
Discovering Us Spin-Off: Nuestro embarazo sorpresa
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Primera ecografía
Spin-off: Nuestro embarazo sorpresa
VIOLET
Al igual que en cada embarazo, los chicos estaban ansiosos por ver al bebé en la ecografía y ni siquiera quisieron esperar a que mis compañeros de trabajo me hicieran un hueco. Así que Tyler nos pidió una cita en la clínica más cercana, y nada menos que en Boxing Day.
Estoy eufórica pero nerviosa; mis dos últimos embarazos no fueron lo que se dice divertidos.
El embarazo de los gemelos fue de alto riesgo y terrible, y el de Antalya llegó tras un largo proceso y de perder a otro bebé. No pude disfrutar ni del embarazo de los gemelos ni del de ella, y ese amargo recuerdo ha estado rondando mi cabeza toda la noche.
Creo que el hecho de no saber de cuánto tiempo estoy hace que todo se sienta más intenso y peor, pero presiento que estoy bastante avanzada, ya que mi última regla fue hace más de veinte semanas.
Tal vez hubo señales que ignoré, como un poco de náuseas de vez en cuando o sentirme cansada la mayor parte del tiempo, pero las escasas probabilidades de que alguno de los chicos pudiera tener un hijo me llevaron a creer que solo estaba... envejeciendo.
Además, mis ciclos nunca volvieron a la normalidad después de tener a Antalya, y me sorprendió porque nunca volví a usar anticonceptivos, pero pensé que tal vez Dios había decidido que ya teníamos suficientes hijos.
No me malinterpreten, muchas veces en los últimos doce años he pensado en tener un bebé más usando los embriones de los que no somos capaces de deshacernos, pero al final siempre terminaba en el mismo punto muerto.
Si Dios quisiera que tuviera más hijos, entonces los tendría.
La recepcionista nos mira raro a los cuatro cuando entramos, sobre todo cuando nos habla de todas las mejoras que podemos incluir, según las semanas de embarazo. Tyler y Zach decidieron por unanimidad ver primero de cuánto tiempo estaba antes de decidir si hacíamos la ecografía en cuatro dimensiones. Seamos sinceros; sin duda la van a pedir.
La espera no es muy larga, pero la emoción casi se apodera de los cuatro mientras los chicos me tocan en alguna parte. Tyler me sujeta la mano, Zach me agarra la pierna y Callum ha pasado el brazo por detrás de Tyler para tocarme el hombro.
Es como si yo fuera su cable a tierra, y justo ahora desearía no serlo, porque la gente nos está mirando. Sí, ya lo sé, que miren y todo eso. Pero mierda, incluso después de todo este tiempo no me acostumbro a la atención que atraemos los cuatro cada vez que salimos juntos de esta manera.
«¿Señor y señora Henderson, por favor?». Una joven sale al pasillo para saludarnos, mirando la zona de recepción con ojos felices y emocionados.
Conozco ese sentimiento: la idea de hacerle una ecografía a una futura madre...
Me pongo de pie y los chicos me siguen, sin que Tyler me suelte nunca la mano. Otra vez, la gente nos mira, lo que me pone nerviosa, pero la emoción por lo que va a pasar es más fuerte que eso.
«Es un placer conocerlos. Por favor, vengan conmigo. Me llamo Natalie», dice con voz tranquila mientras caminamos por el pasillo y entramos en su consulta.
Este lugar parece muy acogedor, muy distinto al sofá de casa o a la clínica de fertilidad, y me doy cuenta de que es la primera vez para nosotros y de que nunca habíamos podido hacer esto. Al mirar a mi alrededor, veo un sofá a un lado, una camilla en el medio y la máquina de ecografías a la izquierda de la camilla; en la pared hay una pantalla grande con un proyector que refleja la pantalla del ordenador.
«Por favor, siéntense, y señora Henderson, ¿por qué no viene y se acuesta? Solo introduciré la información que rellenó en el formulario y luego empezaremos», sugiere ella.
Asiento en voz baja, sintiendo de repente vergüenza ante la idea de descubrir de cuánto tiempo estoy con este niño milagroso que no debería existir.
«¿Todos sus datos son correctos en la pantalla?», me pregunta Natalie mientras me acomodo un poco en la camilla.
Asiento con la cabeza, así que ella continúa.
«Bueno, según la gestación, decidiremos el tipo de experiencia que tendrán. ¿Es su primer bebé?», pregunta mientras me pone el gel para la ecografía en la barriga.
La risa de Zach me distrae y me hace mirarlo mientras los demás sonríen en silencio, pues es evidente que su pregunta les parece irónica y muy graciosa.
