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Marcello Mafia Libro 3

Autor
Belle Dowson
Lecturas
18.4K
Capítulos
61
Autor
Belle Dowson
Lecturas
18.4K
Capítulos
61
🕵️Crimen y misterio💪🏻Protector🎭Drama🏙️Contemporáneo💪🏻Machos alfa🖤Oscuro🔫Mafia

"Esa boca tuya te va a meter en problemas." Sus palabras llevaban una amenaza dentro.

Sin inmutarse, Hayley apoyó las manos en las caderas, cerca del cuchillo que llevaba oculto.

"Siempre he sabido mantener los problemas a raya."

Cuando Hayley, una cantinera de armas tomar, se cruza con Luca, el jefe de la mafia de su club, saltan chispas. Sus mundos chocan en una ardiente danza de pasión y poder. Pero, ¿logrará dejar que Luca vea más allá de sus defensas, hasta su corazón herido? ¿Desatará su ardiente conexión una tormenta mortal?

Prólogo: La vida sigue

Libro 3

HAYLEY

Porque en las noches más oscuras, ella aún busca la luna.
Hayley había estado en la oscuridad, arrojada al abismo de la tristeza. Ella sabía que él tenía un lado oscuro; sabía qué clase de hombre era Luca Marcello.
Ese peligro, ese fuego en él, y ese amor apasionado que tenía solo había hecho que ella se enamorara más de él.
Hayley estaba acostumbrada a la oscuridad, al desgarro que la acompañaba. A lo que no estaba acostumbrada era al sentimiento de amor con el que Luca la envolvía a ella y a su destrozado corazón.
Era un monstruo; se lo había advertido. Pero, como una tonta, se enamoró de él, lo deseó y dejó que arreglara las piezas rotas.
¿Cómo podía amar a un asesino, a un hombre que mataba para ganarse la vida, a un hombre como Luca Marcello?
Fácil, pensaba para sí. Era fácil amar a Luca Marcello, su luna. El hombre que la había llamado su luna, el hombre al que habría seguido hasta la luna, ida y vuelta.
Hayley quería darle la espalda a él, a su familia y a todos los que le habían hecho daño.
Pero aun en sus noches más oscuras, ella lo buscaría. Siempre buscaría su luna.
Odiaba al hombre que también amaba, deseaba al hombre al que ni siquiera debía dejar entrar en su corazón, e iba a tener que luchar: por Luca Marcello o en contra de él.
La cuestión era si Hayley estaba preparada para lo que se le venía encima.
Tendría que despedirse, tendría que contar sus secretos y luchar contra sus enemigos una última vez...
UNA SEMANA DESPUÉS
Hacía frío y el viento era feroz. La multitud se había reunido en torno a la fosa abierta: una masa de hombres trajeados, alguna que otra mujer, pero sobre todo hombres. Todos eran solemnes, todos fuertes, y ninguno lloraba.
Hayley intentaba ser como el viento, feroz y fría, pero era demasiado difícil. El cura decía algo en ruso, pero ella no prestaba atención.
Lo único que podía hacer era mirar cómo Ivan, Andy y otros hombres leales bajaban el ataúd a la tierra. Su corazón estaba demasiado roto para romperse, sus ojos demasiado secos para llorar y su alma demasiado débil para lamentarse.
Su padre había sido asesinado hacía menos de una semana. Luca presumiblemente hacía tiempo que se había ido, y ella nunca se había sentido tan sola.
Ivan se puso a su lado una vez que terminó de ayudar a bajar a su jefe (su amigo) a la tierra.
Pero seguía sintiéndose sola.
Todo estaba borroso en su mente: la policía, el luto de la «familia», todo.
Ivan la cogió de la mano y la condujo a través del ejército de hombres del cementerio, que vigilaban y protegían la zona.
Luca, ella lo sabía, no había sido atrapado por su familia. No sabía cómo sentirse al respecto.
