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Aurora y el Alfa Libro 4

Autor
Delta Winters
Lecturas
88.2K
Capítulos
25
Autor
Delta Winters
Lecturas
88.2K
Capítulos
25
😱Suspense🐺Hombres lobo y cambiaformas💘Compañeros predestinados🎭Drama👩‍❤️‍👨Compañero predestinado💪🏻Protector🌛Dioses y diosas🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa💪Mujeres valientes⚔️Acción y aventura🧙‍♀️Magos y brujas😊Suave👻Fantasmas🐺Paranormal

En un mundo donde los licántropos y la magia oscura colisionan, Rory, la Luna de su manada, se enfrenta a una misteriosa enfermedad que afecta a los niños y a una siniestra amenaza de su pasado. A medida que se adentra en el misterio, se topa con figuras espectrales, maldiciones ancestrales y el alma fragmentada de una diosa malvada llamada Némesis. Con su pareja destinada, Everett, a su lado, Rory deberá sortear alianzas traicioneras y peligros sobrenaturales para proteger a su manada y a su hijo por nacer de una fatalidad inminente.

Enfermedad misteriosa

Libro 4: Los fantasmas del pasado

Aurora y Everett son finalmente libres. La malvada diosa Némesis ha muerto, junto con su secuaz, el supuesto mentor de Rory, el mentiroso profesor Xander. Por fin pueden centrarse en su manada y en el otro. Pero el cuerpo de Xander sigue desaparecido, una misteriosa enfermedad golpea la zona y los rebeldes comienzan a agitarse. Ni siquiera Rory es inmune. Ella y Everett tendrán que actuar rápidamente para descubrir lo que está pasando realmente , antes de que alguien muera. ¿Serán capaces de trabajar juntos, o estos nuevos problemas los separarán?

