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Alfas Peligrosos Libro 2

Autor
Renee Rose
Lecturas
19,2K
Capítulos
11
Autor
Renee Rose
Lecturas
19,2K
Capítulos
11
🐺Paranormal💪🏻Protector🎭Drama🐺Hombres lobo y cambiaformas👩‍❤️‍👨Compañero predestinado🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa🔮Médiums

Soy un lobo alfa, uno de los más jóvenes de todo el país. Podría elegir a cualquier loba de la manada como pareja. Entonces, ¿por qué no dejo de rondar a la sexy abogada humana de al lado? En cuanto percibo el dulce aroma de Amber, mi lobo quiere reclamarla.

Acercarme a ella es mala idea, pero yo no juego según las reglas. Amber se comporta como una mujer recatada y correcta, pero también tiene un secreto. Puede que no quiera sus habilidades psíquicas, pero son un don.

Debería dejarla ir, pero la forma en que se resiste solo hace que la desee más. Cuando descubra lo que soy, ya no habrá escapatoria para ella. Está en mi mundo, le guste o no. Necesito que use sus dones para ayudarme a recuperar a mi hermana desaparecida, y no aceptaré un no por respuesta.

Ahora es mía.

Nota del editor: El peligro del alfa es un libro independiente dentro de la serie Alfas Rebeldes. Final feliz garantizado, sin infidelidades. Este libro presenta a un lobo alfa intenso y exigente, con inclinación a proteger y dominar a su hembra. Si este tipo de contenido te ofende, no compres este libro.

Prólogo

Segundo libro

Amber

Que conste en acta: «La gente loca que tiene visiones debería permanecer alejada de aeropuertos abarrotados».
Deslizo mi maleta hasta el lavabo del baño y echo un vistazo a mi cara en el espejo mientras lavo mis manos. Mi pelo sigue recogido en un moño absurdo, pero el penetrante dolor de cabeza que tengo me ha convertido en un monstruo, con los ojos inyectados en sangre y hundidos, como si estuvieran retrocediendo hasta mi cráneo para alejarme de todo.
Genial. Una aguda migraña el día de la entrevista. Justo lo que siempre había querido. Me seco las manos con papel higiénico y me doy unas palmaditas en las mejillas, reprimiendo un gruñido.
¿En qué estaba pensando para volar hasta aquí? Nada desencadena mis alucinaciones como estar rodeada de tanta gente. Un tipo vestido en un traje de negocios choca contra mí y uno de sus recuerdos aparece de repente en mi cabeza: él, en la cama con una mujer. Está engañando a su esposa.
No sé cómo lo sé, pero lo sé. Y desearía no saberlo.
Quizá podría esperar escondida en el baño hasta que anuncien mi vuelo. Sí, ese es el plan. Amber la loca escondiéndose en el baño porque tiene visiones donde quiera que va. ¿Fui a la Facultad de Derecho para esto?
Mi teléfono suena. 10:42 a. m. Quince minutos antes del momento de embarcar y cinco horas antes de mi entrevista. Busco una aspirina y el ruido de las pastillas en el bote me provoca una mueca de dolor.
Que conste en acta: «Necesito comprar medicinas en cápsulas de gel».
—Perdone. —Una voz cálida suena detrás de mí, y una mujer mayor pasa delante de mí tocándome la espalda hasta alcanzar un trozo de papel higiénico.
Yo trato de eludirla, de no tener contacto visual, pero la mujer me ha atrapado entre el lavabo y el papel higiénico, y soy incapaz de escapar. Miro hacia arriba con una sonrisa educada.
La mujer tiene el pelo largo y blanco pero una sorprendente cara juvenil, con ojos azules.
—¿Cuánto tiempo has practicado las artes intuitivas?
Miro detrás de mí, incluso sabiendo que no había nadie más en el baño. Pero la mujer no puede estar hablando conmigo, ¿verdad?
—¿Perdone?
Ella todavía me está tocando. Sus dedos reposan ahora ligeramente en mi manga.
—¿Las artes intuitivas? ¿Cuánto tiempo has estado practicándolas?
Un escalofrío me recorre el cuerpo.
—Lo siento, no sé de qué me está hablando.
El rostro de la mujer se nubla.
—¡Oh! —Su expresión se aclara—. Bien, se supone que tú, querida, vas a seguir padeciendo dolores de cabeza hasta que las practiques.
Mi visión se vuelve borrosa como una película a cámara rápida que he estado tratando de suprimir. Las náuseas me atraviesan. Veo un enorme y musculoso hombre en la playa, con rasgos bronceados y puños apretados. Después un lobo en una jaula, rugiendo.
Expulso el aliento de mis pulmones e inspiro oxígeno, sacudiendo la cabeza como si eso pudiera aclarar mis visiones estúpidas. Cuando recupero la conciencia en el baño, parpadeo. La mujer se ha ido.
Agarro el asa de mi maleta y salgo buscando a la mujer de pelo blanco cuando el reloj capta mi atención. 10:42 a.m. Tiene que ser un error.
Compruebo mi teléfono justo cuando las dos cambian a las tres. No he pasado casi tiempo en el baño, pero no hay señal de la mujer.
¿Cómo pudo desvanecerse en el fino aire?

