Galatea Logo
ListasAsistencia
Hombres lobo y cambiaformas
Mafia
Romance multimillonario
Romance con un acosador
Romance lento
De enemigos a amantes
Romance paranormal
Compañeros predestinados
Historias deportivas
Libros en universidades
Segundas oportunidades
Ver todas las categorías
Valorada con 4,6 en la App Store
Condiciones de servicioPrivacidadImpronta
Galatea on FacebookGalatea on InstagramGalatea on TikTok
Cover image for Abrazo silencioso Libro 2

Abrazo silencioso Libro 2

Autor
Hayley Cyrus
Lecturas
19.5K
Capítulos
30
Autor
Hayley Cyrus
Lecturas
19.5K
Capítulos
30
🐺Paranormal🐺Hombres lobo y cambiaformas💘Compañeros predestinados🎭Drama👩‍❤️‍👨Compañero predestinado💪🏻Protector🧙‍♂️Paranormal y fantasía

En un mundo donde humanos y cambiaformas conviven bajo la atenta mirada de poderosos productores, Blythe y sus amigos deben sortear un traicionero terreno de secretos, luchas de poder y amor prohibido. Al descubrir las oscuras verdades detrás de su cautiverio, tendrán que unirse para luchar por su libertad y proteger a quienes aman. Con el peligro acechando en cada esquina, su valentía y unidad se pondrán a prueba como nunca antes.

El turno de Carrie

TEMPORADA 2

Producido por: Bethany Sharp Escrito por: Cecilia Gigliotti y Rita Halle Sonido de: Meaghan Bardwell

BLYTHE

—¡Arriba! ¡Abajo!
Oh Dios.
—¡Arriba! ¡Abajo!
Seis repeticiones. Sólo seis.
—¡Arriba! ¡Abajo!
Las manchas ya habían comenzado a aparecer ante los ojos de Blythe.
—¡Arriba!
Mareada...
—Abajo...
...más mareada...
—Blythe.
Pum. Pum.
Las mancuernas tronaron en el suelo.
Pum.
—Oye, Blythe. Mírame. Abre los ojos. Aquí arriba. Ey.
Blythe levantó la cabeza. No recordaba haber caído de espaldas, pero ahí estaba.
—¿Carrie?
Una mano se cernía sobre su rostro. La niebla se fue disipando de su visión poco a poco.
—Estoy aquí, Blythe. Sigue mirando mi mano.
Inspira. Expira. Inspira. Expira.
La respiración de Blythe reapareció, algo ajetreada pero constante. Siguió respirando hasta que las manchas se desvanecieron de su visión y la mano de Carrie se volvió nítida.
—¿Puedes oírme?
—Sí. —Su respuesta pareció salir de ella como un jadeo, como si no pudiera controlar su voz del todo—. Sí.
—¿Puedes tocar mi mano?
Blythe se acercó y puso la palma de la mano en la de Carrie. Una de ellas estaba húmeda, no podía decir cuál.
—¿Ahora puedes sentarte?
Blythe intentó levantar la parte superior de su cuerpo. El techo se balanceó hacia atrás y ella volvió a desplomarse con un gemido.
—Vale, vale. Tranquila.
Menos mal que el gimnasio estaba vacío. —Lo siento, Carrie.
—No te disculpes. Seguramente me he pasado de la raya.
Blythe nunca había conocido una voz que calmara y reconfortara tanto como lo hacía la de Carrie. Puede que Carrie sólo tuviera ocho años más que ella, pero se había convertido en una figura materna para Blythe.
Una persona a la que le confiaría su vida.
Que, aparentemente, era lo que estaba haciendo ahora.
—No, yo lo hice. Acababa de terminar una carrera de cuatro millas. ¿Me viste?