RORY

Dos meses después de la derrota de Némesis
La luz del sol entra en cascada a través de la abertura de la cortina, iluminando mi dormitorio. Gimoteo ante la idea de tener que salir de la cama después de otra noche agitada.
El recuerdo de los fríos ojos amarillos de Némesis me persigue. Me tapo con las sábanas y me debato entre seguir intentando dormir un poco o renunciar a mis esfuerzos y empezar el día.
Siento el calor del cuerpo de Everett junto al mío y sonrío, contenta de que no se haya ido antes de que saliera el sol. Está muy ocupado y completamente dedicado a sus deberes de Alfa.
Ahora que hemos unido la Manada Sangre de Sombra y la Manada Luna Roja, pasa más tiempo fuera de la oficina. Pero ser Alfa sigue ocupando la mayor parte de su día.
Finalmente, decido rendirme y salgo lentamente de la cama. Intento no hacer ningún ruido para no despertarle. Últimamente tampoco le resulta fácil dormir.
Me visto rápidamente, con cuidado de no tropezar como suelo hacer. Probablemente, mamá debe estar ya esperando que me reúna con ella en el comedor. No quiero hacerla esperar, así que me dirijo a la puerta.
—¿A dónde te escapas? —dice Everett, sentándose en la cama y sobresaltándome. Se burla, me sonríe, y siento una ráfaga de afecto por él.
—Lo siento —respondo, volviendo a la cama—. No quería despertarte.
—No lo hiciste. No estaba durmiendo —sonríe, acercándome a él.
Me besa suavemente y el resto del mundo desaparece por un momento. Lo único que importa somos nosotros dos. Me siento segura, envuelta en sus brazos. Como si pudiéramos hacer cualquier cosa juntos.
—No has respondido a mi pregunta —susurra con una sonrisa traviesa.
—Le dije a mamá que me reuniría con ella para desayunar y luego iré al orfanato para ver cómo están todos —respondo, deseando poder quedarme en la cama con él y olvidarme de todo lo demás.
—Me parece un buen plan, amiguita. De todos modos, tengo que ir a la oficina —dice, besándome en la frente.
Se levanta de la cama y se dirige al armario. Observo cómo se quita la camisa y deja al descubierto su amplio pecho y sus brazos, recordando lo que siento al pasar mis manos por ellos.
¿Cómo tuve tanta suerte? Un día tendría que pagarle a la Diosa Selene por hacer de Everett mi compañero. Nunca imaginé que podría tener una relación así.
—Espero que tengas un día maravilloso, pequeña. Nos vemos a la hora de comer —dice, y se inclina para darme un último beso antes de irse.
Me dirijo al comedor, donde mamá me espera con una sonrisa en la cara y dos platos de tortitas. Puedo sentir los ojos de todos sobre mí, puedo ver las sonrisas a medias y las miradas inquisitivas.
—Buenos días, cariño —dice mamá, inclinándose para besar mi mejilla mientras me siento.
—Buenos días, mamá —respondo, sacudiéndome el cansancio que me aferra.
—¿Todavía no duermes bien? —pregunta con una mirada de preocupación.
—No mucho. Haga lo que haga, no consigo relajarme. —Alcanzo el sirope y en el proceso golpeo la sal. Al menos no se ha roto nada.
Se acerca y me acaricia el pelo, ofreciéndome algo de consuelo. Ser Luna es algo que todavía estoy tratando de dominar, pero al menos mamá lo entiende. Y no le importa limpiar por donde paso.
—No te preocupes tanto por lo que piensen. Tú eres la Luna, y nadie puede cambiar eso. Ya se darán cuenta. No tienen elección —dice mamá con una sonrisa.
—Lo sé, mamá. Sólo estoy cansada de sentir que estoy bajo lupa constantemente Me hace cuestionarme todo lo que hago. Siempre seré “la humana”. A veces parece que nunca me aceptarán de verdad.
—Bueno, por desgracia, es lo que eres —dice ella, sacudiendo la cabeza—. Pero eso no es razón para dudar de quién eres o de tus instintos. Confía en ellos, Rory. Confía en ti misma.
Mamá siempre sabe qué decir. Asiento con la cabeza y sonrío, agradecida de tenerla conmigo. Es la única persona que siempre ha estado de mi lado.
—¿Has visto a Mía? —pregunto, tratando de cambiar de tema.
—No. ¿Por qué? ¿Pasa algo malo? —pregunta, con cara de preocupación.
Después de todo lo ocurrido con el profesor Xander y Némesis, todo el mundo está de los nervios. Mamá ha estado especialmente preocupada después de que intentaran matarme.
—No. Es que no la he visto últimamente. Eso es todo —respondo, tratando de tranquilizarme.
Miro por el comedor pero no veo rastro de Mía por ningún lado. Ya hace tres días que no la veo por aquí.
Supongo que debe estar en la escuela. Como una persona normal. Mi propio sueño de ir a la universidad parece tan lejano ahora...
Mamá parece aliviada. —Han pasado muchas cosas. Tal vez esté poniéndose al día con sus estudios.
Asiento con la cabeza distraídamente. Ahora que lo pienso, tampoco he tenido noticias de Freya en los últimos días. Mis intentos de contactar con ella han quedado sin respuesta, y no es propio de ella desaparecer sin más.
En lugar de dejar que los pensamientos den vueltas en mi cabeza durante demasiado tiempo, causándome aún más estrés, me despido de mamá y me dirijo al orfanato.
