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Marcada por el Rey Alfa Libro 2

Autor
Danni D
Lecturas
458K
Capítulos
29
Autor
Danni D
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458K
Capítulos
29
😱Suspense💔Compañero rechazado🎭Drama🐺Hombres lobo y cambiaformas👩‍❤️‍👨Compañero predestinado🔺Triángulo amoroso💘Compañeros predestinados💪🏻Protector🌛Dioses y diosas🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa💪Mujeres valientes⚔️Acción y aventura👑Realeza y aristócratas🐺Paranormal

La vida de Ariel da un giro dramático cuando Xavier, su antigua pareja destinada, reaparece suplicando su ayuda para rescatar a su hijo secuestrado por los Cazadores. A pesar de su doloroso pasado, Ariel acepta, desencadenando una serie de eventos que pondrán a prueba su lealtad, su valentía y su corazón. Mientras enfrenta viejas heridas y nuevos peligros, Ariel deberá confrontar sus miedos más profundos y decidir dónde reside su verdadera lealtad. ¿Encontrará la fuerza para salvar a su familia y a sí misma?

Un visitante inesperado

ARIEL

Mi excompañero de destino está en mi habitación.
Pero.
Qué.
Demonios.
El que me rechazó.
El que rompió nuestro vínculo de apareamiento.
El que me exilió.
El que me dijo que no quería volver a verme nunca más.
Sí, ese excompañero de destino.
¿Y acaba de pedir mi «ayuda»?
¿Esto es un sueño?
¿La Diosa de la Luna me está gastando una broma?
Creía que Xavier se había ido de mi vida para siempre, pero ahora está delante de mí, sentado en mi cama.
—Yo... No sé qué decir. —Es la verdad.
Estoy completamente sin palabras.
—Sé que esto debe ser confuso —responde Xavier con dudas, poniéndose de pie y acercándose a mí—. No tienes que decir nada... Sólo necesito que me escuches.
No estoy segura de que Xavier merezca mi atención, pero hay algo en el desgarro de sus ojos que me obliga a escuchar.
Puede que sea un gilipollas del más alto calibre, pero realmente quiero escuchar lo que tiene que decir.
—Adelante —digo, cruzando los brazos.
Esto debería ser bueno.
—En primer lugar, yo... Lamento cómo sucedió todo —dice, mirando al suelo.
—¿Te refieres a rechazarme y echarme de la manada? —pregunto, sólo en caso de que haya olvidado lo que está confesando.
—Sí —responde, sus ojos se conectan repentinamente con los míos. Parece realmente arrepentido—. Yo... Estaba en una mala situación. Y al verte después de dos años y descubrir que eras mi pareja destinada...
Sus palabras se interrumpen mientras su mirada se dirige de nuevo al suelo.
—No lo gestioné bien —dice en voz baja.
Eso es decir poco.
—¿Por qué estás aquí? —pregunto con suspicacia—. Dijiste que necesitabas mi ayuda, no mi perdón.
No puedo pretender que esto no sea una disculpa que no merezco, pero en este momento, no quiero saber nada de Xavier.
Estoy con Alex, y Xavier está con mi hermana.
Sólo la Diosa sabe lo que piensa sobre el hecho de que él esté aquí.
—Necesito tu ayuda —responde, su tono se vuelve de repente oscuro—. Se trata de los Cazadores.
Mi corazón casi se detiene.
Me hicieron pasar un infierno. No tengo muchas ganas de involucrarme en nada relacionado con ellos.
—Xavier, no puedo revivir lo que me pasó en sus manos. Y francamente, tampoco puedo revivir lo que pasó entre nosotros. No estoy segura de por qué viniste a mí, pero...
—Ariel, se llevaron a mi hijo, mi único heredero...
Un escalofrío me sube por la espalda y mi loba empieza a gemir en mi mente.
—Oh mi Diosa...
—Es tu sobrino... Y tú conoces a los Cazadores mejor que nadie —dice Xavier, con la voz cada vez más tensa—. Por favor, tienes que ayudarme a recuperarlo.
Ni siquiera he conocido a mi sobrino...
Tengo prohibido volver a mi manada.
Pero escuchar que está en peligro...
Sé que no puedo ignorar esto.
Inmediatamente me pongo modo guerrera de la manada.
—Cuéntame todo lo que pasó —digo con firmeza—. Necesito cada detalle.
—Se lo llevaron por la noche... Mataron a varios de nuestros guardias —gruñe.
—¿Por qué estás tan seguro de que fueron los Cazadores? —pregunto.
Xavier se levanta la manga y me muestra una marca de quemadura que no estaba curada, sino sellada en plateado.
—Tenían cuchillos de caza de plata. Tuve suerte de no acabar peor. Pero... No pude detenerlos.
No puedo ni imaginar lo que Xavier debe estar sintiendo ahora mismo...
Y Natalia tampoco.
No le desearía esto ni a mi peor enemigo, que básicamente son Xavier y Natalia.
—¿Intentaste rastrearlos? —pregunto. Dejando que mi compasión se apodere de mí, me siento junto a Xavier.
—Sí, pero hemos perdido el rastro —responde—. Tú tienes más experiencia con ellos. ¿Tal vez podrías buscarlo?
—Pero eso requeriría que yo...
—Que vuelvas a la manada —dice Xavier, terminando mi pensamiento.
Estoy aturdida. ¿Está revocando mi exilio?
—Nunca debí desterrarte —dice, poniendo su mano en mi hombro—. Por favor... Ayúdame a encontrar a mi hijo.
Armé de valor a mi corazón mientras éste se enfrentaba con mi cabeza.
Estaba siendo arrastrada en múltiples direcciones a la vez.
Y mi loba interna no estaba ayudando tampoco.
¡Lo sé! ¡Lo sé! Le grito internamente.
Tengo que ayudar a Xavier, pero...
¿Cómo puedo volver a un lugar que me trae tan malos recuerdos?
Una cosa es segura...
Tengo que decírselo a Alex.

