
Sujeto de Prueba
Autor
Tami
Lecturas
6,8M
Capítulos
18
Una nueva vida
Libro 1: Sujeto de prueba #1
Intento, con cuidado, atrapar a la pequeña rana que se supone debo sacrificar antes de mi próxima prueba. Se escurre entre mis dedos y es difícil de agarrar, como todas las otras ranas con las que he trabajado.
Como científica que estudia animales de otros planetas, esto es una gran parte de mi trabajo, aunque no me haga mucha gracia. Tengo que sacrificar a esta pobre rana porque, si no, mi investigación no llevará a nada importante.
Suspiro e intento atrapar nuevamente a la escurridiza rana. De repente, salta directamente sobre mi mano. Me quedo quieta por un momento. Me está mirando fijamente, como si supiera lo que voy a hacer.
Giro suavemente mi mano. La rana camina por mi palma, sin dejar de mirarme.
—Hola, pequeñín —digo en voz baja, acariciando suavemente su diminuta cabeza—. La verdad es que no quiero hacer esto.
Por supuesto, no responde, excepto con un croar. Pero suena como si estuviera suplicando. Miro alrededor para ver si alguien está observando. Estoy sola.
Tomo una caja de un armario y hago algunos agujeros en la parte superior. Luego meto a la pequeña rana dentro.
—Te voy a salvar. ¡Tienes suerte, pequeñín! Eres de aquí, así que no pasa nada —le digo a la rana verde. Croa otra vez—. No lo haría con una rana de otro lugar. Pero hoy es tu día de suerte.
- - -
Durante mi descanso para almorzar —después de sacar a escondidas la rana de la oficina al parque a unas manzanas y liberarla— me siento con otros científicos que estudian animales de otros planetas.
No paran de hablar sobre lo geniales que son sus últimos experimentos. Uf.
—¿Y tú, Catherine? ¿Has tenido algún gran éxito últimamente? —pregunta Sam, un joven compañero de trabajo.
—No —digo. Me mira confundido, como si no pudiera creer que alguien no quisiera presumir de matar ranas—. He estado aburrida últimamente —explico—. Siento que mi trabajo no va a ninguna parte.
—Bueno, tal vez, simplemente, no estás llamando la atención de los jefes —dice otra compañera, Jasmine—. A diferencia de Rachel. Era muy guapa y recibió tanta atención que consiguió un ascenso muy secreto.
—¿Rachel? No la conocía. ¿Qué pasó? —pregunto.
Jasmine se encoge de hombros.
—Dijo algo sobre que le pidieron unirse a los niveles inferiores para el trabajo real. Supongo que aceptó el trabajo, porque nunca regresó.
—¿Qué hay en los niveles inferiores? —pregunta Sam, luciendo tan confundido como yo me siento. Ni siquiera sabía que esta oficina tenía niveles inferiores.
—Nadie lo sabe. Pero aparentemente, los peces gordos están metiendo mucha pasta en esos proyectos.
Jasmine cambia de tema rápidamente, pero no puedo dejar de pensar en esos niveles inferiores. ¿Qué hay allí abajo? ¿Y cómo puedo llamar la atención —cómo lo dijo ella—, para que me inviten a hacer el trabajo real?
- - -
Estoy terminando mi jornada laboral cuando escucho que mi teléfono hace un ruido.
Desconocido
¡Anoche fue INCREÍBLE! No puedo esperar para follarte de nuevo. Eres una tía de miedo, te lo digo yo. ¡MUY CALIENTE!
Suspiro y borro el mensaje. Fue una aventura de una noche, pero el tipo no lo entendió. No me interesan las relaciones, ni siquiera los amigos con beneficios.
A estas alturas, estoy empezando a pensar que quizás no me gusta el sexo. No me malinterpreten, estoy muy interesada en el sexo, pero nunca siento ningún placer al hacerlo. Anoche no fue diferente.
Sigo buscando un hombre que pueda hacerme sentir bien de verdad. Pero sigo quedándome dormida con ganas de más. Las únicas veces que me he sentido bien han sido con mis propias manos.
Recojo mis cosas, guardo mi bata de laboratorio y camino hacia el ascensor para salir del edificio.
La oficina está tranquila; la mayoría de los otros trabajadores ya se han ido, pero como no tengo familia, ni conexiones, ni responsabilidades fuera de mi trabajo, estoy trabajando hasta tarde, como de costumbre.
