
Apartamento 107
Autor
Chaotic Soul
Lecturas
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Capítulos
36
Capítulo 1
RIDHI
Con los ojos muy abiertos, me quedé mirando el papel que tenía en la mano. Había bajado a recoger el correo. Pensé que solo encontraría facturas y publicidad. Pero había encontrado otra cosa. Me temblaban tanto las manos que casi se me cae el papel al suelo. Estaba a punto de derrumbarme cuando la abuela me llamó.
―¿Qué pasa, Ridhi? ―preguntó con voz suave mientras salía de la cocina y se colocaba bien las gafas. Parpadeé rápidamente e intenté sonreír, pero ella notó que algo iba mal. Su expresión, amable, arrugada y dulce estaba llena de preocupación.
―Yo... creo que me han admitido ―dije en voz baja soltando una pequeña risa. Mi abuela ni siquiera intentó contener sus lágrimas.
―¡Dios mío! Nuestras oraciones han sido escuchadas. ¡Oh! Este es el día más feliz de mi vida ―Se le quebró la voz mientras me abrazaba con tanta fuerza que apenas podía respirar. Por primera vez en mucho tiempo, realmente sentía que era el día más feliz de mi vida.
―Tu padre estaría tan orgulloso de ti ―me susurró al oído.
Por fin había conseguido la beca. Universidad de Texas, Arlington. Máster en Informática. La antigua universidad de papá. Solía contarme historias sobre ella, lo mucho que le gustaba estar allí. Siempre quise ir, pero nunca pensé que fuera lo suficientemente inteligente. No tanto como él.
―Lo sé, abuela. Es increíble. Pero dice que tengo que incorporarme el mes que viene. Todo está pasando muy rápido, y no quiero dejarte sola ―Mi voz sonaba débil.
Desde que mis padres murieron, mi abuela ha sido mi mundo entero. Siempre había cuidado de mí. La idea de dejarla me oprimía el pecho. Empecé a preguntarme si debía irme.
«Esto es una locura».
La universidad me pagaba la matrícula y el alojamiento. Podía vivir dentro o fuera del campus. Yo elegía. Cincuenta mil dólares. Lo único que tenía que hacer era presentarme a mediados de julio.
―Tonterías, ¿quién ha dicho que voy a estar sola? Por fin podré hacer ese viaje de peregrinación de seis meses por toda la India. ―exclamó emocionada con los ojos llenos de ilusión mientras yo la miraba fijamente.
―¿Qué? ¿Cuándo has planeado eso?
Ella sonrió.
―Vamos, beta. Sabía que este día llegaría. Siempre has estado destinada a cosas más grandes. No me sorprende que hayas conseguido la beca ―Su sonrisa era tan cálida que sentí que iba a llorar.
―Todavía no puedo creérmelo. Siempre soñé con estudiar en el extranjero, pero ahora que es real, estoy aterrorizada ―Me dejé caer en el sofá, sintiéndome como una niña pequeña. Mi abuela se sentó a mi lado.
―¿Qué es lo que te da tanto miedo?
―Todo. Somos indias, abuela. ¿Qué pasa si nadie entiende mi acento? ¿Qué pasa si odio la comida? ¿Qué pasa si no hago amigos? ¿Qué pasa si suspendo todas las asignaturas y hago el ridículo? ―enumeré todos los miedos que se me ocurrieron.
Mi abuela negó con la cabeza y se rio suavemente.
―O quizás nada de eso pasé jamás. Tal vez te encante estar allí ―Me miró. Le brillaban los ojos―. Mi hijo era igual que tú. Dudó de sí mismo hasta el momento en que subió a ese avión. Pero mira lo que pasó: fue el mejor de su clase. Montó su propia empresa. Nos hizo sentir muy orgullosos a todos ―Me apretó la mano y respiré profundo, intentando no llorar.
―Sí… Papá era increíble ―dije en voz baja. Pensé en él y en mi madre. Esperaba que me estuvieran mirando. Esperaba que estuvieran orgullosos de mí.
―Deja de preocuparte y empieza a hacer las maletas. Tengo que prepararte tus encurtidos y mermeladas favoritos para que los lleves contigo ―Se levantó de un salto. Ya estaba planeándolo todo, y yo no pude evitar sonreír.
No parecía estar triste. O lo estaba ocultando muy bien, o simplemente estaba así de feliz por mí. Tal vez ambas cosas. Por primera vez, empecé a sentir que todo aquello era real.
«Me voy a Texas. Dejo la India atrás».
«Joder».
Por fin estaba a punto de saborear la libertad con la que tanto había soñado. En mi casa india, los toques de queda no desaparecían solo porque cumplieras veintiún años. Yo seguía siendo virgen con veintiún años.
