
Academia Eterna
Autor
Queen Vega
Lecturas
2,3M
Capítulos
50
Como si comenzar en una nueva escuela no fuera lo suficientemente difícil, Catalina se encuentra en una academia para seres sobrenaturales. No está segura de pertenecer allí, pero eso es antes de encontrar a sus compañeros: el dragón Mateo, el licántropo Lucien, el hada Nick, y... ¿Cómo puede una mujer tener tantos compañeros? ¿Qué tipo de ser sobrenatural es Catalina?
Clasificación por edad: 18+.
Prólogo
CATALINA
Me quedé plantada en medio del aparcamiento vacío. El sudor me empapaba el cuello y la espalda por el calor sofocante. Me limpié la frente con el dorso de la mano.
Esto era una mala idea. ¿Por qué estaba aquí? Ah, claro, se me fue la lengua y tenía que demostrar algo.
—¡Eh, novata! ¡Por aquí! —Giré la cabeza y vi a uno de los deportistas en el bosque cercano. ¿Cómo se llamaba? ¿Brad? ¿Blake? Daba igual. Todos eran unos cretinos.
El bosque rodeaba el instituto y estaba prohibido para los estudiantes. Entonces, ¿qué hacía él allí? Me entró mala espina, pero corrí hacia él.
—¿Dónde está todo el mundo? —pregunté.
Sonrió de una manera que me puso los pelos de punta.
Se dio la vuelta y se adentró en el bosque como Pedro por su casa. Lo seguí, sintiéndome cada vez más molesta. Mis zapatos negros se hundían en el barro.
Debido al chaparrón de anoche, todo estaba hecho un barrizal. Me maldije por no haber usado botas.
Pero no había planeado saltarme las clases e ir al bosque. Como dije, se me fue la lengua.
Él iba callado mientras caminábamos. Apartaba las ramas de su camino, pero me golpeaban en la cara cuando las soltaba.
Después de la tercera vez, supe que lo hacía a propósito. Gruñí:
—Hazlo otra vez y te doy una patada.
Se rio, sin inmutarse. Siempre son así hasta que les das su merecido. Entonces lloran como bebés.
Me reí para mis adentros y tropecé con una rama. Solté un siseo cuando una espina me pinchó, haciéndome sangrar. ¡Estaba harta de este maldito bosque!
Levanté la vista de mi brazo y vi que el deportista había desaparecido. Cómo no. Seguro que esperó a que me distrajera para largarse.
Seguí adelante. Más adelante había un claro. Pensé que todos los demás podrían estar allí.
Troté despacio y llegué en menos de cinco minutos, pero estaba vacío. ¿Qué se traían entre manos?
Después de la tercera clase de hoy, las chicas populares me habían parado. Aunque solo llevaba una semana en este instituto, rápidamente aprendí quiénes eran los peces gordos.
Y rápidamente hice que me cogieran manía. Me dijeron que querían arreglar cuentas antes del almuerzo.
Querían pelear conmigo uno a uno, y luego me dejarían en paz el resto del año. Dije que sí, pensando que podía defenderme bien. Tenía un buen gancho de derecha.
Ahora empezaba a sospechar que tenían otros planes mientras estaba parada en el claro vacío, con mi pelo ondeando en el aire caliente.
¿Era esto una broma pesada? ¿Había caído en una trampa? Seguramente querían traerme al bosque y dejarme tirada, haciéndome encontrar el camino de vuelta. Gallinas.
Me di la vuelta, lista para regresar.
—¿Te vas tan pronto? —Claire estaba allí, con una sonrisa maliciosa. Abrí la boca y algo me golpeó con fuerza en la nuca.
Me quedé sin aire mientras caía al suelo, y luego algo me golpeó en el estómago. Miré a un lado y vi a Selena y Bridget, las otras chicas populares.
Todas sonreían, sosteniendo bates, listas para golpearme de nuevo. Claire se rio.
—Parece que no.
Selena le lanzó un bate rosa, y luego todas empezaron a darme una paliza.
***
Cuando desperté, todo era diferente. No sentía ningún dolor, lo cual era raro. Moví los dedos para asegurarme de que no era solo que no sentía nada.
Pero me sentía bien. De hecho, me sentía llena de energía. Me incorporé y miré el bosque. Era mucho más tétrico de noche. Podía oír cosas moviéndose. Probablemente arañas. Me dio un escalofrío.
Me puse de pie y me sentí asqueada por la sangre seca en mi ropa. Esas arpías iban a pagármelas. ¿Atacarme en el bosque? ¡Eran unas cobardes!
—¡No te muevas!
Me quedé quieta, mirando por encima del hombro. Había dos hombres grandes con armas enormes. Apuntándome.
Levanté las manos.
—¡Yo no hice nada! Soy yo la que salió mal parada. Las malas seguro que están en casa ahora, pintándose las uñas —dije con una sonrisa forzada. Se miraron entre sí y luego se acercaron.
—Pon las manos detrás de la cabeza. No hables.
Arqueé una ceja pero hice lo que me dijeron. Tan pronto como mis manos estuvieron detrás, corrieron hacia mí y las ataron con una brida de plástico.
—¿Qué es esto? —Tiré de mis manos, viendo que no podía moverlas. Pues claro, Catalina, acaban de atarte las manos. —¡No pueden hacer esto! Tengo derechos.
¿Por qué me estaban deteniendo cuando yo era la que había sido agredida?
—Vendrás con nosotros —dijo el hombre más grande, agarrando mi brazo y levantándome. Intenté zafarme por un minuto hasta que me lanzó una mirada que me heló la sangre.
