Galatea Logo
ListasAsistencia
Hombres lobo y cambiaformas
Mafia
Romance multimillonario
Romance con un acosador
Romance lento
De enemigos a amantes
Romance paranormal
Compañeros predestinados
Historias deportivas
Libros en universidades
Segundas oportunidades
Ver todas las categorías
Valorada con 4,6 en la App Store
Condiciones de servicioPrivacidadImpronta
Galatea on FacebookGalatea on InstagramGalatea on TikTok
Cover image for Una propuesta inmoral Libro 6

Una propuesta inmoral Libro 6

Autor
S. S. Sahoo
Lecturas
16.4K
Capítulos
10
Autor
S. S. Sahoo
Lecturas
16.4K
Capítulos
10
👩🏻‍🍼Madres🏙️Contemporáneo👯Gemelos

La aparentemente perfecta vida de Angela y Xavier se pone patas arriba cuando sus hijos, Leah y Ace, desaparecen durante una fiesta de celebración. Mientras enfrentan el caos de la paternidad, sus proyectos empresariales y las dinámicas familiares, deben superar desafíos inesperados que ponen a prueba su fortaleza y su unión. Desde un incendio en su casa hasta un posible acuerdo de patrocinio en Europa, pasando por la repentina necesidad de cuidar al padre enfermo de Angela, su camino es una montaña rusa de emociones y revelaciones.

