
El Chico Malo Me Desea Libro 2
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Capítulo 1
Libro 2
Skylar se sentó en la silla del porche. Se alegraba de que fueran las vacaciones del semestre. Las había necesitado mucho. Sentía un gran alivio de estar en casa. Hoy se iban de vacaciones a la playa, en Hawái.
«Skylar, ¿ya empacaste todo?», preguntó su mamá.
«Sí, mamá. Te estoy esperando».
«Está bien, está bien, ya voy. Sé lo que intentas decir, que si perdemos el vuelo, será toda mi culpa», respondió su mamá entre risas.
«Eso es lo que siempre me haces a mí».
Cuando su mamá terminó de empacar, salió con las maletas y condujeron hasta el aeropuerto. Tenían unos buenos treinta minutos de sobra. Fueron a la cafetería a comer algo antes de la salida. Skylar solo comió para llenar el vacío emocional que aún no quería enfrentar.
Subieron al avión y ella estaba emocionada por ver Hawái. Este era el primer viaje que hacía a solas con su mamá. Como había conseguido una beca, ahora podían pagar este lujo único en la vida. Era algo que antes no habían podido hacer.
Para mejorar las cosas, un amigo de su mamá les había conseguido asientos baratos pero normales. A ella no le importaba en qué asiento le tocara viajar. Solo quería subir al avión y llegar a Hawái. Miró por la ventana y vio las nubes.
Pronto llegaron y ella pudo ver la hermosa isla. Vaya, en verdad era preciosa. Tomaron sus maletas y salieron hacia el autobús turístico en el que viajarían. Estaba muy emocionada. Guardaron sus maletas y se sentaron.
Se dirigieron al hotel para poder registrarse y acomodarse. Cuando por fin llegaron a sus habitaciones, Skylar dio un grito de alegría. Les habían dado habitaciones conectadas. Estaba muy emocionada por la enorme bañera que parecía un jacuzzi.
Fue a la habitación de su mamá y la encontró haciendo lo mismo que ella. Estaba admirando su habitación y la vista, totalmente sorprendida.
«Skylar, esto es increíble. ¿Qué deberíamos hacer primero?».
«Vamos a cambiarnos para ir a la playa. ¡Escuché que hay una playa de arena rosa!».
«Gran idea. Deberíamos tomar muchas fotos, así que trae la cámara».
«En eso estoy, mamá».
Skylar volvió a su habitación y buscó entre sus cosas. ¡Bingo! Encontró justo lo que buscaba en su maleta.
Se puso su traje de baño blanco. Quería que hiciera contraste con los colores del mar.
Sacó la cámara del bolso y se la colgó al cuello. Luego, se puso sus sandalias. Se aseguró de ponerse un poco de protector solar y tomó una toalla para acostarse.
Corrió de vuelta a la habitación de su mamá y vio que ella también estaba lista. Esto significaba que su mamá también estaba emocionada por salir a explorar.
«Vámonos. El próximo autobús sale en cinco minutos», la animó su mamá para que se diera prisa.
Skylar salió a toda prisa con ella. Al llegar al autobús, no pudo evitar notar al guía turístico. Ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa.
«Ni lo pienses, jovencita». Su madre la arrastró dentro del autobús y la hizo sentarse en el asiento junto a la ventana.
«¿Qué pasa, mamá? Solo estaba siendo educada. Tal y como tú me enseñaste a ser todo el tiempo».
«¿De verdad, Skylar? Esa fue una cortesía muy diferente y pusiste ojos de boba. Pensé que se te iban a salir. Y límpiate la baba de la cara».
Skylar soltó una carcajada. «Mamá... basta».
Skylar se detuvo al ver que el guía turístico ahora la estaba mirando. Ella apartó la mirada de inmediato. Sabía que su mamá estaría vigilando cada uno de sus movimientos.
El autobús arrancó y ella miró por la ventana. Le tomó fotos a todo, ya que su madre también le insistía en fotografiar las cosas que le gustaban. Resultó que le gustaba todo.
Por fin llegaron a la costa y Skylar se bajó del autobús. Les dieron una pequeña charla que ella casi ni escuchó porque solo quería ir a la arena. Cuando les dijeron a qué hora debían regresar y los dejaron ir, ella corrió hacia la playa.
«Espérame, Skylar. Yo no soy tan joven como tú».
«De acuerdo».
Su mamá la alcanzó. Caminaron hacia el agua. Se la pasaron huyendo de las olas porque nunca antes habían estado en la playa.
«Entra al agua, Skylar».
Skylar se rio. Juntó agua con las manos y le salpicó un poco a su mamá.
«Acepto el reto», respondió su mamá. Recogió un poco de agua y se la lanzó en su dirección.
Skylar chilló de alegría. Sacó la cámara y tomó algunas fotos más de la playa y de su mamá.
«Dame la cámara. Puedo tomarte algunas fotos a ti».
Skylar le dio la cámara a su mamá y luego posó para ella.
«Lúcete».
Skylar soltó una carcajada ante las palabras de su mamá.
«¿Quieren una foto juntas?».
Skylar miró hacia un lado y vio que era el guía turístico.
«Sí, por favor», respondió su mamá.
Su mamá le entregó la cámara al guía turístico. Él tomó un par de fotos antes de devolverle la cámara a Skylar.
Las manos de ella rozaron las de él. Ella intentó no demostrar lo mucho que esto le afectaba. Sin embargo, pudo sentir que sus mejillas se calentaban. Ya podía sentir que su mamá se burlaba de ella en silencio.
Le dieron las gracias. Él sonrió y se alejó.
«No empieces, mamá».
«Yo no dije nada».
Fueron a poner sus toallas en la arena de la playa. Luego se acostaron y disfrutaron del aire tranquilo y del sonido de las olas.
Aun así, Skylar no podía olvidar ese par de ojos que había dejado atrás. Esos ojos todavía la perseguían en sus pensamientos, sin importar cuánto intentara olvidarlos.
















































