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La mascota del alfa Libro 2

Autor
B. Shock
Lecturas
19,5K
Capítulos
30
Autor
B. Shock
Lecturas
19,5K
Capítulos
30
⚔️Acción y aventura🐺Hombres lobo y cambiaformas💘Compañeros predestinados🎭Drama👩‍❤️‍👨Compañero predestinado💪🏻Protector🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa🐺Paranormal

La vida de Evony da un giro drástico cuando descubre su verdadero linaje y los oscuros secretos de su manada. Mientras se adentra en el traicionero mundo de la política licántropa, deberá enfrentar su pasado, proteger a su hijo por nacer y unir a su manada contra un enemigo común. Con la ayuda de su padre recién descubierto, el Alfa Nathaniel, y de su pareja destinada, Axton, Evony emprende un viaje de autodescubrimiento, amor y supervivencia. ¿Logrará reclamar el lugar que le corresponde y traer la paz a su manada?

Capítulo 1

Libro 2: La mascota del alfa

Dos días después de la Fiesta de la Luna de Invierno

EVONY

Me desperté con el canto de los pájaros y las pisadas en el suelo del bosque. Sentía el cuerpo flácido y pesado y me dolía todo. Pero, por extraño que suene, no estaba tumbada en el suelo, sino... ¿flotando?
De a poco, mi cabeza se empezó a despejar y pude prestar más atención a mis sensaciones. Estaba tumbada sobre algo que, fuera lo que fuera, parecía estar en movimiento. Cuando abrí los ojos, me encontré con que me movía lentamente a través el bosque.
¿Me estaban llevando en brazos? Sentí un extraño dolor en el pecho y me encogí. Cerré los ojos. ¿Por qué me dolía todo?
—¿Axton? —pregunté.
El hombre que me llevaba se detuvo y esperó a que me calmara.
—No exactamente.
La voz me resultaba familiar y, una vez que se me pasó el dolor, miré para ver quién era. Me sobresalté.
—¿Alfa Nathaniel?
Me devolvió la mirada y luego siguió llevándome a través del bosque, cargada a su espalda.
¿Qué demonios estaba pasando?
Miré a mi alrededor y no vi más que bosque. Nada de aquello me resultaba familiar. Este no era el territorio de la Luna de Invierno.
—¿Dónde estamos?
Suspiró y levantó la mirada hacia el cielo. —Ahora mismo, dentro del territorio de la Manada de Piedra —siguió caminando sin dar más explicaciones de por qué o cómo llegamos hasta aquí.
—¿Qué? —mi cabeza estaba llena de preguntas. Traté de concentrarme en lo último que recordaba: la fiesta, mis amigos y un baile. Cuanto más intentaba concentrarme en mi memoria, más me dolía la cabeza.
¿Cómo llegué aquí, cuánto tiempo estuve dormida y por qué me estaba cargando en brazos? Mientras pensaba en todo eso, empecé a preocuparme. ¿Me había secuestrado?
—No te presiones. Si no te acuerdas, ten paciencia. Si intentas forzar la evocación de tus recuerdos, solo sentirás dolor. Transformarse puede ser difícil al principio.
Sus palabras me hicieron tambalear.
—¿Transformarse? ¿Qué pasó anoche? ¿Estás diciendo que yo...?
—Sí —me interrumpió—. La noche del festival, te transformaste y corriste hacia el bosque.
—Yo era el único que podía rastrearte con facilidad, así que perseguí a tu loba durante dos días enteros, hasta que te agotaste lo suficiente y caíste inconsciente. Desde entonces, te estoy llevando de vuelta al territorio de la Luna de Invierno.
Me quedé de piedra. ¿Hablaba en serio? ¿Me había transformado? Pero ¿por qué? ¿Por qué? ¿Todavía no había conocido a mi loba y él me estaba diciendo que me transformé y huí?
La historia tenía cierto sentido. Servía para explicar cómo llegué tan lejos de casa. Pero seguía sin entender por qué se había empeñado en seguirme durante dos días para llevarme de vuelta.
Creí que me odiaba.
—Si estás cansado, puedo caminar...
—No. Tu cuerpo pasó por demasiada tensión. Si intentas ponerte de pie ahora, solo te derrumbarás. Y no necesito que me retrases.
Me quedé mirando fijamente la nuca del alfa. ¿Eran todos así de testarudos?
A pesar de que podría haber sido peor, no era necesario que me siguiera hasta aquí, ni que me llevara de regreso. Así que pensé que quizá no era del todo malo.
No quería molestarlo, pero tenía muchas preguntas. Solía creer que me odiaba. Hasta ahora lo había evitado como a la peste, pero ¿quizá estaba equivocada?
