Me giro para hablar con él pero me quedo sin palabras. Está caminando hacia sus zapatillas, con los pantalones cortos puestos, pero aún sin camiseta. Se sienta en la roca para ponerse los calcetines. Sus fuertes músculos de los brazos se mueven mientras se ata las zapatillas y caen gotas de agua de su pelo castaño y rizado justo por encima de sus brillantes ojos verdes. Cuando termina, levanta la mirada hacia mí, sonriendo, sin que le moleste que una desconocida acabe de verlo desnudo.