Capítulo Uno

Tres años más tarde

Amber

Entro en el ascensor, sujetando la puerta con mi pie para que permanezca abierta y dejar pasar al grupo que se aproxima.
––Gracias. —Una voz profunda resuena en el pequeño lugar. Una gran mano tatuada con las fases de la luna se pliega alrededor de la puerta seguida por un hombre gigante de ojos azules. Debajo de su camiseta descolorida y sus tatuajes, tiene músculos como Conan el Bárbaro—. Probablemente podría comerme como almuerzo y todavía tener hambre.
Dos hombres más jóvenes, igual de corpulentos, le flanquean. Tienen las cabezas rapadas, están repletos de piercings y tatuajes. Tengo que contenerme para no retroceder.
¿Qué están haciendo los Ángeles del Infiernoen el edificio de mi apartamento?
«No muestres miedo». Esta fue mi primera lección en el orfanato. «Estudia la amenaza» es lo primero que aprendí allí. De nuevo, el orfanato. Esa norma la trasladé muy bien a las salas del tribunal.
Me arrastré con mis zapatos de la talla cinco y siete centímetros y medio de tacón. No importa si apenas llegaba al hombro del hombre más bajo. Yo también soy imponente. Quizá no tenga dilatadores de orejas o un piercing en una ceja —«¡Ay!, hablando de sufrir por ir a la moda»— pero yo llevo zapatos de punta. Se hincan en mis pies como si estuviera en el infierno, pero mis tacones de siete centímetros y medio son el doble que sus armas.
—¿Visitando a alguien en el edificio? —Mi voz tiene un dudoso tono. No soy realmente una zorra reprimida, pero cuando mi seguridad se ve comprometida, aparecen mis garras.
El primer tipo baja la mirada hasta mí y contesta con la comisura de la boca. ––No.
Al menos este tipo parece algo normal, excepto por su enorme talla. Un Conan el Bárbaro lleno de rasguños. Este tipo es como Thor. Me gusta lo que veo justo debajo de su mandíbula cuadrada. Normalmente no me van los hombres enormes y musculosos pero, maldita sea, él ha hecho que mis partes femeninas cosquilleen percibiendo algo nuevo.
Reprimo cualquier fantasía sobre cómo sería ser manoseada por un tipo como ese. «¿Manoseada? ¿En serio? ¿Cuándo he querido yo ser manoseada?».
Los tres hombres en fila dentro del ascensor apretujan el pequeño espacio. Los tres matones. Como los tres secuaces, excepto que tienen más piercings y tatuajes. Hay demasiada testosterona aquí. Es una sorpresa que pueda respirar.
El calor aumenta en mis muslos.
Me apoyo contra el muro, esperando que esos tipos no estén metidos en algo malo. No quiero juzgar, pero no habría sobrevivido a mi infancia si ignorase una amenaza. Y esos tipos parecían rudos. Su presencia me eriza la piel. No solo tengo el estómago revuelto con una visión borrosa, sino también un ligero zumbido que solo puede significar una cosa.
Peligro.
Miro fijamente al pecho robusto de Thor, él eleva el contorno de sus músculos destacándolo bajo su camiseta, y maldigo mis pezones por endurecerse ante tan obvia exhibición de masculinidad. «¿Qué diablos funciona mal en mí?». Raramente me excito con hombres y mis hormonas eligen este momento para acelerarse. «¿Elijo a este motociclista macho? Probablemente sea un criminal». Inclino la cadera y espero a que me explique qué están haciendo aquí estos tres matones.
