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El corazón roto del Alfa Libro 2

Autor
Veronica
Lecturas
41.5K
Capítulos
30
Autor
Veronica
Lecturas
41.5K
Capítulos
30
😱Suspense🩶Hombres de moral dudosa💘Compañeros predestinados🎭Drama🐺Hombres lobo y cambiaformas👩‍❤️‍👨Compañero predestinado💪🏻Protector🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa💪Mujeres valientes⚔️Acción y aventura🧑🏽‍🦳Diferencia de edad🧙‍♀️Magos y brujas🐺Paranormal

En un mundo donde los seres sobrenaturales conviven en un frágil equilibrio, Ekon y Bambi, líderes de una manada de hombres lobo, se ven arrastrados a un torbellino de intrigas políticas y magia oscura. Tras un atentado terrorista en Detroit, deben sortear un traicionero terreno de alianzas y enemistades para proteger a los suyos. Mientras buscan ayuda del Parlamento Sobrenatural, enfrentan traiciones, maldiciones ancestrales y a una poderosa bruja llamada Devina que amenaza con destruir su mundo. ¿Encontrarán la fuerza para unir a su fracturada comunidad y enfrentar la oscuridad que se avecina?

Alerta máxima

DEVINA

Los gritos atravesaban la noche.
Grotescos y violentos.
Las estridentes y oscuras damas bailaban frenéticamente alrededor de una fogata, sus vestidos blancos de encaje le otorgaban a las llamas una palidez fantasmal que hacía estremecer la negra noche.
La energía se hizo luz en el espeso aire amazónico, mientras las hermanas del Aquelarre de la Boa Morte les ofrecían un sacrificio a sus antecesoras.
En el pasado fueron muy poderosas.
Las creadoras de la verdadera magia divina..
Al igual que el mundo comenzó como una minúscula concentración de poder cósmico, también lo hizo su magia.
Pero el tiempo la erosionó y diluyó.
Las insensatas fueron reduciendo la pureza de su linaje, teniendo progenitores cada vez más débiles, degradando su magia y hechizos hasta sumirse en la nada. Hasta convertir en escombros un poder que fue capaz de gobernar naciones enteras durante mucho tiempo.
Pero, esta noche, todo volvía a empezar.
Nuestra especie volvía más fuerte y más feroz. Preparada para dominar el mundo de nuevo.
¡Esta noche, renace nuestro futuro!

Bambi

Unos labios ásperos y agrietados se apretaron contra mi cabeza mareada.
Me despertaron de un profundo y dulce sueño.
Notaba mi cuerpo ligero y aireado, como si estuviera navegando por las sábanas de seda.
Cuando abrí los ojos, el rostro afilado y curtido de Ekon me saludó.
Me miraba con una expresión de paz que hace poco tiempo habría creído imposible de volver a ver en su rostro.
—Buenos días —dijo, con voz ruda enfriada a un susurro aterciopelado.
Le sonreí con sueño.
—¿Has descansado bien? —me preguntó, acariciando mi pelo.
—Como los muertos. Me dejaste rendida.
Una expresión picarona apareció en su rostro. —Sin embargo, es mucho mejor eso que cualquier pastilla para dormir, ¿verdad?
No podía negarlo.
De alguna manera, noche tras noche, el sexo era cada vez mejor, y cada tórrido tête-à-tête ponía a prueba todo lo que yo creía saber sobre el placer.
Pero además, desde que Ekon y yo habíamos formalizamos nuestra relación, el apetito sexual de mi compañero había sido francamente insaciable.
No me malinterpretéis.
¡El sexo era fantástico! ¡Impresionante!
Pero la frecuencia con la que Ekon lo perseguía era casi adictiva. Ninguna hora del día estaba prohibida, ningún estado físico era excusa.
Si no lo conociera tan bien, me habría alarmado. Pero nunca había tenido una conexión tan profunda con nadie antes de conocerme..
El sexo era en realidad su recipiente para seguir explorando esos sentimientos que tanto tiempo había eludido.
Su principal deseo era siempre complacerme de formas nuevas y excitantes.
Era genial, pero a veces me sentía mal por no estar haciendo lo suficiente para satisfacerle a cambio, aunque él siempre me aseguraba lo contrario.
—¿Tienes hambre? —preguntó.
—Estoy famélica —bostecé.
—¿Qué tal una tortilla?
—Maldita sea. Eres un puto lector de mentes. O al menos un lector de estómagos —me reí.
Ekon sonrió dulcemente: —¡Bien! Porque te está esperando abajo.
—Awww —me acerqué a su cara para darle un tierno beso—, Eres el mejor.
Otro enorme bostezo escapó de mis labios. —¡Siento que podría quedarme en esta cama todo el día! No quiero moverme.
—Tus deseos son órdenes, mi Luna —sonrió Ekon.
Antes de que me diera cuenta, mi compañero me había acunado en sus fuertes brazos y me estaba llevando escaleras abajo hasta detenerse delante de una mesa realmente elaborada.
—¡Qué servicio! —Me reí, mientras me sentaba en mi silla. El olor a queso feta y cebollas salteadas se extendía agradablemente bajo mis fosas nasales.
—Solo quiero lo mejor para ti, querida. —Ekon me besó en la mejilla.
Mientras hincaba los dientes en la esponjosa tortilla, me maravillé de lo blando que se había vuelto este viejo soldado de guerra. Los desayunos en la antigua finca solían consistir en insípidos tazones de avena y tocino frito a toda prisa.
Pero ahora, todas las mañanas había tortilla, o huevos revueltos, o bagels y salmón recién hechos. Ekon disfrutaba de este tratamiento real, que era ciertamente muy dulce, aunque ocasionalmente desagradable.
Su comportamiento tendía a cruzar la línea entre el cariño romántico y la complacencia obsesiva. Era como si pensara que era necesario tratarme como a una princesa para mantenerme feliz y a su lado.
—¡Oh, Dios mío! —exclamó Ekon mientras encendía el gran televisor de pantalla plana montado en la pared del comedor.
Levanté la vista de mi humeante plato.
Un plano aéreo de una ciudad cubierta de nieve se detuvo para enfocar una zona inundada de personal médico, que se esforzaba por llegar a los cuerpos heridos esparcidos por el asfalto.
En el tercio inferior de la pantalla se leía en letra mayúscula y negrita: DETROIT: GUERRILLEROS TERRORISTAS MATAN A 45 Y HIEREN A 234
El locutor, estupefacto, informó con gravedad:
—El FBI no ha identificado a ningún sospechoso principal de este ataque nocturno. Aunque las autoridades de Detroit sugieren que la naturaleza aleatoria del ataque apunta a las bandas locales, la investigación solo ha encontrado pruebas no concluyentes hasta ahora.
—Los testimonios de los supervivientes sugieren que los atacantes utilizaron perros de pelea feroces para emboscar a los vagabundos. Ni el forense del condado de Wayne ni los hospitales locales han publicado información que apoye o niegue estas afirmaciones. Volviendo a las víctimas de esta tragedia...
Ekon apagó el televisor y se giró lentamente hacia mí, con una expresión de horror en su rostro.
Ambos sabíamos quién estaba detrás de esta masacre.
Matthias.
Nuestra silenciosa consternación se vio interrumpida por el fuerte timbre del teléfono móvil de Ekon.
Sacó el teléfono del bolsillo de su sedosa bata azul y me mostró la pantalla.
Era el rey Dimitri.

