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Salvaje Libro 2

Autor
Kristen Mullings
Lecturas
17.5K
Capítulos
30
Autor
Kristen Mullings
Lecturas
17.5K
Capítulos
30
🧶BDSM🥵Erótica💰Multimillonarios🎭Drama🏙️Contemporáneo🖤Oscuro

La vida de Sage da un giro dramático cuando se ve envuelta en una compleja red de relaciones profesionales y personales. Su jefe, el señor Heinrich, le hace un inesperado acercamiento romántico que desencadena una serie de encuentros incómodos e intensos. Mientras Sage intenta entender sus propios sentimientos y las dinámicas del trabajo, también debe enfrentar su pasado y tomar decisiones cruciales sobre su futuro. Entre romance, tensión y autodescubrimiento, el camino de Sage no tiene nada de ordinario.

Nuevo comienzo

Sage

—Has sido una chica muy desobediente, kätzchen —dijo Roman con un gruñido ronco mientras me rodeaba, golpeando un bastón de madera contra la palma de su mano—. Es hora de tu castigo.
Tenía las muñecas atadas con esposas de cuero y estaba inclinada sobre una pequeña mesa de metal, cuya fría superficie me presionaba los pechos y hacía que mis pezones se endurecieran.
Roman llamaba a esta habitación el “cuarto oscuro”.
Tenebroso.
Con poca luz.
Con humedad.
Pero la habitación no era lo único que estaba húmedo...
Cada vez que Roman desaparecía detrás de mí, sentía una punzada de excitación en mi coño que se humedecía al instante.
La emoción de la incertidumbre.
¿Qué iba a hacer conmigo?
¿Sería doloroso?
¿Disfrutaría?
¿O lo haríamos ambos?
—Te he hecho una pregunta —dijo Roman con su severo acento alemán. De repente, me apretó el culo y sentí que la falda, ya de por sí corta, se me subía aún más por los muslos y dejaba al descubierto la parte inferior de mis nalgas.
—Si eso es lo que crees que me merezco —dije con una pequeña sonrisa, sabiendo que Roman no podía ver mi excitación.
Me subió la ajustada falda hasta la cintura y mi culo se desató, chocando contra su hinchada polla a través de sus pantalones.
Roman me agarró el culo con intensa lujuria y le dio una potente bofetada.
~Sí, cariño. Eso es. Castígame.
Un suave gemido se me escapó de los labios, pero al instante traté de retraerlo, dándome cuenta de mi error.
Mierda...
Roman volvió a rodearme por delante y me levantó la barbilla con el dedo. Sus ojos abrasadores me miraban fijamente bajo el pelo largo y rubio que se había dejado crecer recientemente. Estaba empapado de sudor.
—¿Estás disfrutando de esto, kätzchen?
Desde este ángulo, el traje perfectamente confeccionado de Roman parecía que iba a reventar por las costuras, y su fuerte respiración intensificaba el abultamiento de sus pectorales bajo la camisa blanca de vestir.
Mis pezones no eran los únicos que estaban duros.
—Roman, yo solo...
—No mientas, kätzchen. Eso solo empeorará tu castigo —dijo Roman en tono de advertencia—. Mentir es lo que te trajo aquí, no se si lo recuerdas...
Cierto, tal vez le dije una pequeña mentirijilla inocente. ¿Manché un poco de pintura uno de los mejores trajes de Valentino de Roman mientras trabajaba en el dormitorio?
Sí.
¿Le dije, de forma poco convincente, que no había estado pintando cerca de su traje de seis mil dólares, y que no tenía ni idea de cómo había ocurrido?
También, sí.
Pero, ¿era posible que lo hubiera hecho todo a propósito, para estar agachada, atada, a merced de Roman?
Demonios, sí.
—Lo siento, Roman. No volverá a ocurrir —dije con un tono recatado y sumiso.
—Rompiste una cláusula del contrato, el contrato que firmaste y te comprometiste a cumplir —dijo Roman, acercándose a un armario de madera negra en la pared y abriéndolo.
Intenté estirar el cuello para ver qué tipo de tortura excitante estaba a punto de sufrir.
—Ojos abajo —fue la brusca orden.
Cumplí, retorciendo el culo mientras el tanga se encajaba en mi coño y me hacía anhelar aún más el tacto de Roman.
Suave o rudo, no importaba, joder.
Solo quería sentir su piel sobre la mía.
Oí cómo se cerraba el armario. Roman había tomado su decisión.
El repiqueteo de sus zapatos de vestir Louis Vuitton de cuero resonó en la silenciosa habitación cuando se acercó a mí por detrás una vez más.
Tal vez si derramo pintura en esos también, realmente me reviente el culo...
—Si te retuerces de placer, te haré chillar de dolor —dijo Roman, mientras me bajaba el tanga hasta los tobillos—. Esto es un castigo. No es para que disfrutes.
—Sí, señor —respondí, manteniendo la cabeza hacia abajo. ~Así que castígame entonces, sexy bastardo. Dame lo peor.
¡PLAS!
Sentí los latigazos de un látigo sobre mi carne desnuda.
¿Así que elegiste el látigo de la serpiente? Buena elección.
A estas alturas ya me había familiarizado con el armario de herramientas y juguetes de Roman.
¡PLAS!
Roman bajó el látigo hasta mi culo. Esta vez, realmente picó.
Me estremecí, pero mi cuerpo quería más.
—¿Ya has aprendido la lección? —preguntó Roman, aunque estaba claro que no esperaba una respuesta—. No... creo que no lo has hecho.
¡PLAS!
Esa tuvo que dejarme una puta marca.
A estas alturas, estaba más mojada que las cataratas del Niágara, así que cuando oí cómo se deslizaba la cremallera de Roman, no pude evitarlo.
—¡Fóllame! —grité, abriendo las piernas y ampliando mi postura—. ¡Pon esa enorme polla dentro de mí ahora mismo!
—¿Me estás diciendo lo que tengo que hacer? —preguntó Roman, gruñendo.
—Sí —dije sin dudar.
Roman empezó a acariciar los labios de mi vagina con la punta de su polla, y sentí una oleada de electricidad recorriendo mis nervios.
