
La maniobra del Alfa
Capítulo 4
Mia
Los días pasaban rápidamente. Mamá estaba preparándolo todo, y yo ni siquiera había intentado involucrarme. El menú, las decoraciones… Simplemente no eran cosas que fueran conmigo. Hoy era el día en que íbamos a comprar un vestido de novia.
Les prometí que trataría de ser positiva y divertirme, sea lo que sea que eso signifique en esta estúpida situación.
Lea involucró a Ashlee, y fuimos todas juntas con mi madre a la boutique de vestidos de novia. Acordé sólo visitar una tienda, así que eligieron la más grande de la ciudad.
El lugar por dentro era bonito. Enseguida se nos acercó la dependienta y nos guió hasta el sofá. Después de mirarme de arriba a abajo, me pregunta: —Bien, ¿qué estamos buscando?
—Un vestido de novia, supongo. —Sonrío estúpidamente. Ella pone los ojos en blanco y todas empiezan a reírse.
—Quiero decir, ¿qué tipo de vestido estás buscando? ¿Cuál es tu vestido de ensueño? Empieza a enseñarme todos los diferentes vestidos que tiene y a soltar nombres de marcas.
—¿Quieres un vestido tipo princesa o sirena? Este te quedaría bien. —Coge un vestido y se lo pone en el brazo.
—Realmente no lo sé. Para ser honesta, no tengo un tipo de vestido en mente. —Estoy realmente confundida.
—Quizá si fuera la boda de mis sueños con un chico que yo misma he elegido me habría preparado mejor y habría investigado un poco.
—Hun, ¿quieres un gran vestido hinchado? —Ashlee se levantó para enseñarme uno. Y a mí no me gustaba nada. Demasiada tela.
—Definitivamente no, algo mucho más simple.
—Así está bien para empezar. —La señora me guiña un ojo y me lleva hacia otro estante—. Soy Camille, y te voy a ayudar.
»Puedes comprar un vestido o alquilarlo, pero ten en cuenta que para el alquiler sólo tenemos una pequeña selección.
—Vamos a comprar un vestido, y no tenemos un presupuesto establecido —suelta mamá, y yo sólo parpadeo nerviosa.
—Eso nos da más opciones. El nombre de nuestra novia es... —Se gira hacia mí, esperando mi reacción.
—Mia —respondo rápidamente. Seguro que parezco confundida y asustada pero es que esto es demasiado. Sólo necesito un vestido y no quiero probarme ni uno más. Lo único que quiero es salir de aquí y encerrarme en mi habitación.
—Encantada de conocerte, Mia. Vale. Ya conocemos la forma que tiene que tener. ¿Qué hay de la tela?
—Son demasiadas preguntas. No tengo ni idea —admito con sinceridad.
Camille se tomó un minuto para mirar a su alrededor y pensar. Durante un segundo me miró fijamente, luego, durante otro segundo, estuvo revolviendo otros vestidos y tocando las telas.
—¿Tal vez de encaje? Eres alta y muy delgada, así que te quedará espectacular. —Entonces Camille me muestra inmediatamente un ejemplo.
—Me gusta el encaje. —Asiento con la cabeza, y con mis dedos, toco la tela.
—Parecerás una cortina. —Lea hace un gesto de desaprobación.
—¡Cállate! —Mamá la golpea en el brazo.
—Vale, las cortinas me parecen bien —añade rápidamente mi hermana.
Sólo quiero terminar con esto. Elegir un vestido e irme. Si me gusta y me siento cómoda, mejor para mí, pero el vestido que me enseña sigue sin ser uno que podría gustarme.
Camille tardó unos quince minutos en encontrar todos los vestidos de encaje. Le dije inmediatamente que no existía la más mínima posibilidad de que me los probase todos. No parecía muy contenta por ello, pero no dijo ni una palabra.
—Me gusta ese. —Señalo el vestido ajustado de encaje, con mangas largas y un profundo escote en V en la parte delantera.
—Cariño, es precioso, pero he comprobado el pronóstico y hará un calor abrasador. Si ese tipo no tiene aire acondicionado, todos nos derretiremos, especialmente tú con un vestido de manga larga —dice Ashlee.
Tiene razón. Si va a hacer mucho calor no quiero nada que sea sofocante. Así que eso me deja sin más opciones, y no sé lo que quiero. La mayoría de esos vestidos tienen como requisito tener un par de tetas enormes.
Tendría que pedírselas prestadas a Lea. Dos hermanas de la misma madre. Qué injusto. Cuando ella era un feto esperando en la cola de las tetas, a mí me pusieron el cerebro. Empiezo a reírme de mí misma.
