
Después de relajarse en casa con un par de cervezas artesanales, la tensión en los hombros de Nikki se reduce considerablemente. Pronto se encuentra con ganas de Vincent, su vibrador, siempre a punto, pero mientras lo enciende, el teléfono suena inesperadamente. Nikki se pregunta si debe contestar o seguir dándose placer. Quizá pueda hacer las dos cosas.
Vibradores y sexo telefónico
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