
El Legado Real 8: La Arquera y su Lobo
Autor
Emily Goulden
Lecturas
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Capítulos
38
Capítulo 1
Libro 8: La Arquera y su lobo
THEA
Me agaché en silencio detrás de la gran roca, acomodándome para ver mejor a mi objetivo. Saqué el arco de mi espalda y coloqué una flecha en la cuerda, observando el bosque con ojos atentos. Escuché cómo se rompía la rama de un árbol, y todo mi cuerpo se giró rápidamente hacia la izquierda, clavando la mirada en los dos hombres grandes que hablaban en voz baja.
Uno de los hombres era Hugo, mi objetivo. El otro parecía un renegado.
Agudicé el oído para escuchar su conversación. Yo no era una mujer lobo ni tenía un oído sobrenatural, pero gracias a mi linaje alfa y a un entrenamiento intenso, mis sentidos eran mejores que los de un humano. Desde que era joven, supe que quería ser una Arquera, incluso si eso significaba dejar a mi familia atrás.
Hugo le estaba ordenando al otro hombre que hiciera algo que él no quería hacer.
El hombre se mostró reacio, pero al final aceptó. Entrecerré los ojos hacia el hombre misterioso mientras los dos se separaban y corrían en direcciones opuestas.
Yo conocía muy bien a mi objetivo. Hugo iría a su escondite de siempre, así que podría encontrarlo fácilmente más tarde. No sabía nada del otro hombre ni de su misión, que sin duda era malvada.
Tomé la decisión en una fracción de segundo de seguirlo a él en lugar de a Hugo y descubrir qué tramaba.
Me colgué el arco al hombro y corrí en silencio detrás del hombre misterioso. Lo seguí a corta distancia antes de que redujera la velocidad y saliera de la protección de los árboles.
Estábamos cerca de un parque, justo a las afueras de la ajetreada ciudad humana. Gruñí molesta; odiaba tratar con los humanos.
Me subí la capucha, pasando con cuidado mi cabello negro por detrás de mis hombros y cubriendo mi pálida cara. Cerré mi capa alrededor de mi arco y mi carcaj antes de caminar con cautela por el borde del bosque.
El hombre caminaba por el parque, pareciendo tener un objetivo específico en mente. Encontré un buen punto de observación del otro lado, en la cima de una pequeña colina que dominaba el parque.
Corrí hacia allí, escondiéndome detrás de un grueso roble y preparando mi arco. Seguí los movimientos del hombre.
Se acercaba sigilosamente a un niño pequeño que jugaba solo en un arenero. Había dos mujeres sentadas en un banco frente a él, vigilándolo de cerca.
El niño levantó la vista, como si presintiera el peligro inminente, y pude ver su cara por un momento. Supe de inmediato que era un joven hombre lobo, al igual que las dos mujeres que lo acompañaban.
El hombre que se acercaba a ellos parecía que no lo pensaría dos veces antes de asesinar a mujeres y niños. Por suerte para ellos, yo nunca dudaba en matar a renegados crueles.
Tensé la cuerda de mi arco justo cuando las mujeres se pusieron de pie de un salto. Vieron al lobo renegado y supieron que estaban en peligro.
Gritaron llamando al niño, pero yo estaba demasiado lejos para escuchar su nombre. El renegado sonrió con maldad, y solté la tensión de la cuerda, enviando una flecha a volar por el aire.
Dio justo en el blanco, infalible, atravesando el corazón del renegado con su punta de plata. La sonrisa se congeló en la cara del hombre mientras se agarraba la flecha, cayendo pesadamente al suelo.
Las mujeres jadearon asustadas, mirando a su alrededor para ver de dónde había salido la flecha. Una de ellas corrió hacia el niño y lo levantó, abrazándolo contra su pecho para protegerlo.
Tres hombres llegaron corriendo en ese momento, también hombres lobo, justo a tiempo para ver cómo el cuerpo del renegado desaparecía en el aire. La flecha mágica lo envió de regreso a mi Base para confirmar su identidad y su muerte.
Me puse de pie y corrí de regreso hacia el bosque, perdiéndome en la oscuridad. Dejaría que la Base descubriera la identidad del renegado y por qué quería atrapar a ese niño.
Tenía que volver a mi objetivo principal, Hugo. Era una carrera de veinte minutos hasta su escondite, una cabaña abandonada en medio del pantano.
Subí al árbol más alto junto a la cabaña y me senté en una rama grande, esperando para ver cuál sería el próximo movimiento de Hugo.