Mis zapatos hacen ruidos fuertes en los pasillos vacíos, y miro alrededor con curiosidad. Tal vez si no hay nadie alrededor, ¿puedo colarme en los misteriosos niveles inferiores? Pero... si son secretos, ¿cómo llego allí?
—¿Señorita Woods?
Pego un brinco cuando escucho una voz fuerte detrás de mí. Me doy la vuelta y veo a un tipo de seguridad, con gafas de sol —aunque ya es de noche— y un dispositivo en su oreja para hablar con la gente.
—¿Sí? —pregunto con cautela.
—El señor Sire quiere hablar con usted —dice, y señala un ascensor diferente al que suelo tomar. ¿Señor Sire? ¿Qué clase de nombre raro es ese?
No hay razón para decirle que no al tipo, aunque sea un poco intimidante, así que asiento y lo sigo hasta el ascensor.
Empezamos a bajar, y me siento emocionada. Parece que, después de todo, voy a ver esos niveles inferiores. Entonces la emoción se convierte en miedo. ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? ¿Estoy en problemas?
—Entonces, ¿quién es el señor Sire? —pregunto en voz baja.
El tipo de seguridad me mira confundido.
—Su jefe —responde.
Abro los ojos como platos. Nunca he oído hablar de ningún «señor Sire», ¡y definitivamente no es mi jefe! Mi jefe es el señor Rudens. Pero supongo que, tal vez, ¿el señor Sire es el jefe del señor Rudens?
En serio, ¿estoy en problemas? No creo haber hecho nada para hacer enojar al gran jefe. Pero tal vez estén molestos porque estaba haciendo preguntas sobre el proyecto del sótano.
No digo nada más hasta que llegamos al piso más bajo. Muy, muy por debajo del nivel del suelo. Las puertas se abren a la oscuridad total. ¡Debe ser esto!
Madre mía. Van a matarme, seguro, por hacer demasiadas preguntas. Simplemente... hacerme desaparecer. Nadie me buscaría.
Empiezo a entrar en pánico, e intento quedarme en el ascensor, pero el tipo de seguridad me agarra del brazo. Sólo mido un metro sesenta y ocho, así que ni siquiera tiene que usar mucha fuerza para arrastrarme con él por el pasillo.
Ya ni siquiera estoy caminando; simplemente me arrastra, hasta que llegamos a una puerta aterradora. Todo este piso es sólo un pasillo, completamente negro, que conduce a una puerta.
—Entre —me dice el tipo en voz alta. No tengo elección. Asiento, me enfrento a la puerta y respiro profundamente antes de llamar.
—Adelante —dice una voz suave desde detrás de la puerta. La abro, entro y veo... nada. Mis ojos necesitan un momento para acostumbrarse a la iluminación oscura aquí.
—¿Usted... pidió verme? —digo en voz baja. No me muevo de mi lugar junto a la puerta.
Mis ojos se están acostumbrando lo suficiente a la oscuridad como para ver una sola ventana en la parte trasera de la habitación. Espera. No, esa no es una ventana real. Es una pantalla de televisión que muestra una vista falsa de un cielo estrellado.
Es una muy buena imitación, y podría engañarme si no fuera por el sonido muy silencioso de electricidad que proviene de ella.
Frente a la «ventana» hay un hombre, muy alto, fácilmente tres cabezas más alto que yo, de espaldas a mí.
—Acérquese un poco más, señorita Woods. No hay necesidad de tener miedo —dice, señalándome una silla. Su voz es cálida y agradable. Camino más adentro y me siento.
—Soy el señor Sire. No habrá oído hablar de mí, pero soy el dueño de este edificio —dice, antes de darse la vuelta por completo. No puedo evitar mirarlo de pies a cabeza.
Es delgado pero musculoso, y muy guapo. Su rostro es afilado, pero sus ojos suaves y oscuros me miran con calidez. No puedo distinguir con esta luz, pero su cabello es negro o castaño muy oscuro.
—¿He hecho algo mal? —pregunto. Él sonríe y se sienta; incluso con ambos sentados, todavía tengo que mirar hacia arriba para ver sus ojos.
—No, en absoluto —sonríe—. He estado observando su trabajo, y estoy muy satisfecho con él. Tenemos muchos científicos aquí que estudian animales de otros planetas, pero ninguno tiene exactamente la misma... curiosidad que usted. La he visto trabajar muy duro para aprender sobre los animales que estudia. Pero también los trata con amabilidad y, diría yo... ¿lástima?
—Más bien, cariño —corrijo. Él asiente, pareciendo contento con esto.
