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Huyendo del Alfa Libro 2

Autor
Katlego Moncho
Lecturas
15.2K
Capítulos
29
Autor
Katlego Moncho
Lecturas
15.2K
Capítulos
29
🐺Paranormal🐺Hombres lobo y cambiaformas💘Compañeros predestinados🎭Drama👩‍❤️‍👨Compañero predestinado🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa🧙‍♀️Magos y brujas

En un mundo donde licántropos, brujas y antiguas maldiciones colisionan, el amor de Juniper y Mateo se pone a prueba ante oscuras profecías y poderosos enemigos. Mientras Juniper descubre su verdadero linaje y los secretos de su pasado, deberá recorrer un camino traicionero para romper una maldición mortal que amenaza con borrarla de la memoria de Mateo. Con la ayuda de aliados mágicos y un viaje al místico laberinto de Vaulsino, Juniper lucha por recuperar su amor y proteger a su manada de una fatalidad inminente.

Juniper renacida

⏪Previamente en ‘Mateo Santiago’...⏪

Con la amenaza de Odessa muy atrás, Mateo y Juniper están emparejados y son más felices que nunca. Pero surge una nueva amenaza. Y si Juniper no es capaz de hacerse con el control de sus poderes, puede perder a Mateo para siempre...

TEMPORADA 2

Historia de: Katlego Moncho Producida por: Adam Sharp Escrita por: Ilan Benjamin

ZEUS

La persecución estaba en marcha.
Estábamos corriendo. Esprintando. Atravesando la maleza tan rápido como nuestras extremidades podían llevarnos.
Mis caninos goteaban saliva mientras me catapultaba hacia delante, saboreando el viento que azotaba mi pelaje, el tacto del suelo bajo mis pies, el hambre...
La voraz necesidad de comer, de desgarrar, de consumir cada bocado era más poderosa de lo que jamás había sentido.
Me disponía a matar.
Y, Diosa, cómo lo había echado de menos.
Tómatelo con calma, Zeus.
No eres el único con apetito.
Pero no estaba escuchando a Mateo. Hacía demasiado tiempo que no permitía a mi lobo tomar el control, actuar de modo salvaje y ser libre.
Divisé cuatro patas saltando detrás de un árbol lejano, tratando de dejarme atrás, y apuré el paso. De ninguna manera mi presa iba a escaparse.
No en aquella ocasión.
No después de todo lo que Mateo y yo habíamos pasado.
Salté por el aire, elevándome, y clavé mis garras en las patas traseras del ciervo, golpeándolo contra el suelo. Antes de que se diera cuenta de lo que pasaba, me abalancé sobre su cuello.
La sangre llenó mis mandíbulas, el sabor del hierro y la sal como un bálsamo para mis sentidos, mientras soltaba un aullido triunfal.
Por fin había recuperado las fuerzas suficientes no sólo para correr, sino para procurarme mi propia comida. No había sido fácil librarme de la violencia de Odessa.
Pero mientras desgarraba la carne inmovilizada bajo mi peso, con un hambre insaciable, supe que por fin me estaba recuperando. Volvía a ser un lobo completo.
Y mientras comía hasta hartarme, dejé que Mateo se entrometiera una vez más.
Esto será un festín esta noche, Zeus... si dejas suficiente para Juniper y Starlet.
Starlet.
Sólo pensar en el nombre de mi compañera hizo que mi lobo gruñera con otro tipo de hambre. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que corrimos juntos. Últimamente todo se reducía a Mateo y Juniper.
Pero dado que volvía a estar sano, tenía la intención de remediarlo.
Y pronto.
—¿Qué dices, Zeus?
—¿Guardamos algo de comida para las damas?
Di un último bocado y me alejé para examinar el sublime bosque salvaje que me rodeaba. Las tierras de la Manada de la Luna de Vistas. Mi hogar.
—Sí, Mateo —respondí—. Brindemos a las chicas una comida para recordar.