Me arrastraron por el bosque entre ellos. Estaba tratando de adivinar qué mentira había contado Claire para que me arrestaran. ¿Estaba siendo arrestada?
No llevaban uniforme de policía y no usaron esposas. Miré sus ropas negras de estilo militar, con grandes armas a la espalda.
Eso es mucho armamento para una chica de secundaria.
—¿Quién dijeron que era su jefe?
—No lo dijimos.
Me entró el pánico.
—¿Me están llevando a la comisaría?
De nuevo, se miraron entre sí pero no respondieron.
Ay madre, ¿Claire había contratado a unos matones para que terminaran el trabajo? Era lo suficientemente rica como para hacer eso.
Salimos de los árboles y volvimos al aparcamiento, donde había aparcado un gran coche negro. Ni siquiera era un coche patrulla. Esto pintaba mal.
—Escuchen, sea lo que sea que su familia les esté pagando, yo les pagaré el doble. Es decir, ¿realmente quieren lastimar a una adolescente inocente? —Pestañeé hacia el hombre a mi izquierda.
Una descarga en mi costado me hizo mirar a la derecha. El otro hombre sostenía un pequeño objeto negro, sonriendo de oreja a oreja.
—¿Qué me hiciste? —Mis ojos se estaban cerrando. Me sentía agotada de repente. Nunca escuché si respondió... si es que respondió. Caí contra el hombre a mi izquierda, perdiendo el conocimiento.
***
Por segunda vez ese día, desperté en un despacho. Una de mis muñecas estaba atada al brazo de la silla.
Tiré con fuerza, pero solo se apretó más. Alguien se aclaró la garganta frente a mí. Ni siquiera había visto al hombre grande sentado detrás de un escritorio marrón.
—¿Qué es esto? ¿Algún tipo de juego sexual? ¿Dónde estoy? —Dije lo del juego sexual porque el hombre era guapo. Tal vez decir eso le daría ideas.
Sacudí la cabeza mentalmente. Realmente necesito ayuda.
—Soy Victor Monroe, el director de la Academia Eternal —Su voz sonaba muy autoritaria y firme.
Miré al hombre de cabello oscuro, tratando de ver si quería hacerme daño. Normalmente podía leer a las personas.
Luego eché un vistazo rápido a la habitación, viendo los objetos del escritorio y los premios en la pared antes de volver a mirarlo.
—¿Por qué estoy aquí?
Se aclaró la garganta de nuevo.
—Hace unas horas, recibimos una alerta sobre un hombre lobo transformándose. Te encontramos, pero ya habías vuelto a tu forma humana.
Me quedé mirándolo con cara de póker... y seguí mirando.
—Perdona, ¿qué? ¿Acabas de decir hombre lobo? ¿Como Jacob de Crepúsculo?
Pareció confundido, lo que habría sido gracioso si no estuviera como una cabra. Hombres lobo... ¿en serio?
—Sí, un hombre lobo. Uno que no conocemos.
Me reí nerviosa.
—¿Crees que soy un hombre lobo? ¿Estás mal de la cabeza?
—No creo que lo seas, señorita Cortez, sé que lo eres. Como licántropo, puedo sentir el lobo de otra persona. Puedo sentir el tuyo ahora mismo, aunque es débil y no desarrollado.
Quería levantarme y alejarme de este chiflado, pero seguía atada.
—¿Qué tal si me sueltas y ambos vamos al hospital para que te den ayuda? —pregunté con cautela.
Gruñó, levantándose de su silla, luciendo salvaje y animal. Vi cómo sus ojos cambiaban de marrones a amarillo brillante.
Me quedé de piedra cuando el pelo comenzó a crecer en su cara y brazos. En menos de diez segundos, estaba mirando algo salido de mis peores pesadillas.
—¿Me crees ahora? —preguntó con voz áspera, más gruñido que humana.
Entonces hice lo que cualquier chica normal haría. Me desmayé.
***
Un dolor agudo en mi mejilla me despertó. Victor estaba de pie sobre mí, luciendo como un hombre normal otra vez. Menos mal.
—Esto es una locura —dije, ignorando que acababa de abofetearme.
Suspiró, volviendo a sentarse en su escritorio.
—Te prometo que la Academia Eternal es el mejor lugar para ti. Sin padres ni familia que te ayuden, podemos enseñarte todo lo que necesitas saber sobre ser un hombre lobo.
Me hundí en mi asiento, sabiendo que tenía razón. Si realmente era lo que él decía, necesitaría controlar esa parte de mí.
¿Qué pasaría si Claire y sus amigas estuvieran allí cuando me transformara? Podría haberlas matado.
—De acuerdo —dije. Él sonrió. El hombre parecía cambiar de humor como el viento. Probaría esta escuela. Cuatro años de mi vida. No es como si estuviera haciendo algo más con ella.
—Como es viernes, las clases no comenzarán hasta el lunes. Así que por ahora tendrás que dormir en las habitaciones de los profesores.
—Tendré tu horario listo para el domingo con tu habitación asignada. El lunes después de clases te unirás a los otros hombres lobo.
—Solo hay unos pocos aquí y han formado una especie de manada. Con suerte, el Alfa te aceptará fácilmente.
No me gustó cómo sonaba eso.
—¿Y si no lo hacen?
Suspirando, se pellizcó el puente de la nariz.
—Entonces tendremos un gran problema.











































