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Scarlett Libro 2

Autor
L. E. Bridgstock
Lecturas
15.1K
Capítulos
21
Autor
L. E. Bridgstock
Lecturas
15.1K
Capítulos
21
🐺Paranormal🧛🏻Vampiros⚔️De enemigos a amantes🎭Drama🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪Mujeres valientes🧙‍♀️Magos y brujas😊Suave👻Fantasmas

La vida de Scarlett da un giro dramático cuando hereda las responsabilidades de un poderoso vampiro tras matar a su predecesor, Rowland. Mientras se adapta a su nuevo papel, enfrenta una serie de desafíos sobrenaturales: investigar muertes misteriosas, lidiar con conversiones vampíricas no autorizadas y confrontar a una bruja que la convierte de nuevo en humana. Con la ayuda de su compañera de piso fantasma, Lillian, un aliado reticente llamado Nick, y un segador de almas llamado Gabriel, Scarlett debe descubrir la verdad detrás de estos oscuros sucesos mientras lidia con sus propios poderes e identidad en constante evolución.

Capítulo 1

Libro 2: Touching Turquoise

SCARLETT

Me tumbé en la hierba húmeda a mirar el cielo nocturno. Mi largo abrigo se extendía alrededor de mí.
Eran las dos y media de la madrugada. El parque estaba desierto y la falta de luz artificial me daba libertad para contemplar el cielo. Mi avanzada vista era capaz de distinguir innumerables constelaciones y galaxias invisibles para el ojo humano.
Estaba tranquila. Necesitaba tranquilidad. Mi vida se había vuelto inesperadamente caótica en las últimas semanas, y no me gustaba.
Hacía casi dos meses, y no por voluntad, me encontré trabajando con Nick, un cazador de vampiros, para rescatar a su hermana pequeña de un malicioso vampiro llamado Rowland, que había estado conspirando contra ambos.
Logré matar a Rowland, y la joven, Angela, fue devuelta con éxito a su hogar.
Las consecuencias de esta misión fueron de gran alcance. Según la tradición vampírica, que matara a Rowland significaba que tenía que tomar posesión de todo su patrimonio, con su cuantiosa fortuna y la propiedad de la ciudad en la que ambos vivíamos.
No quería la ciudad.
Como vampiro jefe de la zona, era responsable de todos los residentes vampiros. Tenía que asegurarme de que todo funcionara con justicia, que las disputas fueran resueltas y, sobre todo, que se mantuviera nuestro secreto.
Los humanos, en general, no eran conscientes de la existencia de lo sobrenatural. Había que mantenerlo así.
Todo esto se traducía en que mis noches, antes tranquilas, se volvieron de repente mucho más ajetreadas.
Todo esto era culpa de Nick. Si nunca lo hubiera conocido, seguiría feliz, sirviendo café y disfrutando en paz de mi inmortalidad.
De hecho, no volví a ver a Nick desde el final de nuestra incómoda tregua, luego de rescatar a Angela. Justo cuando salía de su casa, me cogió completamente por sorpresa y me besó.
No supe en absoluto cómo sentirme al respecto y tampoco comprendí lo que significaba para la extraña y confusa relación entre nosotros.
Me marché inmediatamente después y no volvimos a hablar. De hecho, me preguntaba si quizá me estaba evitando deliberadamente. Era posible que yo lo evitara deliberadamente.
¿Volveríamos a intentar matarnos el uno al otro cuando por fin nos encontráramos? No estaba segura, pero no tenía muchas ganas de averiguarlo.
El desagradable y familiar sonido de mi teléfono móvil rompió el silencio de golpe. La pantalla, demasiado brillante, anunciaba la llamada de Adam, mi nuevo asistente personal.
Yo no quería un asistente personal, pero no podía negar que era útil. Adam se había presentado en mi casa por iniciativa propia unos días después de mi regreso de Escocia.
La noticia de la muerte de Rowland se había extendido rápidamente, y su gente se apresuraba a reorganizarse como mía. Fue agradable comprobar que su lealtad estaba atada al proveedor de sus sustanciosos cheques.
En ese momento, no comprendía del todo las implicancias de mi nuevo rol. Descuidaba mi deber. Necesitaba un descanso luego de todas las cosas que habían pasado. Derrotar a Rowland no había sido fácil, después de todo.
