
El Bebé de un Desconocido
Autor
Heather Teston
Lecturas
916K
Capítulos
23
Capítulo 1.
BRAD
Brad Damon se encontraba de pie entre un grupo de caballeros, degustando un champán de alta gama y fingiendo interés en sus conversaciones.
Incluso rodeado de gente, destacaba como un faro en la noche.
Era un hombre alto, de cabello oscuro y complexión atlética que se apreciaba aun bajo su esmoquin.
Sus ojos verdes, brillantes cual esmeraldas, hacían que muchas de las hermosas damas presentes se sintieran como mariposas revoloteando a su alrededor.
Aburrido como una ostra, Brad consultó su reloj de lujo y frunció el ceño. Anhelaba estar en cualquier otro sitio.
La verdad es que estos eventos benéficos le resultaban un verdadero tostón. Su abuela solía asistir a ellos, pero se encontraba en casa con un resfriado de campeonato. Le había pedido que fuera a Nueva York en su lugar.
Suspiró. ¿Cómo podía negarse a la mujer que lo había criado y aguantado sus travesuras durante tantos años?
Ella fue quien le confió la empresa de su abuelo para que la dirigiera cuando tuvo la edad suficiente, convirtiéndolo en un hombre inmensamente rico.
Se esforzó al máximo y se convirtió en el mejor corredor de inversiones, haciendo que sus clientes amasaran fortunas.
Ahora, con solo 30 años, sus propias inversiones habían crecido tanto que podía vivir a cuerpo de rey.
Adquirió un rancho en Texas y construyó una casa de ensueño, contratando personal para que se encargara de todo.
Trasladó a su abuela allí e incluso contrató a una enfermera para que viviera con ellos y la cuidara, aunque a menudo parecía más saludable que un roble.
«Daría mi brazo derecho por estar de vuelta en el rancho ahora mismo», pensó mientras se aflojaba un poco la corbata.
Mirando su reloj nuevamente, decidió que ya había tenido suficiente por una noche. Regresaría a casa al día siguiente, pero hasta entonces, tal vez podría pasar un buen rato...
Recorrió la sala con la mirada, evaluando a todas las mujeres. Las había sentido observándolo toda la noche, sabiendo que todas esperaban que las notara y las llevara de vuelta a su hotel.
Era conocido como un Don Juan moderno, pero los rumores sobre cómo trataba a las mujeres no parecían disuadirlas de desearlo.
Se le acercaban, ansiosas por lo que fuera que les pudiera ofrecer, deseosas de acostarse con él, aunque supieran que solo sería un amor de una noche.
Sus ojos recorrieron la multitud, y fue entonces cuando la vio.
Cassie Green.
Su corazón comenzó a latir desbocado y sus manos se humedecieron mientras la observaba moverse entre la gente con una bandeja, sirviendo bebidas.
Recordó la noche que pasaron juntos en su habitación de hotel. ¿Realmente habían pasado cuatro años?
La había conocido en Nueva York cuando trabajaba en un bufete de abogados con el que estaba haciendo negocios.
Llevaba unas gafas grandes que hacían que sus ojos color avellana parecieran enormes y tenía el cabello recogido en un moño en la parte superior de la cabeza.
Su ropa era sencilla, pero él sabía que bajo esas prendas y gafas había una mujer de infarto.
Aunque intentó seducirla, ella era callada y tímida y no respondía a sus coqueteos.
Sin darse por vencido, se propuso lograr que la seria Cassie se acostara con él.
Le tomó un par de días, pero logró que aceptara cenar con él.
Reservó una mesa en el restaurante de su hotel. Cuando ella apareció con un pequeño vestido negro, con el cabello suelto cayendo por su espalda y hombros, casi se le sale el corazón del pecho.
Era hermosísima y lo excitaba como nunca. Supo que tenía que hacerla suya.
Pidió champán y bebieron y comieron. Notó que cuanto más bebía Cassie, más relajada se volvía, así que pidió una segunda botella.
Terminaron en su habitación de hotel. Podía notar que ella estaba un poco asustada, así que fue despacio, pero resultó ser muy apasionada.
Pasaron las siguientes horas haciendo el amor de diferentes maneras. Ella estaba ansiosa por aprender y se entregó a él una y otra vez.
Le encantaba lo húmeda y apretada que estaba y cómo arqueaba la espalda, haciendo sonidos. Fue el mejor sexo que había tenido en su vida.
Pero luego, después de su mayor placer de la noche, ella le dijo que lo amaba.
Se asustó como un conejo. Brad Damon no hacía el amor. Así que por la mañana, mientras ella dormía, hizo su maleta, dejó algo de dinero sobre la mesa y se marchó en silencio.
Voló de regreso a Texas, pensando que había evitado un problema. Pero no podía dejar de pensar en ella. Cassie se había metido en sus pensamientos.
Un año después, volvió a Nueva York a la oficina donde se habían conocido. Le dijeron que ya no trabajaba allí y que no había dejado una dirección.
Intentó encontrarla durante semanas pero no pudo. Finalmente, tuvo que dejar de buscar. Ella había desaparecido como por arte de magia.
Y ahora aquí estaba, cuatro años después, con su largo cabello rubio cayendo por su espalda, vistiendo una falda negra y una camisa blanca abotonada, sirviendo bebidas a un grupo de hombres ricos.
Se quedó de piedra mientras observaba a Cassie girar la cabeza hacia él. Al ver cómo su rostro palidecía, supo que lo había reconocido.
Ella se dio la vuelta y salió corriendo de la sala, y él fue a seguirla, pero una mujer de grandes pechos y cabello pelirrojo se interpuso en su camino, impidiéndole salir.
Miró en todas direcciones, tratando desesperadamente de ver hacia dónde había ido Cassie. La pelirroja no dejaba de hablar, y finalmente la apartó con suavidad y se abrió paso entre la multitud hacia una puerta batiente.
Entrando apresuradamente a la cocina, preguntó a todos si sabían adónde había ido. Nadie parecía haber notado nada, así que pidió ver al gerente.
—Necesito la dirección de Cassie Green —exigió Brad.
—Lo siento, señor, no puedo dar esa información —dijo el hombrecillo, moviendo los pies nerviosamente. Era evidente que no estaba cómodo con la petición.
Suspirando, Brad sacó su billetera y le entregó un fajo de billetes.
—Apuesto a que esto ayudará —dijo secamente, observando cómo se iluminaba el rostro del hombre.
Nunca dejaba de sorprenderle que la gente dijera o hiciera cualquier cosa si les mostrabas mucho dinero.















