—Sí, sí, te estuve observando. Has estado mostrando una tremenda mejora, sabes.
Blythe giró la cabeza para encontrarse con los ojos de Carrie. —¿De verdad?
—Estoy impresionada con tu entrenamiento de resistencia especialmente. Antes no eras capaz de hacer fuerza sin utilizar todo el cuerpo. Lo que me sorprendió, teniendo en cuenta lo pesadas que son las puertas de los hornos.
—Te dije que era la hija de un panadero, no hacía el trabajo pesado. Pero deberías verme amasar la masa. Realmente ahí puedo enseñarte quién manda.
Carrie soltó una de sus contagiosas risas y ayudó a sentarse a Blythe.
—Supongo que no me va muy bien con las mancuernas, ¿no? —Blythe sonrió con desgana.
Carrie le guiñó un ojo. —Siempre hay tiempo.
—De todos modos, dudo que alguna vez te iguale.
Carrie se acarició la barriga; aún no se le notaba, pero sólo era cuestión de tiempo. —Dado el prolongado descanso que me voy a tomar, apostaría lo que fuera a que me pasas antes de que te des cuenta.
Sus ojos brillaban. Algo le decía a Blythe que la rutina de ejercicios era solo un pequeño sacrificio comparado con lo que significaba tener un hijo.
—Y, sinceramente —se rió Carrie, sentándose con las piernas cruzadas junto a Blythe—, una vez que nazca este niño, estoy segura de que haré el doble de ejercicio persiguiéndolo.
—¿Persiguiéndolo? —preguntó Blythe—. Quiero decir…. tenía entendido que los productores siempre se los... ya sabes…
—No mientras pueda evitarlo.
Blythe observó cómo Carrie tocaba distraídamente la daga que llevaba en la cadera. La que Walker le había dado.
A veces se olvidaba de que Carrie seguía siendo humana; ella y su compañero eran prácticamente inseparables. Toda la manada estaba de acuerdo en que tenían un vínculo poco común entre un humano y un metamorfo.
Blythe se preguntaba, más veces de las que quería admitir, si ella y Killian tenían eso.
O si llegarían a tenerlo algún día.
—¿Supongo que quieres que te conviertan?
—Bueno, Walker tiene sus dudas.
—¿De verdad? Pensaba que se moría de ganas.
Carrie levantó los ojos sin levantar la cabeza. —Sabes cómo funciona, ¿verdad?
—Sí. Básicamente te vuelves inmortal.
—Si no mueres en el proceso. —Los ojos de Carrie volvieron a caer—. Y eso es lo que le ocurre a una de cada cuatro mujeres.
—No hables de estadísticas. Es deprimente.
—Esto también es aplicable para ti, Blythe. Eso es el veinticinco por ciento de las mujeres. Eso es… peor que cualquier enfermedad humana.
—Vaya. —Blythe dejó que eso se quedara en el aire por un momento. No hizo nada por su propia ambivalencia—. Pero no te pasará a ti. ¿Verdad?
—Blythe. —La voz de Carrie temblaba.
Blythe se acercó a Carrie y le cogió las manos. —Yo sé que no te pasará. No podemos perderte, Carrie. Walker no puede. Yo no puedo.
—Por eso él y yo tenemos que hablar mucho de esto. —Carrie acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja de Blythe—. Si quieres mi consejo, tú y tu chico deberíais hacer lo mismo.

