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Odiada por mi Alfa Libro 2

Autor
Nathalie Hooker
Lecturas
19.4K
Capítulos
39
Autor
Nathalie Hooker
Lecturas
19.4K
Capítulos
39
🐺Paranormal🐺Hombres lobo y cambiaformas🙅Pareja no deseada🎭Drama👩‍❤️‍👨Compañero predestinado🐺Licántropos💘Compañeros predestinados🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa🧙‍♀️Magos y brujas🔒Proximidad forzada

La vida de Aurora da un giro dramático cuando exige ser rechazada por el Alfa Wolfgang, solo para ser proclamada Luna de la Manada Rosa de Sangre en su lugar. Mientras se adapta a su nuevo papel, Aurora descubre secretos sobre su linaje, revela sus poderes elementales y enfrenta amenazas de cazadores y brujas. Con la ayuda de su madrina Eleanora y su relación cada vez más profunda con Wolfgang, Aurora deberá aprender a controlar sus habilidades y proteger a su manada del peligro inminente.

Capítulo 1

Wolfgang

—¡Recházame! Prefiero ser una loba sin manada que convertirme en tu estúpida Luna —dijo Aurora poniéndose delante de nosotros, con las lágrimas aún corriendo por su cara, sus ojos llenos de odio y determinación.
—Lady Aurora, piénsalo bien. Si te marcan como renegada, perderás la protección que sólo puede ofrecer una manada —dijo uno de los ancianos.
—Oh, ¿te refieres al tipo de protección que se suponía que tenía cuando los renegados atacaron el hospital? —se burló—. Bueno, creo que estoy mejor sola.
—Aurora... los ancianos tienen razón. Si dejas la aldea, estarás expuesta. La mayoría de las manadas de la zona saben que eres nuestra Luna. Serías su objetivo de inmediato —intervino Max.
—Entonces, ¿qué? —se volvió hacia mí—. ¿Ahora sales a gritar al mundo que soy tu pareja? ¡¿Después de todas las amenazas y advertencias que me hiciste al respecto?!
—No, Aurora, yo... —empecé a buscar alguna excusa, pero el anciano Leto se me adelantó.
—No, Lady Aurora. Es...
—¡Deja de llamarme Lady de una vez! —le cortó, gruñendo— No soy tu Luna y nunca lo seré.
—Fue Tallulah, Aurora —intervino Max, llamando su atención—. Una vez que Alfa Wolfgang les dijo a todos que os habíais apareado y que él te había marcado, Tallulah dejó la manada ofendida. Pedimos a la Manada de la Luna Azul que nos ayudara en tu rescate, pero se negaron, rompiendo todos los lazos con nosotros.
—A estas alturas estamos seguros de que han dado a conocer que el tratado está roto y cuál es la verdadera pareja del alfa —dijo el anciano Asher.
Aurora se quedó allí, como una presa mansa ante sus predadores. Temblaba sin parar y las lágrimas seguían cayendo de sus ojos, que estaban clavados en el suelo.
Ve con ella, muchacho.~Cronnos habló dentro de mi mente, y di un paso vacilante hacia mi pareja.
—Aurora... Lo que he hecho... no tengo forma de pedir perdón. Te he maltratado de todas las maneras posibles, y por eso lo siento... —manifesté.
Se quedó quieta, como si su mente tratara de procesar todo lo que le habíamos dicho.
—Pero, por favor, plantéate no irte. Quédate aquí donde podamos mantenerte a salvo, Aurora. Donde yo pueda mantenerte a salvo.
Levantó la cabeza y me miró fijamente.
—¡El único lugar seguro para mí es lejos de ti, alfa! Así que recházame y márcame como renegada, ¡cuanto antes! —gritó.
La sala se quedó en silencio por un momento.
—Muy bien... —dije.
—¡Alfa Wolfgang! ¡No puedes estar pensando en hacer eso! —dijo el anciano Radolf.
—¿Estás loco? Será un ciervo deslumbrado para todas las demás manadas —protestó el anciano Asher. Entonces levanté la mano para silenciarlos a todos.
—Aurora Craton, yo, Alfa Wolfgang... no te rechazaré. Te proclamo Luna de la Manada Rosa de Sangre del Norte.
—¡No puedes hacer eso! —gritó ella. Cargó contra mí, golpeando mi pecho con sus débiles manos.
Me quedé allí con las manos entrelazadas a la espalda, aunque me moría por tenerla en mis brazos.
Max llegó a su lado y la sujetó, apartándola y sentándola en la cama.
—Puedo y acabo de hacerlo. Si tu seguridad requiere estas medidas drásticas, que así sea —zanjé. Volví mi atención a Max.
—Ella tiene prohibido salir de la aldea. Cualquier movimiento que haga me debe ser comunicado. ¿Entendido, beta? —dije con toda la autoridad de mi cargo.
Max se sentó allí, mirándome fijamente.
—¡¿Te he preguntado si has entendido, Beta Maximus?! —gruñí.
—...Sí, Alfa.
Me volví a mirar a Aurora, que lloraba en el pecho de Max, aferrándose a su camisa con toda su fuerza.
Me dolía ser la causa de todas sus lágrimas y no su consolador. Me giré para mirar a los tres ancianos que estaban detrás de mí.
~Vamos —dije, y salí por la puerta.
Todos murmuraron una aceptación silenciosa antes de seguirme de cerca.
—Oye, muchacho. ¿No crees que te has pasado un poco? —me~ preguntó Cronnos.
—He hecho lo que tenía que hacer. Si la hubiera dejado ir, la habrían matado.
—Lo entiendo, muchacho, pero estamos hablando de nuestra pareja. La heriste y le rompiste el corazón —señaló~.
—¿Crees que nolo sé? —~le espeté.
—Deberías pensar en formas de recuperarla, en lugar de encerrarla en esta aldea para siempre —dijo Cronnos.
En mi mente, estaba tumbado, con las patas delanteras extendidas ante él y cruzadas una sobre la otra.
—Lo sé, viejo saco de pulgas. Sólo tengo que averiguar cómo ganarla. —suspiré.
—Bueno, pues hazlo rápido, muchacho. O ambos perderemos a nuestras compañeras, y te morderé el culo si pierdo a mi Rhea.
Me reí ante su amenaza.
—No te preocupes, viejo. No las perderemos. Haré todo lo que esté en mi mano para corregir el mal que le he hecho y recuperarla.

