
Más que amigos
Autor
Trinity Blue
Lecturas
2,1M
Capítulos
69
Capítulo 1.
Libro 1:Correré hacia ti.
EVELYNN
El corazón me late desbocado. Estoy empapada en sudor y siento que voy a devolver el almuerzo.
Me pregunto por qué me torturo así mientras miro a las chicas delante de mí en la clase de ejercicios. Ah claro, porque quiero verme como esas bellezas de ahí.
Giro la cabeza y veo a Gina con su melena negra recogida en un moño desenfadado pero bonito. Su piel aceitunada brilla mientras hace sentadillas. ¿Cómo puede verse radiante cuando yo estoy hecha un desastre?
Estoy pensando en hacerle daño cuando voltea sus ojos azules hacia mí y dice:
—Vamos, Evie, no te rindas ahora que esto se pone divertido.
Si no fuera tan maja y dulce, de verdad le haría algo.
Miro a mi izquierda y veo a mi otra amiga, Megan, apoyada contra la pared. Tiene los ojos cerrados y respira con dificultad. Su pelo rojo está pegado a la cara.
Se nota que quiere soltar alguna barbaridad sobre el comentario de Gina, pero creo que le falta el aliento para hablar. Sus ojos verdes se cruzan con los míos y puedo ver que está que echa chispas.
Me río por lo bajo, sintiéndome mejor al saber que no soy la única que sufre con este entrenamiento.
Gina es alta y atlética mientras que Megan y yo somos más bajitas y con más curvas.
Hace poco Gina se hartó de oírme quejarme de lo infeliz que estoy con mi cuerpo. Me convenció para apuntarme a esta clase, y yo, como buena amiga, arrastré a Megan conmigo.
Me cuesta seguir las instrucciones de la monitora. Además de no querer hacer ejercicio y el dolor que conlleva, tengo la cabeza en otra parte.
Mi hermano Trevor me llamó para pedirme un favor. Dice que tiene un amigo que sale del ejército y necesita donde quedarse.
Al parecer este amigo ya tiene trabajo pero necesita alojamiento hasta que encuentre su propio sitio. Trevor dice que el tipo pagaría alquiler y que solo sería por dos o tres meses.
Mi hermano mayor piensa que sería una oportunidad para que ahorre algo de dinero extra para mí y mi hija, McKinley.
He sido madre soltera desde los dieciocho años.
Mi abuela me dejó quedarme con ella y me ayudó con McKinley mientras iba a la universidad. Hace poco me mudé de casa de mi abuela y conseguí un piso de tres habitaciones.
No está en el mejor barrio, pero tampoco es el peor. Además, no puedo vivir con mi abuela eternamente.
Estoy pensando en dejar que el amigo de Trevor se quede con nosotras. La verdad es que necesito empezar a ahorrar dinero para McKinley y para mí.
Adoro a mi niña más que a nada; no hay nada que no haría por ella. Por eso me preocupa que un desconocido se mude con nosotras.
No es que no confíe en el criterio de Trevor.
Al fin y al cabo, es mi hermano mayor protector, y si el tipo es amigo de Trevor, también será mi amigo. Es solo que no he tenido a un hombre cerca de McKinley desde que nació.
Aunque este hombre no será alguien con quien esté saliendo, no quiero darle a mi niña ideas equivocadas.
McKinley últimamente ha empezado a hacer preguntas sobre su padre.
Todo empezó cuando entró en la guardería y oyó a otros niños hablar de lo que hacían sus papás.
Recuerdo el día que me miró con los ojos llenos de lágrimas y me dijo:
—Mamá, ¿por qué yo no tengo un papá como los demás?
Con sus preciosos ojos claros como los de su padre y su piel morena clara más parecida a la mía, es un angelito hermoso.
Le acaricié el pelo rizado claro y le dije que su padre tuvo que ir a luchar por su país, pero que si pudiera, volvería por ella algún día. Es la mejor respuesta que pude darle por ahora.
La verdad es demasiado complicada para que su cabecita de cinco años la entienda ahora mismo. A veces es demasiado para que yo misma la entienda.
—Bueno, señoras y señores, esto es todo por hoy. Espero verlos a todos de nuevo el lunes —dice la monitora.
Vaya, no estoy segura si hice los ejercicios o solo me quedé pensando en mis cosas los últimos veinte minutos.
—Gracias a Dios que por fin se acabó la tortura —suspira Megan.
—Venga ya chicas, no ha sido para tanto, ¿verdad? —pregunta Gina, bebiendo de su botella de agua.
Megan empuja la botella de Gina hacia arriba, haciendo que se moje la cara.
