
La Obsesión Libro 2
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Capítulo 1
Libro 2
«¿Ya estás listo para la escuela?», le preguntó Mira Singh a su medio hermano, Jahan, cuando él apareció en su habitación esa mañana.
Ella todavía estaba maquillándose cuando el niño de seis años entró sin avisar, vestido con pantalones cortos con bolsillos, una camiseta tipo polo y sus tenis de superhéroe favoritos.
«Sip», dijo él, y se dejó caer sobre su cama.
Sus ojos se entrecerraron mirándola.
«Estás muy arreglada. ¿A dónde vas?», preguntó con esa curiosidad que solo los niños tienen.
Mira le sonrió a través del espejo.
«Hoy empiezo en mi nuevo trabajo, ¿recuerdas?»
Terminó de ponerse el rímel y, con un último vistazo en el espejo, tomó la mano de Jahan para llevarlo a desayunar.
«¿Qué va a ser?», le preguntó, asomándose al armario de la cocina. «¿Cereal con azúcar o cereal inflado?»
«¡Con azúcar!»
Le sirvió un tazón y luego uno para ella, les echó leche y puso una cuchara en cada uno.
Colocó el tazón de él frente a su lugar y se sentó en el banco de la barra del desayuno, a su lado.
«¿Crees que vas a ver a Nicholai hoy?», preguntó Jahan entre bocados de cereal, mirándola con ilusión.
Estaba claro que Nicholai Bach había dejado huella en el pequeño. Preguntaba por él casi todos los días desde que se conocieron hacía más de seis meses. Si fuera por Mira, jamás volvería a ver a ese maldito mentiroso. Le había mentido sobre conocerla y, peor aún, había convencido a su mejor amiga de participar en su plan para que ella se acostara con él por medio millón de dólares, todo porque sabía que necesitaba el dinero. Nunca lo perdonaría por eso.
Mira intentó esbozar una sonrisa para él.
«Ya te lo dije, Nicholai está muy ocupado», le explicó. «Puede que no lo volvamos a ver nunca.» No quería que siguiera haciéndose ilusiones.
Observó cómo su cara se entristecía.
«Me caía bien», dijo en voz baja. «Fue muy bueno conmigo.»
Mira sabía que era más que eso. Jahan necesitaba una figura masculina en su vida y parecía fascinado con Nicholai Bach. No podía culparlo. Durante un tiempo, incluso ella estuvo fascinada con ese hombre y apenas lo conocía.
Decidió cambiar de tema para no enfadarse.
«Y dime, ¿vas a intentar entrar en algún equipo de la escuela?»
La cara de Jahan se iluminó, como si ya tuviera algunos equipos en mente, y empezó a hablar sin parar sobre béisbol y natación.
Mira suspiró aliviada.
Maldito Nicholai Bach, por hacer que se encariñaran tanto con él.
Después de todo este tiempo, su rabia no había disminuido ni un poco. De hecho, estaba aún más furiosa por cómo la había utilizado. Al menos se había quedado con su dinero y lo había usado como siempre quiso: una casa nueva, y ahora tenía su título en Finanzas. Ella y Jahan estaban mucho mejor que antes.
¡Y Kaley!
Su mejor amiga había ido a disculparse una y otra vez hasta que terminó por ablandarla. Hacía poco que Mira había decidido perdonarla. Sabía que su amiga tenía buenas intenciones, aunque algo equivocadas. Además, se sentía sola y la echaba de menos.
Un vistazo a su teléfono le mostró la hora y se levantó de un salto.
«¡Vas a perder el autobús!»
Ayudó a Jahan a ponerse la mochila y a agarrar su almuerzo, antes de sacarlo corriendo por la puerta.
***
Condujo su nueva camioneta rojo cereza hasta el Sigma Group, en pleno centro de la ciudad. Había tenido suerte de conseguir las prácticas en esa empresa tan prestigiosa. Pero se lo había ganado a pulso esos meses, usando el dinero para estudiar a tiempo completo y manteniéndose siempre al día con sus clases.
Era un verdadero placer ir tomando su café mientras conducía su propio coche al trabajo por la mañana. Tanto así que ni siquiera le importaba el tráfico interminable.
Consiguió estacionar a una cuadra del edificio de Sigma, cerca de la cadena de restaurantes donde había trabajado como mesera meses atrás, y se detuvo a admirar la imponente estructura de vidrio y acero desde la esquina de la calle. Recordó cuando fue a la entrevista y lo mucho que la intimidaron el edificio y la gente de adentro.
Se alisó la falda de tubo azul marino y se aseguró de que su cárdigan negro sobre la blusa blanca estuviera bien abotonado, antes de pasar por los torniquetes para entrar al edificio.
Pasó la mayor parte de la mañana en Recursos Humanos, recogiendo su credencial y haciendo la orientación, antes de que la llevaran a un cubículo en el décimo piso donde estaban otros practicantes, todos trabajando en distintos proyectos.
Le informaron que su líder de equipo, Natasha, iría a verla pronto para explicarle sus proyectos. Mientras tanto, se instaló en su cubículo, emocionada de por fin dedicarse a algo que de verdad le gustaba, algo por lo que había trabajado tanto.
Estaba escribiendo un mensaje a Kaley en su celular cuando una rubia esbelta apareció en su cubículo. Tenía cuerpo de modelo, enfundada en un vestido negro entallado y tacones color nude; y su rostro perfectamente maquillado la miraba desde arriba con desaprobación.
«No permitimos el uso de celulares durante el horario laboral para asuntos personales», la regañó la rubia, con un movimiento de su melena a la altura de los hombros.
Mira guardó el teléfono rápidamente y se puso de pie.
«Soy…»
«Mira Singh. Sí, sé quién eres.» Levantó una ceja, repasándola de arriba abajo. «Sígueme.»
Mira no tuvo más remedio que seguir a la rubia, que supuso era Natasha.
La llevó a una pequeña sala de reuniones donde otro practicante estaba revisando unos documentos. La mesa larga estaba repleta de ellos.
«Tenemos un evento en un par de días y necesitamos que te aprendas todo este material para entonces, ya que estamos buscando inversores para nuestros nuevos proyectos», explicó Natasha.
Cuando Mira la miró confundida, Natasha puso los ojos en blanco.
«Si alguien te hace una pregunta sobre un proyecto en particular, más te vale poder responderla», continuó Natasha. «El practicante que consiga más inversores para su proyecto podrá trabajar de inmediato en ese proyecto con el equipo.»
Se dio la vuelta para irse, pero la pregunta de Mira la detuvo.
«Pensé que ya iba a trabajar en un proyecto.»
Natasha forzó una sonrisa al responder.
«Así es. Esto. Es. Todo.»
Mira se dejó caer en una silla y miró las carpetas con desconfianza.
El chico de gafas enormes y pecas sentado frente a ella le dedicó una sonrisa cansada.
Ella suspiró y tomó una carpeta con la etiqueta Shorelands.
















































