—Todas las mañanas, exactamente a las nueve, me traerá un té, no café. Me gusta negro. No debe estar ni muy frío ni muy caliente. Todos los documentos que requieren de mi firma deben estar en mi escritorio antes de que llegue. No puede usted entrar en mi despacho ni se permiten visitas entre las doce y la una. Mi almuerzo lo preparan en el restaurante Roseire. Está a una hora de aquí, arrégleselas para llegar. Debe pedir lo de siempre. Tenga en cuenta que lo quiero caliente y en mi escritorio a las dos. Si se enfría, le descontaré el precio de su sueldo.