
Serie The Greystone Ridge Pack, Libro 3
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34
El mismo sueño
Alfa Hawk
Desde que Akasha desapareció, todo se había convertido en susurros. Los hombres de Draven seguían rondando nuestras fronteras. Creo que Akasha lo había convencido de que su misión era vigilarnos. Alice había hecho un trabajo increíble convenciendo a otras manadas de unirse a nosotros. Ahora estaba ocupada cuidando al hijo que tuvo con Sebastian.
Era un pequeñajo adorable, y ya podía ver una amistad fuerte formándose entre Max y Nox. Max estaba destinado a ser alfa cuando creciera; en cuanto a Estella, o Ella, como yo la llamaba ahora, no estaba seguro de lo que el futuro le depararía.
En cierto modo, agradecía la calma antes de la tormenta; nos había dado a Sebastian y a mí la oportunidad de pasar tiempo con nuestros hijos. Pero ahora era momento de actuar. Corrían rumores de que Akasha se había infiltrado entre algunos humanos cercanos, lo cual era una gran preocupación.
«¿Qué vas a hacer?» preguntó Star, dibujando figuras con los dedos sobre mi pecho mientras estábamos acostados en la cama. Los gemelos dormían tranquilos en su cuna junto a nosotros. No quería perderlos de vista.
«Los usará como carne de cañón contra nosotros. Tenemos que encontrarlo y matarlo antes de que haga algo.» El estrés me estaba consumiendo. Nunca me había apuntado para enfrentarme al mundo entero. «Supongo que podría hacerle una visita al Guardián Warwick, quizá sacarle algo de información a Ozworld, si es que sigue vivo.»
«Te has esforzado mucho para evitar que los humanos nos descubran. Ya es bastante difícil con lo que hacemos normalmente, pero si Akasha ha estado manipulándolos para meterlos en una guerra que no entienden, ¿cómo les vamos a dar la noticia de que han vivido con hombres lobo y vampiros durante siglos?» Los labios de Star pasaron de mi pecho a mi cuello mientras se subía encima de mí.
Le agarré las caderas mientras se movía contra mí. Su belleza despertó a la bestia dentro de mí cuando su coño se frotó contra mi polla. «Déjame quitarte las preocupaciones por un rato. Te he echado de menos, y los gemelos están dormidos.»
«Eres mi compañera, mi estrella brillante. La que me guía cuando mi mente se llena de oscuridad.» Empujé mi polla dura dentro de ella, soltando todo mi estrés y mis preocupaciones de golpe.
Star se movía encima de mí; su coño se apretó alrededor de mi polla cuando se corrió. Entonces la levanté y me puse sobre ella. El animal dentro de mí tomó el control. Amaba a mi esposa y compañera. Moriría por ella. A Razor también le encantaba follar a su compañera, Skylar, así que a mitad del polvo cambiamos, y dejé que Razor alcanzara su clímax, antes de volver a cambiar y yo terminé. Había algo mágico en poder cambiar y follar como humano y como lobo con tu compañera. La mayoría de las parejas elegían una forma u otra, pero con Star, la sensación de mi polla siendo tironeada mientras cambiaba era indescriptible.
«Oh, Dios mío.» Star se desplomó sobre la cama, su culo desnudo pidiendo a gritos ser mordido. En vez de eso, le besé la espalda subiendo hasta acariciar con la nariz el lado de su cuello donde estaba su marca.
«Te amo», murmuró, medio dormida.
Me moví para acunarla en mi brazo, con su cabeza apoyada en el hueco de este, y le besé la frente. «Eres mi mundo. Te amo.» Mientras me quedaba dormido, el mismo sueño que había tenido durante años invadió mi mente.
Hacía más de seis años, una vidente me guio, me dijo dónde estaría mi compañera. Había cruzado al territorio de la Manada Scarred Rebels, y en cuanto vi al Alfa Jamerson, se me cayó el alma al suelo. Su mueca de desprecio fue inmediatamente desagradable. Era un tipo asqueroso.
«He venido por mi compañera.» Mis palabras salieron inseguras.
«Aquí no hay lobas solteras», me espetó.
