
Serie del Rey Alfa: De Beta a Alfa
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2
Capítulo 1
Flora
«¿Por qué nunca puedo encontrar a Zade? ¿Qué lo tiene haciendo tu compañero esta vez?» le pregunto a Asa, mi mejor amiga, con un tono juguetón.
Asa se ríe entre dientes y pone los ojos en blanco.
«Quizás se está escondiendo de cierta loba obsesionada con el sexo. ¡Tienes cinco cachorros y sigues siendo insaciable! Si sigues así, ¡su soldadito se le va a caer!» me provoca.
Levanto una ceja. «No tiene nada de "pequeño",» replico, con un toque de descaro en mi voz.
Asa arruga la nariz y finge tener arcadas, siguiéndome el juego.
«Además... ¿Has visto a mi compañero? No puedo controlarme cuando veo a ese pedazo de hombre. ¡Y su boca! Las cosas que puede hacer con su lengua...»
Asa me interrumpe tapándome la boca con la mano.
«Está bien, está bien. Ya entendí. Todos entendemos. Te escuchamos todas las noches. Recuérdame insonorizar tu habitación el doble,» dice entre risas.
Sonrío debajo de su mano y le lamo la palma.
Asa retira la mano de golpe y se echa para atrás. «¡Puaj! ¡¿Qué demonios, Flora?! ¡No eres una niña!»
Me río y le saco la lengua, todo en broma.
«Que seas mamá no significa que tengas que actuar tan madura,» la molesto.
Asa me da un golpecito juguetón en el hombro.
«Tengo que mantener algo de decoro, ¿sabes?...» dice Asa, poniendo un tono de falsa seriedad.
Compartimos un momento de silencio antes de que las dos estallemos en carcajadas.
«Dice la Reina Luna que arrastró a su compañero fuera de una reunión de guerra para echar un rapidito en el baño,» replico, con sarcasmo goteando de cada palabra.
«¡Oye! ¡Eso no es justo! Estaba hormonal y embarazada y...» se calla, haciendo un puchero.
«Y caliente,» termino por ella.
Veo cómo sus mejillas se tiñen de un rojo intenso.
«No te hagas la inocente ahora,» la provoco.
«De verdad necesitamos terminar de preparar todo para los otros líderes de manada que llegan mañana. ¿Puedes dejar de pensar en sexo por dos segundos y ayudarme?» Me empuja con la cadera, haciéndome trastabillar.
«Ugh, si no queda de otra,» digo con fingido fastidio.
Bajamos al campo de entrenamiento y nos sorprendemos al encontrar a nuestros compañeros en medio de un combate en forma humana.
Observo cómo mi compañero se lanza contra el Alfa Levi, pero lo único en lo que puedo concentrarme es en las gotas de sudor que le recorren los abdominales marcados, perdiéndose en esa tentadora línea en V de su bajo vientre.
Una ola de deseo me recorre el cuerpo y se instala en mis zonas más sensibles.
No puedo evitar lamerme los labios y soltar un gruñido bajo, lleno de lujuria.
Zade se mueve con la ligereza de una pluma mientras esquiva los ataques.
Silbo con fuerza desde el árbol donde Asa y yo estamos mirando.
«¡ESE ES MI BABY DADDY!» grito, animándolo.
Los dos hombres giran la cabeza ante mi interrupción.
Le lanzo un beso y le guiño un ojo a Zade.
Su sonrisa traviesa rompe su expresión seria y veo cómo sus ojos se oscurecen de deseo.
Me devuelve el guiño antes de girarse hacia Levi y embestirlo, golpeándolo justo en el estómago. Escucho cómo el aire sale de golpe de los pulmones del Alfa.
Dios, es tan sexy cuando está así. Rara vez lo veo pelear. Normalmente está metido en alguna reunión o en la biblioteca.
A veces me pregunto quién me desea más, si su lobo o él. Es una pareja hecha en el cielo. Zade puede parecer el Beta tranquilo y sensato, pero yo conozco su otro lado. Ese lado que me enciende y me descontrola cada vez que estoy cerca de él.
La gente cree que yo soy la obsesionada con el sexo, pero no conocen a Zade como yo. Es implacable. Y aunque parezca que yo soy la que manda en nuestra relación, ese hombre lleva la dominación a otro nivel.
Perro astuto.
Mis pensamientos sobre nuestros encuentros ardientes se ven interrumpidos por los gritos de Asa.
«¡Vamos, Levi!» grita Asa.
Observo cómo Zade cae al suelo por un poderoso contraataque de Levi.
Hago una mueca al verlo.
«Eso va a dejar marca,» bromeo, sabiendo que la herida sanará rápido.
Seguimos mirando cómo los hombres intercambian golpes, cada uno intentando inmovilizar al otro.
Es raro ver al Alfa y al Beta de la manada tomándose el tiempo para entrenar y bromear juntos. Los dos intercambian insultos juguetones y se ríen.
Pronto, los hombres dan por terminado el día y Asa corre hacia Levi, guiñándome un ojo antes de irse.
«Hola, nena,» me dice Zade, agarrando una toalla de su bolsa y secándose el sudor del cuerpo.
Me muerdo el labio inferior mientras lo observo, envidiando la toalla.
«¿Qué pasa con esa cara?» se ríe Zade.
Esquivo la pregunta. «Solo estoy decepcionada de no haber visto a Levi patearte el trasero.»
Le guiño un ojo y veo cómo levanta una ceja.
«¿Mi compañera animando a otro hombre?» me provoca.
Zade me rodea con el brazo y me da una palmada firme en el trasero.
La mezcla de placer y dolor me envía una descarga por todo el cuerpo.
«No, señor,» respondo, siguiéndole el juego.
«Más te vale que no,» gruñe con voz grave y ronca.
Zade sonríe con picardía y me atrae hacia él, plantándome un beso en los labios que termina con un mordisco en mi labio inferior.
Dejo escapar un pequeño gemido, deseando que me tomara aquí mismo, ahora mismo.
«No estás jugando limpio,» me quejo.
Zade me da otra palmada en el trasero, más fuerte esta vez, y sonríe con suficiencia, sin soltarme.
«Qué lástima, mi amor. Tengo papeleo que terminar para la gran reunión de mañana. Pero te prometo que esta noche me encargo de ti,» gruñe.
Sus palabras están llenas de promesas tentadoras y las piernas me flaquean.
«Si no te apuras con tu papeleo, me las arreglo sola. Estoy segura de que puedo hacerlo igual de bien que tú,» lo provoco.
Zade gruñe desde lo profundo de su garganta y, sin pensarlo dos veces, desliza la mano dentro de mis pantalones y va directo a mi centro palpitante.
«Oh, Papi,» gimo, cerrando los ojos e inclinando ligeramente la cabeza hacia atrás.
«Esto es mío. Solo yo puedo tocarlo,» afirma.
Su dedo se hunde dentro de mí, ignorando el hecho de que estamos a plena luz del día en el campo de entrenamiento.
Abro los ojos e intento poner cara seria. «Entonces no llegues tarde,» logro decir, aun cuando su dedo se hunde más profundo dentro de mí.
Antes de darme cuenta, su mano desaparece. Sus ojos se oscurecen mientras levanta el dedo que acaba de usar en mí y se lo lleva a la boca, chupando mis jugos con un gemido ronco.
«Vete a la mierda,» le siseo mientras sigue chupándose los dedos al alejarse.















































