
Duchas frías
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Capítulo 1
JAYDA
Jayda Wright intentó contener las lágrimas de alegría cuando la junta directiva pronunció su nombre. Acababa de convertirse en socia de la firma de abogados más prestigiosa de Estados Unidos, Saunders and Co. A sus veintinueve años, era la persona más joven y la primera mujer en ser socia del lugar.
Había anhelado este puesto desde la primera vez que trabajó allí como asistente. Había trabajado muy duro. Renunció a su vida social y dedicó toda su energía al trabajo. Se merecía esto.
Le costó mucho esfuerzo llegar hasta aquí, y le esperaba aún más trabajo. Ser socia implicaba mayores responsabilidades, pero había llegado muy lejos. Seguiría trabajando duro y saldría adelante.
La recompensa valía la pena. Consiguió un sueldo más alto, mejores beneficios médicos y, lo más importante, su nombre grabado en una placa de metal en la puerta de su nueva oficina. ¡Sus sueños se habían hecho realidad!
«Jayda, felicidades. Te mereces este honor», dijo el señor Tucker. Él era el presidente de la firma y le estrechó la mano.
Jayda le sonrió al hombre alto de cabello oscuro que rondaba los cincuenta años. «Muchas gracias, señor Tucker, prometo que no lo voy a decepcionar».
«Trabajaste duro para lograrlo, Jayda. Casi nunca pierdes un caso en los tribunales, y tus victorias sin duda han contribuido al prestigio de esta firma. Te deseo lo mejor en esta nueva etapa de tu carrera. No nos decepciones», le advirtió el señor Tucker. «Ahora todos te admiramos».
«No tiene de qué preocuparse. Trabajaré más duro que antes», prometió ella.
Los otros socios y abogados con más experiencia en la sala de conferencias también la felicitaron. Brindaron y conversaron alegremente. Todos parecían felices por ella.
En cuanto Jayda pudo escapar de la sala de conferencias, se dirigió a su antigua oficina. Aquel espacio había sido testigo de muchas horas de dedicación, pero no lo iba a extrañar. El lunes se mudaría a su nueva oficina. Por el momento, sacó su iPhone del bolso y llamó a su mejor amiga, Lilian.
«¿Adivina qué, Lily?», dijo Jayda muy emocionada cuando Lilian contestó el teléfono.
«¿Acabas de tener sexo?», bromeó Lilian.
Jayda puso los ojos en blanco ante la típica broma de su amiga. «¡Qué aguafiestas! No, no tuve sexo. ¡Me dieron un ascenso!».
«¿Te hicieron socia?», gritó Lilian de alegría.
«¡Sí! Jayda Wright ahora es socia en Saunders and Co.».
«Felicidades, mi mejor amiga. Trabajas muy duro», dijo Lilian. «Realmente te mereces esto».
«Gracias». Jayda se rio un poco.
«¡Deberías salir a celebrar! Yo iría contigo, pero estoy muy ocupada esta noche. Tengo que terminar los diseños de unos vestidos, y el desfile de moda es mañana». Lilian sonaba un poco decepcionada.
«No te preocupes, igual podemos salir mañana después de tu desfile. Probablemente pase un rato con Zach esta noche», respondió Jayda. «Todavía no le he dado la buena noticia».
«Por favor, cuéntale, y asegúrate de tener sexo esta noche. Nadie sabe cuándo estarás libre para salir con nosotros otra vez ahora que eres socia». Lilian siguió bromeando.
Jayda se rio. «Tienes una mente muy sucia, Lilian. Nos vemos en mi casa mañana por la noche. Dale un beso a Roman de mi parte».
Roman, el novio de Lilian, era médico. Los dos llevaban saliendo en serio durante bastante tiempo.
«Lo haré, nena. Felicidades de nuevo», dijo Lilian antes de terminar la llamada.
Jayda deslizó el dedo por la pantalla de su teléfono para llamar a su novio. No podía esperar para contarle a Zach sobre su ascenso, y quería decirle que iba en camino a su casa. Como no contestó, ella volvió a llamar. Él tampoco atendió el teléfono esta vez.
Pasó treinta minutos vaciando sus cajones y empacando las cosas que necesitaría en su nueva oficina el lunes. Después de eso, tomó su cartera y el maletín de su computadora y caminó hacia su auto.