La casa estaba llena de flores y de hombres, de hombres «de la familia». A algunos los reconocía de su infancia; a otros no los conocía.
Ivan nunca se separó de ella. Le presentó a gente «importante». Todos decían lo mismo: «lo siento por su pérdida» o «esperemos que se haga justicia». Esto último siempre le revolvía el estómago.
Intentó socializar; intentó fingir que estaba sobrellevando todo eso. Pero no era así.
Hayley no podía quitarse de la cabeza la noche en que dejó a Luca. No podía olvidar el dolor de perder a su padre, y la rabia y el dolor hacia Luca.
Nunca olvidaba la angustia de saber que aún era capaz de amar a Luca Marcello. Odiaba esa parte.
El velatorio había terminado. Todavía quedaban algunos hombres en la casa pero, al igual que en la casa de Luca, parecía ser la norma. Hayley caminaba de la cocina a su nuevo dormitorio cuando oyó la voz dominante de Andy.
—Iremos a Nueva York —anunció.
Hayley se paró frente a la puerta que estaba ligeramente abierta.
—Luca Marcello es nuestro enemigo número uno. Tiene que irse.
Hayley jadeó en silencio mientras escuchaba; eso no estaba bien.
—Me gustaría tener el placer de Nic Marcello.
Oyó la voz ronca de Ivan.
—El bastardo me disparó. Disfrutaré presentándome ante él para meterle una bala entre ceja y ceja.
Ivan rió entre dientes.
Hayley pensó en Nic; pensó en su amiga Ava. ¡Ella no se merecía nada de eso!
Hayley empujó la puerta para encontrar diez hombres dentro de la habitación. Sus ojos se encontraron con Andy, que estaba de pie para dirigirse a la sala. Ivan se puso de pie cuando ella entró.
—¡Allie! —dijo primero Ivan, pero sus ojos encontraron a Andy, el hombre con el que había bailado y confiado.
—Andy, por favor, no hagas esto —Hayley podía sentir las lágrimas que su cuerpo había reprimido todo el día rebosando en sus ojos—. No puedo soportar esto mucho más.
Hayley estaba dolida; su dolor era demasiado crudo, demasiado fuerte. Su padre había muerto, un padre que le había mentido durante años, pero un padre al que ella seguía queriendo. El hombre al que amaba había muerto; él había matado a su padre. Sin embargo, seguía amando a ese hombre.
—Hayley, esto no es nada... —Andy comenzó, pero Hayley lo interrumpió.
—No te atrevas a decir que no es asunto mío. Él era mi padre, y Luca es... —Hayley no sabía cómo terminar esa frase. ¿Qué era Luca?
—Luca es el asesino de tu padre. Él lo mató —murmuró Andy.
—¡Sé lo que hizo, joder! Lo sé, pero estás loco si crees que derramar más sangre igualará de algún modo la balanza, o hará que el mundo gire un poco mejor. No eres ni mejor ni peor que él —Hayley estaba enfadada.
—¿Qué esperas que hagamos, Allie? ¿Dejar que la escoria de Marcello se lleve a nuestro líder, tu padre, y no hacer nada? —Andy parecía estupefacto, al igual que sus hombres.
—No eres mejor que él: matas igual que él, destruyes a la gente igual que él —gritó mientras se daba la vuelta y salía de la habitación.
—Oh, no.
Hayley sintió que la tiraban hacia atrás y la golpeaban contra la pared fuera de la habitación llena de mafiosos.
—No te vayas.
Andy la había empujado firmemente contra la pared. Ella podía ver su ira y el fuego en sus ojos. Ivan fue rápido a su lado, soltando a Andy de Hayley.
—Cabrón —murmuró mientras se agarraba la parte baja de la espalda, donde se había golpeado contra la pared.
—Eres una tonta, Hayley —dijo Andy—. Este es nuestro mundo. Somos los hijos de nuestros padres. Este mundo es lo que te crió.