Esa noche me había levantado tarde y todavía llevaba puesta la bata de flores cuando llamaron tímidamente a la puerta del pequeño apartamento que compartía con Lillian, mi fantasmal compañera de piso.
Suponiendo que probablemente se trataba de Amir, nuestro vecino y amigo de arriba, abrí la puerta de par en par y me encontré a Adam de pie, un poco incómodo.
Era un hombre alto de unos treinta años. Se veía elegante con su traje gris y una corbata azul. Su pelo oscuro estaba peinado hacia atrás, y en sus manos cargaba un maletín de apariencia impecable.
A pesar de la aparente calma en su exterior, podía oír su corazón latiendo con nerviosismo. Eso me indicaba que era humano. Inclinó la cabeza hacia mí con respeto.
Cuando no dije nada, se enderezó las gafas inseguro y me tendió su mano para que la estrechara.
—Hola. Mi nombre es Adam Little. Supongo que tú eres Scarlett.
Enarqué una ceja, sorprendida de que supiera mi nombre. —Sí, esa soy yo.
Estreché su mano con firmeza. No se alarmó ante la gélida temperatura de mi piel. Estaba acostumbrado a tratar con vampiros.
—¿Puedo preguntar qué estás haciendo aquí? —dije, todavía confundida en cuanto a los motivos de que esta persona estuviera en mi casa.
—¡Oh! Por supuesto, mis disculpas. Permítame explicarme —dijo—. He sido el asistente personal de Rowland durante los dos últimos años. Ahora que Rowland ha —se aclaró la garganta con delicadeza— fallecido, creo que soy oficialmente su asistente personal.
—Ya veo —dije lentamente, cada vez me disgustaba más esta conversación—. Bueno, entonces será mejor que pases.
Me giré y lo conduje al salón. Sus ojos se movían con nerviosismo. Sonreí.
—¿No es lo que esperabas?
—Tienes un gusto algo... diferente al de Rowland —dijo con diplomacia.
Prefería mi luminoso pero acogedor apartamento a la pompa y la grandeza de Rowland.
—Probablemente me habría puesto algo más de ropa si hubiera sabido que venías —comenté, alisando la faja de mi bata con la mayor elegancia posible.
—Pido disculpas por la intromisión —respondió con rapidez, claramente preocupado por molestarme. Los vampiros no eran conocidos por su paciencia—. No tenía forma de contactarte. Encontré tu dirección en los registros.
Me senté en el sofá blanco, indicándole que se sentara frente a mí.
—Supongo que era necesario —suspiré—. Dime, ¿qué puedo hacer por ti?
Adam abrió su maletín y empezó a entregarme papeles.
Me explicó que Rowland era propietario de muchas empresas y activos de los que ahora yo estaba a cargo, y esbozó los detalles de cada una y a qué se dedicaban. Evidentemente, Rowland había metido las manos en todo. Desde electrónica hasta indumentaria.
Además, Adam me explicó cómo era la situación de los vampiros en la ciudad.
La mayor parte la sabía gracias a mis propias observaciones, pero él tenía información útil, como el hecho de que entraron varios vampiros nuevos en la zona. Sin duda, para aprovechar la inestabilidad.
Estaba terminando su presentación cuando Lillian apareció a mi lado, invisible para Adam. —¿Quién es? —preguntó.
—Adam Little. Al parecer, es mi nuevo asistente personal —le dije. Me pareció que, si este hombre iba a pasar mucho tiempo conmigo, tendría que saber sobre Lillian.
Adam me miró dubitativo. Era consciente de que de afuera se veía como si hablara con el aire. —¿Scarlett? —preguntó inseguro.
—Te pido disculpas —dije—. Sería descortés de mi parte no presentarte a mi amiga y compañera de piso, Lillian.
Se puso un poco blanco. Me pregunté qué dirían de mí los registros.
—No sabía que tuvieras una compañera de piso —dijo con cautela.
—Bueno, como es un fantasma, no la encontrarás en ningún documento oficial —le dije.
Palideció todavía más ante la mención de un fantasma, pero me di cuenta de que no me creía del todo. Sin embargo, estaba demasiado bien entrenado como para cuestionarme.
Lillian tenía un brillo maligno en los ojos. Le encantaba poner nerviosa a la gente nueva. De pronto, una brisa fresca sopló en la habitación y me despeinó. Adam dio un respingo y miró a su alrededor, pero no vio nada.