Ekon

—Su Excelencia estará con usted en seguida, Alfa Ekon —dijo una elegante recepcionista.
Bambi y yo nos encontrábamos uno al lado del otro frente a las imponentes puertas de madera de la sala del trono del rey Dimitri.
El aire del viejo y mohoso palacio era sofocante.
Los crujidos de las paredes de piedra al asentarse en el suelo nevado retumbaban por el pasillo.
Mi compañera se aferró con fuerza a mi brazo, mientras esperábamos en silencio la entrada.
Había algunos momentos concretos en la vida en los que la ceguera tenía sus ventajas.
Visitar el castillo del rey Dimitri siempre había sido una de esas raras ocasiones.
Antes de que me quitaran la vista, que me convocaran para acudir con prisa al palacio me llenaba de temor.
Nunca era por motivos agradables, como bailes o banquetes, sino por guerras, crisis y caos. No habían vuelto a solicitar mi presencia de inmediato desde la Gran Guerra.
—¿Estás bien? —susurró Bambi con aprensión.
—Ya veremos —suspiré.
¡CREAK!
El sonido de las antiguas bisagras de la puerta de la sala del trono retumbó en mis oídos al abrirse.
—Su Alteza Real, el rey Dimitri, lo recibirá —anunció el snob centinela.
—¡Bueno, no te quedes ahí parado, Alfa, el tiempo corre! —El rey Dimitri me llamó con brusquedad desde el otro lado de la habitación.
Bambi y yo nos apresuramos a sentarnos.
Cuando nos acercamos a la mesa, dos voces conocidas me saludaron escuetamente.
—Buenos días, Alfa Ekon.
—Hola, Alfa.
Eran mis nuevos aliados, el Alfa Leonardo Salvatore y el Alfa Hunter Blackwood (que, a pesar de sus buenas acciones, había mantenido el apodo de “Olfateador de Coños”.
Curiosamente, la presencia de estos dos antiguos enemigos me proporcionó cierto consuelo al entrar en la vacía Sala del Trono.
Pero aunque habían sido cruciales para la reciente derrota de Matthias y Devina, eso no significaba que no sintiera un escepticismo reservado sobre la naturaleza de nuestro nuevo consorcio.
En todo caso, su voluntad de asociarse conmigo amplió tanto mis dudas como mis garantías.
—Siento haberte hecho esperar, Alfa, pero acabamos de hablar por teléfono con el presidente —dijo el rey Dimitri con severidad.
—¿De los Estados Unidos? —preguntó Bambi ingenuamente. Este mundo era todavía nuevo para ella.
—Sí —resopló el viejo monarca—. Esta situación no es buena para nosotros, Ekon. En absoluto. Nos hacen responsables de los ataques de Detroit.
—Pero Su Majestad, Luna Bambi y yo vimos los informes. Fue claramente obra de los rebeldes.
—¡Maldita sea, Alfa! ¿Crees que no lo sabemos? —gritó el Rey.
—Ya sabes cómo son los burócratas americanos. Les importa un bledo quién esté detrás. La CIA rastreó el ataque y les llevó hasta los hombres lobo y ahora todo el maldito gobierno está tratando de mantenerlo en secreto por el bien de los habitantes.
Leonardo intervino con su análisis jurídico:
—Los términos definidos en los Compromisos Lupinos de 1804 reconocen legalmente a los hombres lobo como una raza colectiva, no como manadas individuales. Si uno solo de los nuestros incumple el tratado, el gobierno tiene plena licencia para quitarnos nuestras tierras y tomar medidas legales legales, incluyendo el exilio e incluso la ejecución.
—Con todas las teorías conspirativas que flotan en las redes sociales, es una maravilla que nos den siquiera la oportunidad de limpiar este desastre —añadió Hunter.
Dios. Toda esta jerga legal me hizo desear una copa.
No había tocado una gota de alcohol en semanas.
