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Tras la máscara Libro 2

Autor
Jessie F Royle
Lecturas
16,1K
Capítulos
32
Autor
Jessie F Royle
Lecturas
16,1K
Capítulos
32
🤑Multimillonarios💰Multimillonarios🏙️Contemporáneo

Roxanne y Chris son copropietarios del exitoso restaurante Red Fire Grill, pero sus vidas están a punto de complicarse aún más. Mientras Chris planea pedirle matrimonio a su novia Lena, Roxanne se ve envuelta en un torbellino de romance, celos y reencuentros inesperados. Cuando su ex, Lucas, reaparece y su novio actual, Spence, le propone matrimonio, Roxanne debe navegar por un laberinto de emociones y relaciones. Con fiestas glamurosas y momentos íntimos como telón de fondo, el viaje de Roxanne es una historia de amor, lealtad y autodescubrimiento.

Capítulo 1

SINOPSIS

Después de que su vida diera un vuelco el año pasado, Roxanne por fin vuelve a la normalidad, ¡a una maravillosa normalidadl! Está enamorada de un hombre increíble, su carrera está en auge y tiene todo lo que podría desear. O eso es lo que cree... hasta que aparecen unas caras conocidas que le dan la vuelta a todo. ¿Podrá Roxanne mantener la cabeza fría esta vez y resistir la tentación? ¿O caerá en la misma rutina que la metió en problemas la primera vez?
Clasificación por edades: +18 Autora original: Jessie F Royle Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.
CASI UN AÑO DESPUÉS
El restaurante está increíblemente lleno hoy, a diferencia de la mayoría de los miércoles por la noche. Chris y yo llevamos casi nueve horas sin descanso.
El Red Fire Grill ha sido un gran éxito desde que abrió sus puertas hace casi un año.
Chris y yo seguimos siendo los jefes de cocina y hemos cocinado personalmente para muchas personalidades de todo Estados Unidos que han visitado el restaurante durante su estancia en Houston.
Nuestros nombres han aparecido incluso en Bon Appétit y otras revistas gastronómicas por nuestra visión moderna de lo que puede ser un asador de cinco estrellas.
Chris y yo unimos nuestros cerebros a menudo para aportar nuevas ideas que lo mantengan fresco y diferente, y Spence incluso nos ha enviado a múltiples talleres por toda Norteamérica para aprender las últimas técnicas.
Ha sido una experiencia fantástica a la que no renunciaría por nada, y me alegro de no haberlo dejado el año pasado después de que toda mi vida se fuera a la mierda.
Spence no me lo habría permitido, y estoy agradecida por ello cada día.
Spence me había comprado un billete de ida en primera clase a Italia, sin saber cuándo estaría lista para volver. Insistí en que lo descontara de mi sueldo, pero no lo aceptó.
Así que estuve fuera más de un mes antes de decidir que por fin había llegado el momento de volver a mi vida y afrontarlo todo.
Durante el tiempo que pasé fuera, adquirí perspectiva y me dio una nueva visión de la vida.
Me había metido en toda la situación con Lucas sabiendo muy bien lo que podía pasar, y cuando pasó, no tenía a nadie a quien culpar salvo a mí misma. Ahora lo he aceptado y he seguido adelante.
Sigo viendo a Lucas por el hotel de vez en cuando porque sigue trabajando para Spence, pero lo ignoro constantemente a pesar de sus múltiples intentos de hablar. No lo echo de menos en absoluto, y
lo veo como lo que realmente es, ya no esty ciega. Aunque sigo echando de menos a Casey con locura.
Cuando volví de Italia, intenté ponerme en contacto con ella, pero rechazó todas las llamadas y peticiones para verla. Tras varios intentos fallidos, me di por vencida.
Aún guardo la esperanza de que algún día encuentre en su corazón la forma de perdonarme; me niego a creer que este sea nuestro final.
Italia había sido un sueño hecho realidad, a pesar de las circunstancias que me habían llevado allí. Spence había agendado mi estancia en el Hotel Manfredi de Roma durante el tiempo que me conviniera.
Hice mucho turismo y visité Milán, Verona, la Toscana y Nápoles. Hice las rutas del vino, aprendí un poco más sobre esta gran bebida y comí demasiada pasta.
Engordé unos kilos, pero no me importó. Hice algunos cursos de auténtica cocina italiana e incluso fui a recoger aceitunas y uvas, y lo hice todo yo sola.
Hubo algunos italianos encantadores y demasiado amables que intentaron algo, pero no me interesaron lo más mínimo; mi viaje había tenido como objetivo alejarme de los hombres.
—Rox, vamos a tomarnos un descanso. Creo que tenemos algo de tiempo antes de que llegue la fiesta de esta noche —grita Chris desde la cocina, haciéndome señas para que le siga.