—Os dejo para hablar de negocios —dijo, desapareciendo con una risa fantasmal.
Podría haber usado mi poder para hacerla visible a Adam, pero supuse que ya eran suficientes sustos por un día.
Además, me parecía mejor no dar a conocer demasiado el alcance de mis habilidades. Ya había demasiados rumores sobre mí y mi talento.
Tras aquel pequeño incidente, Adam se apresuró a dar por concluidas sus explicaciones. Acepté visitar mis nuevas oficinas por la ciudad e intercambiamos números de teléfono para que él (para su evidente alivio) no tuviera que volver a visitarme en casa.
En ese momento me sentía escéptica respecto a mi nuevo ayudante. Me resistía a confiar en alguien que hubiera pasado algún tiempo con Rowland, y no estaba del todo segura de la utilidad que podría tener para mí.
No obstante, parecía ansioso por impresionar y bastante inteligente, así que le di una oportunidad.
Ahora, casi dos meses después, estaba sentada en el parque viendo su nombre en mi teléfono con una mezcla de inquietud y aceptación.
Había demostrado ser muy eficiente y sensato. No me llamaría si no fuera importante.
Con un suspiro, me puse en pie, me quité la hierba húmeda de encima y atendí al teléfono de mala gana.
—Sr. Little. ¿A qué debo el placer a esta hora?
—Siento molestar —dijo.
El ceño fruncido que acababa de aparecer en mi rostro se profundizó. Las peores conversaciones siempre empezaban así. —¿Qué está pasando? —pregunté con una voz resignada.
—Hay un cuerpo en la morgue de la ciudad —explicó—. Un vampiro asesinado, estoy bastante seguro. El Sr. Winslow está... exigiendo hablar con alguien.
El Sr. Winslow estaba a cargo de la morgue. Había aprendido que, en el extraño caso de que una muerte tuviera causas sobrenaturales, el precio adecuado lo haría hacer la vista gorda. Todavía no había tenido el placer de conocerlo.
—¿Exigiendo? —pregunté enarcando una ceja—. Yo me ocupo.
Adam respondió con un notable alivio en la voz. —Estupendo. Te enviaré sus datos.
Corté la llamada y vi llegar una especie de documento con los datos de la funeraria. Entorné los ojos, irritada ante el brillo de la pantalla. ¿Qué pasa con el papel?
El paseo hasta el depósito no fue especialmente largo. Sobre todo, con las calles tan tranquilas y desiertas a esas horas de la noche.
Ahora tenía un coche y un chofer al que podía llamar en cualquier momento si lo deseaba. Pero, igual que con mi propio coche, rara vez los usaba. Prefería la frescura del aire nocturno y la sensación de caminar.
Llevaba viva desde mucho antes de que existieran los coches, y algunos hábitos eran difíciles de abandonar.
De camino, intenté recogerme el pelo en una especie de moño de aspecto semi profesional, para disimular su aspecto ligeramente despeinado por el viento. Llevaba un vestido de flores y unos leggings bajo el largo abrigo azul.
Mi aspecto no era especialmente autoritario ni amenazante, pero tendría que alcanzar.
Como Adam me llamó a una hora tan tardía, sabía que el señor Winslow me estaría esperando. Si no hubiera sido urgente, me habría dejado un mensaje para que lo recogiera por la mañana.
Mi suposición era correcta. Me abrí paso por el silencioso hospital hasta localizar el depósito de cadáveres. Había una única luz encendida en el despacho contiguo.
Decidí empezar con educación y llamé a la puerta.
Una voz ligeramente ronca me respondió. —Adelante.
Al entrar en la habitación, vi al hombre en su escritorio. Sus rasgos más definitorios eran el pelo y la barba blancos, que destacaban por encima de sus gafas y sus ojos oscuros.
—¿Sr. Winslow? —pregunté.
Sus ojos se entrecerraron un poco al verme. —¿Sí? —dijo, un poco cauteloso.
—Me llamo Scarlett. Recientemente recibí una llamada de Adam Little, mi asistente personal. Me dijo que usted tiene un cuerpo de interés y que desea verme.
Su expresión pasó de la confusión a la incredulidad mientras me escuchaba.
—Lo siento, pero ¿usted es Scarlett? Me dijeron que usted está a cargo de todo.
Mi humor se agrió al instante y supe que captó el destello rojo de mis ojos por la forma en que los suyos se ensancharon. Sonreí sin humor para dejar ver la punta de mis colmillos.