«No, este será mi séptimo hijo», le digo para romper el hielo. Esto solo hace que se ruborice por lo equivocada que estaba, pero aprieta los labios antes de asentir con la cabeza, volviendo a poner cara de indiferencia.
«Son muchos hijos. Deben estar muy ocupados».
«Nuestra hija menor tiene trece años; pensamos que ya nos habíamos librado de las noches sin dormir y los pañales, pero Dios nos bendijo con otro». Zach sonríe con orgullo.
Natalie no dice nada mientras mueve el transductor sobre mi barriga, aunque al principio no se ve nada en la pantalla porque aún no ha encendido el proyector. Ojalá lo hubiera hecho, ojalá pudiera haber visto lo mismo que ella y diagnosticado mi embarazo yo misma, pero aquí no mando yo; por una vez, soy la paciente.
«Maravilloso, sin duda hay un embarazo vivo. Echen un vistazo», dice Natalie, cogiendo un mando para encender el proyector.
La pantalla cobra vida y nos devuelve la imagen de mi útero; dos círculos redondos nos saludan con un bebé dentro de cada uno. Dos, hay dos. ¿Gemelos otra vez?
«¿Gemelos?», murmuro en voz alta mientras la ansiedad me invade ante la idea de volver a pasar por un embarazo como el de Asher y Atticus.
Agarrándome fuerte a la camilla, me preocupo mientras una oleada de náuseas amenaza con hacerme vomitar otra vez.
«Sí, yo diría que son mellizos. Cada uno tiene su propia bolsa y placenta. Felicidades», dice Natalie con una sonrisa.
Pero yo ya lo había visto, ya me había fijado en la separación física entre los fetos. Cada uno tiene una bolsa sana y una placenta firme, lo que solo se reafirma cuando ella mide el flujo de sangre en el cordón umbilical y toma las medidas de cada bebé, uno por uno.
El segundo bebé está escondido detrás de una de mis costillas, lo que significa que le resulta más difícil tomarle las medidas; parece que le cuesta trabajo el ángulo en el que está recostado, así que sé al instante lo que me va a pedir.
Me hace cambiar de postura y ponerme de lado para animar al bebé a que se mueva y salga de mi costilla para verlo mejor, y ahí es cuando las medidas promedio revelan que el segundo bebé es unos días más pequeño, algo que no es preocupante, dadas las circunstancias.
«¿Todo bien?», pregunta Zach, probablemente por el tenso silencio.
«No hay nada de qué preocuparse con los mellizos», murmura Natalie, demasiado concentrada en su trabajo como para responder correctamente a la pregunta.
«¿Les gustaría saber el sexo y probar la ecografía en cuatro dimensiones?», nos pregunta.
«Nos encantaría», acepta Zach, tan emocionado que responde por todos.
Entre risas, todos miramos la pantalla mientras ella cambia la imagen a la vista en cuatro dimensiones. Todo pasa de ser plano a tener volumen y, al instante, veo los rostros de mis bebés, muy diferentes a los de los otros niños, pero también con algunas características similares.
Eso me lleva a la cruda idea de a quién pertenecen estos niños, y mis pensamientos hacen que mire a cada uno de ellos con asombro. Seguramente las muestras de semen negativas de Zach y Tyler significan que los bebés no son suyos, pero, por otro lado, el esperma de Callum era tan débil que tuvimos que someternos a un tratamiento de fertilidad para tener a Antalya.
Las posibilidades son extrañamente iguales para todos...
«Bueno, eso es algo increíble... ¿verdad?», la voz de Zach hace que lo mire a él y luego a la pantalla para ver a mis hijos de nuevo.
Vaya, otros dos pequeños tesoros.
«No me esperaba que fueran dos; apenas me estaba haciendo a la idea de tener uno», murmuro, aunque estoy feliz y llena de alegría.
«Bueno, al menos no tendremos que preocuparnos de que tengan un amigo para jugar...», añade Callum con una sonrisa astuta.
Todos miramos a Tyler con expectación, deseando que nos confirme que él también cree que estos bebés son un milagro, al igual que nosotros tres.
«Creo que puede ser más difícil esta vez, ya que no somos jóvenes, pero no será menos divertido, y tienes razón, Callum. No tenemos que preocuparnos de que se sientan solos; siempre se tendrán el uno al otro», señala.
«Así que nada de reversión entonces. ¿Es eso lo que quieres decir?», bromea Zach.
«Vamos a ver cómo nos va con estos dos primero, Zach», río, insegura de si quiero tener más.
Pensé que habíamos llegado al punto de tener a casi todos nuestros hijos mayores, lo que significaba más tiempo libre para nosotros.
Pero Dios tenía otros planes.














