Una extraña sensación me invade al acercarme a la puerta. Hay un silencio inquietante. No puedo evitar la sensación de que algo va muy, muy mal, y contengo la respiración al abrir la puerta.
Nadie me saluda. Camino por el edificio, buscando señales de que haya alguien, pero no veo ninguna. No hay ruido ni niños jugando. ¿Dónde está todo el mundo?
Alguien me llama por mi nombre. —¡Rory!
Me sobresalto y me golpeo la cadera con una mesa. Es Nellie, que se precipita por el pasillo hacia mí. Por lo menos la conserje está aquí.
—Me alegro mucho de que estés aquí.
—Oye, ¿qué pasa? —le pregunto. La mirada de su rostro hace que mi estómago se retuerza de preocupación.
—Los niños están encerrados en sus habitaciones. Muchos de ellos están enfermos —dice Nellie nerviosa, mirando a su alrededor—. No tengo ni idea de lo que les ocurre ni de lo que debo hacer.
—¿Enfermos? ¿Cómo? —Frunzo el ceño. No es temporada de gripe y no he oído hablar de ninguna enfermedad más por aquí—. ¿Hay algo que pueda hacer? —Sólo he usado mi poder para curar heridas, pero tal vez pueda ayudar.
La cara de Nellie se aclara un poco. —Oh, si pudieras, te lo agradecería mucho. Ven a ver. Se alegrarán de verte, de todos modos.
La sigo por el pasillo, sintiéndome más ansiosa cuanto más me acerco a ellos. Se detiene ante una puerta al final del pasillo y me mira antes de abrirla.
Dentro de la habitación, hay un extraño silencio. Hay un grupo de niños sentados en sus camas. Sus ojos se abren de par en par por el miedo cuando entro. Miro a mi alrededor confundida por sus rostros aterrorizados.
—Hola, chicos. He oído que no os encontráis bien. ¿Quieres contarme lo que ocurre? —Me siento en la cama de Cassidy. La conozco un poco mejor que a los otros chicos y sé que tiene dos dedos de frente.
—No lo sé. Orión y yo empezamos a sentirnos raros de repente. Luego ellos también empezaron a encontrarse mal —responde Cassidy encogiéndose de hombros, mirando a los otros chicos.
Le pongo la mano en la frente. Está bien, ni siquiera está sudando. Su piel está quizás un poco fría. —¿Raros? ¿Cómo de raros? ¿Tienes fiebre, o dolor de estómago?
—Cassidy me mira, como si estuviera cansada de explicar cosas obvias a los adultos. —No, nada de eso. Es mi lobo. Todos nuestros lobos. Están asustados. Creen que va a pasar algo malo.
Eso me sorprende. —¿Tu lobo? ¿Entonces tu lado humano no siente lo mismo?
Los niños sacuden la cabeza. Me cuesta encontrarle sentido a todo esto. La habitación se queda en silencio mientras esperan que diga algo que pueda ayudarles, reconfortarles.
Si sólo afecta a sus lobos, tiene que ser algo más que estrés. Suena casi más como una maldición que como una enfermedad.
Un repentino escalofrío recorre mi cuerpo y me hace temblar. Me envuelvo con los brazos y me invade una sensación de malestar. Aparto los pensamientos y me concentro en los niños enfermos.
—¿Eso es todo? ¿Vuestros lobos están asustados? ¿No sientes ningún otro tipo de malestar? —Pongo mi mano en la cabeza de Cassidy, acariciando su pelo y vertiendo sutilmente mi poder en ella.
Orión responde esta vez. —Todos tenemos frío. Y estamos muy cansados, no importa cuánto durmamos o comamos.
Eso es demasiado poca información para sacar algo en claro, pero definitivamente suena mal.
No veo que cambie nada en Cassidy, pero otro escalofrío me recorre. Espero no estar contagiándome de lo que sea, también. Pero yo no tengo lobo, así que probablemente no pueda.
Miro a los niños, intentando sonreír. —Hemos pasado por muchas cosas. Es normal y esperable sentirse asustado y estresado después de todo. Sobre todo cuando todavía hay tantas preguntas sin respuesta.
Asienten, pero la duda y el miedo llenan sus ojos. No puedo culparles. Yo tengo las mismas dudas y temores. Pero como Luna, tengo que mostrarme fuerte. Cualquier signo de debilidad podría acarrearme problemas.
Cassidy me agarra la mano y me la aprieta. —¿Vamos a morir? —pregunta con lágrimas en los ojos. Normalmente es muy fuerte, pero con el pánico de su lobo, tiene sentido que necesite consuelo.
Sus labios tiemblan, rompiendo mi corazón al instante. Los otros niños tienen la misma expresión de confusión y miedo en el rostro. Todos están aterrorizados.
—No, no vais a morir. Encontraremos la manera de que mejoréis —digo en voz baja, ahogando mis lágrimas, rezando por no estar mintiendo.
Mi mente se desvía hacia el profesor Xander, que podría haberme dado la información que necesito. Sacudo ligeramente la cabeza, tratando de expulsar ese pensamiento de mi mente.
Nunca trató de ayudarme. Me quería muerta. Fui una idiota por haber confiado en él. Me utilizó, me mintió, y yo no tenía ni idea. No voy a permitir que eso vuelva a suceder.
—Tal vez la bruja del bosque nos hechizó —susurra Orión.
—¡La bruja del bosque no existe! —dice Cassidy, lanzándole su conejito de peluche.
Grita y Nellie tiene que intervenir para evitar una pelea de almohadas.
—¿De qué estás hablando, Orión? —pregunto una vez que los niños se han acomodado de nuevo.