—Ese idiota hizo que lo mataran antes de poder terminar la misión. —La voz de Hugo me asustó de repente.
Me levanté rápidamente, preparando una flecha y buscando en el suelo con la mirada. Ya estaba oscuro afuera, pasada la medianoche si tuviera que adivinar, y Hugo estaba de pie en el porche delantero hablando con alguien.
—¿Fue una Arquera? —preguntó el hombre con voz áspera.
—Supongo que sí —gruñó Hugo—. Él tenía que secuestrar a ese niño tonto para empezar la guerra. En cambio, lo mataron y, puf, desapareció así como si nada. —Hugo chasqueó los dedos.
—Entonces seguro que fue una Arquera. Probablemente estén haciendo experimentos con él ahora mismo —dijo el otro hombre. Puse los ojos en blanco por su ignorancia.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Hugo.
—Hay muchos renegados para hacer nuestro trabajo sucio. Te enviaré a otro mañana. —El hombre se encogió de hombros.
—¿Y qué pasa con la Arquera? Es obvio que tenemos a alguien siguiéndonos, Matt.
Ah, el hombre sin rostro ahora tenía un nombre.
—Zinn llamaba mucho la atención. Atrajo demasiadas miradas hacia él y probablemente solo era otro de los objetivos de la Arquera. No te preocupes. —Matt ignoró los miedos de Hugo.
El hombre que yo había matado se llamaba Zinn.
—Está bien, pero envía más seguridad por si acaso. —Hugo no sonaba muy seguro de estar a salvo.
—No seas marica. —Matt empujó a Hugo a un lado antes de darse la vuelta y bajar los escalones pisando fuerte.
Entrecerré los ojos, esforzándome por ver su cara a través de la oscuridad. Llevaba una capucha oscura, tal vez de una chaqueta o una capa, así que no pude ver ninguna de sus facciones.
Me quejé en silencio y observé cómo se transformaba en lobo y se alejaba corriendo. Por el tamaño y el estado de su lobo, supe que también era un renegado, pero de alto rango.
Volví a centrar mi atención en Hugo.
Hugo resopló de frustración antes de abrir la puerta de su cabaña. Miró a su alrededor con sospecha antes de cerrar y ponerle seguro a la puerta.
Bajé mi arco y me apoyé de nuevo contra el árbol para relajarme. Tenía que descubrir quién era ese niño y a qué manada pertenecía.
Probablemente era el hijo de un alfa, lo que lo convertía en un objetivo. Cualquier guerra que Hugo y su jefe, Matt, quisieran empezar, tenía que ver con la manada del pequeño.
A la mañana siguiente, estaba despierta antes del amanecer y esperando a que Hugo hiciera su próximo movimiento. Cerca de las seis de la mañana, salió de la cabaña y se transformó en su lobo flaco y marrón claro.
Era diminuto y de aspecto desaliñado, lo que indicaba que era un renegado sin rango. No era nada, no era un alfa, ni un beta, ni un gamma, ni siquiera provenía de un buen linaje.
Pero lo que sí era, era un mercenario. Hacía el trabajo que le mandaban sus jefes, y eso le valió la atención de las Arqueras.
Tenía un puesto muy bajo, pero era lo bastante importante como para que le confiaran ciertos secretos del funcionamiento interno de los renegados, razón por la cual mis instrucciones eran enviarlo de regreso con vida. Esos eran los objetivos que menos me gustaban; yo era una asesina, no una mensajera.
Salté de mi posición en el árbol de un solo brinco, aterrizando suavemente sobre mis pies. Acomodé mi arco y envolví mi capa alrededor de mi cuerpo antes de salir corriendo tras el rastro del renegado.
Hugo tenía un olor particular que hacía que fuera muy fácil seguirlo. Ni siquiera estaba segura de si sabía qué era una ducha o si tenía una barra de jabón.
Hugo regresó hasta su punto de encuentro original. Qué idiota. Si pensaba que lo estaban siguiendo, ¿por qué volver al mismo lugar donde se había reunido con Zinn antes de que lo mataran?
Puse los ojos en blanco por su falta de inteligencia. Había otro renegado esperando allí para reunirse con él, y esta vez, sabía de qué trataba la misión.
—El hombre que vino antes que tú fracasó y se ganó una flecha. Te sugiero que tú no fracases —amenazó Hugo al renegado.
Todos sabían lo que significaba ser asesinado con una flecha. Nadie más las usaba excepto las Arqueras.