—Te equivocas. Este no es mi mundo —Hayley negó con la cabeza.
—Espabílate, cariño, porque te guste o no, estás aquí. Este es el mundo en el que vives.
Ivan odiaba que todo por lo que él y Dima habían trabajado se hubiera arruinado.
Hayley dejó que una lágrima resbalara por su rostro.
—Eso no significa que lo acepte. Mátalo —-su voz se quebró al decirlo-—, mata a toda la ciudad de Nueva York, pero esta mierda solo se intensificará. Acabarás quemando tu propia casa, Andy —advirtió Hayley, pero Andy negó con la cabeza.
—Estoy preparado para eso. Tu padre me enseñó eso: me enseñó a buscar venganza —Andy estaba orgulloso de su mentor y dedicaría su vida a hacerlo sentir orgulloso.
—Entonces te enseñó bien —dijo Hayley, antes de caminar por el pasillo hacia su habitación.
Había dejado de huir, de esconderse de su vida y de sus mafiosos. Nunca podría volver con Luca: Andy e Ivan habrían destrozado Nueva York, un hombre y una mujer Marcello por vez, hasta encontrarla.
¿Quería volver con él? Él había matado a su padre, pero Ivan había matado a Stefano. El «ojo por ojo» solo dejaba mujeres con el corazón roto y a un montón de muertos ciegos.
Ella había tomado sus decisiones. Había dejado a Luca, así que ahora tenía que permanecer a salvo en la «familia».
—¿Allie? —Ivan entró sigilosamente en la habitación y encontró a Hayley mirando con nostalgia la noche fuera de su ventana.
—No me disculparé con Andy. Puede que ahora sea un jefe de la mafia, pero es un capullo —dijo Hayley tercamente.
—No se me ocurriría obligarte a hacer algo que no quieres hacer. He aprendido esa lección —Ivan suspiró cuando Hayley se volvió para mirarlo—. Tienes razón, este no es tu mundo. Te hemos forzado demasiado. Te hemos hecho demasiado daño.
Hayley caminó hacia Ivan y ambos se sentaron en el extremo de su cama.
—Tu padre solo quería lo mejor para ti. Habría matado a Luca para asegurarse de eso, y créeme, princesa, lo intentó.
Hayley odiaba eso. Luca dijo que él disparó primero, pero aún así… no lo hacía más fácil.
—Andy te quiere aquí, a salvo. Quiero que te encuentres a ti misma, que encuentres a la chica que tu madre crió —dijo Ivan con calidez en los ojos mientras sacaba un papel con el nombre y la dirección de un hombre—. Este hombre te ayudará. Puedes escaparte de esto, princesa.
—No voy a volver a huir. Lo odio —Hayley negó con la cabeza, pero Ivan le acarició suavemente la cara.
—Solo huyes si nadie sabe que te vas. Somos tu familia, Allie. Si quieres volver a casa y ser la princesa de la mafia, siempre te daremos la bienvenida. Pero estás herida, perdida y necesitas escapar. Este hombre te ayudará —Ivan solo quería que estuviese feliz.
—No puedo prometer —Ivan se levantó ajustándose la chaqueta— que no vayamos a por Luca, su familia y sus socios. De hecho, lo haremos.
Hayley no estaba hecha para esto; era fuerte, pero no tanto como su familia necesitaba que fuera.
—Tu padre te quería. Todos te queremos. Vuelve a encontrarte a ti misma, mantente a salvo y recuerda que estaremos aquí si nos necesitas —Ivan salió de la habitación.
La estaba dejando ir, la estaba dejando alejarse de la vida que había matado a sus padres, que había obligado a su hombre a matar y que le había causado tanto dolor. Era doloroso para él, pero había que hacerlo. Ella se merecía algo mejor.
Hayley temblaba mientras sostenía la nota con la letra de su padre. Sabía que tenía que irse, seguir adelante. Porque la vida continúa, incluso para los perdidos y solitarios.
UN MES DESPUÉS

