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Cover image for La hija del Rey Alfa Libro 3

La hija del Rey Alfa Libro 3

Autor
S. J. Allen
Lecturas
18.1K
Capítulos
25
Autor
S. J. Allen
Lecturas
18.1K
Capítulos
25
🐺Paranormal🐺Hombres lobo y cambiaformas💘Compañeros predestinados🎭Drama👩‍❤️‍👨Compañero predestinado🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪Mujeres valientes👑Realeza y aristócratas🧙‍♀️Magos y brujas

Reign, la primera alfa femenina de la Manada Luna Azul, se enfrenta a la oposición de su propio consejo y de su familia mientras impone su liderazgo. Con el apoyo de su beta, Milly, y de su pareja destinada, el príncipe Maddox, Reign navega entre intrigas políticas, magia prohibida y amenazas de lobos renegados. Mientras lucha por conservar su posición, Reign también deberá enfrentar sus propios miedos y el legado de su padre, al tiempo que descubre el verdadero poder que lleva dentro.

Reign

Alpha King's Daughter Libro 3: Reign

REIGN

Para convertirte en reina, tienes que renunciar a jugar a las princesas...
—¡Esto es absurdo! ¡No lo permitiré! ¡Una hembra como alfa! ¡Es inaudito! Es...
—Creo que la palabra que buscas, abuelo, es «innovador».
Me senté detrás del viejo escritorio de mi padre, con las manos entrelazadas, viendo a su padre, o sea, a mi abuelo, que balbucea indignado porque ahora yo soy alfa de la Manada de la Luna Azul.
Histórico. Renovador. Si habláramos del mundo humano, se diría que rompimos el techo de cristal.
Aquí estaba yo, la primera mujer alfa de la historia, al parecer con la principal tarea de poner en su sitio a un alfa anterior.
—Reign, es ridículo. Todos entendemos que sufriste una gran pérdida y unos meses trágicos, pero ¡no puedes estar planteándote esto en serio!
—¡El de un alfa es un trabajo masculino! No es lugar para una mujer, y mucho menos para una niña.
Se paró frente a mi escritorio apretando los puños con rabia, al borde de temblar por la ira, como si yo tuviera cuatro años y él me regañara por romper algo de valor.
Mi madre y mi Yayo estaban sentados a mis dos lados. Estoy bastante segura de mi Yayo era la única razón por la que en realidad no me gritaba.
Puede que él también fuera mi abuelo, pero no se atrevería a gritarme del rey.
—Jason, por favor, esto es ridículo. Hace muchos años exigiste un heredero para la manada. Te dimos dos. Cállate y sé feliz.
—Reign es muy capaz de hacer este trabajo. Nació para hacerlo —afirmó mamá con rotundidad, cruzada de brazos y claramente aburrida de la conversación.
El abuelo se burló y puso los ojos en blanco, cruzando los brazos de la misma manera.
—Nacida para ello. Hazme un favor, te lo pido, Gianna. Axel nació para esto. Es el primogénito. Es tu madre la que lo crió para ser un debilucho indigno del título.
—¿CÓMO TE ATREVES A HABLAR ASÍ DE TU REINA? —mi Yayo se alzó escupiendo con rabia. Al abuelo se le fue el color de la cara tan pronto que me pareció que podría desmayarse.
—Yayo, por favor siéntate. Puedo manejar esto sola —le indiqué suavemente que se sentara. Afortunadamente, me hizo caso. Mamá me hizo un gesto para animarme.
Me levanté despacio, me incliné hacia delante y apoyé las palmas de las manos en el escritorio. Me lamí los labios, dejando que fluyera por ellos la energía alfa de mi sangre.
—Jason.
Dio un paso atrás, sorprendido de que estuviera usando su nombre por primera vez en mi vida.
—El puesto de alfa fue desafiado. Mi hermano no quiso aceptarlo, pues no estaba en condiciones. Eso significa que, básicamente, rechazó el título de alfa.
—Entonces intervine yo, con toda la intención de tomar el puesto si ganaba. Había que luchar a muerte por el puesto de alfa. Luché. Gané. Justo. Sin trampa.
—Ahora, puedes pasar ahí todo el día, quejándote de lo imprudente que te parece esto, sin lograr convencernos de nada más que de tu cabezonería y tus deseos de quedarte anclado en el pasado.
—O bien, ¡puedes callarte, dejar de cuestionar a tu nueva alfa y dejarme trabajar!
Jason agachó la cabeza, más que nada porque no le quedaba otra. Mi tono y mi poder se lo ordenaban. —Sí, mi alfa —murmuró en un tono sombrío, apretando los dientes.
—Vete.
Giró sobre sus talones, pero, justo cuando estaba llegando a la puerta, mamá le gritó: —Te trae viejos recuerdos, Jason, ¿eh?
Su cara y su cuello se sonrojaron. Cerró bruscamente la puerta al salir.
