
El Universo de la Discreción: The Order
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Capítulo 1
Llevaba apenas dos semanas en la universidad cuando se me acercó un chico que, como descubrí más tarde, formaba parte de una sociedad secreta.
«Has sido elegido», me dijo, entregándome una tarjeta negra que era del tamaño de una tarjeta de presentación.
La desdoblé para revelar un número de teléfono.
Al principio, pensé que era algún tipo de broma para los novatos. Pero después de tres días, la curiosidad me venció.
Guardé el número en mis contactos y envié un simple hola.
Una hora después, recibí una respuesta.
Desconocido
Has sido seleccionado por La Orden
Desconocido
En breve se te enviará una serie de preguntas
Desconocido
No te conviene compartir esta información
¡Joder! ¿Se suponía que debía sentirme honrado, asustado o que me estaban tomando el pelo?
Casi me había convencido de que todo era una gran broma cuando empecé a recibir mensajes de texto individuales con preguntas.
Desconocido
¿Por qué Hargrave?
Richard
Porque es la mejor
Desconocido
¿Cuál es tu orientación sexual?
Richard
Hetero
Desconocido
Sabemos lo de Kyle Denver
¿Cómo sabían eso? ¡Eso fue en el instituto!
Richard
Vale, bicurioso
Los mensajes se detuvieron tan de golpe como habían empezado.
Pero a la mañana siguiente, recibí una especie de lema.
Desconocido
Sin leyes. Sin etiquetas. Sin límites.
Respondí con un atrevido Amén.
Desconocido
Miembros de nuestra organización se acercarán a ti con una «propuesta»
Desconocido
Acepta y pasarás a la siguiente ronda
Desconocido
Recházala y no volveremos a contactarte
Desconocido
No te conviene compartir esta información
¿A qué tipo de propuesta se referían?
***
Pasaron cuatro días y, sinceramente, ya me había olvidado de aquel extraño encuentro.
Las clases eran intensas pero increíblemente interesantes.
Nunca pensé que estudiar pudiera ser tan cautivador.
Mi cuarto de la residencia me asfixiaba, así que estudiaba casi siempre en la sala de estudiantes, escuchando mi lista de reproducción de sonidos de la naturaleza.
Tomaba apuntes de una forma que solo yo podía entender.
La única manera de aprender bien era manipulando la información, haciéndola mía sin perder el contenido original.
Estaba en medio de descifrar un párrafo muy difícil cuando una chica se sentó a mi lado.
Parecía innecesario por la cantidad de espacio que había en la mesa, pero no dije nada.
Seguí escribiendo cuando, de repente, dejó caer un papel negro sobre mi cuaderno.
Lo reconocí al instante y le eché una mirada.
Estaba escondida bajo una sudadera con capucha, mirando a la pared de enfrente, con la cara totalmente oculta.
Abrí el papel con cuidado y casi me atraganto con mi propia saliva.
El papel negro tenía cinco líneas escritas con una letra fluida y un bolígrafo blanco.
Sin leyes
No me mires.
No dejes de hacer lo que estás haciendo.
No llames la atención.
Méteme los dedos hasta que me corra.
¡Joder! ¿Qué clase de propuesta era esta?
¿Y qué clase de organización era esta?
Lo loco es que la cabeza me daba vueltas.
Había jugueteado un poco en el instituto, pero ¿esto?
Sentía que el papel me estaba dando una especie de permiso especial.
¿Era ese el objetivo de todo esto?
Si decía que no, esta experiencia terminaría.
Pero ahora tenía aún más curiosidad por ver a dónde llevaría esto.
Muy bien, a ver qué pasa.
Si me pillaban, estaría metido en la mierda.
Deslicé mi mano con cuidado por debajo de la mesa, fingiendo que estudiaba el texto que tenía delante.
No poder ver lo que hacía volvía esta loca aventura aún más emocionante.
Encontré lo que buscaba y presioné suavemente mi dedo medio en la abertura suave y húmeda.
Estaba claro que a la chica le excitaba tanto este secreto como a mí.
El ángulo era un poco incómodo, pero no podía hacer nada al respecto.
Añadí un segundo dedo, lo que hizo que se retorciera en su asiento.
Moví los dedos hacia arriba y hacia dentro, despacio pero deliberadamente.
Podía sentir cómo intentaba no reaccionar mientras su clítoris se hinchaba bajo mi tacto.
Saqué los dedos y usé la punta del dedo medio para estimularla más.
Dando vueltas y vueltas... La chica me agarró la rodilla y la apretó cada vez más fuerte.
Entonces, de repente, me soltó, se levantó y se marchó.
¿Qué mierda?
Fue un subidón total de adrenalina; ¡no podía creer lo que acababa de hacer!
Sobra decir que concentrarme en los estudios era mucho más difícil con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho.















