Una nueva normalidad

ANGELA

—¡Bien, venid aquí niños! —cacareé—. ¡Es la hora de las fotos!
Sonreí mientras sonaban a coro chillidos de emoción y quejidos molestos. Todas las niñas se agruparon para la foto mientras los niños hacían lo posible por escapar.
Recuerdo que de niña odiaba las fotos de grupo.
Las fiestas no eran para hacer fotos... eran para jugar.
Y qué lugar para jugar era éste.
Contemplé el hermoso paisaje a mi alrededor.
Una amplia pradera de exuberante hierba estaba enmarcada por un laberinto de flores y plantas. El bosque que rodeaba la propiedad se balanceaba con la brisa de verano. Una enorme pérgola para fiestas daba sombra a las mesas llenas de comida y refrescos.
Era difícil creer que podía llamar a este lugar mi “patio trasero”.
Parecía una escena sacada de las páginas de un cuento de hadas.
—¿Admirando las vistas?
Me giré para ver a Em, con un cono de helado en una mano y una cámara en la otra. Le quité la cámara con una sonrisa.
—¿No deberías estar ya acostumbrada a este lugar? —preguntó.
—Eso no significa que no pueda detenerme a oler las rosas —respondí.
—Sí. Rosas. —Em miró la cantidad de flores a su alrededor. Y tulipanes, y margaritas, y lirios, y orquídeas, y gardenias...
Me reí, recordando cuando trabajaba a tiempo parcial en la floristería de Em.
Parece que fue hace toda una vida.
Era difícil creer que mi vida había cambiado tan drásticamente en tan pocos años.
Diablos, incluso ahora todavía sigo pensando que de repente me despertaré en el pequeño apartamento de Em en Nueva York, y todo esto habrá sido un sueño loco.
Pero todo era real.
Em y yo teníamos una familia. Teníamos hijos. Y habíamos conocido a gente maravillosa por el camino.
Mucha gente se había reunido en mi casa y en la de Xavier para ese día tan especial.
Papá estaba acampado detrás de la enorme parrilla de la barbacoa, cocinando como un loco. Llevaba puesto su infame delantal con la inscripción: “No te atrevas a besar al chef”, y su gorra de los New York Giants para protegerse del sol.
Lucille permanecía obedientemente a su lado, repartiendo platos y servilletas a la gente ansiosa que quería probar la comida de papá. Seguía ayudando en nuestra nueva casa de Connecticut, pero ya no a tiempo completo.
Vi a Marlena Marlboro y a Penny bajo la sombra de la pérgola, inmersas en una conversación. No me cabía duda de que estaban hablando de negocios. La magnate del arte había sido muy amiga de Brad, y parecía haberse encariñado de su sucesora.
Ojalá estuvieras aquí, Brad...
Me reí al ver a Lucas y Danny intentando acorralar a los niños para la foto de grupo. Muchos amigos habían traído a sus familias y el día se llenó de canciones y risas.
—No está mal, Angie, —dijo una voz familiar—, pero ¿dónde están las estatuas de mármol? ¿Dónde está la pièce de résistance para enmarcar esta ocasión especial?
Puse los ojos en blanco cuando Dustin se acercó por detrás de mí, con una brillante sonrisa en la cara.
—Tarde como siempre —bromeé.
—Los invitados de honor siempre llegan tarde —respondió con desparpajo, envolviéndome en un abrazo y besando mis dos mejillas. Dustin se giró e hizo lo mismo con Em.
—¿Dónde está tu maridito? —le pregunté a Dustin. Él y Jake habían sido prácticamente inseparables desde su boda.
—¡Aquí! —Jake se acercó por detrás con un niño en brazos. Me sonrió, con los ojos brillantes—. Saluda a la tía Angie y a Em —le dijo Jake al niño.
El chico nos miró, con sus grandes ojos marrones muy abiertos y curiosos. Sonrió y dejó escapar una pequeña carcajada.
Em y yo nos derretimos, atosigandolo.
—Oh, hola, pequeño bebé —le susurré, haciéndole carantoñas.
Dustin y Jake habían adoptado un niño, y yo había planeado toda esta fiesta para celebrarlo.
El pequeño DaVinci se merecía una gran bienvenida.
¡Es tan bonito!
Cuando Dustin y Jake me dijeron por primera vez que estaban pensando en adoptar, mi corazón se derritió. El pequeño DaVinci era de la República del Congo y, de no ser por Dustin y Jake, habría tenido una vida muy dura.
Dustin y Jake querían darle al pequeño DaVinci el mundo entero, y yo los admiraba por ello.
—DaVinci llega justo a tiempo para la foto de grupo —dije. Lucas y Danny finalmente habían terminado de reunir a los niños.
El pequeño se rió y aplaudió, y Dustin sonrió con orgullo. —Le encanta ser el centro de atención —dijo melodramáticamente.
—Me pregunto de quién habrá sacado eso —se burló Em.
Jake se movió para acercar a DaVinci a los otros niños. Ahogué un bostezo. Me había quedado despierta hasta medianoche para planear la celebración perfecta.
Fui a seguirle con la cámara, pero Dustin me puso una mano en el brazo.
—¿Estás bien? —me preguntó, con la voz repentinamente seria.
Parpadeé, sorprendida por su pregunta. —Por supuesto —dije—. ¿Por qué no iba a estarlo?
—Pareces... cansada.
—Planear todo esto ha sido un trabajo duro —bromeé—. Tenía que organizar un evento para el gran Dustin Sterling al fin y al cabo. He oído que su nueva pieza expuesta en la Colección Met está causando furor.
—Naturalmente. Es mía, después de todo. —Dustin sonrió, dejando de lado el tema—. Y si tú lo dices. —Observó a Jake y a DaVinci irse—. No sé cómo lo haces, Angie. Yo tengo las manos siempre ocupadas solo con mi hijo pequeño... y tú tienes gemelos.
Ah, así que se trata de eso.
—Pueden ser un poco pesados —admití—. Pero no lo cambiaría por nada del mundo.
Quería a mis hijos hasta la luna y volver.
Eran la luz de mi vida.
El brillo de mis ojos...
—Hola, Angie. —Me giré para ver a Lucas caminando hacia mí—. No encuentro a Leah y Ace. ¿Los ves por ahí?
Rápidamente, examiné el patio trasero, asegurándome de comprobar los escondites favoritos de mis hijos.
No estaban allí.
Me invadió una punzada de miedo, pero la aparté. Era solo mi instinto maternal que se disparaba. No estaban en peligro.
Le entregué la cámara a Dustin. —Ve a hacer uso de tu talento artístico, ¿quieres?
Ni siquiera escuché su respuesta. Me adentré en el jardín, buscando a mis hijos.
Tienen que estar por aquí, en alguna parte...