Me volví para mirar a mamá y a Yayo, sus caras radiantes de orgullo. Mamá me dio un fuerte abrazo.
—Lo manejaste maravillosamente, cariño. Estoy muy orgullosa de ti, y sé que tu padre también lo estaría.
Sus ojos brillaban con lágrimas que amenazaban con derramarse.
Me enjugué los ojos, librándolos de mis propias lágrimas. —Gracias, mamá. ¿Qué querías decir con eso de «traer viejos recuerdos»?
Agitó una mano en el aire. —Oh, nada, querida. Nada. Solo que, hace mucho tiempo, otra hembra Gris tuvo que recordarle su derecho de nacimiento y su poder —me guiñó un ojo.
—Impresionante, mamá.
—Reign, querida. No podría estar más orgulloso como tu Yayo de verte dar un paso al frente por la manada. Naciste para esto. Como tu rey, te doy mi bendición. Cualquier cosa que necesites.
—Si alguien te causa algún problema que no puedas manejar, házmelo saber —Yayo me abrazó con fuerza.
—Gracias, Yayo, pero me estás aplastando —me liberó de su abrazo de oso. Incliné la cabeza con obediencia ante mi rey. Él inclinó la suya en respuesta.
Unos golpes en la puerta interrumpieron nuestro momento familiar. Rita, mi secretaria, asomó la cabeza por la puerta, con solo un resquicio abierto. —Disculpe la interrupción, Alfa...
Aaaaah, qué sonido. Creo que nunca me acostumbraré.
—No interrumpes. ¿Qué pasa? —le hice un gesto a Rita para que entrara en el despacho. Atravesó la puerta rápido, sus curvas rellenando un vestido de flores.
Calzaba zapatos planos, amarillos. Su pelo rojo recogido en un moño. Sus gafas con forma de ojo de gato apoyadas suavemente en la nariz. Sus brazos repletos de cuadernos y diarios.
—Es sobre el asunto de asignar posiciones en tu círculo. Al parecer, algunos de los miembros actuales no están contentos con…, bueno, contigo —parecía avergonzada detrás de sus gafas.
Yayo gruñó detrás de mí. Levanté la mano para hacerlo callar.
—Convoca una reunión urgente, Rita. Nos ocuparemos de esto hoy. Gracias.
Ofreció una media reverencia al salir de la habitación. Un poco exagerada, pero lo dejaré así. Mamá me agarró del hombro. —Parece que tienes trabajo que hacer, Alfa. Te dejaremos en paz —me dio un medio abrazo.
Tomó a Yayo del brazo y lo sacó del despacho antes de que estallase de rabia. Personalmente, me costaba comprender cómo había aguantado tanto tiempo sin sufrir un infarto.
Ventajas de la curación lobuna.
Volví a sentarme en el escritorio y miré a mi alrededor. El escritorio de caoba era grande. Enfrente había dos sillas. En la esquina derecha, una mesa larga con varias sillas alrededor.
A medida que su consejo crecía, él fue modificando el espacio para reunirse.
La ventana de la izquierda me ofrecía una vista de los jardines. A la derecha, había estanterías llenas de libros y diarios. Papá lo documentaba todo. Pensé que quizá podría encontrar orientación del más allá en sus textos.
Me acerqué a la estantería y palpé los lomos de los libros. Se me llenaron los ojos de lágrimas. —Te echo de menos, papá —susurré en voz baja.
Te haré sentir orgulloso.
Haré que esta manada se sienta orgullosa.
Rita llamó a la puerta y volvió a asomar la cabeza. —Tu consejo está aquí para verte, Alfa Reign.
Eso fue rápido.
Cepillé el vestido negro que llevaba puesto, eliminando las pelusas y alisando las arrugas, y comprobé que mi pelo siguiera recogido en su moño.
Mis tacones repiquetearon en el suelo mientras caminaba a sentarme detrás del escritorio, tomando un último aliento reconfortante para prepararme. —Sí, Rita, hazlos pasar. Gracias.
La puerta se abrió de par en par, dejando entrar a cuatro hombres de ceño fruncido y a Beta Jordan.
Era sin dudas comprensible que estos hombres feroces conformaran el consejo de papá. Se trataba de algunos de los hombres más honorables de la manada, que habían jurado dar su vida por ella.
Estaban a medio metro de mi mesa, con las manos a la espalda, formando un semicírculo. Me miraban con desprecio.
Si me hubieran educado de otra manera, o si mi categoría hubiera sido otra, me habrían temblado las piernas al ver a esos hombres frente a mí.
Sonreí con dulzura, pero mis ojos los retaron a desafiarme. Dos se removieron incómodos, mirándose los pies.
Beta Jordan se mantuvo de pie cerca de mi mesa, habiendo asumido ya su anterior papel con orgullo y honor.
—Caballeros, he oído que tenemos un pequeño problema con la nueva alfa al poder. Vamos a discutirlo, ¿de acuerdo?

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