JUNIPER

Me encontraba en el balcón de la impresionante casa de la manada, de tres pisos, con vistas a las colinas onduladas y a los verdes pastos, sintiendo cómo el viento agitaba los mechones de mi pelo y cómo la luz del sol rozaba mis mejillas con su glorioso calor.
Pensar que ya habían pasado dos meses desde aquella fatídica noche en la que había desterrado a Odessa... Pensar que Mateo y yo habíamos estado emparejados durante tanto tiempo...
Sentí que mi corazón iba a estallar de pura gratitud.
Aunque sabía que Royce, antaño mi amigo, y Dayton, antaño mi padre, seguían ahí fuera, tramando quién sabe qué...
En aquel momento, parecía muy fácil olvidarlo todo. Simplemente estar agradecida. Y la meteorología parecía coincidir con mi estado de ánimo. Porque incluso las nubes del cielo tenían forma de caras risueñas.
Vi a algunos niños de la manada de abajo, tumbados en la hierba, señalando las distintas formas y sonreí.
Podía montar un pequeño espectáculo para ellos si quería. Así es como había crecido la confianza en mis propios poderes.
—Nuestros poderes —me recordó Marissa.
—Sí, sí —dijo Starlet con algo de descaro—. Todas somos conscientes de lo increíble que eres, Marissa.
—Sólo era un comentario —replicó Marissa—. Toda esta magia genial viene de alguna parte.
—Silencio, vosotras dos —dije riendo. La bruja y la loba que llevaba dentro formaban parte de mi identidad, pero también tenían sus propios deseos y manías. Y no pocos, precisamente.
En aquel momento, no se trataba de a quién debía estar agradecida. Se trataba de dar las gracias. Punto.
—¡Oíd, niños! —les grité. Miraron hacia el balcón.
—¡Hola, Luna! —saludó uno de ellos.
—¿Lo harás de nuevo, June? ¡Por favor! —pidió otro.
Me reí, pero decidí seguirle la corriente. Pocas cosas me alegraban tanto como las risas y el entusiasmo de los niños de la manada.
Respiré profundamente, levanté las manos y sentí que mis poderes surgían dentro de mí, que los elementos hacían que me hormiguearan los dedos. El sol desapareció de repente y las nubes empezaron a cambiar y a transformarse, arremolinándose sobre nosotros en una gloriosa constelación de vapor.
Los niños miraban asombrados...
Un agujero en el espeso remolino de nubes se abrió y el sol se derramó a través de la abertura, iluminando con un solo rayo de luz la zona de hierba donde estaban sentados los niños. Como si el mundo entero, por un breve momento, se centrara en ellos.
—¡QUÉ BUENO! —exclamó uno de los niños.
—Quiero ser June cuando sea mayor —dijo otro alegremente.
Me reí, sintiendo lágrimas en las comisuras de mis ojos. Aquellas almas puras me recordaban tanto a mí misma cuando era joven, apenas una niña de la Manada Litmus a la que ni siquiera se le permitía salir de la casa de su abuela.
Muchas cosas habían cambiado, y muy rápido. Desde que había conocido a Mateo... era como si todo mi mundo hubiera quedado patas arriba. Y para mejor.
Esperaba que él y Zeus estuvieran disfrutando de su carrera de hoy. Verle recuperar sus fuerzas día a día, su dominio como alfa, incluso su abrumadora intensidad...
Hacía que todo el dolor y el miedo que habíamos sufrido parecieran valer la pena.
Mientras miraba a los niños de abajo, volví a pensar en lo que me había dicho la noche que me marcó.
—Será mejor que empecemos entonces, ¿no crees?
La idea de que pudiéramos tener hijos algún día me llenaba de ilusión y anhelo. Sentía que teníamos toda la vida por delante y que nada podía interponerse en el camino.
—No lo gafes, June, —se burló Marissa.
—Algo de razón tiene —coincidió Starlet.
Sacudí la cabeza. Cuando aquellas dos se aliaban contra mí, era inútil intentar defenderse. Simplemente sonreí y entré en la casa de la manada.
—Lo que ustedes digan, señoras.

