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El aullido del Alfa Libro 2

Autor
Bianca Alejandra
Lecturas
19.7K
Capítulos
30
Autor
Bianca Alejandra
Lecturas
19.7K
Capítulos
30
🐺Paranormal🐺Hombres lobo y cambiaformas🔺Triángulo amoroso🎭Drama👩‍❤️‍👨Compañero predestinado💘Compañeros predestinados🧙‍♂️Paranormal y fantasía💪🏻Machos alfa🧙‍♀️Magos y brujas🔒Proximidad forzada

Lyla se ve atrapada en un torbellino de emociones y responsabilidades mientras la presionan para elegir entre sus dos compañeros, Sebastian y Caspian. La antigua solución del consejo los obliga a vivir juntos durante un ciclo lunar completo, lo que desata una intensa tensión sexual y revelaciones inesperadas. Mientras navegan sus complicadas relaciones, descubren oscuros secretos, enfrentan enemigos peligrosos y confrontan sus miedos más profundos. Lyla deberá decidir no solo a quién pertenece su corazón, sino también qué clase de líder quiere ser.

Establecer la ley

LYLA

Parecía que el tiempo se había detenido mientras el Consejo me miraba fijamente desde su mesa en forma de media luna.
Cada par de ojos me observaba atentamente, esperando mi respuesta a su pregunta.
¿Rechazarás a tu pareja de segunda oportunidad y te comprometerás completamente con el alfa?
Volví mi mirada hacia Sebastian y mi corazón comenzó a acelerarse.
Sus ojos estaban llenos de una profunda tristeza; sabía exactamente lo que sentía...
Porque yo también lo experimentaba.
Estábamos conectados por nuestro vínculo de apareamiento. Sentíamos el dolor del otro.
Pero estaba sintiendo algo más que el dolor de Sebastian...
También percibía el de Caspian.
No podía soportar la idea de romper mi vínculo de apareamiento con ninguno de aquellos hombres. Causar tanta agonía a alguien que amaba...
No importaba la elección que hiciera, alguien iba a salir herido.
—Lyla, por favor, responde a la pregunta —dijo Tiberio, golpeando con los dedos en la mesa—. No tenemos todo el día.
Dame un minuto, idiota.
Me estás pidiendo que tome una decisión que afectará al resto de mi vida...
Y no sólo a la mía...
Las vidas de los dos hombres que más me importan cambiarán para siempre.
Mis compañeros.
Tenía que estar segura de que estaba tomando la decisión correcta.
—Lyla, tu decisión —dijo Tiberio, esta vez con más énfasis—. Ahora.
¡Oh, Diosa, no sé qué demonios hacer!
Mis labios se separaron ligeramente y comencé a tartamudear.
—Yo... yo... elijo...
Sinceramente, no sabía qué nombre iba a salir de mi boca.
Mi mente se había quedado completamente en blanco y mi cuerpo estaba en piloto automático.
Mi corazón y mi cabeza se habían desconectado, dejándome como un desastre.
Pero no tenía otra opción.
Había llegado a mi destino final.
Tuve que elegir.
—Elijo...
¡DETENTE!
Sebastian salió disparado de su silla, y al instante me tragué las palabras en la garganta.
—Esto es una locura —gruñó, mirando a su Consejo—. ¿Cómo podéis esperar que tome esta decisión cuando sólo nos conocemos desde hace dos semanas? ¿O cuando todavía estamos alterados por lo que pasó con Silas?
—Silas es precisamente la razón por la que debes comprometerte con esto ahora —dijo Tiberio—. Muestra tu fuerza a la manada.
—Así es como se hace —dijo Cayo—. Es la tradición.
—¡Bueno, a la mierda la tradición! —dijo Sebastian, saltando sobre la mesa y poniéndose a mi lado.
No pude evitar sonreír al ver cómo me defendía.
Pero no había sonrisas al otro lado de la mesa.
—No seas infantil, Sebastian —dijo Tiberio—. No se trata sólo de vosotros dos. Se trata de la manada.
—Mi manada —dijo Sebastian—. Soy el alfa, ¿recuerdas?
—Entonces empieza a actuar como tal —respondió Tiberio—. Hasta que estés oficialmente emparejado, te supeditas a nosotros en los asuntos de la manada.
Siempre había pensado que Sebastian era el lobo que mandaba, el alfa con el que no querías cruzarte, pero esta reunión del Consejo estaba poniendo su posición bajo una nueva luz.
El tío de Sebastian parecía tan intimidante como su sobrino en aquel momento. Hablaba en serio.
—Tiene que darnos su respuesta para que podamos dejar atrás toda esta tontería —dijo Tiberio, quien se puso en pie y me miró fijamente.
—No, se levanta la sesión —dijo Sebastian, cogiéndome de la mano y tirando de mí hacia la puerta.