—¿Con qué parte de eso, exactamente, tienes un problema?
Tragó saliva nerviosamente, comprendiendo que se pasó de la raya—. Solo quería decir que usted... Quiero decir, Rowland parecía un poco más... —no pudo evitar interrumpirse, consciente de estar empeorando la situación.
En realidad, no estaba demasiado enfadada. Sentía, sin embargo, que tenía que marcar algún tipo de punto. Era importante que me respetara igual que lo haría con Rowland.
—¿Quieres decir que Rowland se veía mejor que yo? —mi voz era glacial.
Era cierto que sí. Nunca lo había visto sin un traje impecable. Eso y el hecho de que podría haber pasado por veinteañero o treintañero parecían hacer que los humanos se sintieran más cómodos con su autoridad.
Por fuera, yo seguía siendo una chica joven y delgada de veintipocos años, con el pelo alborotado y ropa estampada con flores.
—Bueno... —vaciló. Al menos tenía la sensatez de ver que yo era más peligrosa de lo que parecía.
Me encogí de hombros. —Es verdad. Supongo que sí... Al menos, hasta que le quité la cabeza. Sin embargo, lo que no comprendes es que no era más que un infante en comparación a mí.
—Si lo que te preocupa es la experiencia, no tienes por qué preocuparte. En cuanto a mi aspecto... Bueno, las convenciones sociales han cambiado muchas veces en el último milenio. Me parece que ahora importa poco.
Noté un cambio de humor en el hombre. Al responder, lo hizo con una hostilidad sorprendente.
—Quizá lo que realmente me preocupa es el hecho de que hayas asesinado a sangre fría a mi anterior socio y sin embargo entres aquí esperando que trabaje contigo.
Con mucha frialdad, me senté en la silla de enfrente y me eché hacia atrás cruzando las piernas, sin reaccionar a su enfado. Me alegré en secreto de haber encontrado la raíz de su problema.
—Creo que tengo que aclarar algunas cosas —dije con calma.
—Por favor, hazlo —espetó.
—Bueno, dices que lo asesiné a sangre fría. ¿Alguien se paró a contarte el motivo? ¿Sabías, por ejemplo, que Rowland había secuestrado a una inocente niña de seis años?
La cara del señor Winslow delató su sorpresa y conmoción. Supuse que no, que Rowland no había revelado su lado más monstruoso ante este hombre.
Probablemente, se presentó como una especie de bienhechor de la ciudad. Un vampiro buen samaritano, que casualmente tenía mucho dinero.
Decidí continuar mi historia.
—Yo conocía personalmente a la niña, no podía permitir que se la arrebatara a su familia. Cuando los encontré, descubrí que también conspiraba contra mí.
—La pelea resultante no me dejó otra opción que matarlo. La única otra opción era abandonar a la chica y arriesgarme a morir.
—Sé que no tienes motivos para creerme, pero soy completamente sincera cuando digo que no tengo absolutamente ningún deseo de estar aquí. Estaba perfectamente contenta con mi vida. No necesitaba las responsabilidades de Rowland en añadidura.
—¿Y por qué tú? ¿Por qué tienes que asumir su rol? —preguntó el Sr. Winslow.
Sonreí con amargura. —Así son las cosas. Nuestras reglas son estrictas. Como asesina de Rowland, es mi deber heredar su rol.
A veces, la sinceridad era la mejor política. Sabía que Winslow no cooperaría conmigo si me veía como una especie de tirana sedienta de poder.
El anciano se sentó en su silla y me miró por encima de sus gafas. Sentí que su opinión sobre mí había cambiado un poco.
Tardó un rato en hablar, pero, cuando lo hizo, volvió a los asuntos de negocios.
—Bueno... si eres tan vieja como dices, quizás puedas arrojar algo de luz sobre este caso para mí. No tengo ni idea de qué poner en el informe.
Sentí que quizá su aceptación estaba encaminada. Me levanté y me alisé el vestido.
—Echemos un vistazo.
Me condujo a una habitación contigua, llena de grandes cajones metálicos.
Con esfuerzo, mantuve el rostro impasible. Realmente no me gustaba el espacio. Los olores de varios productos químicos fuertes me quemaban la nariz, pero ni siquiera eso podía ocultar el persistente olor a muerte. Parecía aferrarse a todo.