LUCA

—Joder, Nic, tiene que estar en algún sitio —rugió Luca sentado en su desordenada oficina del casino.
—Hemos buscado en toda Rusia y tenemos hombres desplegados en Inglaterra —respondió Nic.
—¡Bueno, no puede haber desaparecido de la faz de la tierra! —espetó Luca con dureza.
Ese era su mayor temor: perderla para siempre. Se había desvanecido por completo. ¿Estaba bien? ¿Estaba herida? ¿Realmente se había ido de este mundo? No, él no pensaría así.
—Jefe, estamos haciendo todo lo posible para encontrarla —Frankie tenía que intentar tranquilizar a su jefe, su amigo.
Luca no había sido el mismo, no desde que vio a Hayley marcharse en aquella moto. Pero Frankie no la culpaba. ¿Cómo podía perdonar al hombre que mató a su padre?
—Quiero que la encuentren. La quiero de vuelta —exigió Luca.
Nic y Frankie asintieron y supieron que ese era el momento de dejar solo a Luca.
Luca respiró hondo en cuanto se quedó solo. Dejarla marchar había sido lo más difícil que había hecho nunca, pero no podía retenerla; le había hecho demasiado daño. No, tenía que irse. Pero le resultaba demasiado difícil vivir sin ella.
Seguía deseando poder volver atrás en el tiempo. El mes había pasado demasiado despacio. La echaba de menos. Hacía un mes que no iba a su casa.
Sabía que era culpa suya y de su mundo. Pero la vida tenía que continuar. Trabajaba, pero nunca dejó de buscarla.
Abrió lentamente el cajón y sacó el joyero. Su corazón se aceleró al abrir la caja y ver el impresionante y brillante diamante en forma de pera en el engaste de oro rosa.
Ese era su anillo, el anillo que deseaba haberle regalado. Un anillo que estaba decidido a ver en su dedo.
La vida continúa incluso para los hombres llenos de remordimientos.

HAYLEY

Hayley admiraba la puesta de sol mientras caminaba por la playa de arena. Nunca se alejaba demasiado del yate ni se quedaba mucho tiempo en ningún sitio.
El cielo sobre el mar en calma tenía una gran cantidad de colores: rosas, rojos y naranjas. Pensó en Luca; le resultaba difícil no hacerlo.
Lo echaba de menos. Lo echaba todo de menos. Echaba de menos su tacto, su sonrisa diabólica y la forma en que podía hacerla sentir tan segura y querida.
Una lágrima resbaló por su mejilla al ver pasar junto a ella a una joven pareja que caminaba cogida de la mano, con los pies mojados de tanto caminar por la orilla del agua. Estaban enamorados y Hayley estaba muy celosa.
Ese hombre había sido su salvación. Era abogado. Su padre había tenido un plan: había dejado millones en una cuenta oculta, listos para ella. No era rastreable, y eso significaba que podía hacer lo que quisiera.
Así que compró un yate, contrató personal y viajó, visitó los lugares con los que soñaba.
Podría haberse quedado en Rusia, con la riqueza y la fama. Pero, ¿cómo iba a quedarse en el seno de una familia mafiosa? Andy se había hecho cargo, con Ivan a su lado.
A Hayley le ofrecieron protección, seguridad y todo lo que conllevaba ser una princesa de la mafia.
Sin embargo, era demasiado pronto, demasiado pronto para quedarse. Demasiado pronto para involucrarse en un estilo de vida que mató a su padre y a su madre, destruyó a Siobhan y desgarró su corazón al convertir a Luca en el enemigo.
Hayley no tenía planes, ni idea de lo que iba a hacer de ahí en adelante. Luca había sido su futuro, pero todo había cambiado.
Así que, por el momento, vagaba sin rumbo, porque la vida continúa. Incluso para los que tienen el corazón roto.
OTRO MES PERDIDO

