
La Serie Alpha y Luna: Un Especial de Navidad
Autor
Skylar Greene
Lecturas
144K
Capítulos
10
Capítulo 1.
La Serie Alpha y Luna:Un Especial de Navidad
Jade
«Buenos días, mi amor» —Darren me besó en los labios.
Acababa de volver del entrenamiento. Aunque ya no fuera el Alfa de la manada, seguía practicando cada mañana con ellos. Yo no entrenaba todos los días, y ahora lo hacía menos. Prefería pasar tiempo con mis nietos. Pero no en este momento. Ahora estaba metida en un nuevo proyecto.
—¿Qué estás tramando? —preguntó Darren señalando la lista en la pantalla del ordenador.
Sonreí de oreja a oreja. Estaba ilusionada con esta nueva idea. Darren también sonrió, seguramente contento de verme tan animada.
—Quiero organizar una fiesta de Navidad.
La sonrisa de Darren se esfumó. Fruncí el ceño al ver que no le hacía mucha gracia.
—No te desanimes, cariño. Ya estamos jubilados. Se supone que ya no andamos con fiestas —dijo Darren.
Me estremecí cuando me besó el cuello.
—Se supone que debemos centrarnos en otras cosas. —Beso—. Como que los hijos ya volaron del nido. —Otro beso en el cuello—. Lo tranquila que está la casa ahora. —Sus besos bajaron a mi clavícula—. Cómo puedo oler que me deseas —dijo con voz grave, señal de que Goliath estaba saliendo a flote.
Mi vestido acabó en un santiamén en el suelo. Darren tenía un ojo azul normal y otro azul brillante. Él y Goliath estaban al mando. Me levantó en brazos y me llevó arriba a la ducha.
—¿Lista, pequeña? —Goliath no esperó respuesta.
Después de aparearnos varias veces con Goliath y Darren, descansaba en los brazos de Darren. Sus dedos se deslizaban suavemente por mi brazo. Los escalofríos me recorrían, haciéndome sentir en paz.
—Vale, hagamos esa fiesta de Navidad —dijo Darren contra mi pelo—. ¿Por qué te hace tanta ilusión? ¿Has visto algo en el futuro?
Hacía años que no tenía una visión. Pensé que ya no las tendría ya que nuestros hijos están crecidos con sus propias familias. Estaba convencida de que como ellos tenían sus propios dones, los míos ya no hacían falta. La Diosa de la Luna seguro que se rió de mí por pensar así.
—Sí —me acurruqué contra su pecho—. Todo está borroso. No lo veo bien. Solo sé que una de mis hijas está sufriendo. Está pasándolo mal y me llama. No para de decir «Mamá, mamá, no sé qué hacer».
Aunque no sé cuál de las chicas es. Podría ser Daniella, Dakota, Felicity o Mandy. Luego aparecen los Ancianos y ahí se acaba la visión. Es raro. Nunca había tenido una visión que no pudiera entender. Para no darle más vueltas, quiero montar esta fiesta y pasarlo bien.
Me abrazó con más fuerza.
—¿Crees que los Ancianos se están cansando de que no me una a ellos? ¿Podrían hacerle algo a una de nuestras niñas para obligarme? —preguntó.
—No creo. Aún tienen que responder ante Damion. Si fueran tan insensatos como para meterse con nuestra familia, a él no le temblaría el pulso para acabar con ellos.
Estaba segura de tener razón, pero esta visión poco clara me inquietaba. Una fiesta me ayudará a pasar más tiempo con mis chicas para averiguar quién está sufriendo. Pero también me ayudará a no pensar tanto en este mal presentimiento que tengo.
Más tarde esa noche, Felicity y mis nietos vinieron a vernos.
—¡Abuela, abuela! —corrieron hacia mí.
Abrí mis brazos mientras casi me tiran al suelo con sus abrazos. Aaron se quedó pegado a mí mientras sus hermanos, Adonis y Alexa, se iban a la sala de juegos. Era hora de empezar a planear mi fiesta.
—Felicity, quiero hacer una fiesta de Navidad. Sé que solo tenemos menos de tres semanas para organizarla pero sé que podemos hacerlo.
Felicity me miró fijamente. Había aprendido a leerme como mis hijos. Mantuve una expresión neutral, sin dejarle ver que sentía que necesitaba hacer esto. Tras un momento de silencio, aceptó.
—Vale, mamá. Como no tenemos mucho tiempo quizás podamos pedirle ayuda a Daniella y Dakota. Así no nos agobiaremos. Total, ya íbamos a juntarnos en familia en Navidad, ¿por qué no hacerlo a lo grande y pasar más tiempo juntos?
Se estaba emocionando solo de pensarlo. Sabía que planear esto sería divertido. Estuve de acuerdo con ella, y quedamos en ir a ver a las otras chicas para contarles sobre la fiesta.
Darren y Jaxon parecían algo tristes cuando Felicity y yo nos despedimos. Íbamos al Reino a ver a Daniella y pedirle ayuda para organizar la fiesta. Ya habíamos llamado a todas las chicas sobre la fiesta, y todas estaban encantadas de ayudar. Bueno, todas menos Dakota. Intentó sonar animada, pero sabía que algo le pasaba a mi hija.
No intenté hacerla hablar por teléfono porque sabía que no lo haría. Esperaría a verla en persona y entonces charlaríamos. Mis hijos saben que nunca tienen que ocultarnos nada a Darren o a mí. Pensar en la llamada con Dakota me hizo sentir de nuevo la preocupación de mi visión.
Debo haber dejado entrever mis sentimientos porque Darren me atrajo hacia sus brazos. «¿Qué pasa, cariño? Puedo sentir tu preocupación y tristeza», me habló mentalmente.
«Nada, amor».
«No me engañas. No te soltaré hasta que me lo cuentes».
—Te dije que papá era peor que yo —le dijo Jaxon a Felicity—. La está abrazando y no la suelta. Me dan ganas de hacer lo mismo.
Felicity se rió mientras besaba a Jaxon. Jaxon tenía razón a medias. Su padre no quería soltarme pero no era por la razón que él pensaba. La única forma de tranquilizar a Darren era contarle la verdad. Aunque seguiría preocupándolo.
«Creo que sé de qué hija trata la visión, pero no estaré segura hasta que la vea».
«Dímelo». Dijo mentalmente en cuanto terminé de hablar.
«Dakota. La veré en dos días. No quiere hablar por teléfono». Le dije la verdad.
«Avísame en cuanto la veas. Haré que Jaxon me teletransporte a su manada cuando llegues allí».
Asentí. No tenía sentido discutir con él. Estaba en modo padre protector, sobre todo porque Dakota era la pequeña. Aunque ya no fuera una niña. Le avisaría cuando estuviera llegando para que él también pudiera verla.

















