—Qué va, Gina, ha sido genial. No puedo esperar para repetir. Y en cuanto a ti —dice Megan, señalándome con el dedo—. Me las vas a pagar por engañarme para venir a esta clase. ¡Ejercicio fácil y un cuerno! Creo que me he hecho daño en alguna parte.
—Bah, no ha sido tan malo —miento—. Además, no podía decirte que era una clase dura porque sabía que no vendrías y necesitaba a alguien más que la Princesa Gina para compartir mi sufrimiento —digo—. Sin ánimo de ofender, Princesa Gina —añado.
—No me ofendo —responde Gina.
Gina es una mujer preciosa con una personalidad dulce; así es como se ganó el apodo de «Princesa» en la universidad.
Tiene un aspecto exótico porque sus padres son de diferentes países. Su padre es de El Salvador y su madre es germano-americana. Heredó la piel aceitunada y el pelo negro de su padre.
De su madre, sacó los ojos azules y el cuerpo esbelto. Con su metro setenta y cinco, fácilmente podría ser modelo. Definitivamente podría tenerle envidia si fuera ese tipo de persona.
Gina, Megan y yo somos amigas desde nuestro primer año de universidad. Gina es sin duda la que nos mantiene unidas a las tres porque Megan y yo tenemos personalidades fuertes que a veces chocan.
Me miro en el espejo grande y veo que tengo las mejillas coloradas bajo mi piel morena clara y el pelo se me está saliendo del moño desordenadamente.
Todo el sudor ha hecho que mi pelo rizado se esponje, dándome ese «look de girasol», como lo llama en broma mi hermano Trevor.
Me observo en el espejo, fijándome en mis pechos grandes y caderas anchas. Por suerte, tengo una cintura bastante pequeña o tendría un aspecto horrible. Con mi metro cincuenta y cinco, definitivamente llevo algo de peso de más, pero al menos lo llevo bien.
O eso me gusta pensar.
—Venga, Evie, si ya has terminado de mirarte al espejo, nos vamos —me bromea Megan, agarrándome por los hombros desde atrás y empujándome hacia la salida del gimnasio.
Fuera hace un día precioso y soleado en el norte de California.
Me alegro de que sea viernes por la noche porque ha sido una semana larga y las tres vamos a quedar para cenar y tomar algo más tarde en nuestro sitio favorito, el Shay's Bar & Grill.
—Bueno chicas, tengo que ir a recoger a McKinley antes de que cierren la guardería. Nos vemos en el Shay's a las 7 en punto —les digo, y nos separamos.
***
Hace tiempo que no salgo con las chicas, y me está costando decidir qué ponerme.
Como la contable más nueva de la editorial, tengo que llevar ropa formal todos los días, que combino con zapatos cómodos. Solo me recojo el pelo en un moño y listo.
En mis días libres, suelo ir informal: vaqueros y camisetas casi siempre. Y no me molesto en hacer peinados elaborados con mis rizos rebeldes.
Pero esta noche me apetece arreglarme un poco más.
Ya he pasado una hora alisando mis apretados rizos oscuros, y ahora mi pelo cae hasta la mitad de la espalda, liso y suave, con grandes ondas en las puntas.
Megan siempre me toma el pelo, preguntándome por qué me aliso el pelo solo para volver a rizarlo. Ella no entiende lo que es tener pelo de raza mixta.
Al igual que Gina, mis padres son de razas diferentes.
Mi madre es nativa americana y sueca, mi padre es afroamericano. La gente dice que tengo un aspecto exótico, pero yo no lo veo así.
Tengo ojos marrones grandes, pelo castaño rizado que me llega justo por debajo de los hombros cuando no está liso, y piel morena clara. No hay nada de exótico en eso.
Gina dice que son mis ojos grandes y labios carnosos los que me hacen tan atractiva. Es una de las razones por las que adoro a esa chica.
En fin, estoy revolviendo mi armario sintiéndome muy frustrada, con McKinley sentada a los pies de mi cama, mirándome con curiosidad.
—Mamá, ¿vas a tener una cita? —me pregunta.
—No, McKinley. ¿Por qué piensas eso? —respondo, todavía rebuscando entre mi ropa.
—Bueno, Nattie, mi amiga del cole, dice que ella tampoco tuvo papá durante mucho tiempo y luego su mamá tuvo muchas, muchas citas. Y ahora tiene un padrastro —dice atropelladamente.
Tomando aire, termina—. Si no puedo tener un papá de verdad, pensé que a lo mejor podrías tener citas y encontrarme un padrastro como la mamá de Nattie —dice con sinceridad, con esperanza en su dulce vocecita.
