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Reencuentro con mi secuestrador Libro 2

Autor
Tania Shava
Lecturas
17.1K
Capítulos
33
Autor
Tania Shava
Lecturas
17.1K
Capítulos
33
🖤Oscuro🔺Triángulo amoroso🎭Drama🏙️Contemporáneo😊Suave

La vida de Talia es un laberinto de secretos y emociones sin resolver. Perseguida por un pasado traumático y un misterioso matrimonio, se mueve en un mundo de negocios de alto riesgo y pretendientes insistentes. Cuando dos hombres enigmáticos, Axel y London, reaparecen alegando lazos con su pasado, la vida que Talia construyó con tanto cuidado empieza a desmoronarse. Mientras enfrenta sus sentimientos y las sombras de su historia, Talia deberá decidir en quién confiar y qué es lo que realmente quiere, todo mientras mantiene su estilo de vida lleno de secretos.

Capítulo 1

Resumen

Todos sabemos que las cosas no son siempre lo que parecen... pero un secuestro es un secuestro, ¿no? Talia sólo tenía diecisiete años cuando Axel se la llevó, y ahora él ha vuelto diciendo que puede explicarlo. ¿Explicar qué? Talia no quiere tener nada que ver con él, a menos que implique una venganza. Ella lo detesta, pero él dice que la ama. ¿Hay algo que pueda decir para ganar su corazón? Calificación por edades: 18+ Autora original: Tania Shava Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.

Talia

Talia se quedó sola en el baño y se miró en el espejo.
Se podría pensar que, a aquellas alturas, era una persona diferente, después de haber recuperado su libertad, y definitivamente lo era. No era la misma chica que cuando tenía diecisiete años.
Ser ingenua era algo que no podía permitirse.
Cuando lees cosas horribles, sientes que tu mundo está muy alejado de eso hasta que te pasa a ti. Tu forma de pensar cambia y tu entorno también.
Ella siempre estaba avanzando, creciendo cada día. Sin embargo, después de tres años, una cosa seguía siendo obvia, y era la rabia que todavía sentía. Los médicos no la habían ayudado mucho: hablar no era la solución.
Si había un rasgo que la describía sin lugar a dudas era la ira y la rabia que sentía. Demasiadas veces le habían dicho que el perdón y la confrontación eran las claves para que finalmente pudiera seguir adelante.
Abrió el grifo y se echó agua fría en la cara. Cada día estaba peor.
Sonó un golpe en la puerta, Talia sabía que era su secretaria, Marian.
—¿Qué sucede?
—¿Está preparada? —preguntó su secretaria.
Talia cogió una toalla de la percha y se secó el agua de la cara. Se aseguró de que su pelo estuviera aseado y de que su aspecto fuera presentable.
Nunca tenía reuniones en persona, ni se veía con nadie. Enviaba a Marian a hacer todo aquello por ella, luego Marian traía el contrato y ella lo revisaba, y lo firmaba si era lo suficientemente beneficioso.
Talia no había querido revelarse a la gente en absoluto. No quería que la encontraran.
Mucha gente sólo conocía su nombre y de hecho algunos pensaban que ella era Marian. Lo cual le parecía bien. Aquello no perjudicaba a nadie.
Si no estaba en su casa bien protegida, estaba en el trabajo o en el centro de artes marciales mixtas.
A menudo Marian no entendía por qué quería ejercitarse tanto y aprender un deporte tan peligroso.
—Es defensa personal, nunca sabes lo que puede pasarte en la vida —era la respuesta invariable de Talia.
Volvió a entrar en el despacho y se puso a revisar los expedientes que Marian había dejado sobre la mesa. Los abrió uno a uno, la mayoría de ellos no le gustaban.
—Marian —gritó Talia. Cuando Marian no respondió después de un rato, Talia cogió el teléfono fijo y marcó su número. No contestó, lo cual era extraño porque siempre lo hacía. Tal vez había salido a comprar café helado y rosquillas.
Después de veinte minutos, la puerta se abrió y Marian entró y la cerró rápidamente.
—Jefa, estamos en un gran lío.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué ha pasado? —preguntó Talia.
—Fuera hay unos caballeros que exigen verla. Dicen que no se van a marchar.
—¿Les has dicho que llamaremos al personal de seguridad?
—Lo he hecho. Dicen que quieren verla en relación con un gran acuerdo... de miles de millones.
—No me importa, Marian. Ya sabes lo que hay que hacer, todo el mundo habla contigo. Yo revisaré la propuesta y tomaré una decisión definitiva.
—Sí, jefa.
Con eso, Marian se fue a tratar con los visitantes. Talia estaba acostumbrada a los hombres que insistían en ver al jefe, pero prefería perder el acuerdo antes que mostrarse.
Terminó su trabajo y se dirigió a casa.
A la semana siguiente, todo seguía igual. Nada era nuevo ni diferente. Se acercó el final del día y Marian entró.
—Aquí están los archivos de hoy —dijo.
—Gracias.
—¿Sabe, jefa? —comentó Marian antes de irse—. Algunas personas son tremendamente ridículas.
—¿Por qué dices eso?
—Uno de los caballeros de la semana pasada estaba desesperado por verle.
—¿De verdad?.
—Sí, creo que debería revisar con atención su expediente, el del acuerdo de los mil millones. Es el último —dijo Marian.
—De acuerdo, no te preocupes, lo haré. Hemos tenido casos así antes, este no es el primero y no será el último.
—Lo sé —rió Marian—. ¿Quiere oír la excusa de éste para verla en persona, o prefiere adivinarla?
—Supongo que dijo que es una de las personas más ricas del mundo.
—Eso habría estado mejor.
Alentada por Marian, Talia volvió a intentarlo:
—Que era el primer ministro.
—Ni de lejos —respondió la secretaria.
—¿Entonces qué?
Siempre le había sorprendido hasta qué extremos llegaba la gente, inventándose historias sólo para verla en persona. Algunos acampaban frente a su oficina, pero ella llevaba una máscara y una capucha cuando salía.
Si comprobaba que la seguían a casa, generaba una distracción para poder darles esquinazo por el camino.
Marian se reía más cuando Talia hacía más conjeturas que ante las ridículas declaraciones que habían escuchado a lo largo de los años.
—No, lo que dijo fue —reveló Marian entre respiraciones—, que era su marido.

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