—Tengo una oferta para usted. Trabajará aquí abajo —dice, señalando una puerta detrás de él que ni siquiera había notado antes —. Tendrá su propio laboratorio, su propio dinero para gastar y su propio horario. Trabajará principalmente sola, pero hay algunos otros trabajadores también, a quienes conocerá oportunamente. Ganará el doble de su salario. Obtendrá la mejor atención médica, todo pagado por la empresa. Incluso podrá vivir en este edificio si lo desea, gratis, con personas haciendo todo lo que pida.
Parpadeo un par de veces. Esto debe ser una broma.
—¿Está... tomándome el pelo? —me pregunto en voz alta.
Él levanta las cejas.
—Puedo triplicar su salario —sugiere. Antes de que pueda siquiera abrir la boca para responder, lo cambia—. Está bien, cuatro veces más. Última oferta.
—¡Eso es más que suficiente! —exclamo. Él sonríe, asintiendo—. Pero... ¿Por qué? —pregunto con cautela—. ¿Es peligroso?
—Su trabajo siempre ha sido peligroso, señorita Woods.
—Cat está bien —digo.
Él simplemente sigue sonriendo.
—Una simple picadura de un insecto venenoso o la mordedura de una serpiente venenosa... y estaría muerta —se inclina hacia adelante, juntando sus manos—. No parecía estar preocupada antes. ¿Qué ha cambiado ahora?
—Bueno... con una oferta como esta, debe haber gato encerrado.
—Oh, eso —hace un gesto con la mano—. Hay una... serie de pruebas físicas que tenemos que hacerle primero, y algunas preguntas que podrían hacerla sentir incómoda.
—¿Puedo decir que no? —pregunto. Él se ríe, y el sonido es cálido y acogedor. Debería tener cuidado con este misterioso jefe que nunca he conocido, pero por alguna razón parece gentil.
No es realmente cómo se ve o lo que dice. Hay algo en su voz y sus ojos que me hace querer confiar en él de inmediato.
—Por supuesto —dice. Luego se inclina un poco más cerca, añadiendo:
—Pero tengo la sensación de que no lo hará.
Tiene razón. No lo haré. ¿No estaba tratando de averiguar qué pasa aquí abajo? Ahora un hombre guapo me está ofreciendo el mejor trabajo que puedo imaginar, ¿y estoy molesta porque es demasiado bueno para ser verdad?
—Está bien entonces —decido—. Con gusto echaré un vistazo.
Él asiente, satisfecho con esto, y luego me ofrece su mano para ayudarme a levantarme.
Su piel se siente fría. Supongo que no sale mucho al sol, ya que prefiere estar a oscuras aquí abajo. Suelta mi mano una vez que estoy de pie, y descubro que echo de menos un poco su tacto.
—Por aquí —presiona su mano plana contra el frente de la puerta, y se abre, supongo que operada por algún tipo de tecnología que lee su mano. Paso.
Justo cuando estoy a punto de preguntarle por qué me llamó aquí tan tarde, en la noche, la puerta se cierra entre nosotros y desaparece, dejando sólo un tramo en blanco de pared.
¿Qué demonios...?
Me alejo de la puerta misteriosamente desaparecida y veo un largo pasillo blanco con muchas puertas a ambos lados. Mis ojos necesitan un momento para acostumbrarse a la luz de nuevo, pero luego, finalmente, puedo empezar a caminar.
Voy a la primera puerta a mi derecha e intento abrirla, pero no se mueve. Hay un espacio en la parte superior para mirar a través, pero no puedo alcanzarlo; está demasiado alto. ¿Esto fue hecho para personas muy altas?
Jadeo cuando escucho un ruido fuerte repentino detrás de una de las otras puertas. ¡Me alegro de que esté cerrada!
Sigo caminando por el pasillo hasta el final. Un letrero sobre esta última puerta dice «Clínica», así que llamo y entro.
Un joven con bata blanca está sentado frente a una computadora. Sonríe cuando levanta la vista y me ve.
—Tú debes ser Cat —se pone de pie. Noto que él también es muy alto. Debe medir más de un metro ochenta. Aunque es un poco más bajo que el jefe.
—Sí. Espero no haber ido a algún lugar donde no debo —digo. Cuando miro más de cerca, hay muchas máquinas médicas, así que supongo que deben hacer muchas pruebas aquí.
—Para nada. Necesito hacerte el examen físico, y también tengo algunas preguntas que hacerte. ¿Con cuál te gustaría empezar?