El olor a sangre vieja era lo peor. Una vez que dejaba de estar en una persona viva, se volvía tóxica para mí. Sabía que me ducharía en cuanto llegara a casa.
El señor Winslow no pareció inmutarse, pero supuse que, para un humano, el olor no sería ni de lejos tan intenso... Si es que podía olerlo.
Me condujo hasta un cajón plateado y esperé a que lo sacara para descubrir una figura tapada.
El olor a vampiro fue lo primero que me llamó la atención y me hizo fruncir el ceño. No podía precisar qué, pero había algo que no me gustaba.
Con mucho cuidado, bajó la tapa para mostrar la cabeza y los hombros de una mujer. Su aspecto estaba tan cambiado que tardé un momento en reconocerla. Pero, cuando lo hice, me quedé boquiabierta.
—¡Linda!
El señor Winslow me miró bruscamente. —¿La conoces?
—Era una bruja —murmuré en voz baja—. Me ayudó a encontrar a alguien hace un par de meses —Linda era la bruja que había conjurado el hechizo de localización para encontrar al hermano de Nick, Darren. Gracias a ella, pudimos descubrir por fin lo que le había ocurrido.
Tomando una especie de utensilio de plata en su mano enguantada, Winslow le retiró suavemente el labio superior para revelar las afiladas puntas de sus colmillos. —A mí no me parece una bruja —dijo.
Asentí distraídamente, pero los colmillos no eran el principal foco de mi atención. Lo que realmente me llamaba la atención eran los finísimos mechones rojos que atravesaban su cabello castaño.
Rayas rojas del mismo tono que mi pelo.
—¿Puedo ver sus ojos, por favor? —pregunté tensa.
Con mucho cuidado, abrió uno de sus ojos para mí. La muerte ya les había quitado algo de brillo, pero seguían teniendo un tono rojo claro.
Tragué saliva y di un paso atrás. —¿Cómo murió, exactamente?
—Esa es la parte rara —me dijo retirando más la sábana.
Inhalé bruscamente el olor amargo mientras se revelaba un agujero oscuro en el centro de su pecho.
—¿Eso está quemado? —pregunté alarmada.
Asintió con la cabeza. —Sí. El corazón desapareció por completo. Es como si hubiera ardido espontáneamente, pero dejando toda la carne circundante intacta.
Estresada, me alejé de él. —Esto no tiene sentido.
¿Quizá fue una combinación de brujería y vampirismo? Teoricé para mis adentros. Aunque la especialidad de Linda no era el fuego, así que dudaba que fuera cosa suya.
Mi instinto me decía que alguien la había matado, aunque no sabía de nadie que pudiera haber hecho algo así.
El vampirismo y la coloración roja eran una cuestión completamente diferente. Ni siquiera sabía por dónde empezar.
Intenté concentrarme en la situación inmediata.
—Si has visto suficiente, puedo poner una sugerencia para apresurar la cremación del cuerpo —me dijo Winslow en voz baja.
—Ya la he revisado en busca de alguna prueba que pueda ayudar, y en su estado actual... Bueno, en realidad no puede ser vista por nadie.
—¿Había alguna prueba útil en la escena? —le pregunté.
Sacudió la cabeza. —No. La encontraron en un callejón. El informe decía que no había huellas útiles ni ADN en ningún sitio. Tampoco hay testigos.
Suspiré. —No sé si tiene familia... aunque, si también se dedican a la brujería podrían estar... al tanto —era posible que conocieran el mundo vampírico de la ciudad.
—Seré... cauteloso con ellos —me dijo.
Asentí con la cabeza. —Bien. Investigaré más a fondo. Puedo decirte ahora que esto no es un asesinato de vampiros normal.
—Para empezar, esta mujer no era un vampiro la última vez que la vi, así que supongo que alguien la convirtió ilegalmente. Para crear un nuevo vampiro, primero hay que obtener el permiso del jefe de la zona.
—Como es la primera vez que oigo hablar de esto... bueno, obviamente el permiso no fue concedido. En cuanto a su muerte... solo puedo decir que la investigaré personalmente. Actualmente, no conozco a nadie capaz de tal cosa.
Cuando Winslow volvió a deslizar el gran cajón en la pared, yo ya estaba saliendo al pasillo. Fue un alivio respirar un aire ligeramente más fresco.
Cuando volvió a mi lado, le entregué discretamente un grueso rollo de billetes de mi bolsillo.