DEREK

El perímetro era finalmente seguro. Bueno, probablemente.
Una fila de guardias perfectamente espaciados se extendía a ambos lados de Derek, poniéndose nerviosos de vez en cuando, pero siguiendo sus órdenes.
El sol se estaba poniendo. Derek observó el horizonte. Despejado, como siempre.
Nadie encontraría el Lázaro. Nadie sabía de este lugar. Nadie pensó siquiera en buscarlo.
En cualquier caso, empezaba a respirar un poco más tranquilo.
Los productores llevaban seis meses hablando de la seguridad de las fronteras y, si algo salía mal, sería la cabeza de Derek la que rodaría.
No es que se lo hubieran dicho directamente, pero él había sido el encargado de reclutar y entrenar a todos los nuevos guardias, por lo tanto, si algo iba mal, sería su responsabilidad.
Y él era el único en este lugar que sabía qué demonios estaba pasando.
O lo que uno podía saber sobre lo que estaba pasando.
Derek también había sido el encargado de llevar a Blythe y Killian de vuelta al recinto después de que todo se fuera al traste.
Cualquiera de ellos, o todos, podrían haber sido asesinados por eso.
Siempre se había llevado bien con Killian, pero de Blythe sabía muy poco antes del incidente.
Ahora estaban unidos, de la forma en la que están unidas las personas que mantienen un mismo secreto. Estaban cautivos, chantajeados tras el intento de fuga.
Si el crimen fuera un padre, ellos serían sus tres hijos.
Ni Derek, ni Blythe, ni Killian habían vuelto a hablar de esa noche.
Bueno, tal vez Blythe y Killian habían hablado de ello entre ellos, pero Derek no estaba al tanto de eso.
Derek consultó su reloj. Sólo unos minutos más y terminaría su hora de servicio.
La rotación de la guardia nocturna había tenido lugar hacía menos de una hora, y había transcurrido sin problemas. Siempre se quedaba para supervisar este extraño cambio de guardia.
Pese a que nadie fuera a saberlo. Porque nadie sabía del Lázaro.
Naturalmente, el lugar tenía una larga lista de espacios compartidos. Pero hace seis meses los productores los habían cerrado.
Construyeron una valla de alambre de espino alrededor de su edificio. Confiscaron todos los medios de comunicación. Convirtieron su casa en una prisión.
Y el número de guardias se triplicó.
Derek prácticamente pudo oler el pánico de los productores. Querían que el mundo del programa estuviera lo más alejado posible del mundo real.
A veces parecía una ensoñación prolongada.
Bueno, una pesadilla.
Las especies estaban separadas por pisos. Osos, caninos, felinos y aves, en orden ascendente, junto con sus parejas.
Las mujeres humanas no apareadas —las antiguas criadoras— se intercalaban entre los grupos, para evitar que se hicieran demasiado amigas.
Y tenían que obtener un permiso especial para moverse entre pisos.
Derek era uno de los pocos afortunados que podía conceder ese permiso.
Afortunado. Resopló.
La alarma de su reloj se disparó.
Le hizo una señal al guardia más cercano a su izquierda —le gustaba rotar el puesto de segundo al mando para que nadie se pusiera demasiado gallito— y se dirigió hacia el lateral del edificio.
Necesitaba relajarse.
Fue un largo paseo hasta su coche y luego un largo viaje a casa. Así era como tenía que ser.
Su hermana menor, Rowan —medio hermana, en realidad— no paraba de molestarlo para que le contara lo que estaba haciendo. Qué era ese nuevo “negocio secundario” en el que estaba metido.
Realmente, no era un negocio secundario. Era su negocio principal. Él tenía otro trabajo, pero ese era el secundario, no al revés.
Pero ese era su pequeño secreto. El Lázaro era tan confidencial, que cualquier información que saliera a la luz podría poner en peligro toda la operación.
Los productores se empeñaron en mantener el espectáculo, incluso después de la pérdida de un Alfa y el colapso de la estructura original.
—El espectáculo debe continuar —decían.
Si le preguntaras a Derek, te diría que ese programa era jodidamente retorcido. Pero a los espectadores les gustaba. Y los espectadores siempre mandan.
Después de contárselo a Rowan, vio cómo ella lo juzgaba. Aunque no es que tuviera derecho a juzgarlo, teniendo en cuenta cómo se estaba ganando la vida estos días.
Encontró su coche y arrancó el motor.
El hecho de que se le permitiera seguir conduciendo era de lo más gratificante para él.
Se imaginaba que era sólo cuestión de tiempo hasta que los productores le quitaran eso también.
En cada reunión, el recién formado Consejo debatía otra norma tiránica de los productores. A Derek le parecía irrisorio el término “Consejo”.
No es que los metamorfos tuvieran ningún poder para sí mismos.
Eran las marionetas de los productores.
El grupo estaba formado por un solo representante de cada planta.
Y luego estaba Milo. Oh, Milo. El líder puesto para acabar con todos los líderes. Derek se quedó con la boca abierta cuando los productores eligieron a Milo como el nuevo Alfa.
Sabía que a esos chicos les encantaba un buen giro de trama, pero esta había sido la mayor sorpresa de la temporada.
A saber lo que podía pasar.
Encendió la radio. Es hora de dejar de pensar un rato.