XAVIER

Fruncí el ceño ante mi Rolex.
—¿Cuánto falta, Marco?
—Solo unos minutos —me dijo.
Suspiré mientras miraba por la ventanilla el hermoso paisaje de Connecticut que pasaba borroso. Estaba muy lejos de la jungla de cemento que era el corazón de Nueva York.
Conducir por este lugar era como atravesar Central Park.
Si Central Park fuera un estado entero.
Pero el hermoso paisaje no podía distraerme de lo importante:
Llegaba tarde.
¿Qué ventaja tiene tener un chofer privado cuando hay atascos en la carretera?
No me cabe duda de que mi bella esposa se enfadaría por mi retraso, pero no pude evitarlo.
Sello X estaba despegando, y las estrellas eran mi objetivo.
Estaba en mi momento. Había conseguido lucrativos acuerdos con distribuidores desde Los Ángeles hasta Tokio. En el transcurso de cinco años, mi destilería de Brooklyn había prosperado mucho. Incluso teníamos planes para expandirnos a nuevos lugares en todos los continentes.
Y lo mejor de todo es que era mi negocio.
No me lo había entregado.
Xavier Knight estaba de vuelta, y mejor que nunca.
Pero todo el éxito del mundo no podía compararse con lo que me esperaba en casa.
Ningún acuerdo comercial podría tenerme en el borde de mi asiento con el corazón lleno y una sonrisa estúpida en la cara; al menos, no como Angela.
Marco finalmente llegó a nuestro largo y sinuoso camino de entrada. Prácticamente salté del coche cuando se detuvo.
Di la vuelta y abrí el maletero, sacando unas cuantas botellas de whisky Sello X. Oí las risas y la música del patio trasero, y me tomé un momento para apreciarlo todo.
La vida era perfecta.
Y nuestra hermosa casa de piedra y cristal era un lugar perfecto para criar a nuestra familia.
Seguí el brillante camino de mármol que rodeaba la casa hasta nuestro patio trasero.
—¡Caramba!
¿Quién es ese?!
Encontré a Zoe, la socia de Angela, luchando por empujar un enorme carro que casi la doblaba en tamaño. Una funda protectora lo cubría para ocultar lo que había debajo.
—¿Necesitas que te eche una mano? —dije.
Zoe se giró, con la cara sonrojada.
—Por favor —dijo ella—. Este es probablemente el pastel más pesado de toda la galaxia.
—¿Hay un pastel aquí debajo? —pregunté, incrédulo. Golpeé la tapa de cristal de debajo de la funda. Esa cosa era casi tan grande como yo.
—El evento es para los reyes de todo el universo. Al menos, según los propios Sterling. —dijo Zoe, como si esa explicación justificara la dulce monstruosidad.
Me imaginé al extravagante artista y a su marido, un gurú de la moda. En realidad, es un poco así.
Juntos empujamos el carro hasta el patio trasero. Miré a todos los presentes en la fiesta.
¿Realmente conocemos a tanta gente?
Busqué a mi familia pero no pude encontrarla.
Ken levantó la vista, reposando en un banco, mientras pasábamos.
—Bueno, mira quién ha decidido aparecer —soltó.
—He traído tarta —dije, dando unos golpecitos en el carrito escondido. Ken parecía agotado, con una ligera capa de sudor en la frente—. ¿Estás bien?
—Bien —gruñó—. Tú también estarías cansado si hubieras estado dándole la vuelta a trozos de carne todo el día.
Parecía algo más que cansado, pero lo dejé pasar. Ken era un tipo orgulloso. Lo último que quería era que su yerno se preocupara por él.
—¿Has visto a Angela y a los niños? —pregunté.