Dejo lo que estoy haciendo y salgo con él.
—Joder, es que menudo lío tenemos esta noche —refunfuña Chris, saltando ansiosamente de un pie a otro.
—¿Necesitas otro parche? —le pregunto.
—Sí, creo que este ya no da más.
Se levanta la manga para mostrar su parche de nicotina; Chris por fin está haciendo un gran esfuerzo por dejar de fumar a petición de su novia, Lena.
Estoy muy orgullosa de él y he estado actuando como su entrenadora para dejar de fumar. Saco un nuevo parche del bolsillo, siempre me aseguro de llevar alguno encima por si acaso.
Se quita el usado y yo le pongo el nuevo en el brazo.
—Gracias. Dios, necesito un cigarro.
—Sé fuerte, Chris, lo estás haciendo muy bien. ¿Cuánto tiempo llevas ya?
—Dos meses y contando —me dice.
Yo ya lo sé, pero me gusta recordarle sus progresos.
—Apuesto a que Lena está muy contenta de que lo hayas dejado —le sonrío animándole.
—Sí, está muy contenta, y además he ahorrado un montón de dinero extra... al que pienso dar buen uso —dice.
—¿Qué vas a hacer con esos ahorros? ¿Un viaje o algo así?
—No... comprar un anillo.
Sonríe y yo chillo de sorpresa, abrazándolo con fuerza.
—¡Oh Chris, qué me dices! ¡Felicidades!
—Aunque todavía me estoy preguntando cómo voy a hacerlo; quiero que sea una sorpresa total. Algo increíble —dice Chris con entusiasmo.
—Me encantaría ayudarte con eso si me lo permites —ofrezco.
—Me encantaría, Rox, gracias. —Aspira profundamente—. azón de más para seguir con esto, supongo. A veces es difícil, ¿sabes?
—Lo sé, Chris, pero valdrá la pena.
Le doy una palmada en el hombro y él asiente.
—Espero que diga que sí —murmura.
—Chris, Lena te quiere y te adora. Incluso te ha dejado convencerla para que se haga su primer tatuaje. Créeme, dirá que sí —le aseguro, y él se ríe entre dientes.
—Sí, esa pequeña flor en su hombro; me encanta. —Sonríe—. Tú también deberías hacere una, Rox.
—Um... no. Los tatuajes no son para mí. A ver, me gusta mirarlos, y me encantan los tuyos y aprecio el arte, pero no hay nada con lo que me sentiría lo suficientemente cómoda como para tatuármelo permanentemente —le digo.
Me viene a la mente un tatuaje en particular que me encanta.
—Quizá algún día encuentres algo que te guste lo suficiente como para tatuártelo en la piel —reflexiona.
—Claro, tal vez. Supongo que no es del todo imposible —consiento.
—Oye, ¿qué hora es? — me pregunta.
—Ni idea.
—Entonces será mejor que volvamos dentro antes de que todo se venga abajo. —Chris suspira y abre la puerta que conduce de nuevo a la cocina caliente.
Unos minutos después de las diez, Chris, Lena y yo nos sentamos en el salón del hotel para tomar algo rápido después de un largo día. Lena había conseguido un turno más tarde en recepción para poder salir casi al mismo tiempo que Chris.
He llegado a conocer a Lena bastante bien, y me he dado cuenta de que me gusta mucho. Es perfecta para Chris, y además es la cosita más mona.
Tiene veintidós años, mide sólo metro y medio y lleva el pelo rubio casi blanco cortado en un gracioso pixie que complementa sus suaves rasgos.
También tiene unos grandes ojos azules que se iluminan cada vez que Chris entra en la sala: son la mejor pareja del mundo.
Sin embargo, a pesar de su dulce exterior, tiene una actitud enérgica y maldice como un marinero.
—Qué día más largo, joder —se queja, dando un sorbo a su cerveza.
—Tenía a esta zorra loca exigiendo que le llevaran un montón de cosas ridículas a su habitación; me entraron ganas de abofetear su cara de cirujía plástica.
Chris la mira con adoración y se ríe.
—Creo que sé de quién estáis hablando, y ha estado causando problemas toda la semana. Está a punto de que la echen —les digo, juntando el pulgar y el índice.
—Bien, eso espero. No puedo aguantar sus gilipolleces mucho más tiempo. —Lena se ríe , tan adorable y femenina.
—Todo forma parte del sector servicios, supongo. Tener que tratar con gente loca con una gran sonrisa en la cara —digo, sacudiendo la cabeza.
Por suerte, al estar en la cocina, no tengo que lidiar con la gente que Lena tiene que soportar cada día; ella está en primera línea.
