
O todo o nada
Autor
Natalie Ashee
Lecturas
2,3M
Capítulos
45
Prólogo
Día de Graduación
Ocho Años Antes
Noelle
Reviso mi reloj una vez más. Llevo una eternidad sentada en este viejo sofá incómodo.
La verdad es que ni sé por qué vine a esta fiesta. Carson Vader ni siquiera se gradúa este año.
Pero claro, está en el equipo de fútbol, y los de último año no le hacen ascos a la bebida gratis.
Agarro mi cerveza sin tocar y hago como que bebo antes de dejarla otra vez.
No entiendo ni por qué finjo. Las chicas que no quieren que los chicos les traigan copas hacen esto, pero ese no es mi caso.
En el instituto Peach Creek soy prácticamente invisible. Y eso que no es fácil en un pueblo de menos de cinco mil almas.
Pero cuando creces siendo pobre, pasar desapercibida es mejor que la alternativa.
Solo hay una persona que de verdad me ve y lo sabe todo sobre mí. Es Cin, mi mejor amigo.
El problema es que no puedo aceptar que solo me quiere como amiga.
Ojalá mi corazón dejara de doler aunque fuera por una noche para poder hacer lo que tengo que hacer.
No tires la toalla ahora.
Me hundo en el sofá y suspiro. Vuelvo a mirar la hora. Hace cuarenta y siete minutos que Cin subió con Belinda Carter, una de tercero y capitana del equipo de natación.
No lo he vuelto a ver desde entonces.
Me gustaría poder decir que es la primera vez que hago esto, pero mentiría.
No voy a muchas fiestas, pero a menudo me paso los sábados por la noche en casa esperando a que Cin llame tarde.
Me da vergüenza pensar en esos momentos. Si me arrepiento de algo del instituto, es de que Cin sea mi único amigo.
Siempre he sido tímida y callada, lo que no ayuda a hacer amigas. Aunque ya no soy tan pobre, la gente aquí tiene buena memoria.
Esconden su desprecio tras sonrisas falsas o peor aún, haciendo como que no existo.
Estoy deseando irme a la universidad. Nunca pensé que iría, pero Cin insistió.
Me río al recordar cuando estudiábamos para el ACT. Cin me dijo: «La gente con sobresalientes va a la universidad».
En ese momento, me daba igual. No me esforzaba en clase para ir a la universidad. El instituto era una forma de controlar algo en mi vida.
Necesitaba algo que demostrara que era diferente de mi madre drogadicta y mi padre ausente.
Pero Cin me convenció. Así que solicité plaza en todas las universidades de Georgia y decidí ir a una buena universidad solo para mujeres a estudiar empresariales.
Por fuera, parece que mi vida va a mejor después de años complicados.
Pero mis sentimientos, mi corazón... Siguen anhelando algo que no puedo tener.
A las 11:13, Cin baja las escaleras con ese aire de confianza que tanto amo y envidio.
Lleva el pelo oscuro y rizado despeinado y sonríe de oreja a oreja, mostrando sus hoyuelos.
Como siempre, lo observo caminar hacia la cocina. Me alivia no ver a Belinda detrás.
Lo veo charlar y reírse con algunos chicos de su equipo de béisbol. Parecen felices tras ganar el campeonato estatal.
Y como siempre, cuando Cin me mira, siento mariposas en el estómago.
—¿Lista para irnos? —me hace un gesto, y asiento.
Espero junto a la puerta principal mientras Cin se despide de sus amigos. Una vez fuera, respiro hondo el aire fresco para quitarme el olor a adolescentes borrachos.
Feliz de tener a Cin para mí sola, lo sigo hasta su Jeep y subo antes de que él llegue al coche. Se sienta a mi lado y la luz de la luna brilla sobre su anillo de campeón.
No necesito preguntar adónde vamos porque llevamos años haciendo lo mismo cada sábado por la noche.
No importa la hora que sea, cuando los dos estamos en casa, siempre nos sentamos en el tejado de su casa y nos zampamos un paquete entero de Oreos. Solo nos lo saltamos cuando él viaja para el béisbol de verano.
Al llegar, no me sorprende que no haya coches en la entrada.
El padre de Cin es neurocirujano y casi nunca está en casa últimamente. De hecho, rara vez ha estado a una hora normal desde que murió Geraldine.
Sigo a Cin dentro de la gran casa vacía en la que he estado mil veces. Subimos rápido las escaleras hasta la habitación de invitados. Desde allí, salimos por la ventana a nuestro sitio de siempre.
Es un milagro que ninguno de los dos se haya caído nunca, teniendo en cuenta que encontramos este lugar siendo unos críos.
Me aliso el vestido antes de tumbarme en la manta que Cin ha puesto en el tejado. Miro las estrellas. Echaré de menos momentos como estos más que nada cuando Cin y yo nos vayamos a la universidad.
De repente, me empiezan a sudar las manos.
Porque todavía no le he dicho que no iremos juntos a la UGA.
Al principio, ir a la universidad con mi mejor amigo sonaba genial. Pero después de ver a Cin acostarse con casi todas las chicas de Peach Creek, Georgia durante el instituto...
Bueno, no creo que mi corazón aguante cuatro años más de eso.
—¿Qué pasó con Belinda? —pregunto con una risita.