La manada era un desastre mientras buscaba el dulce aroma que llegó a mi nariz. «Compañera» repetía Razor sin parar. Los dos estábamos seguros de que ella estaba aquí. Entonces mis ojos la encontraron. Estaba detrás de una puerta con una pequeña ventana con barrotes.
«Compañera», gruñí, mostrando los dientes al repugnante alfa que me bloqueaba el paso.
«No es más que una chica inútil que no puede cambiar», me espetó.
No esperé su permiso y me lancé hacia donde estaba ella, arrancando la puerta de sus bisagras y cerraduras. Apenas la cubría un trapo. Le tendí la mano para que la tomara.
«Compañera», susurré, sin querer asustarla. Debía tener unos veinte años, pero la tenían encerrada como un animal enjaulado.
«Compañero.» Tragó saliva mientras tomaba mi mano. Todo su cuerpo temblaba cuando salió de la diminuta celda.
La tomé en mis brazos y la cargué, jurando no volver a pisar esta manada jamás.
«Llévatela. Solo te decepcionará como decepcionó a esta manada», gruñó el Alfa Jamerson cuando pasé junto a él.
«Los verdaderos compañeros nunca se decepcionan entre sí.» Le lancé una sonrisa burlona. Había venido solo en mi camioneta, dejando a mi beta a cargo mientras me embarcaba en este viaje.
«Astrid.» Por fin habló mientras yo conducía. «Me llamo Astrid.»
«Hawk. Soy el alfa de la Manada Greystone Ridge, y te protegeré y te amaré como un compañero debe hacerlo.» Le sonreí y le pasé una bolsa. «Ahí debería haber agua y un sándwich, quizá también un muffin de arándanos.»
Astrid lo devoró todo, y me pregunté cuándo había comido por última vez. Durante el camino de vuelta, logré que hablara. Antes de llegar a mi manada, me detuve. Estábamos en lo alto de la cordillera y la vista era impresionante. Las estrellas llenaban el cielo nocturno. Tomé su mano y la guié hasta la parte delantera de la camioneta.
«¿Ves todo eso?» Señalé hacia mi manada a lo lejos. «Este será tu nuevo hogar, uno lleno de amor e igualdad.» Le pasé el brazo por el hombro y al principio se estremeció, pero luego se acurrucó contra mí.
«Gracias.» Parpadeó para contener las lágrimas.
Nos quedamos allí, contemplando la zona. Le señalé algunos lugares y ella se relajó contra mí. Una estrella fugaz cruzó el cielo y sentí un cosquilleo en la piel. Había encontrado a mi compañera y la había traído a casa.
«Star. Eres mi estrella brillante.» Le levanté la barbilla y la miré a los ojos, que me reflejaban millones de estrellas. Desde esa noche, solo la llamé Star. Creo que parte de la razón era borrar su pasado. Le tomó un tiempo adaptarse, dejar de temer que le hiciéramos daño. Ahora, Star era la luz que guiaba a nuestra manada y me traía de vuelta a casa cada vez que estaba lejos; me daba todo lo que una compañera podía dar.
Esa mañana decidí hacerle una visita al Guardián Warwick y averiguar qué sabía Ozworld sobre Akasha y sus planes.
«Sebastian, hoy hay cambio de huéspedes en las cabañas. Asegúrate de que estén todas limpias y listas para los próximos invitados.» Me estaba reuniendo con él en mi oficina después del desayuno.
«¿Vas a ir solo?» Me miró con el ceño fruncido.
«Sí, creo que es lo mejor. Al Guardián Warwick no le gusta que otros vayan a su penitenciaría.» Me rasqué la cabeza y tomé el teléfono que tenía cargando. Star me convenció de llevarlo conmigo. «Aparte de unos cuantos merodeadores por ahí, todo está tranquilo, y ya sabemos lo que eso significa.» Le levanté una ceja.
«Sí, se nos vienen problemas.» Sebastian me dio una palmada en la espalda mientras salíamos. «Me aseguraré de que hagamos el doble de rondas por la zona.»
«Bien, nos vemos cuando regrese.» Lancé una bolsa en la camioneta y me subí. Si lograba que Ozworld hablara, quizá tendríamos una oportunidad en esta guerra que se nos venía encima.







