ALEX

—Alex, todo lo que digo es que tienes que pensar en tu futuro —dice mamá con un toque de juicio, dando un sorbo a su café.
Lleva todo el desayuno insistiendo en que asiente la cabeza.
Creía que ya había aprendido la lección.
—Mamá, honestamente, ¿cuál es la prisa? Ahora mismo soy feliz. No necesito saltar a una ceremonia de apareamiento ni nada por el estilo —respondo con frustración.
¿Ha olvidado en serio lo desastrosa que fue mi último intento de ceremonia de apareamiento?
—Hay mucho tiempo para tomar estas decisiones —digo con firmeza—. Y esa es mi última palabra sobre el asunto.
Empieza a morderse las uñas nerviosamente. Parece que está a punto de discutir, pero acaba pensándolo mejor.
En cambio, mira por la ventana en silencio, con una clara tristeza en sus ojos.
Maldita sea, no fui demasiado duro, ¿verdad?
Ojeo a papá mientras coge temblorosamente su taza de café.
Estuvo extrañamente callado durante toda la conversación.
—¿Qué piensas tú? —pregunto, esperando que se ponga de mi lado. Puede que mi padre me haya transferido la mayoría de las obligaciones reales, pero a mis ojos, él sigue siendo el rey.
Su opinión lo es todo para mí.
Respira profundamente y habla despacio: —Yo... Creo que tu madre sólo quiere lo mejor para ti. Y yo también.
—Entonces, ¿qué? ¿Creéis que estoy perdiendo el tiempo? ¿Es eso? —pregunto a la defensiva.
Mi madre me mira dubitativa. —¿Ariel ha vuelto a pasar la noche? La vi salir a toda prisa esta mañana.
Aquí está.
La verdadera razón por la que mamá está tan decidida a que me aparee.
—No crees que sea lo suficientemente buena... —digo con un gruñido suave—. Joder... Debería haber sabido que esto era por Ariel.
—Vigila cómo le hablas a tu madre —Papá intenta hablar con autoridad, pero su voz suena débil y cansada.
¿Qué le pasa últimamente?
—Alex, querido, estás equivocado —dice mamá, levantando las manos—. Iba a decir...
—¿Que ella no es buena para mí? ¿Que sólo es una humilde guerrera de la manada y que no es digna de un rey? —pregunto, furioso.
—No... Lo que iba a decir —Mamá se cruza de brazos, pareciendo un poco molesta—. Es que la próxima vez deberías invitarla a quedarse a desayunar.
—Oh... —digo, sintiéndome avergonzado.
Me he sentido un poco inseguro últimamente. Una nueva relación no es siempre la cosa más fácil de gestionar, y tal vez he proyectado eso en mamá...
¿Tal vez estoy demasiado metido en mi mismo con todo esto?
Se acerca a la mesa y coloca su mano sobre la mía.
—Alex, me alegro de que seas feliz, y honestamente... Ariel ha más que demostrado ser digna —dice, devolviéndome una sonrisa genuina—. Sólo me gustaría verla un poco más. Sé que no siempre he sido la más cariñosa con Ariel, pero por favor, hazle saber que es bienvenida a unirse a nosotros en cualquier momento.
Asiento con la cabeza, agradeciendo el esfuerzo de mi madre.
—Olivia es una buena chica —dice papá de repente, volviéndose hacia mí—. Será una buena compañera.
—Ariel... —dice mamá nerviosa, corrigiéndolo—. Es Ariel, querido.
—Ah, sí, Ariel —dice en un tono distante—. Por supuesto. Sólo se me olvidó.
Le lanzo una mirada de preocupación a mi madre, que evita el contacto visual conmigo.
Es inquietante escuchar a papá referirse a Ariel con el nombre de mi difunta compañera, pero eso no es lo único que me preocupa.
Está más pálido de lo normal, y sus palabras son lentas y rebuscadas.
No estoy seguro de lo que está pasando, pero...
Algo está mal en papá.
***
Cuando vuelvo a mi habitación después del desayuno, me sorprendo al encontrar a Ariel allí, esperándome.
Esa sorpresa se convierte en indignación cuando me habla de su inesperada visita.
Ahora no se me ocurre otra cosa que pasearme furiosamente de un lado a otro de mi habitación, dispuesto a destrozar algo.
—Tiene mucho valor para aparecer por aquí —gruño—. Después de lo que te hizo, debería...
Ariel, para tranquilizarme, me pone una mano en el pecho. —Alex, me alegro de que haya hecho lo que hizo. Que Xavier rompiera nuestro vínculo me permitió crear uno mucho más fuerte... Contigo.
Tiene un buen punto de vista.
Aun así, la idea de que ese imbécil aparezca en la habitación de Ariel me hace hervir la sangre.
—¡No hay forma de que te vayas con él! —grito—. ¡Te está pidiendo que te pongas de nuevo en el punto de mira de los Cazadores!
—Alex, es mi familia —argumenta Ariel—. ¡No puedo quedarme sin hacer nada!
—Pero Ariel, has hecho muchos progresos. Todo lo que has soportado a manos de los Cazadores... —Le paso el pulgar por la mejilla—. ¿Y si tú...?
—¿Tengo una recaída? —pregunta, sonando un poco dolida.
Por la mirada de sus ojos puedo decir que ella también lo estaba pensando.
—Enviaré a todos nuestros mejores rastreadores. ¡Demonios, iré yo mismo! —digo, tratando de disuadirla—. Pero no puedo soportar la idea de que estés ahí con él.
—Tengo que ser yo —responde con desazón.
—¿Por qué? —pregunto, frustrado—. ¿Sólo porque te llevaron los Cazadores? Me niego a...
—Es mi familia —dice—. Nos llevemos bien o no.
—Joder... —gruño en voz baja.
Sé que tiene razón. Es su deber ir.
Me rodea con sus brazos y yo apoyo mi cabeza en ellos. —No quiero que te vayas —le digo en voz baja.
—Sólo serán un par de días —responde, acurrucándose en mi pecho.
Quiero decirle que se olvide de ellos, pero sé que significaría mucho para Ariel si pudiera reconectarse con su madre y su hermana.
Suspirando, le acaricio ligeramente el pelo. —No puedo convencerte de lo contrario, ¿verdad?
—Hay que detener a los Cazadores —responde—. Y si mi habilidad de curación puede ayudar...
—Entonces tienes que hacer todo lo que puedas —le digo, asintiendo con la cabeza—. Lo entiendo. No me gusta, pero lo entiendo.
De mala gana suelto a Ariel de mi abrazo. —Sólo ten cuidado... Te quiero demasiado para perderte.
—Yo también te quiero —responde ella, alejándose pero sin romper el contacto visual.
Cuando Ariel sale de mi habitación, siento una sensación de desesperación.
Puede que no sea mi compañera de destino, pero es igual de especial para mí.
Sé que Ariel tiene que ayudar a su familia si todavía hay una oportunidad de hacerlo.
Pero es probable que resurja mucho dolor.
Y me aseguraré de estar allí para ella cuando eso suceda.