Claro, había tenido enamoramientos, pero nunca había hecho nada. Mi estricta educación hacía que todo estuviera prohibido para mí y honestamente, una parte de mí estaba emocionada de dejar este país atrás.
Vivir sola significaba que podía hacer lo que me diera la gana, bueno, siempre y cuando mantuviera buenas notas.
Me recogí el pelo largo y negro en una coleta alta y corrí a mi habitación. Ya estaba llena de ideas. Mi teléfono empezó a sonar justo cuando me dejé caer en mi cama. Lo cogí y miré la pantalla.
Eshika llamando.
Sonreí y contesté, dejándome caer de nuevo en las almohadas. Eshika era mi mejor amiga en el mundo entero.
―¿Qué pasa, yaar? Me estoy aburriendo muchísimo ―dijo con voz perezosa. Podía imaginármela perfectamente: con un moño despeinado y acostada en su cama.
―¿Adivina qué?
―¿Qué?
―Me han admitido. ―No pude ocultar la emoción en mi voz. Ella gritó tan fuerte que tuve que apartarme el teléfono de la oreja.
―¡No me lo puedo creer! Por favor, dime que no me estás tomando el pelo ―Casi volvió a gritar.
―No estoy bromeando, Esh.
―¡Dios mío! Voy para allí ahora mismo. Tenemos un montón de cosas que hacer. Tía, sé que después voy a llorar a mares, pero ahora concentrémonos en la parte divertida. ―Ni siquiera se detuvo para respirar.
―Sí, todavía estoy tratando de procesarlo. Ni siquiera me parece real. No sé qué voy a hacer sin...
―No. Ni se te ocurra, chica. Hoy no voy a llorar. Estaré ahí en quince minutos, y vamos a planear toda tu maleta y buscar todo sobre Texas.
Colgó antes de que pudiera decir algo más.
Suspiré, imaginándome todas las locuras que me haría hacer. Y no es que me quejara.
Eshika era todo lo que yo no era: divertida, salvaje, totalmente extrovertida. Habíamos ido al mismo colegio, a la misma universidad, pero nuestros caminos habían sido diferentes. A ella le gustaba la fotografía y trabajaba en una pequeña start-up. Aunque su familia también era estricta, siempre encontraba formas de rebelarse. Gracias a ella, había tenido algunas aventuras locas de las que nunca me arrepentiría.
Dios, ya sabía que la iba a echar mucho de menos.
***
―Vale, la mitad de tu maleta está lista. Mañana iremos de compras a por el resto. Ahora, hablemos de dónde vas a vivir ―dijo Eshika, dando palmas como una niña pequeña en la mañana de Navidad. Yo estaba sentada en mi cama, atiborrándome de los parathas calientes de mi abuela. Por fin levanté la vista y me encontré con sus ojos.
Ella era mi mejor amiga y la más preciosa: pelo castaño muy largo, alta, hermosos ojos marrones… Yo era bajita a su lado, con el pelo negro azabache, piel aceitunada y ojos color ámbar.
―Dios, voy a extrañar la comida de casa ―dije. Me lamí la mantequilla de los dedos. Ella hizo una mueca y negó con la cabeza.
―No sé cómo te mantienes tan delgada comiendo así ―dijo señalando mi plato. Puse los ojos en blanco.
―Entonces, ¿qué has decidido? Por favor no me digas que te vas a quedar en la residencia.
―Soy nueva. ¿No es más seguro vivir en la residencia? ―argumenté, pero ella gruñó y se dejó caer a mi lado.
―¡Dios mío! Las residencias universitarias son lo peor. En serio, lo he leído todo al respecto. Son tan aburridas. Tan cutres.
Prácticamente estaba gritando. Ya sabía que no iba a ganar en esta discusión.
―Me voy a asegurar de que te lo pases de maravilla en Texas, nena ―Me guiñó un ojo juguetonamente y cogió mi portátil.
―¿Qué estás haciendo? ―pregunté, medio asustada, medio emocionada. Sin ella, estaría perdida. Hacer amigos no era exactamente lo mío.
―Encontrarte un piso cerca de tu universidad ―dijo. Ya estaba tecleando.
―Creo que la universidad solo da trescientos dólares al mes para gastos si no me quedo en la residencia, y no tengo suficiente para el anticipo ―le dije, revisando mi carta de admisión por enésima vez.
―Encontraremos algo. Podrías compartir un piso con alguien, y encajaría totalmente en tu presupuesto. ―Ni siquiera levantó la vista del portátil.
«Es implacable. En serio, ¿alguna vez se rinde?».
