
Luchando contra el destino
Capítulo 5
BLAKE
—¿Dónde está ahora? —La voz era suave. Siniestra.
Blake Williams gruñó en silencio ante su escritorio mientras se le erizaba el vello de la nuca y.
La mano que sujetaba el teléfono junto a su oreja se tensó hasta que sus nudillos se pusieron blancos y oyó un ominoso crujido. Rápidamente aflojó el agarre. Era su tercer móvil este mes. Mathias le echaría la bronca si rompía otro.
Blake odiaba sentirse como si estuviera trabajando para alguien más. Era un alfa, uno muy fuerte. Había estado liderando Ala Gris durante casi veinticinco años. Puede que no fuera la manada más grande, pero pronto lo sería.
Iba a demostrarles a todos esos tontos que no era alguien a quien debieran cuestionar. Se merecía respeto.
Blake sintió sus garras presionando contra su piel y supo que estaba a punto de perder el control sobre su lobo. Eso le enfureció aún más porque tenía fama de tener un control absoluto.
Respiró hondo, conteniendo la emoción mientras volvía a concentrarse en la llamada.
—Anna está en Río de la Plata —respondió finalmente, esforzándose por no gruñir. —Nuestra fuente nos ha dicho que fue formalmente recibida en la manada hace una semana. Sin embargo, hubo una complicación...
Blake se quedó callado, esperando que la voz al otro lado de la línea le preguntara qué había pasado, pero no dijo nada. Sólo silencio sepulcral.
Blake carraspeó torpemente antes de continuar.
—Casi muere después de la ceremonia de unión. Nuestra fuente no ha podido reunir mucho más, sólo que entrar en el vínculo de la manada abrumó su mente.
El silencio continuó y Blake sintió que se ponía más tenso.
—Bien —respondió finalmente la voz, pensativa—. Todo va según lo previsto. Espera a que Río de la Plata la acepte como una de los suyos y confíe en ella, y entonces muévete.
—Encuentra una manera de contactar con ella; usa a su familia si es necesario. Encuentra la forma de entrar en la manada.
—Conozco el plan —espetó Blake, erizándose ante el tono autoritario al otro lado del teléfono—. Lo tengo todo bajo control.
—¡Es culpa tuya que casi muriera! —La voz era aguda, taladrando el oído de Blake.
Rápidamente, apartó el teléfono antes de responder. —¡Ya te lo he dicho! No éramos conscientes de los efectos que podía tener a largo plazo el excluirla. Fuiste tú quien insistió en aislarla....
—Y tuvo éxito —interrumpió la voz suavemente, todas las amenazas de violencia desaparecieron como si nunca hubieran existido.
Blake sintió que un músculo de su ojo empezaba a crisparse.
—Sólo asegúrate de que no la maten antes de que sea necesario. Si este plan falla, caerá sobre los hombros de tu manada.
Una promesa susurrada que Blake sabía que se cumpliría. Antes de que pudiera formular una respuesta, el tono de final de llamada resonó en el oído de Blake.
Miró el teléfono con incredulidad. Un gruñido salió de su garganta y lanzó el teléfono al otro lado de la habitación.
Se estrelló contra la pared, dejando un agujero antes de rebotar contra el suelo.
Blake se sentó, mirando el teléfono roto y preguntándose cómo demonios se había metido en esta situación.
Incluso después de años de asociación, si es que podía llamarse así, el Círculo seguía siendo un misterio para él.
Blake ya ni siquiera recordaba cómo se había metido en ese lío, pero sabía que Anna Davis siempre había sido el objetivo principal.
Ella era la pieza clave para acabar con Río de la Plata.
De todos modos, no había sido muy difícil cumplir con esa misión para Blake. Necesitaba una razón legítima para deshacerse de ella, y sus padres la odiaban profundamente.
Cuando llegara el momento, nadie culparía a Blake por su muerte, y a su vez obtendría también una razón legítima para desterrar a sus padres. O directamente matarlos si seguían enemistándose con él.
Se habían comportado como un grano en el culo desde que Anna se fue.
Un golpe seco sonó en la puerta, distrayéndole de sus pensamientos.
Mathias entró sin esperar el permiso de Blake y este arqueó una ceja al ver a su segundo al mando.
—¿Qué quieres? —dijo con un tono aburrido.
Mathias miró el agujero en la pared y el teléfono roto en el suelo antes de sonreírle a Blake.
—¿Otro más? ¿Cuántos van este mes, cinco? —Entró y se sentó en un sillón al otro lado del escritorio de madera de Blake.
Mathias levantó las piernas y las estiró para que sus talones descansaran sobre la esquina del escritorio.
Blake gruñó profundamente. Mathias echó los pies hacia atrás y los plantó en el suelo.
—Supongo que la llamada no fue bien, ¿no? —le preguntó al alfa, con un tono mucho más cauto.
—¿Alguna vez lo hace? —Blake se apoyó en su escritorio, frotándose las sienes—. El plan sigue adelante. Tenemos que encontrar la forma de abrir una línea de comunicación con Anna.
Mathias asintió pensativo. —¿Qué tienes en mente? No tenía muchos amigos por aquí.
—El Círculo sugirió usar a su familia.
En cuanto las palabras salieron de la boca de Blake, Mathias le lanzó una mirada desdeñosa. —Ella nunca hablaría voluntariamente con ellos. Y si contactan con ella, ¿quién dice que no irá corriendo a ver a Zach Thomas?
Blake fulminó a Mathias con la mirada, furioso porque sabía que su segundo al mando decía la verdad. Blake golpeó con fuerza la superficie del escritorio con el puño cerrado.
—Será mejor que nos aseguremos de que encuentran una manera de hablar con ella. Si fallan...
Blake miró el teléfono roto en el suelo antes de sacudir la cabeza con rabia. —Si fallamos, todo Ala Gris pagará las consecuencias.
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