Era una señal de advertencia, una amenaza para cualquiera que fuera lo bastante inteligente como para escuchar. Los renegados no eran conocidos por su inteligencia.
El renegado asintió y salió corriendo en la misma dirección que la última vez. Y al igual que la última vez, dejé ir a Hugo y seguí al extraño.
En lugar de ir hacia el parque, se desvió hacia el norte y hacia el territorio de los hombres lobo. Había unas pocas manadas que vivían en Florida, y todas ellas tenían un espacio de encuentro común para hacer negocios y reuniones sociales, además de albergar tiendas, un mercado y otros pequeños negocios.
Estaba en lo profundo del bosque, lejos de la ciudad humana, y protegido por hordas de protocolos de seguridad y lobos guardianes. Estaba en una ubicación central para las cuatro manadas principales de Florida y no muy lejos de la línea del estado.
Al otro lado de la frontera, en Georgia, estaba la manada en la que crecí, por lo que conocía muy bien estos bosques. No tenía ni idea de cuál era el plan de este renegado.
No había forma de que pudiera pasar las torres de guardia y las patrullas de lobos. Lo seguí desde unos metros de distancia, manteniéndome oculta bajo la protección de los tupidos árboles.
Pasó de largo las torres y se dirigió al lado oeste de la frontera. Había un solo guardia colocado cada diez metros más o menos alrededor del perímetro del campamento.
Pero en este tramo en particular, solo había un guardia cubriendo unos diez metros de frontera. El renegado se acercó a él con naturalidad y asintió.
El lobo fronterizo también asintió y simplemente lo dejó entrar.
—Tank. —El guardia asintió hacia el renegado.
—Toby. —El renegado asintió también antes de colarse en el campamento y desaparecer entre la multitud.
Gruñí y abandoné el santuario del bosque, acercándome al guardia, Toby. Toby se tensó al verme llegar.
Una Arquera era muy fácil de reconocer y traía consigo un aura de miedo y poder. A Toby le temblaban las piernas, literalmente.
—Toby, ¿verdad? —ronroneé, con mi voz tan letal como mi arco.
La cara del guardia estaba tan blanca como la nieve. —¿Quién eres? —espetó Toby, pero la voz se le quebró, evidenciando su terror.
—Una humana con disfraz de Halloween —respondí con sarcasmo—. ¿Por qué dejaste que ese renegado entrara al campamento? —Mi expresión permaneció en blanco.
—Él no era... —Toby intentó mentirme, pero lo callé rápidamente con una flecha a través de su pierna.
Gruñó de dolor y cayó al suelo. Probablemente ni siquiera me vio levantar el arco antes de que la flecha se clavara en su carne, con la punta de plata quemando su piel y evitando que se curara.
—¡No me mientas! —grité, colocando otra flecha en la cuerda y apuntando a su cabeza.
—Él... él me pagó mucho dinero. —Toby se encogió de miedo, y su labio inferior comenzó a temblar.
—¿Para hacer qué? —pregunté.
—Para dejarlo pasar la frontera. Hice que movieran a los otros guardias por cinco minutos para poder colar a Tank —explicó.
—¿Qué quiere hacer en el campamento? —presioné, sabiendo que sus compañeros guardias volverían pronto.
—No me lo dijo. —El hombre levantó las manos en señal de rendición, con lágrimas formándose en sus ojos, y supe que estaba diciendo la verdad.
Justo entonces, tres lobos guardianes corrieron hacia su puesto con los ojos muy abiertos.
—¿Arquera? —El hombre más grande se dirigió a mí, inclinando la cabeza como señal de respeto.
—Tienen a un traidor entre ustedes. Acaba de dejar entrar a un renegado a su campamento, y creo que su objetivo es un niño pequeño —dije, bajando mi arco mientras los otros dos guardias aseguraban a Toby.
—¿Un niño? El hijo del alfa fue atacado ayer, y él está aquí en el campamento hoy —dijo el hombre grande.
—Sí, yo fui quien mató a su atacante en el parque. Debemos darnos prisa antes de que este renegado tenga éxito en su misión —le dije al hombre.
—Me comunicaré por enlace mental con el alfa y con los guardias del joven alfa. Después de usted, Arquera —dijo el hombre justo cuando sus ojos se oscurecían.
Pasé corriendo junto a él y entré al campamento, siguiendo el rastro del olor del renegado.














