SEBASTIAN

Respiré hondo mientras conducía a Lyla al porche de la Casa de la Jauría Real. Nos desplomamos el uno junto al otro en un desvencijado columpio de madera.
Lyla me frotó la espalda mientras yo apoyaba la cabeza en mis manos.
—Tiberio no distingue su propio culo de una luna llena —dije, frustrado—. ¿Quién diablos es él para decirme qué debo hacer?
Pero ya sabía la respuesta a mi pregunta.
Tiberio, al ser mi pariente de sangre, estaba al mando del Consejo hasta que me aparease con mi Luna en una ceremonia oficial.
Lo que significa que no tengo demasiada suerte.
Sabía que el Consejo quería entregarme las riendas, para verme por fin ocupar el lugar de mi padre, pero el hecho de que no me consideraran preparado me parecía una bofetada.
Odiaba que Tiberio me tratara como a un niño, siempre intentando controlarme; desde que Silas asesinara a mis padres, había sido duro conmigo.
Probablemente me culpa por lo que pasó con Silas, también.
No importa. Tiberio puede meterse su garra juzgadora por el...
—Sebastian —dijo Lyla suavemente, sacándome de mis pensamientos.
Me giré para mirar a mi compañera; sus ojos estaban llenos de preocupación.
—¿Qué va a pasar entre nosotros? —preguntó—. Sé que el Consejo quiere una respuesta, pero...
—No digas ni una palabra más —dije, tomando su mano—. Lo que te he dicho antes iba en serio.
—¿Qué quieres decir? —dijo, y sus dedos se entrelazaron con los míos.
—Quiero que te sientas cómoda cuando tomes esa decisión —respondí—. No quiero que elijas sólo porque el Consejo te obliga a elegir.
Especialmente cuando no sé si el elegido voy a ser yo...
—No te preocupes por el Consejo —dije—. Tómate todo el tiempo que necesites.
Intenté parecer confiado, pero la verdad era que no sabía cuánto tiempo podría entretenerlos.
Al menos, si Lyla no termina eligiéndome, al menos habré pasado más tiempo con ella.
Me miró con sus grandes y hermosos ojos de cierva, y me encontré perdido en su inocencia.
Aquello no podía ser fácil para ella, sentir la atracción del apareamiento por dos hombres.
Pero yo soy el hombre que va a ganar su corazón.
Me incliné hacia ella y le puse la mano en la cara, con el pulgar rozando sus labios.
Sus mejillas se sonrojaron al instante.
—Sebastian, espera... No debería...
Sus palabras sonaron dubitativas, pero al colocar mi otra mano en su cintura, sentí que su cuerpo se relajaba ante mi contacto.
—No quiero que pienses en nadie más ahora mismo —gruñí suavemente en su oído—. Sólo en mí.
Ahora que estábamos solos, la atracción de nuestro vínculo de apareamiento se intensificaba, y yo quería hacer que Lyla olvidara que tenía que elegir.
Mi cuerpo se apretó contra el suyo y noté que me excitaba.
El columpio del porche se balanceaba chirriantemente mientras mi mano subía por su cuerpo y le agarraba la nuca.
Empecé a guiar su cara hacia la mía mientras sus labios se separaban...
—Caspian —dijo Lyla sin aliento.
—¡¿Qué?! —gruñí, pero entonces vi que Lyla estaba señalando detrás de mí. Me di la vuelta para encontrar a Caspian mirándome.
—Espero no interrumpir —dijo, tratando de mantener un tono estable
No te quepa duda de que lo haces.

CASPIAN

Lyla se apartó de Sebastian y trató de alisar las arrugas de su ropa.
Me miró con culpabilidad, pero yo no estaba enfadado con ella. Ni lo más mínimo.
A Lyla le habían tocado dos compañeros, no tenía control sobre eso.
Pero aparentemente Sebastian no tenía control sobre sí mismo.
Ese bastardo lujurioso necesita aprender a mantener sus garras lejos de mi compañera.
Sebastian me lanzó una sonrisa de satisfacción, como si supiera lo que estaba pensando.
—¿Os importa si me uno? —pregunté, tomando asiento en el banco frente a Sebastian y mirándolo con desprecio.
—Haz lo que quieras —gruñó Sebastian.
Parecía evidente lo que él habría querido hacerme.
¿Qué tiene este imbécil que yo no tenga?
Me bastó con echar un rápido vistazo a mi entorno para responder a esa pregunta.
La inmensa hacienda de Sebastian.
Su Casa de la Jauría Real que se sentía más como un palacio.
Los sirvientes se arremolinan a su alrededor, asistiéndole sumisamente.
Oh, claro... Él es el maldito Alfa Real.
Había una parte de mí que había pensado que nunca estaría a la altura de Sebastian.
Él lo tenía todo, incluyendo a Lyla...
Pero entonces aquel fatídico rayo de luna me golpeó en la ceremonia de la segunda oportunidad.
Y Lyla ya no era sólo de Sebastian...
También era mía.
Pero ambos estamos atados a ella...
Nos sentamos todos en silencio en el porche, el canto de los grillos llenaba el vacío.
La tensión era incómoda, colgando en el aire espeso y húmedo.
Lyla levantó la vista y separó los labios como si fuera a decir algo, pero en lugar de eso se limitó a dedicarme una leve sonrisa.
No era mucho, pero aun así me hizo saltar el corazón.
La luz del sol le daba justo en el pelo rojo y parecía que ardía.
Con gusto ardería en esas llamas...
Le devolví la sonrisa, haciendo lo posible por evitar la mirada fulminante de Sebastian que podía ver por el rabillo del ojo.
Nada me impediría apreciar la belleza de la diosa que tenía delante.
La sonrisa de Lyla vaciló después de un momento y volví a la realidad.
Ninguno de nosotros tenía idea de cómo íbamos a navegar por aquel lío.
Lyla me había dicho que, pasara lo que pasara entre nosotros, lo resolveríamos juntos.
Sólo tenía que confiar en que sería fiel a su palabra...
Porque no tenía ninguna intención de alejarme de su lado.