―Eso es una idea pésima ―me quejé, dejándome caer sobre la cama.
―Espera, mira esto. Habitación disponible en alquiler. Sin preferencia. Se permiten mascotas. Sin pago por adelantado. El alquiler es de quinientos dólares ―Leyó el anuncio en voz alta, y me incorporé de golpe, asomándome por encima de su hombro para mirar la pantalla.
―Está muy cerca de tu universidad, y mira estas fotos, nena. Es de dos habitaciones, y es enorme.
Empezamos a mirar las fotos, y tuve que admitir que tenía una pinta increíble. Mucho mejor que la pequeña habitación de la residencia. ¿Pero quinientos dólares? Eso era mucho.
―El alquiler es demasiado caro. Sigamos buscando ―dije, intentando no parecer tan decepcionada como me sentía. Ella siguió buscando, decidida a encontrar algo.
***
Dos horas después, seguíamos buscando, y nada se acercaba remotamente a ese primer piso. Mi mente no dejaba de volver a él. Era simplemente perfecto.
―¿Y ahora qué? Me gustaba mucho ese primer piso ―dije, haciendo pucheros, mirándola de reojo. Ella parpadeó y luego suspiró.
―¿Por qué no le pides ayuda a tu abuela?
―No quiero, cariño. Ya ha hecho tanto por mí. No puedo pedirle más.
Me lanzó una mirada suave y compasiva. Nos quedamos en silencio un minuto antes de que ella se quejara:
―Oh Dios, supongo que entonces será la habitación de la residencia. ―Puso una cara tan dramática que no pude evitar reírme.
―No pasa nada, Esh. Aún así me lo puedo pasar bien. No será como aquí. No habrá toques de queda ni nada por el estilo, ¿verdad? ―Intenté parecer optimista, aunque me fastidiaba tener que renunciar al piso.
Ella asintió con la cabeza y las dos dejamos el tema. Al menos, lo intentamos.
―Dejemos de pensar en ese precioso piso y hablemos de chicos ―dijo en voz baja, y yo me eché a reír.
―¿De verdad crees que los chicos serán tan guapos como en esas comedias románticas adolescentes? ―pregunté, enrollándome un mechón de pelo en el dedo.
―Por supuesto, cariño. Estoy tan celosa. Ya te puedo imaginar encontrándote con chicos guapos por todos lados.
―Ni hablar. Me he dejado la piel para conseguir esta oportunidad. No voy a distraerme con chicos ―dije, intentando parecer seria. Pero honestamente, su idea era tentadora.
―Oh, vamos. Solo tienes que conocer a un chico guapo y acostarte con él. Aunque sea por una vez. Desahógate un poco. Si yo fuera tú, lo haría sin pensarlo.
―Eh... tú tienes novio ―le señalé, y ella me lanzó una mirada fulminante.
―Novio secreto. Y no hay nada de malo en mirar chicos guapos ―Resopló y luego suspiró―. Es tan molesto tener que andar a escondidas solo para verlo.
Me sentí mal por ella. Las relaciones aquí eran difíciles, especialmente con todas las reglas que existían.
―Estoy segura de que tus padres entenderán si les hablas de él ―le dije con delicadeza. Ella asintió. Parecía esperanzada.
―Sí, les hablaré de Aarnav en cuanto consiga un trabajo.
―Lo conseguirá. No te preocupes ―Sonreí, y ella se levantó. Se alisó el pelo y se retocó el pintalabios.―Vale, voy a verme con él ahora. Cúbreme si mis padres llaman, ¿vale? ―Me sonrió a través del espejo.
―Por supuesto. Envíame un mensaje cuando llegues a casa.
―Sí, cariño. Y prepárate para mañana. ¡Tenemos muchas compras que hacer! ―dijo emocionada, prácticamente saltando por la puerta.
Solté un largo suspiro y cerré los ojos, asimilándolo todo. La mudanza se estaba haciendo realidad. Lo único que deseaba era que mis padres estuvieran aquí para despedirme. Quería ver lo orgullosos que estarían.
Me sequé una sola lágrima antes de que cayera. Se acabó lo de ser la chica triste cuyos padres habían muerto. La vida era complicada: a veces te derribaba, pero a veces también te sorprendía.
Respiré hondo y dejé de lado todos esos sentimientos pesados. Luego decidí bajar a la cocina y pasar tiempo de calidad con mi abuela.
Traducciones:
Parathas – Comida india similar a panqueques.
Beta (Hindi) – Niño/a
Yaar – Jerga india similar a amigo/hermano/pareja









