—Las preguntas, por favor —digo. Él asiente, todavía sonriendo, y me señala una cama de hospital normal con una sábana verde encima. Me subo y cruzo las manos en mi regazo.
—¿Tienes familia cercana? —pregunta.
—No.
—¿Padres? ¿Hermanos o hermanas? —pregunta de nuevo.
—No. Mis padres murieron, no tengo hermanos ni hermanas.
—Bien —dice. Estoy un poco confundida de por qué le importa esa información, pero simplemente continúa—. ¿Alguna relación personal cercana? ¿Mejores amigos, relaciones románticas?
—Ninguna.
—Muy bien. ¿Tienes citas regulares a las que necesites asistir?
—No que yo sepa —respondo, y él asiente de nuevo.
—¿Has tenido relaciones sexuales antes? —pregunta. Frunzo el ceño y no respondo de inmediato, así que me mira, con su rostro cálido—. Estas son preguntas normales que tenemos que hacer para este trabajo.
—Eso es... raro.
—Algunos animales de otros planetas podrían oler ciertas cosas de tu cuerpo, lo que podría afectar tu trabajo —explica. Asiento lentamente. ¡¿Tienen criaturas aquí abajo que pueden oler si alguien ha tenido relaciones?!
—Bueno, he tenido relaciones antes —digo. Él mira el papel frente a él, tachando algo.
—¿Cuáles son tus preferencias sexuales?
—Umm... ¿como... hombres o mujeres? —pregunto.
Se ríe un poco, mirándome de nuevo.
—Por ejemplo.
—Bueno, bastante abierta, supongo —no he probado mucho con mujeres, pero no estoy en contra.
—¿Tienes alguna enfermedad física, como problemas conocidos de hígado, riñones, algo así? —pregunta mientras lee.
—No tengo.
—¿Cuáles son tus límites sexuales?
Ahora estoy realmente confundida.
—No sé cómo esto...
—Cuanto más rápido respondas estas preguntas, más rápido podrás irte a casa —dice con una sonrisa—. Si quieres, puedo decirte los míos, para que no sea tan raro. No me gusta que me hagan daño en el cuerpo; todo lo demás está bien.
Me siento muy incómoda, pero trago saliva y asiento. Tengo que recordarme a mí misma: quiero este trabajo, quiero el cuádruple de paga, y definitivamente quiero averiguar qué está pasando aquí abajo. Por todo eso vale la pena sentirse incómoda.
—No conozco ningún límite. No se me ocurre ninguno ahora mismo —digo muy suavemente.
—Perfecto. ¿Alguna vez te han hecho daño durante el sexo?
—Sí —esto sale demasiado rápido; estoy respondiendo sin pensarlo demasiado.
—¿Te gustó?
—Sí.
—¿Alguna vez has tenido sexo anal?
—Sí... —digo, preguntándome qué tan detalladas van a ser estas preguntas.
—¿Te gustó también?
—Sí —susurro. Él asiente, tacha lo último de su lista y me mira, todavía con esa misma sonrisa tranquila y amistosa.
—Muy bien. Gracias por responder. Ahora comenzaremos el examen físico.
—¿Ahora? ¿No es eso…? ¿No podemos hacerlo mañana? —pregunto, pensando en la ropa interior muy vergonzosa que elegí hoy.
Este extraño ya sabe mucho sobre lo que me gusta en el sexo; no quiero que vea también mi ropa interior de mariquitas.
—Si eso es lo que prefieres, por supuesto —señala de vuelta a la puerta por la que entré—. Te llevaré de vuelta afuera. Ven mañana a la hora que quieras. Y no te preocupes; puedes olvidarte de tu trabajo actual. El nuevo trabajo comienza de inmediato.
—Está bien... —Confundida, dejo que me lleve de vuelta a donde la puerta de la oficina del señor Sire desapareció antes. Todavía parece sólo una pared en blanco con azulejos. Entonces, el científico pone su mano plana contra un pequeño azulejo, y la puerta reaparece en un instante.
—No escuché tu nombre —digo mientras me abre la puerta.
—Soy Richard. Te veré mañana —me empuja suavemente de vuelta a la oficina del señor Sire y luego se queda en el pasillo con una cálida sonrisa hasta que la puerta se cierra.
Esto es muy raro. No me sorprendería escuchar a alguien gritar «¡corten!» justo ahora, ya que toda esta escena podría ser sacada directamente de una película sobre un científico loco.













































