
—¡¿Pero qué demonios, Max?! —oigo gritar a Jason desde el piso de arriba mientras desayuno. —Levanta tu trasero perezoso. Son casi las ocho y media —responde Max. —Y es sábado. Siempre me quedo durmiendo —argumenta Jason. —Hoy no. Tenemos invitados más tarde. Hay que limpiar esta casa antes de que mamá y papá lleguen. —Pero no es como si esos invitados fueran a entrar en mi habitación —afirma Jason. —Tiene razón —murmura Kayden a mi lado. —Ya, pero conoces a mamá. Siempre quiere que todo esté tan perfecto y refinado, como si el mismísimo Presidente viniera a cenar. Nathaniel pone los ojos en blanco. —Nunca se sabe, hermano. Papá tiene muchos c
AMANDA
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