Es como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago al oír esas palabras inocentes de la boca de mi niña.
No sé quién es esa Nattie, pero me dan ganas de retorcerle el pescuezo por meter estas ideas en la cabeza de McKinley. Ya tiene suficientes ideas locas ella solita sin ayuda de otros niños.
Me acerco a la cama y me siento junto a McKinley, abrazándola.
—Cariño, solo es una noche de chicas con la tía Megan y la tía Gina. Pero no te preocupes, mi amor, algún día mamá encontrará a su hombre perfecto y seremos una familia, ¿vale? —le digo, apretándola suavemente y dándole un beso en la frente.
—Vale, mami —acepta, devolviéndome el abrazo—. Date prisa y arréglate para que pueda ir a casa de la abuela —me dice mientras sale dando saltitos de la habitación.
Gracias a Dios que los niños son tan buenos para asimilar las cosas.
Ahora estoy muy nerviosa. Necesito ayuda para decidir qué voy a hacer con McKinley y su nuevo interés en tener un papá. Necesito hablar con mis amigas y que me den algunos consejos urgentemente.
¡Y encima de todo eso, necesito una copa!
***
El Shay's Bar & Grill está a solo un par de manzanas, así que decido ir andando por si acaso termino tomando más de la cuenta.
Es una noche de primavera cálida y agradable y hay una ligera brisa que mueve suavemente mi pelo y hace que mis pendientes se balanceen ligeramente con el viento.
Me paro un par de edificios antes del restaurante y cambio mis chanclas por los tacones que llevo en el bolso. El corto paseo y el aire fresco me han sentado bien. Sonrío mientras entro por la puerta principal sintiéndome mejor.
Al final me decidí por algo informal pero sexy antes de salir de casa. Llevo unos vaqueros negros ajustados, una blusa transparente con una camiseta debajo, y unos tacones altos de tiras.
Con mi maquillaje ligero y las joyas, puede que no sea la mujer más guapa del local, pero seguro que llamo la atención de alguna mirada.
Echo un vistazo al restaurante y veo que Megan y Gina ya están aquí en nuestro reservado de siempre. Me acerco a ellas, saludando.
Cuando llego a la mesa, Gina silba suavemente.
—Hola, guapa, estás de muerte —dice con la voz más grave que puede poner.
Las dos nos reímos mientras me siento junto a Megan, que obviamente está mirando a algún tío bueno en la barra.
—Vosotras también estáis para comeros —digo con una sonrisita y un guiño.
Las dos llevan vestidos. Megan tiene el pelo cayéndole por la espalda en preciosas ondas rojas. Gina está elegante y con clase como siempre.
Suspiro, diciendo:
—Ojalá alguien me hubiera avisado.
Megan por fin deja de mirar al tío bueno de la barra.
—¿Eh? ¿De qué hablas?
Las miro de arriba abajo a ella y a Gina, señalándolas.
—Ya sabes, el mensaje que obviamente recibisteis: poneos vestidos sexys y tacones de infarto —digo, en broma.
—¿Qué más da? De todas formas nunca te llevas a un tío a casa. Tienes solo veinticuatro años y ya actúas como una vieja. Ya sé que eres madre soltera y todo eso, pero tienes que divertirte de vez en cuando —dice Megan.
Vaya, eso ha dolido un poco.
Debo haber puesto una cara porque Megan se da cuenta de mi reacción y rápidamente se disculpa.
—Lo siento, tía. Eso ha sido cruel. Creo que estoy de mal humor, hace mucho que no echo un polvo y lo estoy deseando.
Todas nos reímos un poco de eso.
—Además, todas sabemos que nunca has superado a tu primer amor. ¿Cómo se llamaba? Hunter, ¿no? El hombre perfecto con el que comparas a todos los demás.
Sí, Megan tiene razón en eso. Nunca lo superé. Hunter Douglas. El mejor amigo de mi hermano.
El chico del que he estado colada desde segundo de primaria.
El guaperas que era dulce, divertido y amable, con pelo rubio despeinado y unos ojos grises impresionantes.
El chico que se convirtió en el hombre que me rompió el corazón en mil pedazos y los pisoteó mientras se alejaba.
Claro que no les conté esa parte de la historia cuando les hablé a Megan y Gina sobre Hunter.
Aunque Hunter me había hecho mucho daño, todavía no podía olvidar lo maravilloso que me parecía antes de aquel día terrible.














































