
El vaquero con el corazón de piedra
Autor
Heather Teston
Lecturas
1,4M
Capítulos
35
Capítulo 1.
Brock, a sus 28 años, era un hombre alto, moreno y fornido. A diferencia de sus hermanos más alegres, él tenía un carácter serio.
Todos los hermanos compartían el pelo castaño. Aunque más bajos que Brock, también eran atractivos.
Las chicas se fijaban en los hermanos, pero Brock no les hacía caso.
Cuando sus padres fallecieron, los hermanos heredaron la finca. Brock quedó al mando porque los trillizos eran aún jóvenes.
ACTUALIDAD
Brock estaba montado en su caballo bajo el sol abrasador, vigilando sus tierras y el ganado. Se quitó el sombrero y se secó el sudor de la frente.
Añoraba Nueva York con sus edificios fresquitos y sus buenos restaurantes.
Al morir sus padres, tuvo que volver para hacerse cargo del rancho y cuidar de sus hermanos. Ellos solo tenían 15 años entonces, y no les quedaba más familia.
No quería vender la casa de sus padres. Ellos la adoraban y habían trabajado como mulas en su negocio ganadero. Él regresó, pero no le hacía ni pizca de gracia. Esta no era la vida que había soñado.
Para colmo, la mujer que amaba rompió su compromiso cuando le dijo que se mudaba a casa y le pidió que lo acompañara.
Recordó la conversación con ella el día que le contó lo de sus padres.
CINCO AÑOS ATRÁS
—Lo siento mucho por tus padres. ¿Quieres que vaya contigo al funeral?
—Sí, pero no voy a volver.
—¿Y eso por qué? —preguntó ella, pintándose las uñas.
—Mis hermanos solo tienen 15 años y me necesitan. Tengo que dirigir el rancho y criarlos hasta que sean mayores. Serán unos años. Quiero que vengas conmigo.
Ella lo miró como si le hubiera salido otra cabeza.
—¿Quieres que viva en un rancho mugriento con adolescentes? Ni de coña. Busca a alguien más que los cuide.
—Yo quiero casarme con un empresario forrado, no con un granjero apestoso. Tú eliges: o te quedas aquí y te casas conmigo o vuelves a casa.
Él la miró con tristeza.
—Te quiero. Pensaba que me querías. Pero tengo que volver.
Shelby se quitó el anillo de diamantes y se lo tiró.
—Jamás podría vivir con un vaquero sucio y maloliente, y mucho menos quererlo. Adiós, Brock. Que te vaya bonito.
No podía creer que lo dejara ni lo que le había dicho. Entonces sintió que su corazón se endurecía.
Decidió que todas las mujeres solo iban detrás del dinero. Nunca volvería a amar ni a confiar en una mujer.
ACTUALIDAD
Brock dejó que los trillizos se fueran temprano para arreglarse para el baile del pueblo. Él nunca iba. Prefería quedarse en casa empinando el codo solo.
Pero esta noche, tenía que mantenerse sobrio porque mañana debía llevar ganado para vender en otro pueblo.
Nunca llevaba a sus hermanos porque los consideraba demasiado jóvenes. En su lugar, llevaba a sus trabajadores.
El sol se estaba poniendo cuando cabalgó a casa. Se bajó del caballo, le quitó la silla, lo alimentó y entró. Cuando vio la cocina hecha un desastre, se puso hecho una furia.
Había ollas sucias en el fregadero. La cocina y la encimera tenían comida pegada. Había platos y tazas por toda la mesa.
Gritó a pleno pulmón:
—¡Cody, Rory, Lee, bajad aquí ahora mismo!
Los tres hombres bajaron corriendo y se quedaron de piedra al ver a su hermano mayor agitando los brazos.
—¿Qué es este desastre? Lo dejé todo limpio antes de irme a trabajar —miró a cada uno, esperando una respuesta—. Venga, ¿qué tenéis que decir?
Rory fue empujado al frente por sus hermanos.
—Brock, teníamos prisa por arreglarnos para el baile. Ya sabes que se nos da fatal limpiar.
—Necesitamos un ama de llaves que cocine y limpie por nosotros. Dijiste que la necesitábamos, ¿por qué no has contratado una?
—No me echéis la culpa —dijo Brock cabreado—. Sabéis que he estado hasta arriba, y mañana tengo que llevar ganado al pueblo de al lado.
Miró el desastre y se rascó la cabeza. Estaba demasiado cansado para limpiar, así que miró a sus hermanos.
—Estaré fuera cuatro días. Tenéis hasta entonces para encontrar un ama de llaves y limpiar este desastre antes de que vuelva.
—Vale, ¿podemos ir a prepararnos para el baile ya? —preguntó Rory, con la toalla en la mano.
—Sí, id y no arméis jaleo cuando volváis —respondió.
Sacó una cerveza de la nevera y salió al porche. Se sentó, pensando en cuando regresó a casa por primera vez.
Se acostó con algunas mujeres su primer año de vuelta, pero solo las usó. Después de eso, dejó de salir.
Sus hermanos eran jóvenes y a menudo traían mujeres a casa después de los bailes.
No le importaba mientras se mantuvieran alejadas de él. Se alegraba de que su dormitorio estuviera en el piso de arriba con su propio baño. Las habitaciones de los trillizos estaban en el segundo piso.
Se despertó temprano y fue a hacer café. Negó con la cabeza al ver botellas de cerveza vacías por todas partes.
Era evidente que los chicos habían traído a sus ligues a casa cuando vio bolsos en el suelo.
Puso el café y abrió la nevera. Soltó un taco cuando vio ropa interior femenina en un estante.
Cogió la leche y cerró la puerta de un portazo. Antes de irse, escribió una nota diciéndoles que limpiaran y encontraran un ama de llaves para cuando él regresara.














