—¿Es esto lo que quieres? —preguntó, la intimidación empezó a desaparecer de su voz.
—Dios, sí —respondí, gimiendo.
Roman me metió bruscamente la polla en mi coño, presionando contra mi clítoris mientras se deslizaba dentro y fuera una y otra vez, haciéndome estallar de éxtasis.
Apreté los puños, incapaz de mover las manos, clavándome las uñas en las palmas mientras él seguía empujando con creciente vigor.
El dolor inicial de su enorme miembro creciendo dentro de mí, se convirtió en puro gozo cuando llegué al orgasmo, temblando de placer.
Roman se retiró y descargó su cálido semen sobre mi culo, dejando escapar un gruñido involuntario mientras se aliviaba.
Lentamente, Roman me quitó las ataduras y me levantó en brazos. —Bueno, mi kätzchen, creo que por fin has aprendido la lección.
—Tengo el mejor profesor —le contesté, acurrucándome en su cuello.
***
Algunas personas podrían pensar que un contrato limita tu vida sexual, pero a mí me parecía todo lo contrario.
El contrato que me hizo firmar Roman me abrió todo un mundo nuevo de experiencias sexuales que nunca había creído posibles.
Me di cuenta de que realmente me gustaban los “castigos” de Roman. Había pasión detrás del dolor, y eso es lo que me parecía realmente atractivo.
Y, mejor aún, acordamos juntos el contenido del contrato. No se cruzaría ninguna línea. Nada se haría sin mi consentimiento.
Las semanas se convirtieron en meses, y me encontré pasando cada vez más tiempo en el ático de Roman. No me había mudado exactamente, pero...
No solo tenía un cajón para mis cosas en su casa: tenía un armario entero, del tamaño de un maldito estudio.
Cuando entré en dicho armario y empecé a mirar el amplio surtido de ropa que me había comprado desde que empecé con mi “nuevo” trabajo de diseñadora, sentí un pinchazo de culpabilidad.
No es que me disgustara mi nuevo trabajo. Quiero decir, el sueldo era increíble.
Simplemente no me suponía un reto. Los días empezaron a hacerse más lentos, y las tareas más superficial. No estaba inspirada, y ninguna cantidad de dinero podía comprar la inspiración.
Al menos conocía a una persona que entendería lo que estaba sintiendo. Cogí mi teléfono de la isla de mármol que exhibía mis joyas y empecé a escribir.
Sage
Te odio por haberte mudado
Sage
Estás TAN lejos
Sage
Necesito que eches esa “mirada”
Sage
Ya sabes, la que dice “Sage, estás a punto de tomar una decisión estúpida”
Ronnie
oh señor
Ronnie
Estoy al otro lado del charco
Ronnie
¿De qué decisión hablas?
Sage
¡Al otro lado del charco, una mierda!
Sage
¡Londres está como a 4.000 millas de distancia!
Sage
Y yo...
Sage
Estoy pensando en dejar la empresa de diseño
Ronnie
chica ese sueldo podría alimentar a un pequeño ejército
Ronnie
¿estás segura de que quieres dejarlo?
Sage
Por eso te pido que me hagas entrar en razón
Sage
Dime que soy una perra loca por siquiera pensarlo
Ronnie
no chica, sabes que te conozco mejor que eso
Ronnie
se que solo pensarías en irte si no te llena
Ronnie
mudarme a Europa ha sido, sinceramente, lo mejor para mí desde el punto de vista creativo
Ronnie
quizás tú también necesites un cambio
Sage
Ugh tienes razón
Sage
Como siempre 🙄
Ronnie
haz algo que te encienda, baby
Sage
💜💜💜
***
Había pensado todo el día en mi conversación con Ronnie, y ahora, acurrucada en la cama con Roman, tomé la decisión.
Esperaba que lo entendiera. Me parecía una locura tirar por la borda un trabajo con un salario de seis cifras en una de las empresas más reconocidas de mi campo.
Pero quizás era más loco trabajar en un lugar que no me inspiraba.
—Voy a dejar mi trabajo —solté de repente. Roman bajó el libro que estaba leyendo, pero solo por un momento. Sus ojos volvieron a la página, sin inmutarse.
—Si eso es lo que quieres, tienes mi apoyo —dijo despreocupadamente.
—Espera, ¿en serio? —pregunté, sorprendida. Realmente habíamos caído en una cierta monotonía estos últimos meses sin darnos cuenta—. ¿No crees que es una locura?
—Bueno, siempre has estado un poco loca, así que es tu marca —respondió Roman, bromeando—. Pero, con tus habilidades y tu talento, puedes hacer cualquier cosa. Es tu viaje, así que tienes que seguir el camino que te parezca correcto.
—Eso parece sacado de un póster inspirador de esos que tienes en la sala de descanso de tu oficina —dije riendo. Pero no estaba equivocado. Excepto por...
—No es solo mi viaje —dije, deslizando mi mano sobre la de Roman, entrelazando mis dedos con los suyos—. Siento que estamos juntos en esto.
Roman sonrió y me rodeó el hombro con su musculoso bíceps, atrayéndome hacia su pecho.
—Vente a vivir conmigo —dijo de repente—. Oficialmente.
—Como, ¿mi nombre en el contrato de arrendamiento? Como te gusta a tí hacerme firmar... —respondí en broma. Intenté mantener la calma, pero el corazón se me salía del pecho.
Roman Heinrich acababa de pedirme que me mudara con él.
—Entonces, ¿es un sí? —preguntó, esperando mi respuesta.
—¡Si!
Le rodeé con mis brazos y le planté un gran beso en los labios. —Me mudaría contigo tanto si estuviéramos en este ático como en una cabaña de barro en el fin del mundo.
Roman se apartó bruscamente de mí al encenderse su teléfono. Frunció el ceño al ver los mensajes, lo que empañó el embriagador momento.
—¿Qué pasa? —pregunté nerviosa.
Roman me miró con una expresión seria.
—¿Dijiste que te mudarías conmigo al fin del mundo?
—Sí —respondí vacilante. ¿A qué está jugando?
—Entonces, ¿qué te parece mudarte a Berlín? —preguntó.
~¡¿Berlín?!
Dije que quería un cambio, pero...
¿Será este el nuevo comienzo que necesitaba?

