
Novia Virgen
Autor
Heather Teston
Lecturas
1,3M
Capítulos
34
Capítulo 1.
LUCA
Luca se despertó y se puso los calzoncillos. Echó un vistazo a la mujer que dormía en su cama. Era guapa, con pelo castaño. La había conocido en una fiesta la noche anterior, pero no recordaba su nombre. Para él, esto era lo habitual. No se molestaba en conocer a las mujeres con las que se acostaba. Solo eran para el placer.
Se duchó, se vistió y bajó a desayunar. Tenía un hambre voraz. Su prima Grazia y su amigo Filippo ya estaban comiendo. Vivían con él en su casona. Grazia se había mudado con él cuando sus padres fallecieron en un accidente de coche hacía seis años.
Cuando Charles, un empleado, trajo el desayuno de Luca, este le pidió que enviara comida a la mujer en su habitación. También le indicó que le informara que un coche la llevaría a casa.
—Luca, has traído a otra mujer a casa para pasar la noche —dijo Grazia molesta.
Luca la miró con frialdad.
—Esta es mi casa. Puedo traer a quien me dé la gana. No lo olvides, prima. Estaré fuera todo el día. No me esperéis para cenar.
—¿Adónde vas? —preguntó Filippo mientras devoraba unos huevos.
—Al campo. Un tal Dan Potter tiene caballos en venta. Quizás compre algunos. Así le daré uso a las caballerizas que mandé construir.
—Podría acompañarte —sugirió Filippo.
—No, prefiero ir solo. Tienes una reunión con Hillbrook Winery. Consigue que me vendan su empresa —ordenó Luca.
—¿Por qué la quieres tanto? —inquirió Filippo—. Es una empresa pequeña, y tú tienes la más grande del mundo.
—Simplemente la quiero. No hagas preguntas. Limítate a hacer lo que te digo.
—Luca, casi tienes 30 años. ¿No crees que deberías sentar la cabeza? —preguntó Grazia—. Eres rico e importante en Roma. La gente habla de todas las mujeres con las que te acuestas. Deberías casarte con alguien de clase que mejore tu reputación.
Luca miró a su prima. Era alta y delgada con pelo negro como el suyo. También era codiciosa y mezquina, viviendo a su costa en lugar de buscarse un marido adinerado.
—¿Con quién quieres que me case? Con tu amiga Eleonora Gallo, supongo.
—Sí. Eleonora sería perfecta para ti. Tiene clase.
—También es estirada y sin gracia. Apuesto a que es un témpano de hielo en la cama. Me gustan las mujeres que disfrutan del sexo y me hacen sentir bien.
—Solo piensas en el placer, Luca. Piensa en el negocio familiar que tu padre construyó y te dejó al morir. Seguro que se revuelve en su tumba por tu comportamiento. Eres de sangre azul. Te estás burlando de todo ello.
—Cierra el pico. No me hables así —Luca se levantó y le dijo a Filippo—: Te veré más tarde. Adiós a los dos.
Se subió a su flamante coche de lujo y se alejó de su mansión. Estaba harto de que todos le dijeran que se casara e intentaran emparejarlo con mujeres. Todas eran ricas y de clase alta, pero le aburrían soberanamente. Eran frías y nada sensuales. Eran guapas, pero no querían despeinarse durante el acto. Simplemente se quedaban ahí, sin moverse ni hacer ruido.
Era un viaje de cuatro horas hasta su destino, un pequeño lugar en el campo. Vio un cartel destartalado que rezaba «Granja Potter». El sitio parecía viejo y necesitado de reparaciones. La casa era pequeña y fea. Había caballos en un corral cercano.
Luca salió de su coche y observó a tres caballos. Le gustaron. Eran hermosos y parecían saludables, aunque el resto del lugar daba pena.
Un hombre mayor se acercó con dos mozos más jóvenes. El hombre mayor rondaba los 50 y tantos, vestía ropa sucia, tenía poco pelo y una barriga cervecera. Luca supuso que los jóvenes eran sus hijos.
—Soy Luca Mariani. Llamé por los caballos —dijo Luca, extendiendo su mano.
—Soy Dan. Estos son mis hijos, Jason y John. Estos son tres de los mejores caballos de la zona —dijo Dan, señalando a los animales.
Luca fue a ver los caballos. Eran mansos y no rehuían.