MATEO

Zeus y yo volvimos a la casa de la manada con el cadáver del ciervo e inmediatamente nos topamos con Orión, mi beta, mi mejor amigo y mi consejero más fiable, que parecía ocupado y perdido en sus pensamientos.
—Alfa —saludó con una severa inclinación de cabeza—. Es bueno ver que vuelves a ser tú mismo.
—Gracias, Orión —asentí a mi vez—. ¿Va todo bien?
—Sí, es que... —comenzó con un suspiro—. Estoy frustrado porque aún no hemos podido localizar a Dayton ni a Royce.
Noté que mi labio se crispaba con un gruñido involuntario. No sabía si sería capaz de contenerme cuando volviera a poner los ojos en aquel bastardo de Dayton.
Sabía que era el padre de Juniper. Pero también era malvado hasta la médula. El hecho de que hubiera conspirado con aquella infame bruja Odessa...
Aquella clase de crueldad merecía ser castigada.
—No pasa nada, amigo mío —dije, poniendo una mano en el hombro de Orión—. Confío en ti. Además, tengo a dos de mis mejores rastreadores tras su pista.
—¿Quieres decir de fuera de la manada? —levantó una ceja, genuinamente sorprendido.
Asentí levemente. No había querido decírselo a Orión ni a nadie, con la esperanza de que mantener el secreto mejorara sus posibilidades.
—No preguntaré de quién se trata —dijo Orión sabiamente. Luego miró la cena que había traído del bosque—. Por favor, dime que hay suficiente para todos.
—Sólo para los mejores —reí con ganas—. Primero tengo que alimentar a mi compañero. Pero eso ya lo sabes.
—Por supuesto —aceptó con un gesto, y sus sombríos rasgos se relajaron ligeramente—. ¿Has pensado más en ello? ¿Cuándo se lo vas a pedir?
En aquel momento, vi a Juniper salir de la manada y correr hacia un grupo de niños. Estaban jugando sin que nada más les importara. Era hermoso.
Ella era hermosa.
Zeus gruñó desde mi interior, todavía hambriento. Y anhelando un momento a solas con Starlet. ¿Cómo podía culparlo?
—He estado aguardando al momento adecuado admití, mirando a Orión—. Pero, ahora que lo mencionas, ¿por qué esperar?
Mi amor por Juniper no hacía más que crecer a cada día que pasaba y ella merecía saberlo, saber exactamente lo mucho que significaba para mí.
—¿Y bien? —planteó Orión con una mueca traviesa—. ¿A qué esperas, entonces?

JUNIPER

Aquella noche, Mateo preparó un enorme festín para todos los líderes de la manada con la pieza que había capturado. Mientras saboreaba un bocado de la carne perfectamente asada, sentí que el orgullo me invadía.
Mi compañero había cazado aquello con sus propios colmillos. Realmente volvía a ser él mismo.
Cuando me miró, a mitad de bocado, con los ojos brillantes de picardía, sentí las mismas mariposas en el estómago que se agitaron la primera vez que me miró.
—June —propuso—. Vamos a dar un paseo.
—Claro —acepté, con curiosidad—. ¿Alguna pista de adónde vamos?
—Eso estropearía la diversión, ya lo sabes.
Me cogió de la mano y me sacó del salón, cruzando miradas con Orión, quien me lanzó un guiño que no hizo más que aumentar mi intriga. ¿De qué iba todo aquello?
—Tal vez quiere que caces ciervos —sugirió Starlet.
—Sí, claro —intervino Marissa—. June tan sólo tiene que agitar la mano y tendremos veinte ejemplares para cenar.
—Hay más que magia en la vida, Rissa. ¿No entiendes que la persecución?
—¡Chicas! —grité—. ¿Os importa darnos a Mateo y a mí un segundo?
Se callaron felizmente cuando salimos a los terrenos de la manada Vistas. El cielo estaba despejado y estrellado, lo que nos dejó boquiabiertos.
Una vez que nos quedamos solos en el centro del campo, el silencio se apoderó de nosotros. Nuestra única compañía, los lejanos grillos bajo los árboles.
Mateo parecía tener algo importante que decirme. Como si se lo estuviera comiendo por dentro. Como si estuviera debatiendo con Zeus cómo manifestarlo.
Agarré su fuerte mandíbula, sin afeitar y áspera al tacto, y le obligué a mirarme a los ojos.
—¿Qué pasa, Mateo? —pregunté—. Puedes decirme cualquier cosa.
June… —se interrumpió, respiró profundamente y sonrió—. June... estos dos últimos meses han sido los mejores de mi vida. Pero he notado que... falta algo.
Mi sonrisa vaciló. Oh no. ¿Estaba haciendo algo mal? ¿No había sido una buena Luna para su manada? Debió de detectar mi reacción, porque negó con la cabeza.
—No, no te preocupes —pidió—. Es algo bueno. Quiero decir...
Parecía nervioso. Nunca había visto al Alfa tan nervioso anteriormente. Pero ¿cuál era el motivo? Podía sentir su tensión, su miedo, la excitación que irradiaba.
Me invadió un intenso calor. Me noté rojo vivo. Ardiente. Una sensación que abrumaba el aire fresco de la noche.
¿Qué me estaba pasando?
Mateo cayó suavemente sobre una rodilla.
El color subió a mis mejillas al darme cuenta de lo que estaba pasando.
—Juniper Santiago —dijo—. ¿Quieres casarte conmigo?

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