Roman

—Zurück zuhause, —dije en voz baja mientras el conductor acercaba el coche a un imponente y clásico edificio de piedra en el centro de Berlín.
—¿Qué significa eso? —preguntó Sage, observando la estructura asombrada.
—De vuelta a casa —respondí.
Hacía bastante tiempo que no volvía a Alemania, y especialmente a Berlín, donde había pasado muchos de mis años de formación.
Esta ciudad guardaba muchas de mis historias ... y no todas eran buenas.
Salimos del vehículo y cogí a Sage de la mano mientras subíamos la amplia escalera que conducía a una pesada puerta de madera.
—¿Es aquí donde creciste? —preguntó Sage cuando nos detuvimos frente a la entrada. —La arquitectura es tan romántica, como si estuviera atrapada en otra época.
Estaba muy agradecido de que Sage hubiera aceptado hacer las maletas y mudarse a Berlín conmigo, pero a juzgar por el brillo en sus ojos, habría necesitado este cambio de aires de todos modos.
Para mí, se trataba de negocios. La sucursal más antigua de mi empresa residía en Berlín, y antes de que nos internacionalizáramos, ésta era la única sede.
Todo comenzó en este preciso lugar...
—Pasé aquí mis primeros años de vida, pero crecí fuera de la ciudad, en el campo —dije, poniendo la mano en el pomo de la puerta con indecisión—. En este edificio fue donde comencé mi imperio.
Ahora estaba aquí para recoger los pedazos. Con el repentino fallecimiento de mi antiguo socio, Luka, y con Ekko en prisión, yo era el único accionista. Tendría que volver a construir este lugar desde el suelo si quería que no desapareciera.
Mi mano temblaba ligeramente mientras luchaba por girar el pomo, pero Sage al verlo puso la suya sobre la mía para tranquilizarme.
—Apuesto a que tienes muchos recuerdos envueltos en este lugar —dijo, tratando de reconfortarme .
No tienes ni idea, kätzchen.
Decir que los recuerdos eran desagradables sería quedarse corto.
Las puertas de la oficina se abrieron con un ruido ensordecedor, haciendo que Sage y yo nos giráramos para ver a la última persona que esperábamos.
El mismísimo rey del mal.
No estaba preparado para el regreso de este imbécil. Pero, de nuevo, él siempre encontraba la manera de colarse de nuevo en mi vida.
—Parece que este lugar se ha infestado de cucarachas en mi ausencia —gruñí.
—¿Es esa la forma de saludar a tu propio hermano? Yo también me alegro de volver a verte —dijo Ekko con una sonrisa inquietante, levantándose del pedestal en el que estaba sentado, como una gárgola de piedra que cobrara vida.
Una ola de emociones me golpeó cuando se acercó, pero una emoción en particular nubló todas las demás...
Rabia.

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