ARIEL

El viaje de vuelta a la manada de la Luna Creciente es insoportablemente incómodo.
Xavier apenas me ha dicho una palabra, ni yo a él.
Supongo que eso es natural entre ex compañeros de destino.
Pero tal vez sea mejor que no me hable. ¿Qué demonios le diría a alguien a quien literalmente había desterrado de su vida?
Siento una punzada de tristeza mientras conducimos por las calles familiares de mi manada.
Yo crecí aquí.
Algunos de mis mejores recuerdos ocurrieron en este lugar.
Pero también algunos de mis peores...
Intento apartar la nostalgia de mi mente.
Estoy aquí para ayudar, no para recordar.
Xavier aparca en una enorme casa junto al lago. Es de noche, y la pálida luz de la luna brilla en la superficie del agua.
—Esta es la casa ancestral de los Alfa en la que crecí. Donde mi padre fue Alfa antes que yo —me dice, hablando por primera vez. Noto una profunda tristeza en su tono—. Es donde mi hijo habría sido Alfa después de mí...
—Es donde tu hijo será Alfa después de ti —digo, poniendo mi mano en su hombro alentadoramente.
Sonríe suavemente durante un segundo, pero su rostro decae cuando una voz estridente grita desde el exterior del coche.
—¡Qué carajos!
Cuando levanto la vista, veo a Natalia que se acerca a nosotros como un lobo salvaje, muy enfadada.
Oh, genial...
Parece que me espera otro regreso hostil a casa.

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