Antes de encender el motor, llamó a un restaurante para pedir la cena y un postre. ¡Ella y Zach iban a celebrar a lo grande!
En cuanto Jayda llegó a su apartamento, llamó a sus padres para darles la buena noticia. Luego se dio una ducha y empezó a arreglarse para ir a la casa de su novio.
Jayda estaba acostumbrada a vestirse de manera muy formal para el trabajo, pero esta noche ameritaba algo especial. Lilian estaría muy orgullosa de ver que encontró el vestido rojo perfecto para resaltar sus curvas. También se puso unos tacones a juego y se tomó su tiempo con el maquillaje.
Durante el día era una abogada muy importante, una socia en su firma, pero para esta noche, quería lucir un poco más atrevida y sexy.
Por fin, estaba lista. Jayda agarró su bolso y una botella del vino tinto favorito de Zach. Se moría de ganas por verlo.
Después de hacer una parada en el restaurante para recoger la comida, Jayda condujo hasta el apartamento de Zach. Había estado tan ocupada con el trabajo que hacía tiempo que no lo visitaba. De repente, empezó a sentirse culpable. No le había dedicado todo el tiempo que debería. Pero, ¿acaso los sacrificios no habían valido la pena? Después de todo, ¡ahora era socia!
No podía dejar de sonreír abiertamente mientras tocaba el timbre y esperaba a que Zach le abriera.
«Hola…». La sonrisa de Jayda se desvaneció lentamente cuando Zach abrió la puerta. Su expresión severa demostraba que no le alegraba verla. Parecía estar ocupado y daba la impresión de querer que ella dijera a qué venía para luego marcharse.
«¿Por qué estás aquí? ¿No tienes trabajo que hacer?», le preguntó en un tono burlón.
«Mira, lo sien…», empezó ella, pero él la interrumpió a la mitad.
«¿A qué viniste?», exigió saber Zach.
«¡Me ascendieron a socia en la firma!». La emoción se notaba en su voz, y levantó la bolsa de comida que traía. «Pensé que podíamos celebrar. Traje algo para que comamos».
La expresión seria de Zach no cambió en absoluto. «Eso no es una sorpresa. Sabía que algún día serías socia porque tu trabajo es lo más importante en tu vida. ¡Felicidades!».
«¿Qué quieres decir?». Esa no era la reacción que ella esperaba. Se le encogió el corazón. Él se veía y sonaba molesto y decepcionado, no feliz por ella.
«¿Sabes cuántas citas para cenar planeé y tuve que cancelar porque te surgió algo del trabajo? O cuando por fin llegabas, de lo único que hablabas era de trabajo, de tus casos legales y de otras estupideces sin importancia. Nunca hablabas de nosotros. Se suponía que eras mi novia, pero jamás actuaste como tal».
Al escuchar sus palabras, a Jayda le dolió aún más el pecho. «¿Cómo que 'era'?».
«Creo que es hora de que tomemos caminos separados».
Ella no podía creer lo que estaba escuchando. Jayda parpadeó para contener las lágrimas que ya le quemaban. «Por favor, no me dejes, Zach. Te prometo que voy a cambiar».
«Ni siquiera eras socia y ya no tenías tiempo para mí. ¿Qué crees que va a pasar ahora que conseguiste este ascenso?». Zach negó con la cabeza. «Los dos somos adictos al trabajo, pero aunque yo dirijo un negocio familiar y una cadena de hoteles, sigo sacando tiempo para que estemos juntos».
«Por favor», susurró ella con la voz ronca. «¿Me das otra oportunidad?».
«Quiero formar una familia, Jayda, y es evidente que tú no estás lista para eso. No estás lista para sentar cabeza, y yo sí». Él le dedicó una sonrisa cruel. «Tu trabajo es lo primero, tú eres lo segundo, tu mejor amiga es lo tercero, y yo no tengo ningún lugar en tu vida».
Jayda abrió la boca para decir algo, pero no encontró ninguna excusa razonable, porque todo lo que él decía era verdad. Su trabajo era importante para ella, ¿y por qué no habría de serlo? Había trabajado duro para llegar a donde estaba. Aún no quería tener hijos. No estaba lista para ser madre ni esposa.
«Lo nuestro nunca funcionó, Jayda. No puedo seguir así», dijo Zach. «Te deseo lo mejor en esta nueva etapa de tu carrera».