BLYTHE

—Te he dicho que no ha sido para tanto.
—Blythe. Te has desmayado.
—¡No! Sólo me caí.
Blythe estaba sentada en el borde de la cama, y Killian estaba arrodillado detrás de ella, masajeando sus hombros.
—Carrie ha dado en el clavo. Tienes que dejar de esforzarte tanto.
—No me digas lo que tengo que hacer.
—¿Cómo? ¿Así que Carrie puede decírtelo, pero tu compañero no?
—Carrie es mi entrenadora. —Blythe torció el cuello para mirarle a los ojos—. Y todo será más fácil cuando me conviertas. Me haré más fuerte.
Killian le quitó las manos de los hombros y se cruzó de brazos. Ya habían hablado de esto un par de veces.
Era peligroso, y Killian le había dicho a Blythe que no quería correr el riesgo.
No podía perder a su compañera. No otra vez...
—Walker tampoco ha convertido a Carrie, sabes, y lleva años aquí.
—Sí, lo sé —dijo ella—. Pero lo hará después de tener el bebé.
—Bueno, entonces... tal vez deberíamos intentar tener un bebé primero. Darnos la oportunidad de pensar realmente en ello... —Se quedó pensando por un momento.
—Sabes que las mujeres no pueden concebir después de ser convertidas.
—¡Lo sé! —Blythe levantó las manos—. No tienes que seguir recordándomelo.
Killian ya le había hablado de tener hijos y a Blythe empezaba a sonarle como un disco rayado.
—En primer lugar, sólo tengo diecinueve años. No estoy preparada para tener un bebé. E incluso si lo estuviera, no ocurriría en esta prisión. ¿Y si todavía se llevan a los recién nacidos?
Era cierto que en los meses transcurridos desde que los habitantes de Lázaro intentaron rebelarse, no había habido ningún nacimiento, y nadie sabía si la práctica de llevarse a sus hijos recién nacidos continuaría.
Pero no se les había dado ninguna indicación de lo contrario.
Killian siempre se había mantenido firme en que nadie se llevaría a su hijo, pero con todos los cambios que había habido, todos esos guardias adicionales, el hecho de que ahora estuvieran atrapados en esta prisión y no pudieran salir del recinto...
¿Cómo podría impedírselo?
—Mira, es difícil. Para todos nosotros —dijo, frustrándose—. Pero no estoy de humor para discutir esto esta noche. ¿Podemos relajarnos? ¿Leer un libro o jugar a las cartas o algo así?
Sus manos se apoyaron de nuevo sobre sus hombros.
—De todos modos, necesitas descansar. Vamos. Acuéstate. Te traeré algunas almohadas extra.
—Estoy bien. —Se levantó—. De hecho, voy a dar un paseo. Volveré en menos de media hora. Lo prometo.
—Blythe...
Ya había salido por la puerta. Nunca recordaba la combinación —los productores cambiaban las cerraduras de todos periódicamente—, pero Killian la dejaría entrar de nuevo.
Lentamente, se dirigió de nuevo al gimnasio. Después de ver que Blythe había vuelto a su habitación y a la de Killian, la propia Carrie volvió al recinto para continuar entrenando
Había cámaras por todas partes, incluido el gimnasio, conectadas a los cables eléctricos. A Blythe le daba escalofríos pensar que algún guardia pervertido estaba observando a Carrie allí sola.
No confíes en nadie. Ese era el lema de Blythe estos días.
Cuando llegó al gimnasio, vio que Carrie seguía dentro. Subida en una escalera, jugando con una de las cámaras...
¿Qué está haciendo?
Blythe apenas había puesto la mano en la puerta cuando vio un destello cegador de luz y Carrie se desplomó en el suelo.
—¡Carrie! —Blythe no pudo evitar gritar mientras se tambaleaba al lado de su amiga. Con las manos húmedas cogió la muñeca de Carrie.
No había pulso.

Descubre Galatea

Snap Libro 3Castigada por el Alfa Libro 2La Manada de Ridge Mountain: Alfa MaxCarrero, Libro extra: La perspectiva de ArrickAyúdame, Alfa: El desenlace

Últimas publicaciones

No existe tal cosaLo que queda: La historia de John BakerLa rosa del diablo 2: Amor encadenadoConstante y fervienteRota 3: Rota, para siempre

Listas de lectura

Ver todo

Sumérgete en colecciones de libros de romance seleccionados por nuestra comunidad de lectores.

Yaqui blanca 2

by Yaqui blanca

6 libros

2 books in 1 & maybe another book

by Cuddlywifey

4 libros

Good book but 1/2 spicy 🌶️🌶️

by Chicken Momma

36 libros

Finished books Library 2

by Donna Cravens Cooper

475 libros

Books read and loved 2

by Lau reads n reads

226 libros

2025 Spooky, Sexy, Scary

by Mia Mina MacDonald

6 libros

Read 2025

by Desireeg87

26 libros

2

by mary

5 libros

2ce; may read again

by Shelaine

26 libros

So Worth a 2nd Read🤭🥰😜

by SuperNerd

18 libros

2

by icyfrances

4 libros

2LidosFavoritos❤️

by Carla_DragonFruit

20 libros

2024 Christmas Contest

by Mia Mina MacDonald

65 libros

Books I’ve Read 2

by JoannaS

51 libros

Hombres lobo

by Ana Cabrera+López

152 libros