Él no dice nada, pero uno de los más jóvenes se ríe burlonamente de mí.
Mis manos se desplazan hasta mi cuello, listas para liberar la tensión en la base del cráneo. Cubro el gesto defensivo asegurándome que el peinado sigue intacto antes de presionar el botón de la cuarta planta.
—¿A qué planta van? —pregunto con tono de «Podría patear vuestro trasero en un juicio».
—A la misma que tú —Thor resopla.
«¿Es eso un vamos? ¿O una amenaza? ¿Me están siguiendo? No, eso es una tontería. Podrían haberme atrapado en el aparcamiento si hubieran querido». Escuché llegar sus motocicletas, pero nunca imaginé que los conductores fueran a venir aquí.
Thor me mira, aunque yo rehúyo encontrarme con sus ojos. Sujeto mi maletín enfrente de mí como un escudo hasta que el ascensor se detiene y las puertas se abren en mi planta.
«Por favor, no les dejes ir detrás de mí. Es unaparanoia, mi vieja amiga». Estoy asustada en este sitio, pero la única razón por la que me mudé a un apartamento en un edificio en vez de comprar una casa fue sentirme segura.
«Tú nunca estarás segura».
Saco el teléfono fuera para tenerlo preparado. Espero a que la pandilla de motociclistas salga primero. Veamos si realmente tienen un sitio al que ir. Los hombres se pasean dirigiéndose hacia mi puerta y «¡oh, mierda!» paran justo en la puerta de al lado.
No. De ninguna manera. Esto no puede ser.
—¿Sois mis vecinos? —pregunto—. He vivido aquí unas pocas semanas, pero no me he encontrado a nadie, todavía. No quiero ser ruda, pero estos tipos en sus andrajosas camisetas y jeans no parece que puedan permitirse este lugar. A no ser que sean traficantes de drogas. Lo que sería justo mi suerte.
—¿Hay algún problema? —pregunta Thor.
—Ah... no. Por supuesto que no. —«No hasta que organices una asquerosa y ruidosa fiesta con nenas motoristas y demasiado alcohol». Francamente, no puedo creer que no lo hayan hecho aún.
Deslizo mi llave en la cerradura, mirando hacia atrás para estar segura de que realmente van a su apartamento. El matón número dos, el bromista, me embiste, ladrando como un perro feroz.
Yo chillo y dejo caer mi maletín.
El matón número tres se ríe.
Thor agarra del pescuezo al hombre que me ha ladrado y le empuja hacia adentro.
—Ya basta —le dice—. Entra. No necesitas asustarla. —Sus ojos se posan en mí de nuevo—. Ella está esforzándose por hacerlo bien.
Los dos jóvenes se pasean dentro, todavía riéndose. Tomo mi maletín. Algunos mechones rizados de mi pelo se sueltan de la horquilla y los arrastro para esconder mis mejillas sonrojadas. Jodidos punks. Las manos me tiemblan y eso es lo que más odio de todo. No sobreviví a mi infancia para acobardarme en pasillos.
Siento la cabeza un poco tensa, anunciando una visión que está por venir. No he tenido ninguna por bastante tiempo así que esta debería ser extraordinaria.
Genial.
El corazón martillea mis costillas, entro en mi apartamento y empiezo a cerrar mi puerta. Una bota de punta de acero se cuela en medio, frenándome. Mis ojos vuelan hasta la cara de Thor, aterrizando en sus sobrecogedores ojos azules, y me da una media sonrisa predadora.
