
Amor Peligroso: La Reina Pícara
Autor
Alicia Sleyster Schmidt
Lecturas
1,1M
Capítulos
32
Prólogo
Era un día importante en la manada Dark Moon. El nuevo alfa, Daemon Morris, asumiría el título que le correspondía por derecho.
Todos estaban llenos de emoción porque ese era el día señalado para que también anunciara quién era su compañera destinada y luna de la manada.
Aylin Turner, de dieciocho años, sabía que sería ella. Cada vez que hablaba con el alfa o estaba cerca de él, el corazón le aleteaba.
Un día, la mano de él había rozado la suya, y una corriente de chispas le recorrió todo el brazo. Esa era una señal clara de que él era su compañero destinado.
Aylin esperaba que Daemon también hubiera sentido esas chispas. La sensación la había sacudido hasta lo más profundo, llenando su alma de una alegría inmensa y una necesidad de estar cerca de él.
No había forma de negarlo: él era su compañero destinado.
Además, era todo un ejemplar. Medía un metro ochenta, con el cabello castaño algo desordenado. No estaba tan marcado como la mayoría de los lobos de la manada, pero sus abdominales, apenas insinuados, comenzaban a notarse.
Pasaba largas horas entrenando duro con sus guerreros. Era todo un conquistador, siempre rodeado de hembras sin pareja.
Aylin se sentía amenazada por ellas. En cuanto a apariencia, no había forma de competir con ellas. Parecían casi supermodelos, con melenas largas y piernas esbeltas.
No es que Aylin fuera poco atractiva, ni mucho menos, pero no se acercaba a la apariencia de ellas. Medía apenas un metro cincuenta, y su cabello color castaño le llegaba a media espalda.
Su figura con curvas resaltaba frente a las de ellas, aunque entendía por qué él se sentía tan atraído por las otras hembras.
Tenía la esperanza de que, una vez que supiera quién era su compañera destinada, cambiaría su forma de ser. Cuando un alfa encuentra a su compañera, se supone que se convierte en otro hombre.
Se supone que debe amarla, tratarla como su igual, y ambos vivirán juntos como alfa y luna de su manada.
Todos se reunieron frente al escenario en el patio trasero de la casa de la manada. Aylin se quedó cerca del fondo. De por sí, poca gente solía acercarse a ella.
Cuando Daemon salió por la puerta trasera, a Aylin se le cortó la respiración al verlo. Las palmas de las manos le empezaron a sudar y el corazón le latía tan fuerte que parecía querer salírsele del pecho.
Cruzó los brazos frente a ella y agachó la cabeza en señal de sumisión cuando la mirada de él se posó sobre ella. Con su oído supersensible, pudo escuchar que él estaba olfateando el aire.
Un gruñido bajo escapó de él, pero la ignoró y siguió su camino hacia el escenario. A Aylin se le hizo agua la boca al ver cómo iba vestido.
Sus jeans oscuros y ajustados le marcaban bien las piernas, y una camisa blanca de vestir con los dos primeros botones desabrochados dejaba ver su pecho parcialmente esculpido. Su cabello castaño oscuro estaba desordenado pero cuidadosamente peinado con gel.
Lo flanqueaban su beta, David, y su delta, Jameson.
Las personas cercanas la miraron con desprecio cuando Daemon subió al escenario. Se habían dado cuenta de que él estaba observando a Aylin antes de avanzar hacia el escenario.
Todos comenzaron a aplaudir en presencia de su alfa.
«¡Buenas tardes a todos!»
«¡Buenas tardes, Alfa!», respondieron todos al unísono.
«¡Hoy nos hemos reunido aquí para que yo tome el lugar que me corresponde como alfa de la manada Dark Moon y para anunciar que he encontrado a mi compañera destinada y a mi luna!»
Aullidos y vítores estallaron entre la multitud.
El corazón de Aylin comenzó a latir con fuerza ante la expectativa del anuncio. ¿Iba a anunciar que ella era su compañera?
Se llevó las manos a la boca y abrió los ojos tanto que sintió que se le iban a salir de las órbitas.
«Miembros de la manada Dark Moon, mi compañera destinada y su luna es...»
Ya viene.
«¡Ophelia Wilson!»















