Aurora

—Deberías comer algo —me suplicó Max una vez más. Desde que Wolfgang y los ancianos me habían visitado por la mañana no había podido descansar ni comer nada.
—No tengo hambre —repliqué.
—Vamos, Rory. Recuerda que te estás recuperando. Tienes que comer, para reponer tu salud —suplicó Max.
—Lo intentaré más tarde. Por ahora todo lo que quiero hacer es dormir —dije. Me giré en la cama y le di la espalda—. No quiero ser grosera pero... ¿podrías irte? Quiero estar sola un rato.
—Bueno... sí, claro —noté la vacilación en su voz—. Estaré fuera si me necesitas, ¿vale?
—Sí —respondí, intentando que no se me quebrara la voz. De lo contrario, nunca se iría.
Oí el chirrido de la silla en la que estaba sentado cuando se levantó. Momentos después, la puerta se cerró.
Me giré y miré por encima del hombro, para asegurarme. Una vez que me aseguré de estar completamente sola, dejé que las lágrimas cayeran libremente una vez más.
—¿Rhea? ¿Estás ahí? —pregunté a mi loba.
Se había quedado callada desde mi discusión con Wolfgang y los ancianos. Pude verla recostada, dándome la espalda.
—Rhea... —lo intenté una vez más, y ella finalmente se puso de pie y me miró—. Rhea, siento haberte hecho pasar por esto. Sé que amas a Cronnos, y aparentemente él te ama también... pero todo por lo que Wolfgang me ha hecho pasar... no puedo aceptarlo. No puedo perdonarlo tan fácilmente.~
Rhea suspiró, luego se levantó y se acercó a mí y apoyó su cabeza en mi hombro, su hocico húmedo acariciando mi mejilla.
—Lo sé, y lo entiendo. Duele estar separada de Cronnos, pero sé que no es tu culpa. Como he dicho antes. Estoy aquí contigo al cien por cien y apoyaré todas las decisiones que tomes —~dijo Rhea.
Se quedó allí, con la lengua colgando, con una amplia sonrisa en la cara.
—Gracias —sonreí a mi lobo—. ¿Cómo te sientes?~
Había tenido que soportar la luparia cuando me envenenaron, y casi murió cuando me ayudó en la lucha contra Klaus.
—Ya estoy mucho mejor. La luparia está casi fuera de nuestro sistema —dijo, moviendo la cola.
—Todavía no lo entiendo. ¿Dónde me expuse al veneno? —reflexioné.
—No quiero sacar conclusiones precipitadas, pero estoy casi segura de que fue Tallulah —dijo Rhea con un gruñido.
—¿Por qué has llegado a esa conclusión? —~le pregunté.
—Piénsalo. Empecé a sentirme mal después de la cena a la que nos invitó —~dijo.
Todo tenía sentido.
—Esto es muy retorcido. ¿Por qué tengo que aguantar toda esta situación? ¿Y para qué? Por un compañero al que no le importo nada.
Llevé mis rodillas al pecho y enterré mi cara en ellas.
—Está bien, Aurora. Saldremos de todo esto. Como he dicho antes, sea lo que sea lo que elijas hacer, yo estaré a tu lado —~me aseguró Rhea.
—Gracias, Rhea.

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