
Cita en el Armario
Autor
V. J. Villamayor
Lecturas
284K
Capítulos
2
Capítulo 1.
Cita en el Armario
GrabItGarrett
Estoy pasando un día de perros. ¿Nos vemos en el sitio de siempre?
BumbleeBee
¿Qué te ha pasado?
GrabItGarrett
La verdad es que prefiero no hablar de ello, solo me pondré de peor humor.
BumbleeBee
Vale, como quieras.
GrabItGarrett
Entonces...
BumbleeBee
¿Qué pasa? Estoy organizando la agenda del jefe. Algunos tenemos trabajo de verdad, ¿sabes?
GrabItGarrett
...¿Segunda planta?
BumbleeBee
De acuerdo. Te veo allí en un cuarto de hora. Besos.
Bianca exhaló un suspiro mientras cerraba la ventana de chat en su ordenador y continuaba con la agenda de su jefe.
Era la época más ajetreada del año para la empresa, y su jefe siempre tenía una semana muy apretada que planificar al milímetro.
Garrett había escogido un buen momento para escribirle. Estaba tan estresada y agobiada que necesitaba un respiro.
Con un último clic, Bianca envió el correo y sacó su neceser del bolso antes de cerrar sesión y salir de su despacho.
Al entrar en el ascensor vacío, se alisó la falda larga negra y se desabrochó un botón para aflojar el escote hasta su generoso pecho.
Con un ding, el ascensor se abrió en la segunda planta, y ella caminó por el pasillo desierto del piso de investigación.
La gente de investigación solo dejaba sus mesas para buscar más café antes de volver corriendo, así que cuando Bianca y Garrett tenían sus encuentros a escondidas, nadie los veía entrar en el gran armario.
—Vaya, has tardado una eternidad —dijo Garrett.
—Ya te lo he dicho, algunos tenemos trabajo de verdad —respondió Bianca.
Se encendió una luz tenue, y Bianca vio a Garrett mirándola mientras se apoyaba contra las estanterías del fondo. Se tocaba la entrepierna y ya respiraba con dificultad.
Garrett sonrió. Siempre se mostraba seguro durante sus encuentros secretos. Era por eso que Bianca seguía volviendo.
Se abrió el cinturón y bajó la cremallera del pantalón, sacando su erección. El armario se caldeó rápidamente, y Bianca notó cómo se le endurecían los pezones contra el sujetador.
—De rodillas —dijo Garrett, tan bajo que casi sonó como una amenaza.
Bianca levantó la mirada de su miembro acariciado hasta sus ojos, y sin apartar la vista, se arrodilló despacio.
El armario apenas tenía espacio para las estanterías, el equipo y ellos dos, así que al arrodillarse, su cara quedó justo frente a su pene erecto.
Garrett siguió acariciándose con una mano mientras con la otra desabrochaba el ajustado botón de su camisa, abriéndola fácilmente y dejando al descubierto los pechos de Bianca por encima del sujetador.
—Si tuviera más tiempo, te follaría las tetas y me correría por todo tu cuello otra vez —susurró Garrett.
A Bianca se le aceleró la respiración, y no pudo evitar morderse el labio. Las palabras sucias de Garrett la excitaban. Siempre lo habían hecho.
Fuera del armario, era educado y hablaba con suavidad, pero sus palabras obscenas realmente la ponían a cien.















