—Alerta gilipollas —oigo murmurar a Chris en voz baja.
Le miro y me señala discretamente la puerta. Lena y yo nos giramos y vemos a Lucas entrando en el salón con una rubia alta del brazo. Se acercan a una esquina y toman asiento.
Lucas nos mira a los tres y se da la vuelta rápidamente. Siempre tiene una chica nueva cada pocas semanas, haciendo lo que mejor sabe hacer Lucas.
—¿Todavía no has hablado con él? —pregunta Lena en voz baja, mientras me vuelvo hacia ella y Chris.
—No, y tampoco pienso hacerlo —me burlo.
—¿Al final dejó de intentarlo? —Chris me pregunta.
—Sí, creo que sí —le digo.
No hemos hablado de Lucas en mucho tiempo.
—Bien, ese cabrón puede largarse —resopla Chris.
No es fan de Lucas y sigue mostrándose abiertamente hostil hacia él cada vez que tenemos que estar en la misma habitación que él.
Lena me había contado que después de que yo me fuera de la fiesta de inauguración del restaurante, Chris le había echado la bronca a Lucas, sin importarle que Lucas pudiera darle una paliza si quisiera.
Pero Lucas se había quedado allí y lo había recogido todo antes de desaparecer.
Lena se había quedado completamente atónita e impresionada de que Chris me hubiera defendido valientemente, y dijo que eso fue lo que realmente selló el acuerdo para ella y Chris.
Chris y yo le habíamos contado toda la historia previa a los acontecimientos de aquella noche, y yo le había revelado cosas que ni siquiera Chris sabía.
Fue una noche de borrachera muy larga para los tres; fue una experiencia de unión para Lena y para mí también, y me sentí tan bien de tener una amiga con la que hablar.
Los dos se han convertido básicamente en mis mejores amigos. Chris siempre ha sido un amigo íntimo, pero hemos pasado al territorio de los mejores amigos, y dondequiera que esté él, también está Lena.
—Bueno, cambiando de tema —digo, queriendo borrar a Lucas de nuestro radar—. ¿Va todo bien por casa? ¿Necesitáis algo?
—Todo VA muy bien —dice Lena—. Pero me preguntaba si estaría bien que pintara el salón.
—He encontrado un color de puta madre que me encantaría usar, pero antes quería asegurarme de que te parece bien.
—Pinta lo que quieras Lena, confío en tu criterio —le sonrío.
Alquilo mi casita a Chris y Lena, que llevan ahí algo más de tres meses.
Había ahorrado lo suficiente para comprarme un piso nuevo en el centro y poder estar más cerca del restaurante, ya que voy mucho. Conducir por la ciudad casi todos los días era agotador.
Les doy un buen precio por el alquiler y esperan poder ahorrar para comprármelo.
Había ganado lo suficiente en el restaurante como para pagar la totalidad de la casa y también para hacer un importante pago inicial por mi nueva vivienda.
Todo esto es posible porque Spence me paga más de lo que creo necesario o justo en comparación con los demás, pero ¿quién soy yo para quejarme?
Chris gana ahora lo mismo que yo, pero malgastó mucho de su dinero en una lujosa camioneta nueva para él y un coche para Lena.
—¡Sí! Genial. Espero que te guste el negro —dice emocionada, y yo casi escupo mi bebida.
—¿Negro?
—Es broma —se ríe y yo suspiro aliviada.
En última instancia, sin embargo, una vez que compren la casa, pueden pintarla toda de negro si quieren.
—Bueno, chicos —digo mientras me termino la bebida y me pongo en pie—. Creo que me voy a casa. Mañana será otro largo día.
—Sí, supongo que nosotros también deberíamos irnos a casa —acepta Chris—. Nos vemos mañana, Rox.
—Buenas noches, Chris; buenas noches, Lena —digo, inclinándome y dándole a Lena un abrazo y un beso en cada mejilla.
—Buenas noches, cariño; te veré mañana —dice suavemente.
—¡Os amo!
Sonrío, les saludo con la mano y me dirijo hacia la entrada.
—Buenas noches, señorita Vice —me dice el portero, Bob, mientras se quita el sombrero en cuanto salgo del hotel y le hago un gesto al aparcacoches.
—Buenas noches, Bob —le sonrío y me dirijo a la acera para esperar.
—¿Alguna vez vas a hablar conmigo? —dice una voz tranquila detrás de mí.
¡Arg! ¡Ya basta! Me doy la vuelta lentamente.
—No si puedo evitarlo. ¿Por qué no lo dejas de una vez? No sé qué pretendes, Lucas, así que... vete —le digo dándole la espalda una vez más.
