
Mate
«A veces, el amor llega de quien menos lo esperas».
Gia es una licántropa, hija del alfa, quien siempre ha sobresalido por su gran fuerza, rapidez y por su sentido de percepción.
Por otro lado, está Gael, el lobo más codiciado y poderoso de la manada, quien fue rescatado por el alfa y llevado a vivir a su casa. Desde que ve a Gia, Gael siente la necesidad de protegerla y de estar a su lado, enseñándole todo lo necesario para que esta sobreviva.
Sus problemas empiezan cuando, en una noche de fiesta, ella lo encuentra besando a su mejor amiga. Su loba le grita que él es su mate; sin embargo, este siempre lo niega.
¿Será que la obsesión de Gia la hace imaginar esos gritos internos?
Introducción
Narrador Desconocido
La tensión se percibe en el ambiente de la manada Luna creciente, puesto que en esos días sus habitantes han sufrido amenazas y ataques de parte de los lobos solitarios, que andan como ermitaños y causan problemas en diferentes manadas.
Mientras que una parte de los lobos guerreros rodean los límites de Luna creciente, otro grupo ha ido a enfrentar a los intrusos que lo asedian. El alfa Mateus también investiga sobre los intentos de las brujas sangrientas de romper las barreras que los separa, este último rumor mantiene a los miembros de la manada aterrorizados.
Aquella tarde de verano, la pequeña Gia juega con su espada de madera junto a su amiga Lía, pese a que su padre le había ordenado que no saliera de casa, debido al revuelo que había en la manada en esos días, gracias a la amenaza de sus enemigos, el asedio de los lobos solitarios y el rumor acerca de las brujas sangrientas.
—¡Gia, mira! —Lía, su amiga, capta su atención—. Es el alfa, tu padre. ¡Corre, antes de que nos vea!
Ambas chicas huyen del parque a toda velocidad. Gia, quien desde muy pequeña ha desarrollado una rapidez impresionante, es la primera en llegar a su casa seguida por Lía, quien se dirige deprisa a su hogar.
Con su espada de juguete en manos, su vestido de tela gruesa y de color marrón; su cabello peinado en una larga trenza, que la mamá le había hecho, Gia se oculta en el armario que está en la sala y, por medio de la rendija, ella curiosea lo que allí acontece. Ese día el alfa había salido con varios hombres de la manada y todos llegaron tan alterados como se fueron.
Gia observa en silencio mientras oculta su olor para que nadie se percate de su presencia. Ella es la única licántropa, en toda la manada, capaz de hacer aquello; pero nadie conoce su don, puesto que ella lo mantiene en secreto porque teme que los demás la vean como a una amenaza.
Nota que hay un niño que llora desconsolado y, por alguna extraña razón que desconoce, siente su dolor; asimismo, un sentimiento de desamparo que causa que de sus ojos emanen gotas saladas.
«¿Quién es ese niño?», piensa Gia.
De momento percibe que él la mira y, en efecto, los ojos dorados de él se conectan con los suyos, como si este supiera que ella se encuentra allí adentro.
Gia se abraza a sí misma al sentirse descubierta, pero más por la extraña corriente eléctrica que le recorre el cuerpo. El corazón le late con intensidad y su mirada gris no puede apartarse de la del chico, por más que ella lo intenta. Antes de que alguien más note el escrutinio de él y, como consecuencia ella quede delatada, el niño quita su atención del armario.
En ese momento, el sentimiento gélido del desamparo y el vacío doloroso de la desesperanza menguan en el chico, puesto que es reemplazado por la necesidad de proteger a la chica.
Los días transcurren y, con el pasar de éstos, la curiosidad sobre el extraño chico aumenta en Gia. Aún no se conoce su origen ni por qué el alfa lo llevó a la manada.
—¿No me dirás quién es ese niño y la razón para papá haberlo traído? —le pregunta Gia a su madre. Se siente muy intrigada, en especial por los extraños sueños que ha tenido, tras haber conocido al extraño chico de ojos dorados.
La luna de la manada la observa con el ceño fruncido, como si de verdad ella tampoco supiera acerca de ese asunto que el alfa ha mantenido en misterio.
—Lo único que sé es que la manda Luna dorada fue atacada por brujas sangrientas, como consecuencia, el alfa y la luna de allí murieron. Bueno, en realidad todos los lobos de esa manada fueron asesinados —responde su madre.