No estoy segura de querer saberlo realmente. Pero sí quiero. Siempre quiero. Si no lo sé, mi imaginación inventará historias peores.
Cin se encoge de hombros.
—Estaba dormida cuando me fui.
—Nunca cambiarás —digo, negando con la cabeza.
—Gran palabra. —Cin me lanza una Oreo que aterriza en mi barriga. Separo las galletas, lamo la crema del centro y luego me como las dos mitades. Cin niega con la cabeza, fingiendo estar asqueado.
—No todos jugaremos al béisbol profesionalmente. Algunos tendremos que usar el coco para trabajar, fíjate... —Hago un sonido de desaprobación y Cin se lleva la mano al corazón.
—Ay.
—Duele, ¿eh?
—Oye, quería preguntarte. ¿Has pagado tu habitación en la residencia? Recibí un correo diciendo que se acerca la fecha límite y el precio sube después, así que pensé en comprobar.
Y ahí está. El tema que he estado evitando todo el mes. No puedes seguir mintiéndole, Noelle. Trago con dificultad, la galleta se me hace un nudo en la garganta.
—Si es por dinero...
—No es eso —lo corto.
Cin frunce el ceño.
—Vale... ¿Entonces cuál es el problema?
Mis manos se inquietan en mi regazo y suelto un suspiro que llevo conteniendo todo el mes.
—Cin... No voy a ir a la UGA.
Mi mejor amigo se incorpora. Parece confundido y aparto la mirada para no ver el dolor en sus ojos.
Hay una larga pausa. Luego su voz profunda y tranquila rompe el silencio de la noche.
—¿Cómo que no vas? ¿Cómo es posible que no vayas a la universidad NoNo? Después de todo ese curro... No entiendo...
—Sí que voy a la universidad —le digo rápidamente—. Solo que he decidido ir... ya sabes, a otro sitio.
Frunce el ceño de nuevo. Incluso cuando está muy enfadado, sigue siendo el tío más guapo que he visto jamás.
—¿Dónde? —exige saber.
—Una universidad buena solo para mujeres en Atlanta.
Cin me mira fijamente durante mucho rato y trato de entender su expresión, pero está en blanco. Finalmente, las comisuras de su boca se curvan en una sonrisa.
—Universidad solo de chicas, ¿eh?
Hago un sonido de incredulidad y me siento aliviada al mismo tiempo.
—Sí... Desde luego que no te dejaré visitarme.
—Tal vez solicite plaza. A las universidades les mola la diversidad.
Le doy un puñetazo de broma en el brazo, pero suspiro por dentro. Esto es exactamente por lo que estoy poniendo tierra de por medio entre Cin y yo.
No puedo seguir fingiendo que no me duele el corazón cada vez que oigo hablar de sus rollos con Lisa la animadora o Holly la del equipo de softball.
Y aunque bromeamos sobre ello, él no tiene ni idea de que eso es exactamente lo que me está pasando por dentro.
Porque llevo enamorada de mi mejor amigo desde que tengo uso de razón, y saber que siempre seré solo su amiga ya duele bastante sin empeorarlo.
—Algún día tendrás que dejarme ir, Cin. No estaremos durmiendo en tiendas de campaña ni sentados en el tejado atiborrándolos de porquerías cuando tengamos treinta —le recuerdo.
Durante un rato, no dice nada, y los bichos nocturnos llenan el silencio.
De niña me preguntaba qué retenía a la gente en este pueblucho con su falta de trabajo y diversidad, pero ¿la paz de la noche? ¿Los veranos tan bonitos?
A veces, sentada aquí arriba con Cin, no siento esas ganas locas de hacer las maletas e irme en el primer autobús que salga de aquí.
Pero no puedo pasarme los próximos diez años de mi vida simplemente dejándome llevar, esperando esos momentos raros y bonitos que no ocurrían a menudo mientras crecía.
Peach Creek es donde te casas con tu novio del instituto, te quedas preñada y acabas atrapada en una vida de servir a los demás y renunciar a tus sueños.
Quizás eso es lo que quieren la mayoría de las chicas con las que fui al instituto, pero a mí nunca se me permitió soñar.
Desde que cumplí catorce años, conseguí mi primer curro barriendo suelos en la tienda de Ray y fui subiendo hasta ser ayudante del encargado a tiempo parcial mientras mantenía mis notas, me mantenía lejos de casa y estudiaba para los SAT.
Todo para poder mantener un techo sobre las cabezas de mis primos pequeños y comida para todos.
Por mucho que quiera a Cin, él nunca entenderá lo que es estar sola entre gente con más dinero y oportunidades. No cuando el coste de solicitar plaza en la universidad es un mes de comida para nosotros.
No solo vivimos en mundos diferentes físicamente, sino que nuestras mentes funcionan de forma muy distinta. Para él, no hay consecuencias. Para mí, hay una por cada elección que hago.
Esa es la razón principal por la que estoy lista para largarme de Peach Creek. Y para dejar a Cincinnati Barker.
—Lo sé —susurra como si estuviera de acuerdo con mis pensamientos en lugar de responder a lo que dije—. Lo sé.










































