
Una amistad complicada 3: Heavy Metal
Autor
Ruth Robinson
Lecturas
1,0M
Capítulos
54
Prólogo
Darryl Nelson
Era Navidad otra vez, mi época favorita del año. Me encantaba no solo por la visita de Papá Noel, sino porque podía pasar una semana entera con mi mejor amiga, Stevie.
Llevábamos todo el día en el coche, con muchas paradas porque mamá estaba embarazada de mi futuro hermanito o hermanita, y yo estaba que me subía por las paredes.
—¿Falta mucho?
—Darryl, estamos dos minutos más cerca que cuando preguntaste hace un rato —dice mamá, intentando no sonreír ante mi impaciencia.
—¡No es mi culpa si no sé cuánto llevamos de viaje!
—Te he visto, hijo —papá finge ponerse serio, luego me enseña el piercing de su lengua, y yo le saco la mía antes de sonreír.
—Ya casi llegamos, campeón. ¿Qué vas a hacer cuando lleguemos?
—¡Darle su regalo a Stevie! —Lo elegí yo solito, lo envolví yo solito, y estaba seguro de que le iba a encantar.
No quise meterlo en la bolsa con los otros regalos para el tío Andy y la tía George, pero ahora me preocupaba que llevarlo en las manos durante ocho horas quizás no había sido la mejor idea.
Tenía las manos un poco sudadas, y el papel de regalo estaba algo húmedo por debajo.
Por fin aparcamos en la entrada, y la tía George abre la puerta del lado de papá antes de que él apague el motor.
—Hola, renacuajo —él se ríe, dándole un beso mientras mamá y yo nos bajamos.
El tío Andy nos saluda desde la puerta, con su bebé Grayson en brazos. Me cuelo entre los adultos que bloquean la entrada y encuentro a Stevie de pie en el salón junto al árbol de Navidad, con su precioso pelo rojo en dos largas trenzas sobre los hombros.
—Hola, Stevie... Te he traído una cosa —le doy el regalo, mordiéndome los labios mientras espero que lo abra.
—¡Gracias, Darryl! —grita feliz mientras lo desenvuelve y me abraza, y siento que me pongo como un tomate.
—¡Es el mejor regalo del mundo! ¡De todos los tiempos!
La película favorita de Stevie era Pesadilla antes de Navidad. La había visto tantas veces que se la sabía de pe a pa, no solo las canciones sino toda la peli.
Ya tenía un montón de cosas de la película, incluyendo un juego de mesa y una colcha, pero lo que no encontraba por ningún lado era una muñeca de Sally.
Tenía figuritas pequeñas, pero ninguna muñeca blandita. Encontré una para ella cuando estábamos en otro país por uno de los viajes de trabajo de mamá y le había suplicado a mi papá que me dejara comprársela.
—Hola, enano —la hermana mayor de Stevie, Carrie, se acerca y me revuelve el pelo—. ¿Qué tienes ahí, Stevie?
—¡Darryl me ha regalado a Sally! ¿No es una pasada? —La sonrisa de Stevie iluminaba cualquier habitación, pero la sonrisota que le saqué con mi regalo me hizo sentir como Superman en las pelis favoritas de la tía George.
Carrie mira sorprendida la muñeca de aspecto desaliñado.
—No entiendo por qué ese personaje es tu favorito, Stevie.
—Porque aunque se caiga a pedazos muchas veces, siempre puede volver a recomponerse —Stevie dice bajito con admiración mientras acaricia el pelo de Sally, que es casi del mismo color que el suyo.
—Yo siempre te ayudaré a recomponerte, Stevie —digo tímidamente, y noto que Carrie me revuelve el pelo otra vez. Estaba intentando dejármelo largo como papá, pero de momento solo me llegaba a las mejillas.
—Qué bonito, Darryl. Bien hecho, chaval —le sonrío a Carrie mientras se echa el pelo negro hacia atrás y me guiña un ojo.
—¡Venga, chicos! —Mi papá me agarra, haciéndome gritar, y me pone boca abajo—. Es hora de dar los regalos de Nochebuena a los demás, peque.
Después de repartir los regalos, y tomar chocolate caliente y comer dulces, nos mandaron a la cama temprano para que Papá Noel pudiera visitarnos. Siempre compartía la cama de Stevie cuando nos quedábamos juntos, con nuestras cabezas en lados opuestos bajo sus sábanas de Pesadilla antes de Navidad.
—¿Qué le has pedido a Papá Noel este año, Darryl? —susurra, tocándome el pie con el suyo.
—Le pedí un hermanito —la verdad es que no quería una hermanita a quien cuidar, al menos un hermano podría jugar conmigo.
—Tonto... ¡Papá Noel no puede traerte un hermano! Eso se lo tenías que pedir al médico —Stevie se ríe mientras me estiro para hacerle cosquillas en los pies.
—Entonces, ¿qué has pedido tú, sabelotodo? —Intento disimular un bostezo.
—Pedí un viaje a Disney World para poder ver a Jack y Sally de verdad —se ríe, y su dulce voz me hace sentir algo raro en el pecho.
Me quedo dormido escuchándola contarme las otras cosas que había pedido para Navidad, como cada año, y en un abrir y cerrar de ojos ya era la mañana de Navidad, con dos calcetines llenos esperándonos junto a la cama.
—Feliz Navidad, Darryl —la cabeza adormilada de Stevie se asoma desde su almohada, y le devuelvo la sonrisa.
—Feliz Navidad, Stevie.

















