Yo tiemblo.
—Soy Garrett. —Extiende su gran mano a través del hueco de la puerta.
Miro fijamente durante dos segundos antes de que las buenas maneras triunfen sobre el miedo. Paso el teléfono a mi mano izquierda para darle la mano. El calor de su mano envuelve la mía, una conexión alarmante me recorre el brazo. Un sentido extraño de conocimiento me invade, como si esos tipos y yo fuéramos viejos amigos y yo solo lo hubiera olvidado.
Experimento un deja vu. Debo tener a Amber, la loca, a raya.
—Siento que los tres te hayamos asustado. Me aseguraré de que no vuelva a suceder.
Su voz es profunda pero suave como el terciopelo, a juego con su apariencia robusta. Siento calor recorriéndome el pubis. No parece que tenga mucho más que veintiséis años. Demasiado adulto para vestir y actuar como un punk. Aunque lo hace muy bien. Lleva una descolorida camiseta estirada por sus gigantes pectorales, tatuajes desde las mangas hasta el cuello. Su cabello está despeinado, como recién salido de la cama o si estuviese desaliñado desde el mediodía. Mmmm.
Que conste en acta: «Los chicos malos tatuados hacen que mis ovarios den un salto y supliquen».
Entierro mis deseos. Este no es el momento de estar excitada. Este tipo probablemente asalte a viejitas en su camino a las reuniones de bandas de motociclistas.
—¿Se est…? —Me aclaro la garganta, tratando de sonar cómoda en lugar de asustada—¿Se están quedando los tres aquí?
—Sí. Así que estarás a salvo con nosotros. —Él muestra una amplia sonrisa que me deja sin aliento. Tiene hoyuelos profundos y labios notablemente carnosos para un hombre tan varonil. Chris Hemsworth no tiene nada que envidiar a este tipo.
«A salvo. Sí claro».
—Fantástico. Ya me siento mejor. ¿Le importaría quitar el pie de mi puerta? —Me inclino con calma, la tranquilidad y la serenidad, pero sueno un poco agria.
Me lanza una vaga sonrisa burlona que desafortunadamente enciende un fuego lento entre mis muslos. —Nunca me dijiste tu nombre.
—Lo sé —le digo, y apunto mi mirada hacia su pie.
Él se cruza de brazos y se apoya contra el marco de mi puerta. —Mira, princesa.
—No me llames «princesa».
Él levanta una ceja. —Entonces, ¿cómo te llamo?
—Señora Drake. Amber Drake.
—¿Eres una profesora o algo así?
—Abogada, y tú estás cerca de un cargo por acoso. —Realmente no lo está. No han hecho nada mal. Normalmente no voy usando mi poder de abogada por ahí, pero quiero entrar en mi apartamento antes de tener una visión. Y no necesito que mi atractivo vecino sepa que estoy loca.
—No intentamos asustarte.
—No me asustasteis —digo rápidamente.
—Entonces ¿por qué estás escandalizándote? En cuanto nos has visto, tus braguitas se han retorcido.
«Oh Dios. Está hablando sobre mis bragas». —No me he escandalizado —digo usando mi tono más profesional.
—¿Y qué hay sobre las bragas?
«Que Dios me ayude». Las partes sensibles cubiertas por esa prenda se contraen cuando la menciona. —Sin comentarios. —Doy un empujón a la puerta pero no cede.
Él levanta sus manos en señal de rendición.
Sin embargo, la imagen de mis braguitas apretadas mientras él las desgarra con esos fuertes y blancos dientes me hace respirar atropelladamente. Para ocultar mi creciente lujuria, vuelvo a fruncir el ceño y renuncio a seguir empujando la puerta.