LUCA

—Ivan Kudin está vivo —dijo Dimitri antes de dar un sorbo a su whisky, sentado en una de las cabinas VIP del Venetian. El lugar bullía de bailarinas, camareras y música.
—¿Qué? —Nic negó con la cabeza mientras se sentaba junto a su primo, el jefe de la mafia, que mantenía la calma.
—¡Imposible! Le disparé tres putas veces —gritó Nic, mientras pensaba en que debería haber disparado a ese cabrón entre los ojos. Entonces no podría haber sobrevivido.
—Está vivo, y él y su hijo, Andrei, o Andy, como le llaman, son los que orquestan estos ataques contra ti —explicó Dimitri.
Luca había pagado a Dimitri para que fuera a Rusia y averiguara qué le había ocurrido a su chica, y esperaba que volviera con alguna información sobre ella.
—Ivan y Andy no han tenido contacto con Hayley. Suponen que ella ha vuelto contigo. La quieren de vuelta, y quieren su venganza por Dima. Andy es el sucesor Volkova, y es tan leal como un hijo a Dima, y también es leal Hayley
Dimitri nunca había tenido mucho tiempo para Luca Marcello. Solo lo consideraba un príncipe playboy de la mafia. Sin embargo, Hayley lo había cambiado, y era obvio que adoraba a la princesa Volkova.
—Parece que no quiere que la encuentre ninguna de las dos familias —suspiró Dimitri mirando a Luca y a sus dos hombres de confianza.
—Debe estar recibiendo ayuda. Tenemos que mejorar la búsqueda. Hayley no puede simplemente desaparecer. Necesita ayuda, un cómplice —se burló Frankie.
—Entonces quiero que encuentres a ese cómplice —ordenó Luca a Frankie mientras Nic se levantaba para atender una llamada—. Tengo que encontrarla.
—¿Qué esperas encontrar? —preguntó Dimitri.
¿Qué esperaba? ¿Que Hayley corriera a sus brazos, que lo amara?
—A ella, todo lo que quiero es a ella —Luca asintió.
—Hola, señor Marcello —ronroneó la voz de Arianna. Se alegró de ver al guapísimo jefe de la mafia de vuelta en su antiguo territorio.
—Ah, Arianna.
Sonrió al jefe de la mafia. Era la primera vez que se dirigía a ella.
—Por favor, mantén entretenido a mi amigo Dimitri. Ha tenido unos meses muy ocupados y se merece un tiempo de descanso.
Arianna se quedó boquiabierta. No podía creer lo que le había dicho, pero tenía que seguir siendo profesional.
—Por supuesto, señor Marcello —susurró, antes de sonreír a Dimitri.
Luca se levantó cuando Arianna entró en la cabina y se sentó al otro lado de Dimitri.
—Jefe, tenemos que hablar, urgentemente.
La voz de Nic hizo que Luca mirara a su alrededor para ver a su primo, junto a Frankie y sus leales hombres de Phoenix.
Luca condujo a los hombres a la sala de reuniones y todos tomaron asiento alrededor de la larga mesa de conferencias.
—¿Qué pasa? —preguntó, mirando a todos los hombres a su alrededor. Se alegró de que Ric se hubiera recuperado y volviera a trabajar con ellos.
Dom habló primero. —Genovese es el problema.
—¿Genovese? ¿Por qué? —Luca sacudió la cabeza. Eso era lo último que necesitaba.
—Los rusos están tirando la casa por la ventana en Nueva York. La familia Volkova se está haciendo notar —explicó Nic.
—Lo cual es malo para el negocio —intervino Frankie.
Luca lo sabía; sus negocios ya se estaban arruinando por culpa de los Volkova.
—El problema es —continuó Nic— que Matteo Genovese no culpa a los rusos. Te culpa a ti.
—Joder —murmuró Luca. Eso significaba que tendría a los Genovese sobre él.
—Genovese quiere una tregua, luchar contra los Volkova por cierto precio —explicó Nic.
Por supuesto, pensó Luca. Matteo no haría esto sin que le beneficiara.
—El problema es que no te va a gustar su petición —añadió Angelo.
Luca dudaba que lo hiciera.
—Organiza un encuentro, Nic. Averigüemos qué quiere —ordenó Luca mientras cogía un cigarrillo y lo encendía—. ¿Cómo está Nikita?
—La herida se curará bien. El doctor Luciano la examinó esta mañana —explicó Ric, y Luca asintió.
—Fue valiente —Dom se rió mientras sacudía la cabeza—. Literalmente, tuvo a Lorenzo engañado durante varias semanas. Descubrimos muchas cosas, como que sigue ayudando a Andy Kudin y a la familia Volkova.
—Fue imprudente —Luca sacudió la cabeza. Sabía que enviar a Nikita a una misión era una mala idea—. ¿Dónde está ahora? —preguntó.
—En la casa. Lorenzo aún podría ir por ella, y la casa tiene la mejor protección. Todavía tenemos a algunos de los chicos que trajo tu padre. No todos volvieron a Italia con él —añadió Angelo.
—Vale, como sea —Luca se encogió de hombros, haciendo una nota mental para encontrar un nuevo apartamento para ella—. Todo el mundo, tenéis trabajos que hacer, así que iros a la mierda. Nic, arregla una reunión con Genovese, y Frankie, averigua dónde coño ha ido Hayley.
La vida continúa, pensó. La vida continúa incluso para los desesperados.