—¿No deberíamos tomar un descanso? —él frenó y luego asintió con la cabeza, antes de buscar un sitio para sentarnos. Encontró una roca en la que podíamos acomodarnos.
Se acercó, me colocó sobre la roca y se sentó en el suelo: otra acción extraña por parte del alfa. Lo más habitual era que alguien con una posición superior tomara asiento antes que sus súbditos o que cualquiera por debajo de ellos. Pero aquí estaba él, colocándome a propósito por encima suyo y eligiendo sentarse en el suelo del bosque.
Lo miré con curiosidad. Algo parecía distinto. Sus ojos no estaban tan apagados como solían estar y no parecía tan triste. ¿Qué había cambiado?
Aunque sabía que podría cabrearse, le pregunté lo primero que se me ocurrió.
—¿Pensé que me odiabas? —vale, era más una afirmación que una pregunta, pero servía para empezar. Los nervios me mantenían sentada en el borde, lista para salir corriendo si él decidía intentar algo.
El hombre pareció congelarse frente a mí antes de volver a mirarme. —¿Qué te hizo pensar eso? —parecía realmente confundido.
¿En serio? ¿No me odiaba? —Actuabas un poco... raro siempre que estabas cerca mío... Y en el bosque, tú…, bueno, no parecía que me tuvieras mucho cariño. Pensé que me ibas a matar...
Vi cómo su expresión pasaba de la confusión a la frustración antes de apartar la mirada.
—Esa no fue nunca mi intención. Nunca planeé lastimarte. Te pido disculpas por mi extraño comportamiento. De hecho... todavía estaba intentando comprender todo...
—¿Qué quieres decir? —pude ver los músculos de su espalda tensarse ante mi pregunta. Se quedó en silencio.
Se levantó bruscamente y miró a su alrededor antes de volver la mirada hacia mí. —Deberíamos irnos —¡estaba eludiendo la pregunta!
Alargó la mano para agarrarme y se la aparté con un gruñido. Alfa o no, no iba a dejar que hiciera lo que quisiera.
Yo también tenía sangre alfa, así que no estaba dispuesta a echarme atrás y ser tratada como una muñeca de trapo.
Sin Axton aquí, tenía que defenderme y protegerme a mí misma. ¡Todavía no era claro si sus intenciones eran buenas o si en realidad me había secuestrado!
—¡No! No iré a ninguna parte contigo. ¡No hasta que me expliques todo!
Me miró, ligeramente sorprendido. Luego, apartó la vista y murmuró en voz baja.
—Eres igual a ella... Tan terca...
¿Igual a ella? ¿De quién hablaba? Antes de que pudiera reaccionar, tiró de mí y me obligó a ponerme nuevamente a su espalda. A menos que quisiera caerme y abrirme la cabeza, no tenía más remedio que sujetarme.
—Te lo diré más tarde —dijo.
—Bájame. No puedes tironearme de aquí para allá. Hija o no de Kade, ¡yo también tengo sangre alfa!
Se tambaleó un momento y un gruñido escapó de su garganta.
—¿De verdad eres así de ciega? Kade no tiene sangre alfa, es un falso alfa. Pudo tomar el control de Luna de Invierno porque traicionó al verdadero alfa y a su Luna y luego echó a la mitad de la manada.
—Pero, ¿sí tengo sangre alfa? —pregunté.
Suspiró y siguió caminando. —Sí, la tienes.
—¿Eso significa que mi madre tenía sangre alfa? —seguí preguntando.
Guardó silencio un momento, reflexionando qué decir a continuación.
—Tu madre pertenecía a la manada Luna de Invierno antes de que Kade se hiciera cargo. Si tuviera sangre alfa, habría habido complicaciones dentro de la manada. No suele ser posible que más de una familia tenga el gen dentro de una manada.
—Si fuera el caso, probablemente los líderes actuales la habrían desterrado para mantener la paz.
—¿Estás diciendo que ninguno de mis padres tenía el gen, pero de alguna manera yo sí? Eso no tiene ningún sentido.
¿Cómo podría ser?
La sangre alfa siempre se transmitía por línea familiar, lo que significaba que la única forma de que yo la tuviera era que uno de mis padres la tuviera también.
Gruñó y me dejó en el suelo antes de mirarme.
—Tu lógica es errónea, Alfa. ¿Dices que yo tengo el gen pero mis padres no? Eso es imposible —dije enfadada.
—¡No es imposible, porque Kade no es tu padre! —gruñó y pude ver la frustración en sus ojos.
Lo miré atónita. ¿Kade no era mi padre? Pero entonces... ¿quién? ¿Cómo nací? ¿Quiénes eran mis padres? No me cabía en la cabeza lo que estaba diciendo. ¿Cómo sabía todo esto?
—Tu madre no era la compañera de Kade... Ella era mía.

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