—Escucha, —me dice. — Mis chicos son cool. Pueden parecer toscos, pero son unos malditos Boy Scouts.
Yo me estremezco ante la maldición.
—Bien, señor… Garrett, quizá debería regresar a ayudar a ancianas a cruzar la calle. —«O asaltarlas»—. Lo ahuyento, pero no se mueve.
—Yo preferiría ayudarte a llegar hasta la puerta de mi apartamento. —Se inclina más cerca y el calor me invade. Ha pasado mucho tiempo desde que me he puesto tan cachonda por alguien. Tal vez nunca. La falta de sutileza me ha puesto los ojos en blanco pero tengo que admitir que hay algo en su arrogante sinceridad que me gusta.
No. No estoy tentada en lo más mínimo.
Que conste en acta: «Necesito encontrar a un tipo bueno, normal, no a alguien con quien que me aterrorice y flirtear». Nunca te entretengas con el pensamiento de ir al apartamento del peligroso y atractivo vecino no llevando nada excepto unas pequeñas braguitas y perlas. Y quizá un par de tacones.
«Oh, Dios».
—Ahora en serio —la voz de Garrett baja una octava, la profundidad de su voz retumba emocionándome—. Ven, tomemos una copa y conozcámonos.
¿Puede Amber, la abogada, transformarse en Amber, la chica motera? Durante medio segundo, me veo sin mi traje de negocios chic y en unos ajustados jeans con un top sin mangas. El pelo suelto alrededor de los hombros, las mejillas besadas por el sol, inclinada por el viento. Me aferro a Garrett, presionándome sobre él durante las curvas de la carretera mientras conducimos.
Parpadeo. ¿Acabo de tener una visión? La cabeza me palpita un poco, pero no me duele.
—Entonces, ¿Cuál es la respuesta, princesa? —Garrett está todavía mirándome con amables ojos azules. Una chica podría perderse en su azul cerúleo.
«No. Seguro».
—No, gracias.
—Bien. Tú te lo pierdes. —Y retira su bota.
Como estaba sujetando la puerta con fuerza, se cierra de un portazo frente a nuestras caras. Yo grito como una idiota. «Joder». Doy un largo y tembloroso respiro. Algo se ha soltado en mi vientre y da vueltas como un globo liberando aire.
Echo el cerrojo, presiono mi oreja contra la madera y escucho. Tres segundos después oigo pasos lejanos. Me dejo caer contra la puerta, me llevo una mano a la cabeza. La ligera palpitación se ha ido.
Que conste en acta: «Necesito llamar a la administración del edificio mañana y averiguar quiénes son exactamente esos tipos y si hay alguna queja contra ellos».
Por lo que sé hasta ahora, mi apartamento podría haber estado disponible porque nadie querría vivir cerca de esos tipos. Estoy segura.
Al menos eso es lo que me estoy diciendo a mí misma.
Me quito los zapatos y coloco el maletín en la mesa mientras marco rápidamente el número de mi mejor amiga.
—Eh, chica —contesta—. Puede que yo sea aburrida y normal (o al menos es lo que intento), pero mi mejor amiga es cool. Su madre fue una hippie, y esa es la razón por la que acabó con un nombre estrafalario.
—Eh, Foxfire. ¿Qué tal estás?