—Vamos, Roxanne. No tienes que ser así. Tenemos que ser civilizados en algún momento. ¿No podríamos al menos intentar que fuera un ambiente más cómodo?
Esta vez no me giro para mirarle, y sigo de espaldas a él.
—Estoy perfectamente bien tal y como está el ambiente ahora. No me preocupa si estás cómodo Lucas; ese es tu problema.
—Ahora, si me disculpas, tengo que irme a casa —le digo justo cuando mi coche se detiene delante de mí.
Sin decir nada más a Lucas, me subo y me voy.
Llega el sábado y Chris y yo pasamos una tarde tranquila. Es un fin de semana de puente, así que imaginamos que todo el mundo se ha ido de la ciudad.
Hoy salgo temprano y también tengo libres el domingo y el lunes. Estaba deseando tener algo de tiempo libre. Chris tuvo libre el fin de semana pasado, así que me toca a mí.
—Pues he pensado proponérselo el próximo fin de semana —dice Chris de sopetón mientras estamos delante de la parrilla.
—Estás un poco ansioso, ¿no?. —Me río entre dientes.
—No quiero esperar más, voy a elegir un anillo esta noche —me dice.
—Sabes que el baile de máscaras es el próximo fin de semana, ¿verdad? —le recuerdo.
Sí, el baile de máscaras de Manfredi que se celebra una vez al año ha llegado a nosotros una vez más. Chris y Lena están en la lista de invitados de este año, y ambos están más que emocionados por asistir a esta fiesta.
Después de mi experiencia del año pasado, se mueren de curiosidad. Yo también asistiré, pero mis actividades este año serán muy distintas de las del año pasado.
—Oh, lo sé. En realidad estaba pensando en hacerle la pregunta en la limusina de camino a la fiesta. Ya sabes, mientras estamos relucientes.r
—Nunca he llevado un esmoquin, y Lena se compró un vestido precioso. Pensé que podría hacer que la noche fuera aún más romántica —explica.
—La verdad es que suena muy bien, Chris —alabo, impresionada de que haya pensado tanto en ello.
Supongo que el baile de máscaras puede ser lo que uno quiera que sea. Puede ser una aventura, una ocasión sexy o incluso una experiencia romántica. Mi experiencia no fue romántica en lo más mínimo: caliente, sí, pero no romántica.
¿De verdad fue hace un año? Han pasado tantas cosas desde entonces.
—Creo que sí —asiente.
Íbamos a compartir limusina, pero creo que voy a intentar que tengan una para ellos solos... con algunos extras. Para ayudar un poco.
Me dirijo a casa sobre las tres, ansiosa por empezar el fin de semana. Entro en el aparcamiento subterráneo de mi nuevo piso. Estoy en la planta treinta de un edificio de cuarenta plantas, una nueva estructura moderna cerca del corazón de Houston. Puedo ver el Hotel Manfredi desde mi balcón, pero este lugar es mucho más cómodo.
Mi nueva hipoteca es bastante más elevada que la de mi anterior casa, pero ahora puedo permitírmela, sobre todo cuando venda la otra. Eso me ayudará a pagar una gran parte de la hipoteca.
Chris mencionó ayer que ya ha ahorrado casi lo suficiente para el pago inicial y que le gustaría sorprender a Lena con la casa después de su compromiso; así que eso debería ocurrir pronto.
Cojo el ascensor del aparcamiento hasta mi planta y, al meter la llave en la cerradura, me doy cuenta de que mi puerta ya está abierta. Sonrío para mis adentros, sabiendo lo que me espera al otro lado.
Entro en mi piso y veo una maleta en el vestíbulo; por fin ha vuelto de su viaje de negocios de una semana. Camino por el gran espacio abierto, ansiosa por verle.
Mi novio desde hace más de seis meses, el hermoso hombre al que amo, sale del dormitorio y me dedica una cálida sonrisa en cuanto sus ojos se posan en mí.
Dejo el bolso en el suelo y me abalanzo sobre él, le rodeo el cuello con los brazos y lo beso con fuerza. Me separo, sin aliento, y lo miro.
—¿Has venido directamente aquí desde el aeropuerto? —pregunto señalando la maleta.
—Tenía muchas ganas de verte —me dice, estrechándome los brazos.
—Te he echado mucho de menos —le digo.
—Yo también te he echado de menos, mi amor. Sonríe, se inclina y me besa de nuevo, y esta vez baja la mano y me aprieta el culo.
—Echaba de menos este culo y necesito verlo ahora mismo. Sonríe, me levanta y me echa al hombro, haciéndome chillar de puro placer.
—¡Spence! —Suelto una risita y le doy una palmada en el culo mientras se dirige hacia el dormitorio con un propósito sensual.

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