Orión responde con entusiasmo. —Hay una loba que vive sola en el bosque cerca de aquí. No es de los rebeldes ni pertenece a ninguna manada; es una bruja, sabe hacer hechizos y te maldice si te ve.
—Nunca he oído hablar de esta bruja del bosque —digo, aunque me resulta un poco familiar de alguna manera... Como de un sueño...
Cassidy le saca la lengua a Orión. —¿Ves? ¡Luna Rory lo sabría si fuera verdad! Es sólo una historia tonta.
Los niños parecen cansados. Debería dejarlos descansar. Me pongo de pie. —Tengo que ir ahora a hablar con Everett. Lo solucionaremos, lo prometo. Mientras tanto, sed buenos y escuchad a Nellie, ¿vale?
Me lo prometen y les doy un abrazo a todos antes de salir por la puerta. Nellie me sigue y la cierra suavemente al salir. Nos alejamos un poco por el pasillo para poder hablar sin que nos oigan.
—Rory, ¿qué hago? —pregunta Nellie, abrazándose a sí misma—. No sé cómo ayudarles.
—Lo estás haciendo muy bien. No parece una enfermedad normal, y mi poder no hizo nada, pero tengo algunas ideas de dónde buscar. —Me estoy tirando un poco de los pelos, pero Nellie parece ya más tranquila.
Le doy una palmadita en el hombro. —Mantenlos calientes y cómodos mientras investigo. Cuando sepa algo, te llamaré. Si alguien más se enferma o empeora, por favor avísame.
Nellie se queda pensativa. —Bueno, tu amiga Mía también está enferma. Estaba aquí de visita cuando algunos de los niños enfermaron; dijo que sentía los mismos síntomas.
Me la quedo mirando con incredulidad. ¿Por eso llevo tantos días sin verla? Podría haber otros enfermos también entonces. ¿Hasta dónde se ha extendido esto ya? ¿Va a empeorar?
Muchas preguntas inundan mi mente y no tengo respuestas para ninguna de ellas. Necesito hablar con Everett. La manada buscará respuestas en nosotros, y ahora mismo no tenemos nada que decirles.
DK*—Vale, gracias, Nellie. —Mantengo mi sonrisa, aunque sea muy falsa ahora. Hay una plaga que se extiende por nuestra manada y no lo sabíamos. Tal vez lleguemos a tiempo para detenerla. Eso espero.
Nos despedimos y me apresuro a salir. Al llegar a la puerta, otra ráfaga de frío me atraviesa. Mi malestar aumenta. Me apresuro a salir del orfanato, con la esperanza de dejar atrás esa sensación, pero me sigue.
El pánico me consume, manteniéndome en vilo e incapaz de concentrarme. Sólo estoy a unos metros de la puerta cuando siento que mis pies me traicionan y encuentran un agujero. Mi tobillo se dobla, haciéndome caer en picado al suelo.
Me pongo en pie y miro a mi alrededor en busca de alguien que pueda estar mirando. Por suerte, no hay nadie a la vista y sigo avanzando. Me apresuro a volver a la casa de la manada, esperando que Everett sepa algo de esto.
La gente habla con él, no conmigo. Quizá él ya lo sepa todo. O quizás haya un libro en la biblioteca que tenga la respuesta. También debería ir a ver a Mía. No puedo retener todas las tareas en mi mente.
Al pasar por la vieja casa de la manada, oigo algo extraño en la distancia. Casi parece un susurro. Hay algo que me resulta familiar, y mi cuerpo se tensa en respuesta.
Me giro para mirar, pero no veo ninguna señal de nada inusual. Una vez más, siento un repentino escalofrío. Se enciende en mí un miedo más profundo que el que jamás he conocido. Acelero el paso.
El sonido se vuelve más fuerte, voces inaudibles en la conversación. A cada paso, se hacen más fuertes, pero sigo sin entender lo que dicen. Vuelvo a mirar hacia atrás y sigo sin ver nada.
Mi corazón se acelera y me cuesta respirar profundamente. Me escuece más el tobillo, pero sigo moviéndome para alejarme de las voces. Suenan como si estuvieran justo detrás de mí.
Siento que una ráfaga de frío me atraviesa de nuevo mientras mi miedo aumenta. Sin embargo, no veo nada. Corro, con el tobillo palpitando, pero lo ignoro. Vuelvo a mirar hacia atrás y siento que mi pie choca con una rama. Me estrello contra el suelo.
Un dolor punzante me atraviesa la cabeza al impactar con una roca. Casi instantáneamente, el mareo se apodera de mí. Sé que tengo que levantarme y seguir moviéndome, pero mi cuerpo no quiere responder.
Abro los ojos, desorientada mientras el mareo aumenta. Mi visión es borrosa y me duele la cabeza. Intento enfocar los ojos y suelto un grito ahogado.
En mi aturdimiento, veo algo flotando, pero está demasiado borroso para que pueda distinguir lo que es. A medida que mis ojos se enfocan, las figuras flotantes se vuelven más claras. Siento que el miedo me envuelve.
Intento gritar pidiendo ayuda, pero no me sale la voz. Incapaz de apartar la vista, me veo obligada a mirar. Parece una pesadilla de la que no puedo despertar.
Por encima de mí, veo unos rostros flotando en el aire. El profesor Xander y Némesis, transparentes como las nubes y ambos con una sonrisa maligna. Se ciernen sobre mí, burlándose de mí con su presencia.
Todavía están vivos. Todos estamos en peligro.

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