—¿De qué te ríes? —Mamá me saca de mis pensamientos.
—Nada, no tengo pechos para esos vestidos. Culpa tuya, malos genes.
—Ugh, podrías haber culpado a mamá si yo tampoco tuviera. —Lea saca pecho con orgullo.
Inmediatamente pongo los ojos en blanco y me doy la vuelta rápidamente, hojeando de nuevo los vestidos que quedan. Pensé que sería mucho más sencillo.
—¿Te gusta el estilo bohemio? —pregunta Camille con esperanza. Se da cuenta de que no será fácil, sobre todo porque no quiero probármelo todo.
—¿Bohemio? Supongo... —Lanzo una mirada interrogante. Camille desaparece rápidamente tras la puerta de «Sólo Personal» y vuelve a los diez minutos con un vestido muy bien empaquetado.
Respira con dificultad y se seca unas pequeñas gotas de sudor de la frente. Espero que no haya tenido que luchar con un oso pardo en la parte trasera de la tienda para conseguirlo.
—Este lo han traído recientemente de la Rue de Seine. Todavía no lo he desempaquetado y sacado al mostrador. De momento tenemos estos dos estilos. El resto aún está por llegar.
»Este es de manga larga, pero supongo que no lo quieres.
Todas las chicas miran con expectación.
—Me siento como si estuviera desempaquetando los regalos de Navidad —Lea aplaude emocionada.
—¡Aquí está! —Camille trae el vestido. Es precioso. Simple pero impresionante. Mangas al hombro, estilo hippie, y un hermoso patchwork floral.
Vale, puede que no esté deseando que llegue la boda en sí, pero definitivamente no puedo esperar a llevar este vestido.
Cojo el vestido y rápidamente, con la ayuda de Camille, intento ponérmelo en el probador.
Lentamente me doy la vuelta para comprobar cada ángulo en el espejo. Me he enamorado. Es impresionante. Simplemente perfecto.
—¡Sal! —Las chicas gritan y ríen, esperándome. Muevo lentamente la cortina y doy un paso hacia ellas.
—Guau. —Lea jadea en silencio.
—¡Definitivamente es tu estilo! —añade Ashlee.
—¡Me encanta! Incluso si por casualidad no se celebra esta boda, organizaré una falsa sólo para llevar este vestido.
Mamá se acerca a mí y me acaricia la mejilla.
—Estás preciosa, cariño. —Puedo ver una lagrimilla en el rabillo del ojo—. Nos lo llevamos. —Se vuelve hacia Camille.
—Claro, tomaré las medidas y estará listo la semana que viene, si os parece bien.
—Sí, está bien, todavía tenemos un par de semanas. —Mamá le devuelve la sonrisa.
Al acabar, quiero pagar el vestido, pero mamá se opone y me aleja literalmente de la caja.
—Mia, por favor, no discutas conmigo. Papá y yo hemos decidido comprarte un vestido y prepararlo todo, así que por favor, mantente al margen, como lo has hecho antes.
Asiento con la cabeza y salgo de la tienda con las chicas, dirigiéndome al coche.
—¡Estarás increíble! —Ashlee me abraza—. ¿Tienes a alguien que te maquille y peine?
—No y no tengo intención de hacerlo. Lo haré yo misma. —Las chicas parecen realmente decepcionadas.
—¡Oye dejanos alguna parte divertida en todo esto! ¡Al menos déjanos hacerte una despedida de soltera como Dios manda! —Lea comienza moverse con alegría.
—Chicas, por favor, no. —Quiero reprimir su entusiasmo, pero no me escuchan.
—¡Oh, no, ya sé! Vamos a celebrar una fiesta como Dios manda. ¡Champán, limusina y a bailar toda la noche! ¿Crees que no tendrá una despedida en toda regla? —Ashlee estaba realmente indignada.
—¡No me importa! —Abro la puerta del coche y me meto rápidamente dentro.
—¡Pero a nosotras sí nos importa y vamos a organizarte una! —Me siguen.
—¿Hacer qué? —pregunta mamá con curiosidad.
—Despedida de soltera. —Lea arranca el motor. Puedo notar cómo me miran a través del espejo delantero.
Sé que quieren que me sienta mejor, y para ser honesta, comprar ese vestido ayudó un poco, así que tal vez una despedida de soltera también lo haga.
—¡Está bien, pero tendréis que traerme champán con purpurina! —Me encanta. No era un champán de lujo de 200 dólares, pero seguía siendo suficiente para mí y mis chicas.
—¡Tú mandas, nena! —Ashlee y Lea chocan los cinco.
Continue to the next chapter of La maniobra del Alfa