—Intentando mantenerme ocupada… ya sabes, para mantener mi mente alejada de eso. Foxfire pilló a su novio engañándola la semana pasada y le echó de casa. Ya era hora, pero las rupturas apestan, así que me he nombrado su animadora número uno y coordinadora de actividades hasta que se acabe el riesgo de que se derrumbe y le pida que vuelva.
—¿Quieres venir a mi casa? Podríamos ver Netflix y relajarnos. Estoy preparada para desconectar la mente un poco viendo televisión esta noche. Nada como reality shows para mantener mis visiones locas a raya. Aunque sea si solo me ayudan con mis dolores de cabeza.
—No, gracias —Foxfire suspira.
Siento una espiral de tristeza inminente e insisto.
—Eh, ¿sabes que deberíamos hacer?
—¿Qué?
—Salir a bailar mañana por la noche, Los Morphs tocan en el club Eclipse.
—No sé. No me siento bien realmente como para hacerlo.
—¿Estás bromeando? Son tus favoritos. Siempre me estás diciendo lo buenos que son en concierto. —La mayoría de los días evito clubes, bares y cualquier otro tipo de espacio ruidoso porque mi salud depende de ello. «Foxfire, será mejor que aprecies este gesto». Respiro profundamente y miento descaradamente—. Ahora yo soy la que quiero realmente ir.
—¿Tú? Odias salir. Normalmente yo soy la que te arrastro afuera.
—Oh, sí, y ahora lo echas de menos. Sé que realmente no te apetece.
—Pero eso no es lo importante. El objetivo es forzarte a ti misma a salir y socializar. —Uso el mismo argumento que ella usaba conmigo muchas veces—. Apuesto a que un millón de tipos se fijarán en ti.
Foxfire bufa.
—Lo dudo. Pero me encantaría tomar un cosmo.
—A mí también. —Es mi turno para suspirar.
—¿Y qué pasa contigo? Has estado trabajando mucho últimamente.
—Sí, el centro ha estado ocupado.
—¿Muchos niños entrando en el sistema? —Foxfire dice con gentil simpatía.
—Unos pocos.
—Bien, sé que tú estás ayudándoles. Casi consigues que los abogados tengan una buena reputación.
—No lo sé. Pero ayudar a esos niños es necesario. Jesús, hay demasiados que tienen la vida muy jodida. Ellos merecen al menos una persona representándolos en un sistema que los cuide. —Agarro una esponja del lavabo y limpio la encimera, incluso si ya está limpia—. Eh… Acabo de encontrarme con los tipos que viven al lado.
—¿Oh, sí? —Foxfire dice en tono sugestivo.
—No, no es lo que piensas, son tipos que parecen peligrosos. —Recuerdo los ojos azules y los hoyuelos en la sonrisa de Garrett. Definitivamente me dejó sonrojada y fuera de lugar—. No sé. No podría decir si me estaban intimidando o flirteando conmigo.
—Suenas interesada.
—No, definitivamente no. —«Mentira total».Mi mano cosquilleó cuando Garrett la agarró. Un hombre como él sería lo suficientemente grande como para escalar una torre. ¿Me dejaría montar encima? Oh, cielos. «¡Saca de la cabeza esa sensación, Amber!».
No lo quiero en mi cama. Incluso si fuera probablemente muy bueno. Pero ser bueno en la cama no significa que será un buen vecino. Espontáneamente, la imagen de mí uniéndome a una de sus largas noches con mis braguitas y mis perlas aparece en mi cerebro.
«Para».
—¿Son sexies? —Deja Foxfire leer entre líneas.
Incluso estando sola en mi apartamento mis mejillas se calientan. Suelto una extraña risa.
—Oh... sí. Uno de ellos lo era —lo es—, lo que sea. Pero no es mi tipo. Definitivamente no es mi tipo.
***