—¿Papá participó en esa batalla? —Gia vuelve a preguntar con tono curioso.
—Mateus se vio envuelto por casualidad, ya que se encontraba cerca de aquel territorio junto a los guerreros de nuestra manada. Él no me ha explicado cómo fue que llegaron a ese territorio ni cómo encontraron al niño. Mucho menos sé cuál es el plan que él tiene para el pequeño.
Gia agarra una de las galletas que su madre había puesto a enfriar y le atina una mordida. La luna la mira sonriente y busca el jarabe de chocolate para decorar el aperitivo recién horneado.
En ese momento, el alfa Mateus entra a la cocina con el niño, a quien no habían visto desde el día en que el alfa lo trajo a la manada. Junto a ellos, también entran dos guerreros.
Los dos niños se miran con nerviosismo y timidez, pero Gia se sonroja y le evade la mirada.
—Katrina —se dirige a su esposa, la madre de Gia—, dile a la servidumbre que le prepare una habitación a Gael, quien desde hoy vivirá con nosotros y será parte de nuestra familia —informa el alfa.
La cara de su esposa se desfigura por la sorpresa y el recelo denota en su expresión.
» Sé lo que estás pensando y, no, este niño no es mío —aclara el alfa con diversión en sus gestos—. A él lo encontramos oculto en los escombros. Nos dijo que no recuerda nada más que su nombre, esa es la razón por la que lo tuvimos en el centro de curación de la manada por unos días. Según dijo el doctor, su amnesia se debe al trauma que experimentó, por lo tanto, su memoria puede volver en cualquier momento, aunque puede tardar años.
Gia observa a su madre, quien ha relajado su semblante pese a que todavía siente desconfianza.
—Hola, soy Gia. —La hija del alfa saluda al niño mientras se acerca a él con pasos nerviosos.
—Hola, Gia, mi nombre es Gael —le responde con amabilidad. Está asustado y desorientado; sin embargo, la sonrisa de la niña le transmite seguridad.
—¿Cuántos años tienes? —le pregunta ella, pero él arruga el rostro cuando intenta recordar ese detalle que no encuentra en su memoria.
—Unos doce años. Lo sé por su tono de voz —responde el alfa por él.
Es normal que los alfas conozcan ese tipo de información, puesto que es parte de su habilidad como líder.
—Yo tengo diez. Soy menor que tú —comenta Gia.
El chico le sonríe y ella siente que el corazón le late muy fuerte.
—¿Quieres galleta? —le pregunta Katrina al niño con una sonrisa amable.
Él asiente avergonzado. Ella le pasa una porción del postre harinoso, que es atacado por el chico con ansias, como si tuviera varios días sin comer.
—¿Lo prepararás para ser un guerrero? —inquiere la Luna, quien todavía no entiende por qué el chiquillo debe vivir con ellos.
—Más que eso, Gael será criado para ser mi mano derecha y ese hijo que nunca tuve. Él heredará mi liderazgo y se casará con una loba de una manada influyente, que nos vuelva más poderosos —responde el alfa, ilusionado.
Katrina asiente triste y decepcionada, debido a que es su hija quien debería heredar el cargo de alfa y no un aparecido. Sin embargo, sabe que esa decisión la ha tomado debido a su machismo.
—¿Por qué mejor no se convierte en mi pareja? —suelta Gia de repente, captando la atención de todos ellos—. Si él se une a mí como esposo, ambos lideraríamos esta manada y de esa manera tu liderazgo se quedaría dentro de tu descendencia.
Para nadie es una sorpresa el hecho de que Gia hable como si fuera una adulta, puesto que la niña ha demostrado esa inteligencia desde muy pequeña, mas para Gael es fascinante lo que ella ha dicho.
—¡De ninguna manera! —expresa el alfa con exaltación—. Tú y Gael no se verán como pareja nunca porque, de hoy en adelante, serán como hermanos —sentencia, dejando a su hija confundida y con una enorme tristeza.
—No se preocupe, Alfa, que Gia y yo seremos hermanos y yo la protegeré con mi vida —interviene Gael con expresión firme y decidida, pero sus palabras le rompen el corazón a la niña, de la misma manera en que lo hizo la actitud de su padre.










































