
Encuentro con un Alfa
Autor
Kim F.
Lecturas
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Capítulos
23
Capítulo 1.
STORM
El ascensor emitió un sonido y sus puertas se abrieron para dejar salir a algunas personas. Storm también salió. Aquí era donde trabajaba su marido. Acababa de conseguir un trabajo estupendo que anhelaba y estaba ilusionada por contárselo.
Storm no se molestó en llamar. Simplemente abrió la puerta.
—Cariño, no te lo vas a creer... —Se quedó sin palabras y soltó un grito ahogado al ver a su marido sin pantalones, embistiendo a una mujer inclinada sobre su escritorio.
El vestido de la mujer estaba subido y sus pechos descansaban sobre los papeles del escritorio. Estaba haciendo ruidos escandalosos.
Lyle dejó de moverse y sus ojos grises se clavaron en el rostro atónito de Storm. La mujer levantó la vista y Storm reconoció a Jessica, la asistente de su marido.
—¡Storm! —exclamó Lyle—. Cariño, no es lo que parece.
Storm abrió de golpe las persianas que ocultaban la oficina de su marido de los otros empleados. Abrió la puerta de par en par y salió disparada hacia los ascensores.
Entró en el primer ascensor disponible. Al darse la vuelta, vio a Lyle intentando subirse los pantalones mientras todos en la oficina lo miraban boquiabiertos.
Storm pulsó el botón del primer piso, haciendo un esfuerzo por no echarse a llorar. Cuando las puertas del ascensor se cerraban, vio al Sr. Jameson, el jefe de su marido, corriendo hacia la oficina de Lyle.
Al salir del edificio, dio con un taxi que dejaba a alguien. Se subió como una exhalación.
Después de darle su dirección al conductor, Storm llamó a su hermano River. Él contestó al tercer timbre.
—Hola, hermanita. ¿Le contaste a Lyle tus noticias? ¿Se puso contento? —Sonaba alegre y Storm rompió a llorar.
Lloró desconsoladamente por teléfono y su voz cambió.
—¡Storm! ¿Estás bien? ¿Te ha pasado algo? Dime dónde estás e iré a buscarte —sonaba muy preocupado.
—Estoy en un taxi —dijo entre sollozos—. ¡Lyle me está poniendo los cuernos! —Hipó—. Fui a su oficina para darle una sorpresa y lo pillé acostándose con su asistente.
—Menudo sinvergüenza... Vale. Vale, Storm, yo me encargo. Ven a mi oficina y empezaremos los papeles del divorcio. Vas a divorciarte de él, ¿verdad, hermanita?
Ella asintió, luego cayó en la cuenta de que él no podía verla.
—¡Sí! Tenía la mosca detrás de la oreja, pero no lo sabía a ciencia cierta hasta ahora. No quiero saber nada más de él nunca jamás.
—Puede quedarse con todo. La casa, el dinero de nuestra cuenta compartida, todo. Solo quiero las acciones que papá me dejó en la empresa, mis cosas personales y mi camioneta. Todavía tengo mis ahorros y la cuenta bancaria que me aconsejaste mantener.
Storm le dio al conductor la dirección de la oficina de River.
—Estaré en tu oficina en unos diez minutos —se recostó mientras el conductor daba la vuelta y regresaba al centro de Seattle. Cuando el taxi se detuvo frente al edificio de River, Storm pagó al conductor y subió a la oficina de su hermano, donde él la abrazó para consolarla.
—Hola, pequeña —la abrazó fuerte mientras ella apoyaba la cara en su pecho—. Envié a mi asistente, June, a tu casa para que empacara algunas maletas y no tengas que verlo. Llamé a tu ama de llaves para que la dejara entrar. Te quedarás en mi casa hasta que decidamos qué hacer. ¿Ya ha intentado llamarte?
Ella sorbió y se sentó en la silla frente a su escritorio.
—No, pero estoy segura de que lo hará.
River tomó un teléfono de su escritorio.
—Dame tu teléfono. Usa este. Ya puse mi número en él. Apagaremos el tuyo y lo desconectaremos.
Storm le dio su teléfono viejo y River le quitó la batería.
—Ya tengo a mi socio trabajando en el primer borrador de los papeles del divorcio —dijo—. Te llevaré a mi casa tan pronto como June traiga tus maletas. Revisaremos los papeles mañana y haré que alguien le entregue los papeles a Lyle. Pondremos la maquinaria en marcha.
—Gracias, River. Eres el mejor hermano que una chica podría tener.
Él sonrió.
—Te quiero, hermanita. También recuperaremos las acciones del negocio de papá. Él no debería tener ni un pelo de eso.
***
Una hora después, June llegó con tres maletas y un neceser. Había tomado todo lo que pudo, incluyendo zapatos, cepillo de dientes y el secador de pelo de Storm. Al salir de la oficina, June le dio a Storm una sonrisa amable y le apretó el hombro para darle ánimos.
Justo cuando June se iba, sonó el teléfono de la oficina de River y él contestó rápidamente.
—Bien, perfecto, Peter. Tráemelo y lo revisaré esta noche con Storm. Ten listo al repartidor de documentos para primera hora de mañana.
Colgó y miró a Storm.
—Era el socio al que le pedí que redactara los papeles del divorcio. Ya tiene un primer borrador listo.
—Como no estás pidiendo nada de lo que tienen en común y solo pides lo que era tuyo antes del matrimonio, debería ser pan comido.
—Si intenta pelear, será por las acciones de la empresa. Pero un juez no le permitirá quedárselas porque eran tu herencia, no la suya.
Ella le dio una pequeña sonrisa.
—Cuando lo nombré mi representante, estaba que no cabía en sí de gozo. No veía la hora de tener esa gran oficina y ser el jefe. Ahora lo pillo en plena faena con su asistente allí y me dice que no es lo que pienso. ¡Sé perfectamente lo que vi, y me aseguré de que toda la oficina lo viera también!
Su hermano esbozó una sonrisa.
—Bueno, con un poco de suerte alguien habrá tomado una foto o dos. Eso sí que demostraría lo que hizo —ambos rieron un poco.
Se puso de pie y extendió la mano para tomar la de ella.
—Vamos a mi casa, pongamos algo de comida en tu estómago. Después podemos revisar los papeles y cambiar cualquier cosa que quieras.
—Gracias, River. De nuevo —lo abrazó fuertemente, aferrándose a él como si fuera su tabla de salvación.















