HAYLEY

Hayley estaba sentada en la cubierta de su yate. Su tableta descansaba sobre sus piernas, había dejado de leer su libro favorito de Wattpad y estaba tomando el sol del Mediterráneo.
Había viajado por todas las costas de Europa, visto auroras boreales, visto amaneceres en el Caribe y había conseguido cruzar hasta Australia.
Sin embargo, lo hacía sola. Le hubiera gustado tener a alguien que la cogiera de la mano y disfrutara junto a ella.
Estaba de vuelta donde había empezado, en España, tomando el sol de finales de septiembre. La brisa era fresca, pero a ella le gustaba. Junto a un té verde helado, jugaba con su amuleto lunar y pensaba en él. Cinco meses le habían dado tiempo, pero no podía olvidarle. Él la había cambiado, la había marcado. ¿Era tan terrible que aún lo amara?
—¿Hayley? —una voz desde los muelles la llamó.
Su corazón se aceleró cuando se levantó de un salto para mirar al hombre. Llevaba un traje oscuro y gafas de sol. La habían encontrado.
Era obvio que alguien la había encontrado; ¿cómo si no iba a saber su nombre? ¿De qué familia? Sintió que se le revolvía el estómago.
—¿Quién quiere saberlo? —preguntó con toda la valentía de la que era capaz, mientras cogía la pistola que siempre tenía a mano.
—Solo soy un mensajero —explicó—. Tengo un mensaje de mi jefe, el señor Marcello. Me ha dicho que le entregue esto.
Hayley vio cómo el hombre le tendía un sobre. Era de un suave color dorado. Luca la había encontrado.
—¿Oliver? —Hayley llamó a un hombre que había contratado como seguridad, y este apareció casi al instante.
—¿Señorita?
Ella odiaba que la llamaran «señorita», pero a él le gustaba. Prefería que todo fuera formal y profesional.
—¿Podrías bajar a buscarme esa carta? —le preguntó amablemente. No se fiaba en absoluto del mafioso del muelle.
Oliver rara vez hacía preguntas; cuando aceptó el trabajo había comprendido que la mujer se escondía, aunque nunca dijo de quién.
Sin embargo, lo que sí supo de ella es que eran peligrosos. Supuso que estaban relacionados con la mafia; había visto su tipo con demasiada frecuencia.
Hayley vio cómo Oliver cogía la carta del hombre. El hombre la saludó con la cabeza y se marchó, así de sencillo. No se despidió; simplemente se marchó.
Hayley le dio las gracias a Oliver antes de calmarse tomando un sorbo de su bebida helada y sentándose en los asientos acolchados del costado del yate.
Era de Luca. Ese era el primer contacto de su mafioso.
Leyó la hermosa caligrafía del anverso. Era su nombre. Abrió el sobre con cuidado.
Observó un bonito diseño calado en el borde de la tarjeta color crema y hermosas perlas cuidadosamente colocadas sobre el encaje.
Sonrió y se le encogió el corazón al leer la tarjeta. Era una invitación a una boda. La boda de Nic y Ava.
Se alegró mucho por los dos; se merecían la felicidad. Nic sería el primer hombre de Marcello en conseguirla. Quería verlos, celebrar con ellos.
Su corazón se desgarró. Luca estaría allí. Probablemente sería el padrino. ¿Podría enfrentarse a él? Tenía tanto que decirle, tanto que discutir.
Siempre había pensado que lo dejaría todo como estaba: él había matado a su padre. Pero ir a la deriva por el océano la había hecho cuestionarse todo. Ella podría ir, verlo, tal vez hablar con él.
Estaba lista para recibir respuestas, y Luca necesitaba escucharla.
—¿Tenemos un rumbo? —preguntó el capitán, como cada dos días durante los últimos cinco meses.
—Italia —respiró; era hora de enfrentarse a su pasado.
Porque la vida sigue...

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