—Se ven saludables. Creo que me los llevaré —dijo, acariciándolos.
Dan sonrió, mostrando sus dientes amarillentos y mellados.
—Estupendo. Pasa a tomar una cerveza fría y podemos hablar del precio.
Los hijos se fueron a trabajar mientras Luca seguía a Dan al interior. Deseó no haberlo hecho cuando vio lo destartalado que estaba por dentro. Los pisos crujían, los muebles estaban viejos y rotos, y la cocina era pequeña con una mesa y tres sillas de madera. Había una pequeña cama en la esquina de la sala.
Aunque se veía mal, estaba limpio.
Dan le indicó que se sentara. Luca se sentó y sacó su chequera.
—Robin, ven aquí y tráenos unas cervezas frías —vociferó Dan mientras se sentaba frente a Luca.
Luca se preguntó por qué Dan no simplemente iba por las cervezas él mismo ya que estaba a un paso del refrigerador.
Un momento después, una chica salió de lo que Luca supuso que era el baño. Estaba sucia y llevaba un vestido grande y viejo y un suéter agujereado. Luca no podía decir si era una niña o una mujer. Lo miró de reojo, luego bajó la mirada y caminó hacia la cocina.
—Tráenos dos cervezas, niña —le ordenó Dan en voz alta.
Sacó dos botellas y dos vasos. Los puso frente a Dan y se dio la vuelta para irse, pero accidentalmente tiró uno. La cerveza se derramó en la mesa y el suelo. Dan se levantó de un salto, le cruzó la cara y le gritó.
—Torpe, limpia esto —La empujó al suelo y le arrojó un trapo—. La chica es un desastre —le dijo a Luca.
Luca se quedó de piedra al ver tal violencia hacia alguien tan joven.
—Señor Potter, fue un accidente. No hace falta pegarle a la chica.
Dan se rió mientras sacaba otra cerveza.
—La chica ha sido un incordio desde que vino a vivir aquí. Es la hija de mi hermano. Cuando él y su mujer la palmaron, me obligaron a quedarme con ella.
Hablaba de ella como si no estuviera presente mientras limpiaba el estropicio.
Fue a lavar el trapo en el fregadero.
Después de dar un trago a su cerveza, Luca abrió su chequera, la miró, y luego dejó su pluma.
—Quiero comprar esos caballos. Pagaré el triple de lo que pide —Miró a Dan y vio lo codicioso que se veía.
—¿El triple? Claro, si quieres. No diré que no a eso.
—Hay una cosa más, sin embargo —dijo Luca, mirando a la chica, que ahora veía que era una mujer joven.
—¿Qué es? —preguntó Dan.
—Quiero a la chica —Vio cómo ella lo miraba con terror en sus ojos.
—¿Para qué la quieres?
—Ese es mi asunto. ¿Tenemos un trato, señor Potter?
Dan se limpió la boca y miró de ella a Luca.
—Oh, ya veo, es para echar un polvo. Te alegrará saber que nunca ha probado varón. Está bien, señor Mariani, te llevas a Robin de regalo.
Extendió su mano hacia Luca, pero este no la estrechó. Tomó el cheque de Luca, fue hacia Robin y le dijo que se largara con el hombre que acababa de pagarle una fortuna.
Cuando ella negó con la cabeza e intentó huir, él la agarró y estaba a punto de golpearla, pero Luca lo detuvo.
—No volverás a ponerle la mano encima a esta chica, ¿entendido? —Miró a ella—. Recoge tus cosas, te vienes conmigo ahora.
Dan se rió.
—Todo lo que tiene es lo que lleva puesto.
Esto dejó a Luca perplejo. ¿Cómo puede alguien no tener ni siquiera un cambio de ropa?
La tomó del brazo, y cuando ella intentó zafarse, él la sujetó con más firmeza.
—Enviaré a alguien en unos días para recoger los caballos.
Luego la llevó a su coche, abrió la puerta y le ordenó que entrara. Ella aún no había dicho ni mu, y si su tío no lo hubiera mencionado, ni siquiera sabría su nombre.
Él se sentó al volante, se abrochó el cinturón de seguridad, le dijo que hiciera lo mismo, y se alejó por el largo camino de tierra.














