Garrett

Levanto la palma de la mano hasta mi cara e inhalo el aroma que todavía permanece de esa hermosa humana rubia. Ella llevaba esa diabólica falda corta y ajustada, y por mucho que quisiera proyectarse remilgada y formal con su cabello sujeto en un raro peinado de bibliotecaria, olí su interés. Ella se excitó. Por mí. Y cuando nos tocamos las manos, sentí la descarga de algo.
Mis dedos todavía sienten el cosquilleo de nuestra conexión.
Olí un poco de miedo en ella, pero la mayoría de las notas eran cálidas y sensuales, vainilla, naranja y especias. Mi lobo no quería asustarla, que es lo que sucedió al principio. A él normalmente le gusta lanzarles su peso encima, se siente impaciente solo por mujeres humanas. ¿Por qué estaría interesado en humanas? Y ella es definitivamente humana. Me acerqué para estar seguro.
No tengo ni idea de porqué me puso el pene tan duro. Pequeña pícara, actuando como una chica de alta sociedad mientras sus rodillas temblaban de miedo. Yo quería presionarla contra la pared del ascensor, envolver esas rodillas alrededor de mi cintura y sacar la lujuria directamente de ella. Apuesto a que nunca ha tenido un buen orgasmo. Quizá solo tenía que haberle enseñado qué es correrse sobre mi polla, mi nombre cayendo de esos labios rojos como una oración.
Acomodo en su sitio mi abultada polla en los jeans antes de hundirme en el sofá de piel. Trey y Jared han abierto ya botellas de cerveza y están en el balcón. Probablemente no es lo mejor para las relaciones con nuevos vecinos
Quizá me estoy volviendo demasiado viejo para vivir con mi manada de hermanos. Mi padre me ha estado diciendo durante años que necesito elegir una pareja, actuar como un adulto y convertir la manada Tucson en algo más que un club de hombres lobos. Vivimos sin ataduras y libres, pero el sentimiento hace que la mayoría de los lobos quieran empezar una familia y alejarse de la manada de su padre en Phoenix o fuera del Estado.
Mi teléfono suena y reviso la pantalla.
—Eh, hermana —contesto la llamada.
—Hola, Garrett —suena sin aliento—. Adivina a dónde voy en las vacaciones de primavera.
—Um... ¿San Diego?
—No.
—¿Baja California?
—No, no California.
—¿Dónde, chica?
—¡San Carlos!
—No. —Mi voz suena grave y prohibitiva. San Carlos es una ciudad de playa mexicana a pocas horas del sur de Tucson, pero según las noticias, está teniendo problemas con bandas de mafiosos de la droga.
—Garrett, no te estoy preguntando. —Con veintiún años, mi hermana Sedona, llamada así por la hermosa roca roja de Arizona donde mis padres la concibieron, es todavía la bebé mimada de la familia. Quiere plena autonomía cuando lo demanda, y apoyo financiero total el resto del tiempo.
Yo tenía diez años cuando Sedona, un bebé no esperado nació, así que la siento más como una hija que como una hermana.
—Oh, mejor deberías preguntar o tendremos un gran problema —le respondo con tono cortante. Mis padres solo le permitieron a Sedona ir a la Universidad de Arizona porque yo vivo bastante cerca como para cuidarla. Puedo ser un tipo fácil de llevar, pero todavía soy un alfa. Mi lobo no tolera que pongan a prueba mi autoridad.
—Bien, lo siento, solo preguntaba —ella se rinde, cambiando de la terquedad a la súplica—. Garrett, tengo que ir. Todos mis amigos van a ir. Escucha, no vamos a conducir a través de Nogales, encontramos que hay una ruta más segura. E iremos en grandes grupos. Además, yo no soy humana, ¿recuerdas? Los mafiosos de las drogas no pueden herirme.
—Una bala en la cabeza podría dañar a cualquiera.