—Probablemente estén dentro en algún lugar —dijo—. Buena suerte para encontrarlos en esa mansión. Yo me perdí tratando de llegar al baño.
—Solemos poner carteles en las fiestas...
Ken soltó una carcajada. —Sabes que algo está mal cuando necesitas un mapa para orinar.
Zoe y yo seguimos andando. Me guió hasta la pérgola, asegurándose de que la tarta fuera el centro de la fiesta.
—¡Muy bien, todos! —gritó Zoe—. ¿Quién quiere pastel?
Todo el mundo empezó a reunirse alrededor, ansioso por echar un vistazo a lo que había debajo de la funda. Vi a Dustin y a su marido avanzar, con su hijo acunado entre ellos.
—Es un niño precioso, ¿verdad?
Me giré para ver a Penny de pie a mi lado.
Hubo un tiempo en el que habría retrocedido ante ella. La habría echado de la fiesta. Pero eso era cosa del pasado.
A pesar de nuestra... complicada historia, nos habíamos hecho muy amigos.
Me giré hacia Dustin y su familia.
—Le pusieron DaVinci, ¿En serio?
Penny asintió.
—Vaya. Esperemos que salga bien y conserve las dos orejas.
—Ese era Van Gogh, Xavier.
—Lo que sea.
Penny se rió y yo no pude evitar sonreír también.
—Oye, ¿has visto...? —Pero antes de que pudiera terminar la frase, la vi. Solo habían pasado unos días desde que nos separamos, pero sentí que me estaba enamorando de nuevo.
Su pelo rubio se volvía dorado al sol; sus ojos brillaban más que el cielo sin nubes que nos cubría. Sentí que en mis labios se dibujaba una sonrisa, pero mi corazón se hundió de repente.
Algo va mal.
Angela parecía aterrorizada.
Al instante me acerqué a ella, envolviéndola en mis brazos.
—¿Qué pasa? —pregunté con urgencia.
—No encuentro a Leah y a Ace —dijo, con los ojos muy abiertos por el miedo—. Creo que deberíamos llamar a la...
—¡Ta-chaaaaan! —exclamó Zoe. Tiró de la tapa y reveló el pastel...
Un grito de asombro recorrió entre los asistentes de la fiesta. Porque dentro de la vitrina no había ningún pastel.
En su lugar había una niña y un niño. Ambos estaban cubiertos de trozos de pastel, y de glaseado en el pelo.
Leah y Ace.
Leah sonreía de oreja a oreja mientras Ace estaba sentado, con sus gafas de montura grande empañadas por el azúcar.
Tuve que reírme; Angela me miró con una expresión de alivio y horror.
Un día más en el paraíso.

Descubre Galatea

El universo de la discreción: NevadaCompitiendo con ella, arruinándolaLos lobos de la Costa Oeste Libro 4Marcada por el Rey Alfa Libro 2Aprendiendo a amarte

Últimas publicaciones

No existe tal cosaLo que queda: La historia de John BakerLa rosa del diablo 2: Amor encadenadoConstante y fervienteRota 3: Rota, para siempre

Listas de lectura

Ver todo

Sumérgete en colecciones de libros de romance seleccionados por nuestra comunidad de lectores.

Mia

by Noelle77

6 libros

🔥

by Mira Lumina

27 libros

Hadas

by Minerva Casas

23 libros

Vaqueras

by Lea D

32 libros

Biblioteca

by Jelisesa

113 libros

Relaciones complejas

by Ana Cabrera+López

161 libros

Alienígenas

by Ana Cabrera+López

18 libros

Brujas

by Minerva Casas

26 libros

Hombres lobo

by Minerva Casas

26 libros

Vampiros

by Minerva Casas

22 libros

Atracción

by Nerea Oliveiras

73 libros

Mio

by Domita

5 libros

Mis lecturas

by ollosverdes

103 libros

BDSM

by mcmg70

22 libros

Para leer

by Hezabel

48 libros