡🩷❤️💓💞💕❤️‍🔥

por Sally Elizabeth

6 libros

Volvería a leer ❤️

por zulymar_pty

9 libros

Interesantes 🐾🐾🐾🐾

por Natsuke

15 libros

Lobo🐺Wolf

por mcmg70

206 libros

Sagas

por Martaaaaa

15 libros

Historias leidas

por libertad

76 libros

Terminadas

por Piitufina1995

36 libros

Para leer

por Hezabel

49 libros

Brujas

por Minerva Casas

26 libros

Descubre Galatea

Lucha por amorAsuntos de FamiliaEl poder desconocido del loboEl pueblo sin memoriaUna propuesta inmoral Libro 5

Últimas publicaciones

Enamorada de la mafia Libro 3Enamorada de la mafia Libro 2Pierce Charming Academy 2: Besar al rey semidiós y otras malas decisionesSondeadaLa Serie Blue Ice 2: Enamorándose del hielo azul