—No voy a acabar con una bala en la cabeza. No compraremos drogas, obviamente, y no estaremos alrededor de sitios donde ese tipo de cosas ocurren. Estás siendo sobreprotector. Soy una adulta, en el caso de que lo hayas olvidado.
—No seas descarada.
—Por favooooooor, Garrett. Por fa… Tengo que ir.
—Dime quién va.
Es una profesional para convencer a la gente moviendo un solo dedo, y se da cuenta de que mi resistencia se desmorona. Ella continúa con entusiasmo describiendo al grupo: cuatro chicos, cinco chicas, de los cuales dos son pareja. Todos son humanos excepto ella.
Si todos fueran lobos, me opondría a los géneros mixtos. Y no es que sea un anticuado. Con humanos, sin embargo, ningún hombre sería capaz de dominar a mi hermana en ningún escenario. Aun así, un viaje de vacaciones de primavera suena a mucha bebida y fiestas, lo que siempre acaba en malas decisiones.
Un alarido desde el balcón me hace mirar a mis compañeros de piso.
—Quiero encontrarme con esos chicos —le digo a mi hermana.
—Garrett, ¡por favor! Me avergonzarás totalmente. No es justo.
—Entonces la respuesta es no.
Ella resopla en el teléfono.
—Bien, pararemos en nuestro camino fuera de la ciudad para decir adiós.
Muy inteligente. Sería el mayor imbécil del mundo arruinando su viaje en el último minuto. Mi padre lo haría, pero yo no. Por eso Sedona eligió una escuela en mi ciudad en vez de ir al Estado de Arizona.
—Bien. ¿Cuándo te vas?
—Mañana.
—¿Me estás llamando para pedirme permiso la noche antes de tu viaje? —bramo en el teléfono.
—Bueno, estaba tratando de evitar pedir permiso —dice con un hilo de voz.
—Eres afortunada por haberlo reconsiderado. —Fuerzo mi mano a relajarse. No quiero otro teléfono roto.
—Así que ¿puedo ir?
—No permitirás a nadie conducir borracho en ningún momento.
—De acuerdo.
—Y nunca beberás más de dos bebidas en una noche.
—Venga, Garrett, sabes que puedo beber más que eso.
—No me importa. Te estoy dando mis condiciones. Si quieres ir será mejor que las aceptes.
—Está bien. De acuerdo. ¿Qué más?
—Quiero un mensaje de texto para estar al tanto todos los días.
—Entendido.
Suspiro. —¿Contrataste seguro para el auto en México?
—Sí. Estamos bien preparados. Te veré por la mañana. Te quiero, hermano mayor. ¡Eres el mejor!
Sacudo la cabeza, pero sonrío al terminar la llamada. Quien quiera que sea mi hermana tiene mi compasión. Es imposible negarle nada.
—Eh, jefe, ¿te diriges al club esta noche? —Trey deambula por el balcón.
—Esta noche no. —Examino mi teléfono en busca de grietas. Sedona saca mi parte protectora como nadie más. Al menos, hasta que me encontré con la pequeña señorita remilgada y formal en la puerta de al lado. Por alguna razón, mi lobo ha decidido que ella va a estar bajo mi protección, lo quiera o no.
—Estaba pensando en invitar a nuestra nueva vecina a salir para ver si tiene un lado salvaje.
—No, gruño. —Mi teléfono cruje cuando lo aprieto. La furia se enciende de la nada, sorprendiéndome endiabladamente—. Déjala en paz. —Trey deja caer su mirada hasta el suelo. Jared, que está un poco más lejos, se queda congelado.
—Solo permaneced lejos de nuestra vecina. —Mi lobo está cerca, haciendo que mi voz sea más ronca.
—Sí, alfa. —Ambos lobos inclinan sus cabezas.
En vez de una explicación, un rugido se alza en mi garganta. Soy un alfa. No tengo que explicar nada.
—Y no bebáis más en el balcón —añado con mirada penetrante. Cuando abro la mano, algunas piezas del mi celular caen en el sofá.
Mi furia se desvanece cuando ellos se escabullen, pero el sentimiento de satisfacción permanece. Mi lobo está contento porque protegemos a Amber. Pero ¿por qué? ¿Qué me importa una pequeña humana?

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