—Gracias por su continua cooperación —dije diplomáticamente.
Asintió, un poco rígido. —Me gustaría poder decir que fue un placer...
Eso por fin me arrancó una sonrisa: —Bueno, estas cosas nunca lo son, ¿verdad?
Volví a casa caminando tranquilamente. Mi noche había sido ajetreada, empezando por mi turno en el Coffee Stop.
A pesar de mis nuevas funciones, me había negado a dejar mi trabajo. Era la única oportunidad que tenía de sentirme normal y parte de la sociedad humana.
No quería perder eso, pues me preocupaba volverme distante e indiferente, como tantos de mi especie.
Sin embargo, tras un par de semanas agitadas, acepté trabajar a tiempo parcial. Ahora solo trabajaba en Coffee Stop los lunes, los martes y, a veces, los miércoles. El resto de la semana lo dedicaba a mis nuevas tareas de líder.
Al día siguiente era jueves. Esa noche tenía que celebrar una sesión en la trastienda de uno de los clubes de la ciudad.
Como líder de la ciudad, se esperaba que mediara en las discusiones y resolviera las disputas entre los vampiros de la zona.
No tardé mucho en cansarme de que la gente me molestara a todas horas de la noche con sus diversas quejas y problemas. Harta del acoso constante, dispuse un horario para ocuparme de esas cosas.
Si alguien tenía algún problema, podía encontrarme en el club Eclipse todos los jueves por la noche, de siete de la tarde a una de la madrugada. A menos que fuera una cuestión de vida o muerte, el resto del tiempo estaba prohibido.
Cuando entré en nuestra mitad de la pequeña casa que compartíamos con nuestro vecino de arriba, Amir, Lilian me saludó alegremente.
Me daba cuenta de que ambos habían empezado a pasar mucho tiempo juntos en los últimos dos meses.
A pesar de ser un fantasma, Lillian ayudó mucho a facilitar la transición de Amir a la conciencia del mundo sobrenatural.
Su carácter afable y extrovertido encajó inmediatamente bien con la personalidad más tranquila y seria de él, y no tardaron en hacerse amigos.
Ni siquiera el hecho de que Lillian solo pudiera ser visible para Amir cuando yo estaba cerca para usar mi poder sobre ella entorpecía su amistad.
En mi ausencia, se las arreglaban con un sistema de blocs de notas para que Lillian pudiera comunicar su parte de la conversación. Ahora, parecía que estaba más a menudo en nuestra mitad de la casa que en la suya.
—¿Dónde está Amir? —le pregunté a Lillian al notar su ausencia.
—Tenía que dormir —dijo abatida.
—Por supuesto —murmuré. Era fácil olvidar que no todo el mundo tenía un horario nocturno. Amir tenía su trabajo en el hospital y estudios en los que pensar durante el día.
Intuí que Lillian se sentía un poco perdida, así que me senté en el sofá y me lancé a dar una larga explicación de mi velada.
La afligió la noticia de la muerte de Linda.
—¡Dios mío! —exclamó—. ¿Qué le habrá pasado?
Me eché hacia atrás en el asiento y agarré especulativamente un hilo suelto. —No lo sé. Algo no está bien en esto.
—¿Estaba... por algún lado? —preguntó Lillian. Se refería al fantasma de Linda.
Negué con la cabeza. —No, no la he visto por ninguna parte y no he sentido ninguna energía que indique que sigue por aquí. Lo más probable es que ya se haya ido.
La mayoría de la gente se marchaba casi inmediatamente después de morir. Solo algunas personas decidían permanecer como fantasmas. Siendo bruja, Linda probablemente lo sabía.
Luego de mi ajetreada noche y una larga charla con Lillian, estaba llegando el amanecer. Me levanté y me estiré. Quería darme un baño antes de dormir.
Fue un alivio meterme en la gran bañera de patas de garra, llena de agua jabonosa. Tenía una gran selección de cremas y lociones de agradable olor, tanto para el baño como para la ducha.
Mi sensible sentido del olfato tenía que hacer frente a los fuertes y a menudo desagradables olores nocturnos de la ciudad.
Era agradable lavarlos todos y llenar la habitación con el perfume fresco de las rosas, el aroma más nítido y limpio de la lavanda, o quizá de los cítricos.
Cuando el sol rompió el horizonte, yo ya estaba bien segura en mi acogedora cama del sótano, profundamente dormida.

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