A Jayda le daba vueltas la cabeza. ¿Zach pensaba que nunca habían funcionado? Sabía que tenía la culpa por descuidarlo, pero nunca creyó que las cosas estuvieran tan mal entre ellos. Estaba a punto de rogarle otra vez, pero se detuvo de golpe. Una mujer apareció junto a él en el marco de la puerta.
De repente, todo tuvo sentido. A Jayda se le revolvió el estómago. «¿Me estás dejando por ella?».
La otra mujer era un poco más alta que Jayda y, de ser posible, todavía más bonita. Jayda tragó saliva, adolorida y llena de vergüenza. Mientras ella se mataba trabajando para triunfar, ¡Zach la había estado engañando!
Zach pasó sus brazos por la cintura de la mujer. «Adriana no tiene nada que ver con nuestra relación. Yo ya llevaba tiempo queriendo terminar contigo, pero nunca tuve la oportunidad de verte y tener una buena conversación por lo ocupada que estás».
Por poco, Jayda deja caer la bolsa de comida al suelo. Todos sus planes no habían servido para nada. Era evidente que Zach no esperaba que ella fuera a visitarlo. Ni siquiera le había contestado las llamadas.
«¿Cuánto tiempo llevan juntos?», logró preguntar Jayda.
Zach pareció ofenderse. «Te respetaba demasiado como para engañarte, si eso es lo que quieres saber. Conocí a Adriana hace un mes y apenas nos estamos conociendo. Tenemos mucho en común, y ella sí está lista para formar una familia conmigo».
«¿Después de solo un mes?», exclamó Jayda llorando.
Zach frunció el ceño. «Te deseo lo mejor en tu carrera, Jayda. Yo ya seguí adelante, y espero que tú hagas lo mismo».
Las lágrimas calientes contra las que había estado luchando rodaron por sus mejillas en el instante en que él le cerró la puerta en la cara. Ella dejó la comida y el vino que traía en la entrada. De ninguna manera sería capaz de comer o beber nada de eso. En cuanto se subió a su auto, rompió a llorar sin consuelo.
Zach era guapo, rico, exitoso, cariñoso y humilde, pero lo había perdido. No era justo que perseguir sus sueños le costara tan caro. Lilian le había advertido que pasara más tiempo con él o se arriesgaría a perderlo, pero Jayda había hecho oídos sordos. Ahora, todo había terminado, y ella solo podía culparse a sí misma.
Él siempre había estado ahí para ella, mucho más de lo que ella estuvo para él. Los recuerdos de todas las citas que había cancelado por el trabajo pasaron por su mente. Habían estado juntos durante un año y medio, pero a veces pasaban un mes entero sin verse o sin hacer nada más que enviarse mensajes de texto.
¿Cómo pudo pensar que esa era una buena relación? Había estado tan cegada por sus ambiciones que lo había descuidado por completo. Con razón él se había buscado a otra persona.
Sus lágrimas debían haber sido un gran alivio, pero no sirvieron de mucho para hacerla sentir mejor. Necesitaba algo más… algo que nunca antes había hecho.
Jayda no solía beber ni ir a clubes nocturnos. Sin importar cuántas veces Lilian la invitara a salir, Jayda siempre encontraba la excusa perfecta para no ir. Esta noche sería diferente, pensó mientras conducía hacia un bar nuevo y bastante caro del que había oído hablar. Toda la gente de clase alta iba allí.
Sin importarle si tenía manchas de lágrimas secas en la cara, Jayda entró elegantemente al bar con la cabeza en alto, su bolso de mano bien agarrado y la firme intención de emborracharse.
¿Y por qué no habría de hacerlo? Tenía dinero de sobra en la cartera para pagar sus propias bebidas. Se merecía celebrar su ascenso y también llorar su ruptura. Se acomodó en un taburete y le hizo una seña al cantinero.
«¿Cuál es la bebida más fuerte que tienes?».
El cantinero sonrió. «¿Un trago de whisky?».
El trago le quemó la garganta, y Jayda hizo una mueca por el sabor tan fuerte del licor. ¿Cómo se acostumbraba la gente a esto? Ella iba a hacer su mejor esfuerzo por intentarlo.














