Lo cual ya es mucho decir, ya que solía beber bastante día sí, día también..
Bambi había estado detrás de mí para impedirlo.
Dijo que el alcohol sacaba mi parte oscura, mi incontrolable lobo..
No me gustaba que nadie me dijera lo que tenía que hacer.
Pero a pesar de todo, ella me había demostrado siempre querer lo mejor para mí.
Así que seguí luchando contra la sed y reprimiendo mi antojo concentrándome en el asunto en cuestión.
—¿Qué quieren que hagamos? —pregunté.
—Que localicemos y acabemos silenciosamente con los lobos responsables de la embestida, en el plazo de una semana —respondió el rey Dimitri con dureza—. Si no podemos hacer justicia para entonces, el FBI se encargará personalmente de cazar a todos los lobos.
—Por eso os he reunido a todos aquí —explicó el Rey.
—¿Tenemos un plan? —pregunté.
—Como sabéis, el Parlamento Sobrenatural está reunido. Y dado vuestro reciente éxito con el caso de Matthias, pensé que si con una petición colectiva, quizás podríais convencerlos para que nos ayudaran a buscar y capturar a los rebeldes.
—¿Realmente crees que ese grupo de camisas de traje va a ayudar a un grupo de hombres lobo yanquis? —protestó Hunter.
—Ese parlamento ha tardado diez años en decidir si quiere crema o azúcar en el café, ni de broma va a acceder perseguir a una banda de rebeldes merodeadores. Por no mencionar que, desde la Gran Guerra, los hombres lobo no somos precisamente los seres mágicos más populares.
—Odio admitirlo, pero ese es un buen punto —añadió Leonardo pensativo—, si una fracción significativa de la población mística fuera sometida a un gobierno humano, sentaría un precedente legal internacional que podría suponer problemas para todos los sobrenaturales. Podríamos utilizar este hecho para conseguir su ayuda..
—Si vosotros dos queréis abandonar vuestras manadas para ir a Austria, es asunto vuestro —intervine—, pero yo no voy a dejar a la Manada Jedrek indefensa. Ya conseguimos derrotar a Matthias antes, y pongo la mano en el fuego que pondremos hacerlo de nuevo.
—Si no recuerdo mal, Alfa Ekon, tuviste algo de ayuda —rebatió Bambi. Podía sentir sus ojos y los del otro Alfa clavados en mi piel.
Ella tenía razón.
No podría haberlo hecho sin la ayuda de las otras manadas. Pero todavía no me sentía bien dejando a mis lobos con el olor de la sangre tan fresco en el aire.
—Alfa Ekon —Bambi se puso de pie para dirigirse a mí—, El rey Dimitri habla con sabiduría. Ahora mismo, lo que sea mejor para todos los hombres lobo es también lo mejor para nuestra manada. La única posibilidad que tenemos de acabar rápidamente con Matthias es usar la ayuda de donde sea que podamos conseguirla.
La sala se quedó en silencio mientras esperaban mi respuesta.
Me gustaría haber podido discutirlo.
Pero tenía razón.
Y aunque no estaba convencida de confiar completamente en Leonardo y Hunter, tenía que confiar en Bambi.
Ella, también buscaba siempre lo mejor para la manada.
—Muy bien —suspiré—, formaré parte de esta delegación. Con la condición de que la Luna Bambi también sea miembro.
Leonardo se rió: —Por supuesto. Por lo que parece, ya es toda una diplomática.
—Muy bien, está decidido. Caballeros... y estimada Luna... haced vuestras maletas. Mañana partís hacia Austria —dijo Dimitri.
Bambi se inclinó y me plantó un beso en la mejilla.
Jesus. ¿Qué es lo que acabo de acordar?
Ahora sí que necesitaba una copa.

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