LYLA

Miré de un lado a otro a mis compañeros, los dos hombres que tenían cada uno un trozo de mi corazón...
Ambos habían seguido a mi lado durante mi incertidumbre.
Y ambos se habían puesto en peligro cuando Silas había intentado hacernos daño a Skye y a mí.
Sabía que tendría que elegir con quién quería pasar mi vida, pero...
Perder a cualquiera de ellos era demasiado para soportarlo.
Ante aquel pensamiento, una oscuridad llenó mi mente, y aunque intenté luchar contra ella, perdí la batalla.
Tal vez ambos estarían mejor sin ti.
No te los mereces de todos modos.
Me pregunté si mis oscuros pensamientos tenían algo de verdad.
Estaba hiriendo a dos personas que amaba por no tomar una decisión.
Pero me estaría perjudicando al elegir la pareja equivocada...
No sabía qué era peor.
¡Diosa, esto es tan confuso!
Sólo necesitaba espacio para pensar.
Tal vez sería mejor si me fuera por un tiempo.
Darme la oportunidad de aclarar mi cabeza y ordenar mis sentimientos.
Entonces podría tomar una decisión sin la presión del Consejo, especialmente de Tiberio.
—Oh, bien, estáis todos aquí.
Me giré para ver a Tiberio entrando en el porche.
Hablando del rey de Roma...
—El consejo necesita consultar con vosotros inmediatamente —nos comunicó, mirándonos de uno en uno sin poder disimular un gesto de desaprobación.
—¿Con todos nosotros? —preguntó Sebastian, sorprendido.
—Sí, esto concierne a los tres —respondió Tiberio.
***
Me coloqué ansiosamente entre Sebastian y Caspian mientras nos enfrentábamos al Consejo.
Tiberio estaba flanqueado por Cayo y Magnolia a un lado, y por Tito y Tonya al otro.
En el centro de la mesa de luna creciente había un libro grueso y polvoriento. Parecía que podía tener cientos de años.
¿Qué estamos haciendo todos aquí?
Empezaba a sentirme como si estuviera en un juicio.
¿Necesito conseguir un abogado?
Esta situación es... inaudita... cuando menos —dijo Tiberio, rompiendo el silencio. Magnolia se movió incómoda en su silla.
—Con eso me refiero a tener una pareja destinada y una pareja de segunda oportunidad simultáneamente. Es sencillamente insólito —continuó Tiberio.
—Bueno, excepto en un caso —dijo Tonya. Titus asintió mientras ella hablaba.
—Sí, a eso iba. Ya que vosotros tres parecéis estar decididos a darle a esta decisión de apareamiento todo el tiempo del mundo... —señaló Tiberio, molesto.
—Hemos tenido que ir insoportablemente lejos en los anales de la historia de la Jauría Real para encontrar alguna semejanza de solución —puntualizó el consejero, posando su adusta mirada en Sebastian.
—Esto ya ocurrió una vez en la Jauría Real —explicó Cayo—. Y la resolución... bueno, es poco ortodoxa.
—Suéltalo ya —gruñó Sebastian.
—Sí, déjate de rodeos —dijo Caspian, dándole la razón a Sebastian por primera vez.
Tiberio se aclaró la garganta y abrió el pesado libro. El polvo voló por todas partes.
Su dedo recorrió una página desgastada mientras leía en voz alta.
—Según la antigua ley de las manadas, cuando un individuo se debate entre parejas, los tres lobos deben vivir juntos durante un ciclo completo de la luna...
Los ojos de Tiberio se dirigieron a mí, y mi corazón saltó a la garganta.
—Hasta que la loba tome su decisión.
Vivir...
¿JUNTOS?
Oh, querida Diosa, ¿en qué me he metido?

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